viernes 29 de junio de 2007

Risotto tres quesos y gambas

Oliver Twist

Se trata de una adaptación de una receta de Jaime Oliver, ese cocinero joven, famoso, divertido y británico, pero cuya cocina tiene más de italiana que de británica. Nada de fish-and-chips. He visto varios libros suyos y, en la mayoría, predomina la cocina de origen italiano: pizzas, risottos, pasta,… Se nota que ha tenido maestros de la cocina mediterránea.

En el blog ya he puesto una receta suya de unas galletas de naranja que también emplean otro ingrediente típicamente italiano: la polenta. Gracias a él he empezado a emplear la polenta para acompañar varios platos, sobre todo carnes. Está estupenda con mantequilla, parmesano y alguna especia que otra (pimienta, nuez moscada…).

Como del amor al odio va un paso, un centímetro. Jaime es tan odiado como querido por los británicos. Aparece entre los 30 primeros de la lista de los británicos más odiados elaborada por Channel 4 (“Aquí hay tomate” ;-)), encabezada por Tony Blair y en la que también aparecen: Victoria Beckham (¡sorpresa!) o ¡Harry Potter!.

Las listas

Como he empezado con las listas seguiré un ratito. Los británicos tienen la costumbre de apostar por todo: si saltará desnudo alguien a un campo de fútbol/rugby es un buen ejemplo. Las listas pueden ser otra excusa para apostar.

Otra lista que recuerdo es la del peor británico de la historia. El ganador es…: ¡Jack el destripador! Que curiosamente “sólo” tenía cinco víctimas reconocidas. Conozco a algún británico que tiene alguna más sobre sus espaldas. Siguiendo con el morbo, decir que nunca se encontró al asesino, por mucho que en las películas se apunte a algún médico o cirujano.

Las 1000 mejores 10 películas de la historia

Una lista que realmente me ha interesado es la de las mejores películas de la historia. Como siempre elaborada por el Instituto de Cine Americano y, como siempre, principalmente americanas. En este orden: Ciudado Kane, El Padrino, Casablanca, Toro Salvaje, Cantando Bajo la lluvia, Lo que el viento se llevó, Lawrence de Arabia, La lista de Schindler, Vértigo, El Mago de Oz. Pues eso, todas buenas, como no, pero discrepo sobre la verdadera calidad de algunas: “Lo que el viento se llevó”, me recuerda a un culebrón, se hace larga y “francamente querida…”; “El Mago de Oz”, es demasiado americana, la historia es bonita pero (par mi gusto) a la película le falta algo; ¿No es mejor “El Padrino II” que la primera parte?; ¿Es “Vértigo” la mejor película de Alfred Hitchcock?, ¿no tiene demasiados errores argumentales?, la música es única, eso sí;…

Me faltan, por poner unos ejemplos, sin orden significativo: “La gran Ilusión”, “¡Qué bello es vivir!”, “¡Vivir!”, “Taxi Driver”, “Apocalypse Now”, “El apartamento”, “Perdición”, “Manhattan", “Los 400 Golpes”, “Matar a un ruiseñor”, “Ordet", “Ladrón de bicicletas”, “M”, “Perversidad”,… y un millón de películas menos conocidas que no mencionaré ("Paisaje en la niebla", "Rompiendo las olas", ...).


Las vacaciones

Ya no nos queda casi nada para irnos de vacaciones y ya hemos reservando el siguiente viaje: la primera semana de septiembre a Egipto. Esa ha sido una elección personal de M, está fascinada por el mundo egipcio y yo no pondré ningún “pero” al viaje. El problema: no me gustan los viajes organizados. Los pocos viajes organizados que hemos hecho, salvo el de Kenia, nos han resultado un poco pesados, nunca falta la visita a una fábrica en la que te quieren vender a precio de turista productos, supuestamente, realizados a mano o con una calidad, más supuestamente, suprema.

Siempre he soñado con algunos viajes, unos más cercanos que otros. El de Irlanda, que todavía no conozco (sí Inglaterra), lo hemos dejado durante años por la cercanía. Irlanda siempre ha aparecido en mis sueños como un lugar en el que pasar mi vida, un lugar apartado, en la costa y paseando por las playas de “La hija de Ryan”.

El otro viaje deseado ya es más complicado, está en las antípodas: Australia y, sobre todo, Nueva Zelanda. Para esos viajes se requiere un tiempo que en estos M no puede disponer. Estuvimos relativamente cerca varias veces: en Bali, La India o en Tailandia, “sólo” nos quedaban unas horitas más de avión… Bali está lleno de australianos deseosos de hacer surf. Tiempo al tiempo. La Antártida también es un lugar al que siempre he querido ir. No sigo, la lista sería interminable.

Vera Lynn

Permitidme la licencia y pondré un fragmento de una canción de Vera Lynn:

We'll meet again
Don't know where
Don't know when
But I know we'll meet again
Some sunny day
Keep smiling through
Just like you always do
'Till the blue skies
Drive the dark clouds far away



So, will you please say hello
To the folks that I know
Tell them I won't be long
They'll be happy to know
That as you saw me go
I was singing this song



We'll meet again
Don't know where
Don't know when
But I know we'll meet again
Some sunny day...



Ingredientes
  • Aceite de oliva
  • ½ cebolla, picada muy fina
  • 1 diente de ajo muy picadito
  • 1 trozo de apio, picado en trozos pequeños.
  • 100 gr. de arroz
  • ½ vaso de vino blanco, de buena calidad
  • Caldo de pollo, son necesarias unas 4 partes de caldo por una de arroz, unos 350 ml. En la receta de J.O. se indicaban 250 ml, es muy poco.
  • Sal y pimienta
  • 25 gr. de queso Gruyere, picado fino.
  • 25 gr. de queso Taleggio, también picado fino. He empleado un queso untuoso de Portugal que tenía en la nevera.
  • 35 gr. de mantequilla
  • Queso parmesano recién rallado, unos 15-25 gr.

(1) Calentamos el caldo de pollo en un cazo. Para no cortar la cocción del arroz, y evitar que se rompa, el caldo debe estar caliente cuando se lo vayamos echando al arroz. Podemos hacerlo con una pastilla de buen caldo de pollo.

(2) Calentamos aceite de oliva, un par de cucharadas, en la sartén. Añadimos la cebolla, el ajo picado y el apio. Freímos a fuego moderado hasta que esté traslúcido, unos 5 minutos. Echamos las gambas peladas y cortadas por la mitad, sobre todo si son grandes. Dejamos que se hagan un poco.

(3) Añadimos el arroz, subimos el fuego y cocinamos durante un minuto, removiendo constantemente hasta que el arroz tenga un aspecto ligeramente traslúcido.

(4) Añadimos el vino y seguimos removiendo. Una vez que el vino ha sido absorbido por el arroz, echamos una cucharada de caldo, sal y pimienta negra recién molida.

(5) Entramos en el proceso característico de la elaboración de un risotto: bajamos el fuego y poco a poco vamos añadiendo el caldo con ayuda de un cucharón, removiendo constantemente. Echamos un poco de caldo, y sin dejar de remover de vez en cuando, esperamos a que lo absorba o se evapore hasta añadir la siguiente porción. Con cariño y de abajo hacía arriba.
Seguimos este procedimiento hasta que el arroz esté en su punto, ni duro ni pasado, “al dente”. No debemos dejar que se deshaga. Este proceso dura unos 15-20 minutos, aproximadamente.

(6) Cuando el arroz esté cocinado echamos el Gruyere y el Taleggio. Dejamos que se funda en el arroz. Retiramos del fuego, echamos la mantequilla y queso parmesano a gusto. Dejamos reposar un 2 ó 3 minutos y tomamos todavía caliente.

Un plato riquísimo, sobre todo para los amantes del queso como yo…

¡Felices vacaciones!. Como se dice en Obaba:

“CUALQUIER LUGAR ES BUENO PARA VIVIR SI UNO ESTÁ A GUSTO”
Firmado Pepinho, alias Harry Haller, alias Antoine Doinel, alias larsvontrier...

jueves 28 de junio de 2007

Biscotes (Cantucci) de Nutella

Two for the road

La Nutella la he (re)descubrierto hace muy poco, la compré para una receta y, desde aquel día, ya no suele faltar en casa. La Nocilla, como el Cola-Calo, La Lechera o la Natacha siempre estarán en un rinconcito de mi corazón, pero la Nutella son palabras mayores en lo que a crema de avellanas se refiere.

La Natacha, aquella margarina con un sabor y aspecto a crema, hasta se la echábamos al desayudo, dejábamos que se disolviese en la leche caliente. No he vuelto a ver ni a oír hablar sobre ella.

Uno (y dos) en la carretera

Tengo cuatro días de coche de aquí para allí, y de allá para acá. Mil cosas. Hoy coche; mañana, coche a “A illa” de ida y vuelta; pasado “A illa” de ida; el sábado o domingo, Boiro, de ida… Lo mejor es el buen rato que se pasa si has acertado con la música ambiental. Unas veces toca un poco de clásica, otras de recuerdos, otras de mis canciones preferidas y, muchas veces, un poco de todo. Cambio, más o menos, cada dos semanas. Problema: M y yo tenemos gustos musicales bastante distintos, o muy distintos.
Hoy estaba puesto un cd-mp3 recopilatorio “un-poco-de-todo”. Sonó, de vuelta del trabajo: “Dust in the wind”:

I close my eyes
Only for a moment, then the moment's gone
All my dreams
Pass before my eyes, a curiosity
Dust in the wind
All they are is dust in the wind

Dust in the wind
All we are is dust in the wind


Mis sueños,… sólo son polvo en el viento” o “sólo somos polvo en el viento…”.

Un secreto: tengo el carné (suena raro, pero no es “carnet”) de conducir desde hace sólo dos años y medio. Tenía un poco de respeto y miedo al coche, tampoco me llamaba ni atraía. A los 18 años, aunque todos mis hermanos lo quitaron a esa edad, no creí adecuado “gastar” el dinero de mis padres, ya bastante tenían con pagarme los estudios (pensaba). En algún trabajo me había sido necesario pero no lo suficiente, ahora ya no tenía otra salida.

Cuando empecé a salir con M, éramos de las pocas parejas en las que conducía ella. La gente es un poco (o muy) machista. Cuando vamos a tomar algo ella suele tomarse una caña o una clara, yo un refresco; cuando traen las bebidas suelen intercambiarlas, a mí la cerveza y a ella el refresco.

Ya somos dos en la carretera

El coche es uno de esos lugares en los que, por un motivo u otro, recuerdo alguno de nuestros mayores desencuentros. Como en “Dos en la carretera”, en la que ése es el punto de referencia de acuerdos y desacuerdos matrimoniales. No hablaré de lo primero (nuestros desacuerdos) y sí de esa maravillosa película.

Es y sería un error pensar que existen relaciones perfectas, aunque una vez más lo diré, unas lo son más que otras. Ese suele ser el problema, cuando empiezas (casi) todo es perfecto, sin problemas. Después lleva la realidad, lo difícil es saber vivir con los defectos de tu compañer@ y aceptarl@ con sus bondades e imperfecciones.

Como el tiempo se me echa encima, sólo recomendaré la música de la película y al inolvidable Henry Mancini: La Pantera Rosa, Charada, Desayuno con Diamantes o, sobre todo, Dos en la carretera. Su elegante música encajó a la perfección con mi sonrisa (cinematográfica) preferida; Audrey Hepburn.

Ingredientes
  • 2 huevos [1 unid.]
  • 150 gr. de azúcar [75 gr.]
  • 250 gr. de harina normal [125 gr.] (He usado de repostería)
  • ½ cucharilla de levadura química (Royal) [1/4 cucharilla]
  • ½ cucharilla de bicarbonato sódico [1/4 cucharilla]
  • 2 cucharadas de cacao en polvo, 8 gr. [1 cucharada]
  • ½ cucharilla de sal [1/4]
  • 140 gr. de Nutella [70 gr.]
  • 70 gr. trozos de chocolate [35 gr.]
  • 70 gr. de avellanas (opcional) [35 gr.]
(1) Precalentamos el horno a 170-175ºC

(2) Tamizamos los ingredientes en polvo: la harina, el cacao, la levadura, el bicarbonato y la sal.

(3) Batimos los huevos en un bol grande o tartera. Añadimos el azúcar y seguimos batiendo. Echamos la Nutella y… ¡batimos! Mucho batir.

(4) Echamos la mezcla de la harina y removemos hasta que quede bien mezclado. Añadimos los trozos de chocolate y las avellanas.
Si la masa es demasiado pastosa podemos hacer una bola y dejarla reposar un poco, hasta que no se pegue demasiado.

(5) Dividimos la masa en dos partes iguales con la manos bien enharinadas (se pegaría la masa) y ponemos sobre una bandeja con papel de hornear. Presionamos y formamos rectángulos de algo menos de 1,5 cm de espesor.
Por llevar cacao y Nutella, lo ideal es hacerlo no demasiado grueso, para que se haga por dentro.

(6) Horneamos durante 20-30 minutos. Si se rompe la superficie, se debe a que (tal vez) necesitábamos un poco menos de temperatura, pero conseguimos un aspecto, diría, auténtico.


Retiramos el horno y bajamos la temperatura hasta 150ºC. Cortamos en piezas de 1,5 a 2 cm con ayuda de un cuchillo de sierra. Ponemos sobre la bandeja del horno. Al cortarlo todavía caliente los trozos de chocolate, por el hecho de estar derretido, han afeado un poco el corte, la próxima vez lo dejaré enfriar algo antes de proceder a cortar.

(7) Horneamos 10-15 minutos, giramos los biscotes y horneamos otros 10-15 minutos, dependiendo del grosor. Retiramos y dejamos enfriar en una rejilla. Guardamos en contenedores de galletas.
El tiempo es aproximado, lo importante es que se vean ligeramente tostaditos. También hay que tener en cuenta que al enfriarse se endurecen más.

Con el primer horneado recuerdan a un brawnie de Nutella. Después hay que dejarlos tostar según nos guste. A mí me gustan tostaditos y crujientes, aguantan más, siempre que M esté de dieta, claro.

Besos

martes 26 de junio de 2007

Marmitako - Jurel en escabeche

Jurel

Chicharro, txitxarro, sorell,… varios nombres para un mismo pescado y un pescado para varios platos. Dos clásicos: un marmitako, aunque elaborado con jurel, y unos chicharros en escabeche. Necesitaba un poco de sal para el blog y que no estuviese sólo en el chocolate.

Olvidando el olvido

Decía Otis Redding en esa preciosa canción, Sitting on the Dock of the Bay: “…y esta soledad no me dejará solo…” (And this loneliness won't leave me alone). Se puede estar acompañado y sentirse solo, se puede estar solo y estar en multitud.

Me siento solo cuando mis pensamientos están solos, cuando no interesan a nadie o, si interesan, están en un segundo plano. Porque ella sabía qué había pasado, pero para ella lo primero era lo primero: sus temas, y allá fuimos, a sus temas. No me importa, sólo me preocupa lo que subyace en ese pensamiento: “si yo estoy bien tú también”. Eso tiene un nombre.

Tratando de olvidar me he acordado de muchos hechos, unos buenos, otros regulares y otros malos. Todos focalizados en un período infante hace más de 20 años.

(Inciso)

Estoy oyendo una noticia, cruel y dura, sobre Japón y la muerte voluntaria. Las causas: trabajo, acoso escolar… y soledad. Por suerte, me gusta la soledad, “la soledad del corredor de fondo”. Esa soledad que se llena de recuerdos, pensamientos e ideas mientras pasan los kilómetros.

El jurel (II)

Como solía pasar con otros pescados o, incluso, mariscos (percebe, por ejemplo), el jurel ha sido un pescado menospreciado durante mucho tiempo. Sólo su escasez y sus cualidades nutritivas han hecho de él un pescado más valorado, aunque todavía no lo suficiente.

Por San Juan la tradición reza una sardinas, pero ni sardinas había. O era tarde, o se las habían llevado todas. Ante esa tesitura mi madre se vio en la obligación de comprar unos chicharros para asar la noche de San Juan y, a la brasa, no tienen nada que envidiar a las sardinas. Como siempre, ha comprado “algún” kilo de más. Nos hemos tenido que traer unos cuantos para prepararlos como más nos gustan: a la manera clásica, incluso nos han llegado para hacer unos pocos asados a la plancha y con abundante sal.

Aquí os presento parte del resultado.

Marmitako
  • 1 cebolla picada fina
  • ½ pimiento verde grande, aprox.
  • 2 dientes de ajo picaditos finos
  • 1 tomate grande rallado y sin piel
  • 1 pimiento choricero deshidratado
  • 2 patatas cortadas (con chasquidos).
  • ½ vaso de vino blanco, a gusto.
  • Jurel, bonito o atún. He usado jurel, no resulta tan seco.
Si empleamos bonito o atún podemos dejarlo toda la noche macerando con una copa de brandy.

(1) Cortamos el pimiento choricero, le quitamos las pepitas y lo hidratamos en agua mineral fría, que después podríamos emplear para el guiso. Si queremos que se hidrate más rápidamente lo pondremos en agua caliente.

(2) En una tartera con aceite de oliva caliente sofreímos la cebolla a fuego medio, hasta que quede traslúcida. A medio hacer le echamos el pimiento verde y el ajo picaditos. Dejamos que se acabe de hacer la cebolla.

(3) Rallamos el tomate y lo echamos sobre el sofrito, cuando el pimiento verde esté en su punto. Dejamos reducir un poco, hasta que quede una salsita espesa.

(4) Mientras tanto, quitamos la pulpa el pimiento choricero y la reservamos. Pelamos las patatas y las cortados cascándolas, para que cunado se cocinen suelten fécula en el guiso. El chasquido se consigue haciendo un corte en la patata y girando el cuchillo.

(5) Una vez el tomate haya formado una salsita en el sofrito echamos la pulpa del pimiento choricero. Le damos unas vueltas y añadimos el vino blanco.

(6) Echamos las patatas cuando el vino se haya reducido algo. Le damos unas vueltas y echamos el agua, mejor mineral (podríamos emplear la que nos ha sobrado de hidratar el chorizo y algo más). El agua debe cubrir bien las patatas, pues debe estar burbujeando durante bastante tiempo. Salamos para que la patata absorba sal.
Si durante el proceso vemos que necesita más agua se la echaremos ;-)

(7) Cuando las patatas estén casi hechas, añadimos el pescado, que hemos dejado en sal, y dejamos unos minutos hasta que esté hecho. Se hace muy rápido, el bonito incluso se puede cocinar con el fuego apagado y con el calor residual.

Jurel en escabeche
  • 3-4 Jureles pequeños (chicharos)
  • 3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • 2 dientes de ajo
  • ½ cebolla grande, pelada y cortada en tiras muy finas
  • 1-2 hojas de laurel, a gusto
  • 1 ramita de canela
  • Orégano
  • Unos 60 ml de de moscatel o un vino blanco dulce
  • 1 cucharilla de pimentón dulce
  • Un par de cucharadas de vinagre de jerez
  • Harina para rebozar el pescado
  • Sal
(1) Limpiamos el jurel, lo salamos y pasamos por harina. Ponemos los ajos en una tabla y los majamos con la parte plana del cuchillo. Podemos picarlos o dejarlos enteros, yo acostumbro a dejar uno entero y otro picadito.

(2) En una sartén con algo de fondo, calentamos el aceite a fuego bastante fuerte. Añadimos el jurel y los freímos por ambas partes. Una vez fritos los retiramos y reservamos.

(3) Bajamos el fuego y rehogamos un poco los ajos, durante menos de un minuto. Echamos la cebolla cortada en tiras finas y rehogamos a fuego bajo-muy bajo hasta que esté caramelizada, durante unos 20 minutos. A medio cocinar echamos el laurel troceado y la ramita de canela. Si no nos gusta demasiado el sabor del laurel podemos echarlo con el vino o no echarlo.
El escabeche tradicional acostumbra a llevar laurel, pero el laurel empieza a estar en desuso en la cocina actual por su fuerte aroma.

(4) Cuando la cebolla está caramelizada, subimos el fuego al máximo y añadimos el vino dulce. Dejamos reducir durante unos 2 minutos, echamos el orégano y el pimentón dulce, le damos unas vueltas. Antes de que se queme el pimentón, añadimos el vinagre y el pescado para que coja sabor. Dejamos un poco al mínimo y retiramos.

A M le gusta frío y de un día para otro. El escabeche es una salsa tradicional cuya primera finalidad era la de conservar los alimentos cocinados. De un día para otro refuerza el sabor del pescado y, para mi gusto, está más sabroso.

Unos platos tradicionales con un sabor actual y muy rico.
Buen provecho.

lunes 25 de junio de 2007

Galletas de chocolate y nueces (II)

Oñipep

Tiene un mal día. Para su perdición, le han clavado un puñal en la “caja de recuerdos amargos”, su Caja de Pandora particular. Y lo que más le ha dolido ha sido el verdugo.

Oñipe no siempre ha sido así. Se diría que de pequeño era un niño olvidado de la mano de Dios. Ni él está seguro de que el mismo Dios supiese de su existencia, así lo ha pensado y así me la hecho saber.

Oñipe fue el pequeño de la familia durante poco tiempo, pero como si no lo fuese. El olvidado. Ya existía una niña y un niño, años después vendría otro varón para alegrar la vida. Por aquellos tiempos Oñipe se sentía solo e incomprendido, porque se ignoraba su existencia. Tampoco le preocupada (demasiado) era demasiado tímido como para poder relacionarse. Una existencia que en muchos, la mayoría, equivalía a una indiferencia casi absoluta. El distinto: por fuera y por dentro, el moreno, el rebelde. Sigue sin saber por qué le tocó a él el boleto.

Con el tiempo, los hay que lo reconocieron (algo) por la calle cuando, después de haber pasado tres años de su infancia fuera, descubrieron que el niño había crecido. Otros lo reconocieron (algo) cuando en el instituto oían a sus hijos hablar de sus capacidades para las matemáticas y la lógica. Algunos más cuando descubrieron que había acabado la carrera de cinco años en cuatro. A él poco le importaba, pero no tardó mucho en descubrir que no era a la única persona a quién no le importaba. Se sentó en la mesa, dijo: “he acabado”, se levantó, tomó una fruta y se fue a jugar al baloncesto un rato.

Después, los que se habían olvidado de él desde la infancia (habían pasado algunos años sin vivir de forma continuada en su pueblo) lo descubrieron (algo) disfrazado de traje y corbata en su segundo trabajo, reconocieron tras esa fachada a aquel niño. Más tarde alguno más lo reconoció cuando, con más de 20 años, tuvo una novia. Alguno más cuando años después se casó con ella.

Y pasó el tiempo, e hizo más cosas, y creo que las sigue haciendo, pero cuando hay gente que mira su cara y reconoce (algo) al niño, hay alguien que lo ignora. Como si un rencor, cuyo origen Oñipe desconoce, se hubiese apoderado de una persona querida. Pero Oñipe no es rencoso, no lo entiende y, por más que busca, tampoco ha descubierto el origen de ese rencor.

Descubrió ante sí como esa persona alardeaba de haberle pegado de pequeño, probablemente por una chiquillada con su hermano mayor (el hijo pródigo), y le dolió mucho, tanto que se tragó las lágrimas. Su sabor era salado y amargo, como la hiel. Hoy su plato estará vacío por que no tiene hambre, ese amargor le durará unos días…, de momento.

El monstruo de las galletas

Tiene gracia, nunca he visto a Triqui comer galletas. El muñeco se las llevaba a la boca, las destrozaba y desmenuzaba. De comerlas nada de nada. Como Epi y Blas, cuando comen me recuerdan a los bebés, sólo encías.

Mis galletas

En casa de mis padres no se comían demasiadas galletas. Las de desayuno y poco más: Tostada de Cüetara y, raras veces, Chiquilín. Ahora no tengo dudas, si compramos galletas son Artiach: Oreo, Digestive,… y la mayor parte de las veces para emplear como base para tartas. En Navidades, en casa de mis padres, no faltan las Artinata o unas de crujientes de coco. Ya no saben igual, o a mí me lo parece, como la “Pantera Rosa” o el “Tigretón”, no son lo que eran. Reducción de costes.

En estos momentos las galletas, mientras M evite los postres, se están convirtiendo en la mejor opción para la realización de un postre. He buscado y buscado pero no he encontrado moldes para tartas con un diámetro inferior a 21 cm, y menos si lo quiero desmoldable. Buscaré en Internet a ver que encuentro y, de paso, compraré algún aro para mousses, glucosa líquida, azúcar invertido u otros productos difíciles de encontrar en tiendas convencionales.

Estas galletas

Pueden hacerse tanto con chocolate rallado o con perlas/trozos de chocolate. Son tirando a blanditas, supongo que por llevar huevo. Si se desean crujientes, sólo hay que hornearlas un poco más tiempo. Probad y escoged.

Insisto en una recomendación personal: si os gustan las galletas de chocolate probad éstas y también las Galletas Korova.
Opcion B:
Ingredientes
Entre corchetes la cantidad entre 2 (para no hacer cuentas)
  • 110 gr. de mantequilla a temperatura ambiente [55 gr.]
  • 110 gr. de azúcar moreno [55 gr.]
  • 100 gr. de azúcar en polvo [50 gr.]
  • 1 huevo [30 gr.]
  • 1 cucharilla de esencia de vainilla [½ cucharilla]
  • 225 gr. de harina de repostería [113 gr.]
  • ½ cucharilla de levadura en polvo [1/4 cucharilla]
  • Una pizca de sal
  • 50 gr. de nueces picadas [25 gr.]
Opción A:
  • 175 gr. de chocolate negro rallado [88 gr.]
  • 50 gr. de perlas de chocolate blanco.
Opción B:
  • 175 gr. pepitas de chocolate negro [88 gr.]
(1) Opción A: picamos el chocolate con un cuchillo o lo pasamos por un rallador de agujeros grandes. Opción B: emplearemos pepitas o chocolate troceado.

(2) En tartera o bol echamos la mantequilla y la batimos con los azúcares, hasta que quede cremoso y espumoso, de un color amarillo pálido. Añadimos el huevo entero y la esencia de vainilla.

(3) Tamizamos la harina, le echamos la levadura y la sal. Echamos sobre la manequilla en pequeñas cantidades, espolvoreando y trabajándolo poco a poco, evitando que se formen grumos. Añadimos el chocolate negro rallado/perlas de chocolate, las nueces troceadas y/o el chocolate blanco. Seguimos amasando hasta formar una pasta, no amasemos demasiado.

(4) Formamos un cilindro de unos cuatro centímetros, bien redondeado. Lo cubrimos con film transparente y lo llevamos al frigorífico. Lo dejamos enfriar un mínimo de una hora.

(5) Precalentamos el horno a unos 170º C. Retiramos la masa de la nevera y con ayuda de un cuchillo afilado formamos las galletas de unos 2 centímetros de grosor. Ponemos sobre una bandeja cubierta con papel de hornear.


(6) Horneamos durante unos 8-12 minutos. Retiramos, dejamos enfriar y guardamos en un recipiente hermético hasta consumir.

“¡Galletas!”

sábado 23 de junio de 2007

Tarta de helado celestial

Sé lo que hiciste el último verano

Ni me gusta esa película, ni el terror fácil, ni me acuerdo exactamente qué hice el último verano. Debo tener una memoria de mariposa, por lo poco que viven, claro. El tema es muy sencillo, son fotos del verano pasado, por aquí todavía no tenemos el calor suficiente como para que las tartas heladas seas muy apetecibles. El verano está tardando demasiado, parecía que iba a empezar con San Juan, pero ahora llueve.

Ésta es una receta que, creo recordar, obtuve en el foro de mundo recetas. Me aseguro, un momento. (Unos minutos después…). Sí, la receta la puso Meri en “mundo recetas” de no sé de qué libro y, por lo que he visto, no soy el único que la ha probado.

Las mariposas

De pequeños éramos unos salvajes. ¿A qué viene esto?, pues nada, que al hablar de mariposas me he acordado que, con tanto Félix Rodríguez de la Fuente en televisión (uno de mis programas preferidos), no hacíamos más que capturar todo tipo de animalitos, sobre todo con mi amigo Quique. Con otros amigos hacía otro tipo de “salvajadas”.

El padre de Quique tenía una pastelería, mejor dicho, era el propietario de “La” pastelería del pueblo. Ahora ya hay unas cuantas más, Boiro no hace más que crecer y crecer, especular y especular. Don dinero strikes back.

En “La pastelería Almar”, así se llamaba, se hacían los mejores profiteroles que jamás he comido. La crema y el chocolate que los cubría, crujiente, eran algo especial. Ya está cerrada pero todavía me acuerdo de sus profiteroles, sus triángulos con cabello de ángel o sus tartas de merengue. Los pasteles de coco no me gustaban, ni los caramelos de anís. También tenía aquellas naranjas de caramelo con un envoltorio espectacular, los paraguas de chocolate o los caramelos “PEZ”, que salían de boca del muñeco de turno: un Mickie, un perro,…
Las cinco pesetas que nos daba mamá los domingos no daban para tanto, pero siempre acababan gastándose en la pastelería, sobre todo en unos caramelos o unos chicles. “Chiclets”, otra marca comercial que ha dado nombre a la goma de mascar.

Al grano. Como su padre tenía “la” pastelería, poseía un almacén con montones de cajas de plástico duro en las que venía la leche Leyma, y en dónde se apilaban las bolsas de leche. Lo del tetra brik llegó más tarde.
Las bolsas de leche eran divertidísimas, se escurrían entre las manos y esa leche había que hervirla antes, o por lo menos así lo hacía mi madre. Esas cajas eran como peceras, el refugio ideal para todo tipo de animales, incluso mariposas, que atrapábamos con ayuda de un “truel" (cribo) que se empleaba, principalmente, para la pesca del camarón.

La decepción llegaba un par de días después. Cazábamos las mariposas, les poníamos todo tipo de flores y plantas pero, pasados unos días, aparecían muertas. Fue más tarde cuando descubrimos que las mariposas que capturábamos vivían entre 10-20 días, no más. Por no decir que nos quedaban en las manos parte del “polvillo” que soltaban sus alas. Habíamos probado de todo para salvarlas pero nos era imposible. Ahí acababa nuestra gran aventura salvaje, en una caja de leche Leyma. “La selva”, un pequeño bosque al que había que llegar cruzando un río es otra historia.

La tarta

Es una tarta fácil, únicamente laboriosa: montar y montar, rodar y montar…. Me ha sorprendido mientras recuperaba la receta, haber descubierto un caso de una persona que la había realizado y no les había gustado en su casa. Supongo que “para gustos no hay nada escrito” pero me sorprende muchísimo que esta estupenda tarta no hubiese llegado a gustar. Otro tema son las calorías, ahí ya no me meto. Apostaría a que tiene menos calorías que una comprada.

El caramelo (praline), en el centro y cubriendo la tarta, o el brazo que la rodea le dan un toque especial. En la foto no se percibe el praline central, recomendaría se emplease mucho. Ese crujiente es excepcional.

¿Praline o praliné?

Entiendo que son productos diferentes, aunque ambos lleven frutos secos. El praliné es el típico relleno con el que se hacen los bombones: fruto seco recubierto de chocolate. El praline, sin tilde, son frutos secos fritos en un almíbar, una garrapiñada.

Ingredientes

Laterales
Praline
  • 200g de azúcar
  • 100g de almendras crudas peladas
Relleno
  • 100g de galletas Digestive o al gusto
  • 6 claras de huevo, un chorrito de limón (lo de la sal, todavía no tengo claro que ayude a levantar las claras)
  • 500g de nata liquida con 35% materia grasa (para montar).
  • 180g de leche condensada
(1) Brazo. Hacemos un brazo tal y como lo he indicado en la receta del brazo de frambuesa. Lo rellenamos con la mermelada que más nos guste.

(2) Preparación del praline. En una tartera o sartén caramelizamos el azúcar, teniendo cuidado de que no se queme. Cuando esté algo dorado añadimos las almendras. Dejamos que se oscurezca un poco. Para no bajar la temperatura de repente y que se cristalice no deberíamos introducir ninguna cuchara durante el proceso, simplemente vamos girando la tartera.
Echamos sobre papel de hornear y dejamos enfriar.

(3) Cuando el caramelo haya enfriado trituramos. Yo no tengo Thermomix, por lo que esa vez lo trituré a mano. Como debe quedar grueso, tenía miedo a que se pulverizase al pasarlo por el accesorio para triturar que viene con la batidora. Si se tiene Thermomix, se hace durante 12 seg. a velocidad de 3 + ½. Retiramos y reservamos en una bolsa de plástico.

(4) Pulverizamos las galletas hasta que no quede ningún trozo grueso. En este punto sí he empleado la trituradora. Reservamos.

(5) Se levantas las claras. Levantamos las claras con un chorrito de limón y el azúcar, echándolo en tres tandas. He leído que la sal no tiene ningún efecto que ayude a levantar las claras, sí los ácidos como el limón. El azúcar lo vamos incorporando poco a poco una vez haya empezado a levantarse. Reservamos.

(6) Levantamos la nata. Montamos la nata. Reservamos en un bol grande.
Para que la nata se levante con facilidad debe estar bien fría. Las claras, en cambio, se levantan mucho mejor a temperatura ambiente. Deben romperse las cadenas largas de proteínas que tienen la claras. Una buena temperatura ayuda.

(7) Montaje. Para que no se baje el montaje debe hacerse rápidamente.

(7.1) En el centro de la nata montada hacemos un hueco, echamos la leche condensada y las claras montadas a punto de nieve. Mezclamos de forma envolvente para evitar que se baje, de abajo hacia arriba y girando el bol hasta obtener una pasta homogénea.

(7.2) En un molde circular y desmoldable, ¡que pueda caber en el frigorífico!, ponemos una capa de galletas (sí, sin mantequilla). Cubrimos los laterales con los cortes del brazo de frambuesa y echamos la mitad de la mezcla de la nata. Ponemos una capa de praline y, sobre ella, el resto de la mezcla. Volvemos a cubrir toda la superficie con el praline.

(8) Llevamos al congelador. Mejor, como mínimo, de un día para otro. Cuando la hice, tenía tantas ganas de probarla, que la quité a las pocas horas y, aún estando buena, no tenía toda la consistencia que debería tener.

Recomendación personal: sed muy generosos con el praline, está muy bueno y es uno de los puntos clave de esta tarta. En mi versión hice algo menos y me quedé un poco escaso.

viernes 22 de junio de 2007

Tejas de almendra

Por fin

Por fin toca, toca irse de fin de semana a casa de mis papás. Por fin volveré a comer con mi familia después de unos cuantos meses, casi 4. Antes una parada facultativa esta noche en “A illa”. Tenemos alguna que otra cosa que arreglar.

San Xoán

Es una de las festividades señaladas en el calendario. Llega el verano, cambio de tiempo, nuevos ánimos y desaseos. En la infancia era un premio grande: ¡fin de curso!, las bermudas y todo el día fuera de casa.
Lo admito: no me va la juerga ni los excesos, no me gusta salir o tomar copas, prefiero charlar o tomar un té (no me gusta demasiado el café), pasear, ir al cine, actividades de otro tipo. M es distinta, le encanta salir, tomar copas y “hablar por hablar”.
San Juan es diferente, allí nos reunimos todos, familia, amigos y conocidos, en torno a la hoguera. Todos, desde el menor al mayor, mientras nos tomamos unas sardinas asadas con un poco de “pan de boroa”.

Mi foro interno

Tengo mis razones para huir de los “saraos”, la vida social o las ¿relaciones interpersonales grupales? Mi timidez extrema todavía no ha sido superada del todo, aunque mi relación con M me haya ayudado, sigo estando incómodo en ciertas situaciones. Lejos quedan otros tiempos, pero el poso sigue ahí. Mis reflexiones sobre este hecho lo dejo para otro momento, otro día, con más ganas, ya me desahogaré un poco más, tocando con la yema de los dedos una herida casi curada. Una herida provocada por una infancia de los más introvertida y en la que ni el entorno (ni yo) estábamos preparados para tratar a niños con “muchas inquietudes”, demasiadas. Todo se ha perdido, pero necesito (desesperadamente) el tiempo y aprender, más.

Otro secreto: la cocina me gusta mucho, pero como actividad creativa, nada más. Me gusta ver que a la gente le gusta lo que cocino, me gusta idear. Tengo la sensación de que esto pronto se acabará y necesitaré pasar a otro campo. Cuando “lo nuevo” aparezca raras veces.

El cine y el deporte siempre seguirán ahí. Ambos me liberan. El cine me permite relajarme y evadirme durante un par de horas. La pantalla, la imaginación y nada más. El correr provoca un desahogo y un placer, que resulta muy difícil explicar a alguien que no lo haya practicado con mucha regularidad. La segregación endorfinas que se generan no es más que… ¡la felicidad! A fin de cuentas la felicidad es un proceso químico, nada más. Que poco poético, ¿verdad?

La sonrisa, la visión de la naturaleza o ¡comer chocolate negro! también ayuda a generar ese estado de felicidad por medio de la segregación de endorfinas. Ayer me han sonreído en el trabajo, he respondido yo y la sensación (de felicidad) ha sido muy agradable.

Trivialidades

En el piso de “A illa” ya nos han puesto los estores, todavía falta completar el salón, pero está casi todo de camino. La mesa y las sillas las llevarán el viernes, el resto esperemos que nos informen esta semana. Por el momento, os presento mi nuevo “laboratorio” de verano:

Y el baño ;-), cuando todavía estaba “virgen” y no nos habían puesto el radiador-toallero:

Como suele pasar, o estás encima durante el proceso de pedido, montaje e instalación o meten la pata. En la cocina han puesto el grifo en el centro de la encimera. Yo quería un poco más de espacio para amasar y situarlo en la esquina izquierda, ya no había solución posible.
Todavía no tengo mucho material: tenemos que comprar una balanza, otra batidora y algún que otro instrumento de cocina para los experimentos culinarios. En agosto será mi lugar de “trabajo”, por el momento me conformo con algún fin de semana y postres medidos en “tazas”, Dejadez.

Tejas

Es otra receta de Pierre Hermé. A estas alturas lo tendré hasta en la “sopa”, y nunca mejor dicho. A la receta creo que no le vendría mal un poco más de almendra, aunque así ya han quedado muy ricas. Problema: ¿Cuánto es un sobre de azúcar vainillado o, como dice, “vainilla azucarada”?, yo lo compro en pequeños botes, pero creo que ronda los 7,5 gr.

Ingredientes
  • 75 gr. de harina
  • 125 gr. de azúcar glasé
  • 1 sobre de azúcar vainillado (10 gr.)
  • 2 huevos
  • Una pizca de sal
  • 40 gr. de mantequilla
  • 75-100 gr. de almendra en láminas
(1) En un bol mezclamos la harina, el azúcar glasé y el azúcar vainillado. Emplearemos el batidor.

(2) Añadimos los huevos batidos y la mantequilla. Batimos y una vez bien mezclado, echamos las almendras.

(3) Precalentamos el horno a máxima temperatura, unos 250-275ºC. Untamos una bandeja con papel con un poco de mantequilla. Con ayuda de una cuchara, y dependiendo del tamaño, echamos pequeñas porciones (las he hecho gigantes) de la masa separadas entre sí. Usaremos la parte abombada de la cuchara para extenderlas bien finas, mojando la cuchara en agua fría.

(4) Horneamos durante unos 5 min, hasta que el borde esté marrón dorado, casi quemado ;-), y el centro amarillito. Echamos aceite sobre un rodillo, retiramos las tejas de la bandeja con ayuda de una espumadera plana y con las galletas todavía calientes, ponemos sobre el rodillo para darles forma. Se endurecen al enfriar, por lo que hay que ser muy rápido en este proceso.

Cuando se haya endurecido las retiramos del rodillo y guardamos en un recipiente para que no se reblandezcan.

Podemos bañarlas en chocolate.

Feliz fin de semana, por aquí todavía lluvioso! (aunque por poco tiempo)

¡Liberad todas las endorfinas que podáis!: el amor, una buena comida o una sonrisa son muy buenas maneras de hacerlo.

jueves 21 de junio de 2007

Calzone + calzone de cabello de ángel

CalzoneCalzone de cabello de ángel2x1

Dos calzones (calzoncillos) al precio de uno. Uno (casi) tradicional, otro dulce. M ha dicho: “insuperables”. Parece falta de modestia pero no he sido yo, han sido las circunstancias. A veces uno no sabe por qué las comidas u otros hechos tienen ese toque especial y, muchas de esas veces, es el propio azar. Lo peor es cuando intentamos repetirlo.

Los descubrimientos

Muchos de los grandes descubrimientos han sido por azar: la penicilina, la pila… Hasta hay quién le ha puesto nombre: “serendipity”. Está claro que únicamente con el azar no se consigue nada, hace falta la otra palabra: conocimiento, sagacidad, intuición,… En mis manos el cultivo que dio lugar al invento de la penicilina acabaría en la basura.

Recuerdo haber leído que el post-it, o más concretamente su pegamento, fue inventado por casualidad. Creo recordar que buscaban un pegamento ultra-fuerte y le salió ese adhesivo de mala calidad. He aquí dónde surgen las ideas y las genialidades: emplear ese pegamento para hacer unos papeles adhesivos para anotaciones que se despegasen fácilmente…

Visto en TV

Tiene gracia. Esta tarde M tenía comida de trabajo, por así decirlo, y he cocinado con mucha calma y tarde. Mientras fregaba un poco de TV, todo programas rosa y telenovelas, ante eso sólo quedaba la segunda cadena (ahora La2 ;-)): programación infantil… y muuuy interesante. “Leonart” o la ciencia al alcance de los niños. Me dejó maravillado la estupenda respuesta que ofrecieron a una duda de un niño: ¿por qué los pájaros ponen huevos y no son mamíferos?, la respuesta fue tan inteligente como contundente: ¡porque si llevasen a la cría no podrían volar! Aunque poco precisa realmente aclaratoria.
Nada, a partir de ahora, cuando M acabe de ver YSB, me iré a la sala a ver Leonart. Para que digan que no hay programas interesantes en la tele. En la Web he descubierto que ayer hablaron de “violencia”, de la no violencia.

De (muy) pequeño recuerdo que era (muy) aficionado a los programas culturales, de ciencia y naturaleza: “El hombre y la tierra”, “Érase una vez el hombre” y un programa concurso: “Los sabios”. Ya en la post-adolescencia: “El mundo de Beakman”, estaba enganchadísimo, recuerdo el día que explicaron cómo funcionaba un “retrete”.

CalzoneMasa
  • 70 ml. de leche
  • 6 gr. de levadura fresca de panadería
  • 120 gr. de harina de fuerza
  • ½ cucharilla de sal, aprox.
  • 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra
  • 1 cucharada de leche condensada ó 1 cucharilla colmada de azúcar
Relleno salado
  • 1-2 cucharadas de tomate triturado (o frito)
  • ½ cebolla caramelizada
  • Mozzarella rallada
  • Queso parmesano recién rallado
  • Orégano, a gusto. A mi me gusta con abundante cantidad. Podría emplearse otra especia. tomillo, mejorana, …
  • Ésta lleva: jamón cocido, aceitunas negras y… ¡melocotón! (una parte); salchichas y chorizo (parte de aprovechamiento). El melocotón le ha dado un toque agridulce excepcional (para mi gusto).
  • Otras opciones a gusto: bacon, aceitunas negras, jamón york, atún, setas …
  • Opcional: pimienta negra recién molida.
Relleno dulce
Calzone de cabello de ángelMasa

(1) Retiramos la leche de la nevera. La leche debe de estar a temperatura ambiente. Disolvemos la levadura en la leche, hasta que no queden grumos ni posos.

(2) En un bol mezclamos la harina con la sal y el azúcar. Echamos la leche, la leche condensada (o azúcar) y el aceite. Amasamos bien, hasta que quede una pasta homogénea. Es probable que quede algo pegajosa, si queda pegajosa echamos un poco más de harina, sólo un poco. Si la trabajamos demasiado cogerá correa.

(3) Formamos una bola y dejamos reposar hasta que doble su tamaño. Unos 30 minutos. Mientras tanto caramelizamos la cebolla en la sartén a fuego medio-bajo con dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra, removiendo de vez en cuando. Si se empieza a tostar podemos echar un poquito de agua. Debe cocinarse durante unos 15-20 minutos.

(4) Pasado ese tiempo formamos dos bolas y las echamos sobre una superficie enharinada. Estiramos en forma circular hasta que quede fina. Procedemos a rellenar.

(5) Relleno salado:
Extendemos el tomate sobre la masa. Encima del tomate echamos un poco de orégano, la cebolla caramelizada y el queso mozzarella. Echamos un poco más de orégano y el relleno que más nos guste (bacon, jamón, verduras,…). Espolvoreamos con parmesano recién rallado (a gusto) y tapamos como una empanadilla. Con ayuda de la parte posterior de un cubierto vamos formado ondas y cerrando el calzone. Un truco es mojarlo con un poco de agua para ayudar a que se pegue.
Pintamos con huevo batido y rallamos un poco de parmesano.
Mi relleno ha sido un poco innovador, he combinado el jamón york con trozos de melocotón. Mi idea era emplear un poco de piña, jamón de York y aceitunas negras, como la pizza “Hawai”, pero como no tenía piña emplee el melocotón. Ha quedado muy rica. La otra parte llevaba aprovechamiento: chorizo y salchichas. Ya sabéis que no me gusta tirar nada.

(6) Relleno dulce:
Esparcimos una cucharada de mermelada sobre la masa, espolvoreamos con un poco de canela molida y, por último, ponemos un poco de cabello de ángel.
Tapamos, pintamos con huevo batido, bastante azúcar grano y espolvoreamos con un poco de canela.
El cabello de ángel lo tenía ya preparado, si no lo queréis hacer lo podéis comprar en lata. Lo he visto en el Mercadona bastante económico….

(7) Introducimos en el horno precalentado a unos 200ºC durante unos 15 minutos. Justo cuando empiece a tomar color, no más.

Están buenísimos recién hechos. Este tipo de masas no aguantan mucho, por lo que es mejor comerlo todo.

Besos.

miércoles 20 de junio de 2007

Bollos de miel rellenos de chocolate negro y blanco

More Than a “Filling”

Más que un relleno, que no “feeling”, como decía Boston. Bonita canción y… ¡menudos mostachos!, a lo Emiliano Zapata. A veces prefiero no ver los videos. El tiempo ha pasado tan rápido por ellos (y por mí, aunque todavía estaba dando mis primeros pasos) que es como para partirse de risa… o llorar. ¡Y pensar que (casi) se les consideraba heavys!. Sin embargo, para mí esos grupos siguen teniendo un encanto especial con bigote y todo.

Los bollos

Llevo tanto tiempo “experimentando” con chocolate que me apetecía un poco de amasado y unos bollos al estilo de los estupendísimos bollos de queso. Diré “superguays”, “topeguays” o “guayuminí”, como en el anuncio.

El relleno

El relleno ha sido de chocolate, lo tengo en la cabeza y no lo consigo quitar de mi mente. Lo peor es que la siguiente idea que tengo en la cabeza también lo lleva. Qué pena no haber tenido unas frutas confitadas, sería otra buena elección.

Quién y qué

… soy. Esa era mi pregunta de ayer, sin respuesta. Vemos las cosas tal somos nosotros, no cómo realmente son. Si vemos las cosas cómo somos nosotros, qué no haríamos con nuestra propia imagen. La imagen de nuestra propia imagen se distorsiona por nuestra personalidad y nuestra forma de vernos. Desde un punto de vista afectivo, somos muy poco exigentes con nosotros: no conozco a nadie que diga que es mala persona. Lo difícil o imposible es vernos desde fuera, y ponernos en el piel de los demás.

Un ejemplo más claro es el color de los objetos. Su color depende de la luz, sin luz no hay color (por lo menos perceptible). Los objetos azules lo son por reflejar (dispersar) la luz de esa longitud de onda, en tal caso “odian” esa luz. De “ser” nada de nada.

Alguna que otra vez, como quién no quiere la cosa, he intentado ponerme en el piel de otro mientras estoy haciendo algo que calificarían de “raro” (correr en verano sin camiseta -¿por qué la voy a llevar si hace calor y voy más cómodo?-, ir corriendo de un sitio para otro por la calle –prisas-,…) y, por un momento, entendería que pensasen algo peor sobre mí. No profundizaré más en la herida. Pero ¿a qué tipo de persona se le ocurriría escribir en un blog sus inquietudes, por absurdas o estúpidas que parezcan o sean? Recuerdo un libro: “A orella no buraco”, en él la protagonista “narraba” en voz alta todo aquello que se le pasaba por la cabeza… eso puede convertirse en un monólogo más que absurdo…

Ingredientes
8 unidades [4]
  • 2,5 cucharillas de levadura seca [1,25 cucharillas]
  • 240 ml de leche templada (no más de 40º) [120 ml.]
  • 15 ml de miel, una cucharada aprox. [1/2 cucharada, 7,5 ml.]
  • 1 cucharada de mantequilla (15-20 gr), derretida y fría [1/2 cucharada – 7,5-10 gr]
  • 5 ml de esencia de vainilla [2,5 ml.]
  • 280 gr. (a 350 gr.) de harina de fuerza [140-175]. Inicialmente debe emplearse la primera cantidad, después se añade según vaya siendo necesario.
  • 1 cucharilla de sal [1/2 cucharilla]
  • Chocolate troceado, negro y algo de blanco. También podrían emplearse frutas silvestres: arándanos, fresas, frambuesas,…, 1/2 taza aproximadamente.
  • 1 yema de huevo para pintar
(1) En un bol grande, mezclamos bien la leche y la levadura seca, removiendo lentamente para disolverla. Dejamos reposar durante 5 minutos.

(2) Echamos la miel, la mantequilla derretida y fría, la vainilla y 280 gr. de harina de pan mezclada con sal. Removemos un poco y echamos el resto de la harina en cucharadas (sólo si es necesario, casi con toda seguridad los sea necesaria), removiendo hasta que la masa empieza a despegarse del borde del bol.
La masa no debe quedar demasiado seca, lo justo, poco a poco y sólo si vemos que está excesivamente pegajosa después de haberla trabajado.

(3) Llevamos la masa a una superficie enharinada y amasamos hasta que quede elástica y lisa, de 3 a 5 minutos. Ponemos la masa en un bol más grande, cubrimos y dejamos reposar durante 1 hora, o hasta que doble su tamaño.

(4) Troceamos el chocolate a gusto. Pasado el tiempo de fermentación, echamos la masa sobre una superficie ligeramente enharinada y aplanamos un poco. Añadimos el chocolate troceado (o arándanos, frambuesas,… estos frutos le vienen muy bien). Amasamos otro poco, hasta que quede bien repartido, y dejamos reposar cubierta unos 10 minutos más.

(5) Dividimos la masa en 8 porciones (o 4 para las cantidades que he puesto entre corchetes) de igual tamaño y formamos bolas. Ponemos en una bandeja con papel de hornear, cubrimos con un paño limpio y dejamos reposar durante 30 minutos.

(6) Mientras tanto, precalentamos el horno a 190º. Con un tenedor batimos la yema de huevo con un chorrito de agua (2-3 cucharadas máx.) y pintamos los bollos. Horneamos unos 15-20 minutos, hasta que tengan un ligero tono marrón.

Dejamos templar un poco y comemos. Muy buenos recién hechos, un perfecto acompañamiento para un buen desayuno o postre.

Me ha sobrado una clara, ya veremos que “macaron” (en singular) sale. Hermé, nos veremos las “claras” de nuevo.

martes 19 de junio de 2007

Galletas de limón (y almendra)

Por Hermé

Cuando lo pronuncio pienso en Tintin, por eso de la similitud fonética con Hergé. De pequeño, por Galia y demás, era un seguidor de Asterix y Obelix. Además, se aprendía mucho de ellos, costumbres, personajes, historia, filosofía,… eran (y son) bastante fieles. Todo decayó cuando se les ocurrió hacer una película, todas muy malas. Por suerte, los actores de carne y hueso no han conseguido borrar de mi mente la imagen de los personajes del cómic.

Los nombres divertidísimos: Ordenalfabetix (el pescadero), Esautomatix (el herrero), Edadepiédrix (el anciano),… recuerdo una viñeta en la que van en un barco y dicen: “¡Qué bien remas Motorax…!”.

Una de las frases que más me gusta es esa de “¡Están locos estos romanos!”. Me acuerdo de ella (y la digo) siempre que veo alguna burrada norteamericana o alguna tontería televisiva. USA son los nuevos romanos pero, como decimos aquí, “a todo porco lle chega o seu Sanmartiño”. La traducción literal es obvia (“a todo cerdo le llega su San Martín”), por San Martín es la tradicional matanza del cerdo…

Todo lo que sube baja. A todo el que ríe le tocará llorar. Son ciclos. No seáis malos, aunque sea sólo para que cuando os toque estar “abajo” no sean vengativos con vosotros.

Tintin

De Tintín, lo que más me gusta es la imaginación, las localizaciones, y los vehículos e instrumentos que aparecen: el cohete de “Objetivo la luna”, el submarino en forma de tiburón de “El tesoro de Rackam el rojo”, la seta de “La estrella misteriosa”,…

A la segunda…

No va la vencida. Riquísimas (M así lo ha corroborado), pero me han quedado cojas, sin pie. Después de la buena experiencia de la versión de chocolate, en la que casi había conseguido “el pie”, he querido hacer la receta “original” de Hermé, paso a paso. He descubierto que tiene ciertas imprecisiones, por lo menos para mi entorno de temperatura ambiental, horneado, etc. no se ajustan con exactitud.
He puesto la receta tal y cómo la he hecho, con las anotaciones y consideraciones que he estimado interesantes y, espero, definitivas.
Hoy he hecho unos bollos que han salido riquísimos y, como me ha sobrado una clara, un día de estos tocará la tercera y, espero, definitiva versión de los Macarons.

Ingredientes
  • 2 claras de huevo
  • 137 gr. de azúcar glasé
  • 80 gr. de almendra
  • ½ cucharilla de vainilla
  • 2 gotas de colorante amarillo
  • Un chorrito de aroma de limón
  • Ralladura de ¼ de limón
(1) Tamizamos el azúcar glasé con la almendra molida y la ralladura de limón. Como la ralladura no pasará por el tamiz (ni debe), antes, con ayuda de las yemas de los dedos, revolvemos la mezcla para que coja un poco de aroma.

(2) Montamos las claras a punto de nieve firme con ayuda de un chorrito de limón. Cuando esté montada, y sin dejar de batir, echamos el colorante, el aroma de limón y la vainilla.

(3) Rápidamente, espolvoreamos la mezcla sobre las claras en forma de lluvia. Mezclamos con ayuda de una espátula y de forma envolvente, empezando desde el centro hacia los bordes y girando el bol con la mano izqda (o derecha si eres zurd@) durante el proceso.
Debemos tener cuidado de que no se bajen las claras. La masa debe ser algo fluida para que no se sequen demasiado una vez cocidas.

(4) Precalentamos el horno a unos 250º C. No os preocupéis, obviamente, esta no será la temperatura de horneado.

(5) Colocamos 2 bandejas superpuestas y una hoja de papel sulfurizado sobre la bandeja superior. Lo ideal es que sea un papel que permita que las galletas suban, poco adherente. Creo que ésta es una de las claves, para formar el “pie” las galletas no se deben pegar al papel, debe ser un papel de “buena calidad”.

(6) Vertemos la masa sobre una manga de boca ancha (de 2 cm –pequeñas- a 7 –grandes-, dependiendo del tamaño deseado). Yo he usado la “pistola” sin ningún tipo de boquilla. Formamos las galletas sobre la bandeja.

(7) Dejamos reposar las galletas ¼ de hora. Eso es lo que dice la receta, mis experiencias (clave número 2) demuestran que deben dejarse reposar hasta que la superficie se haya resecado, para que así no se agriete y suban como un “todo”. Lo dejaría un mínimo de una hora (a la tercera).

(8) Introducimos las galletas en el horno y bajamos inmediatamente la temperatura hasta los 180ºC, dejando la puerta entreabierta. Si las galletas tienen un tamaño pequeño deben dejarse unos 10-12 minutos, si son grandes de 18 a 20 min.

(9) Cuando las galletas estén cocinadas retiramos la bandeja doble, ponemos un poco de agua (¿caliente?) en un vaso y, levantando un poco el papel, echamos el agua por debajo para que se produzca vapor y se despeguen mejor las galletas.

Dejamos enfriar sobre una rejilla. Podemos rellenarlas o tomarlas tal cual. Rellenos de ganache, mermeladas, Nutella, crema mantequilla aromatizada, etc… Éstas, como era un proceso de experimentación, han sido rellenadas con Nutella.

Están buenísimos. Según Hermé, están mejor si los dejamos 2 días en el frigorífico. A nosotros no nos han durado tanto.

lunes 18 de junio de 2007

Tarta de queso, licor y chocolate

“Había una vez… un circo que alegraba siempre el corazón”

"Feliz, feliz, en tu día…" (También) era el cumple de M y tocó tarta. Ella la escogió, quería chocolate y quería queso, tenía chocolate y tenía queso; tenía una receta que tenía queso; tenía poco ánimo y tenía poco tiempo. Llegamos tarde, pero por la noche se cocina más tranquilo.

Día de llamadas y felicitaciones. Ya somos “más mayores”. Entiéndeme.

Pez gemelo

No diré eso de “no creo en el horóscopo”, ¿podría pensar que por el hecho de haber nacido en un mes determinado, su (y mi) carácter tendría cierta predisposición? No. Ella es géminis, no tiene doble personalidad pero sí tiene un carácter… y un temperamento… que fluctúa más que la bolsa. Ahora estoy contenta, ahora estoy “cruzada” (por cualquier levedad).
Yo soy piscis y, como el agua, mi ánimo se escapa por poros de la piel, pero podría ajustarme a cualquier otro signo. Las características de cada uno son tan genéricas que si lo pensamos podríamos encontrar en todos algo de nosotros.

Nada, más Google. Veamos compatibilidades entre una géminis y un piscis: “A pesar de que son signos afines y compatibles, la relación no será totalmente posible. El hombre Piscis no se siente completamente seguro cerca de la mujer Géminis, ella es tan encantadora y traviesa que puede llegar a flirtear con cualquiera, esto llega a darle celos a pesar de su carácter tolerante y lleno de bondad….” No muy positivo, ¿verdad? Sigo buscando:

La unión entre Piscis y Géminis no es muy provechosa porque su naturaleza es muy distinta, Géminis por lo general es más desprendido que Piscis que es más sentimental y aprehensivo para las cosas (incluso para las relaciones)”. A ver si a la tercera:

Si se caen bien de entrada pronto descubrirán que se han equivocado, no hay una relación sincera entre estos dos signos que no se compenetran, a GÉMINIS le saca de quicio la sensiblería de PISCIS, cuyo lenguaje va mas allá de las palabras, su riqueza emocional no encuentra causa al lado de GÉMINIS que lo mirará como si de un extraterrestre se tratara.” Ha dado en el clavo, M (reconoce) que me veía como un poco “raro” al principio, pero poco a poco ya empieza a conocerme y entenderme, y yo a ella. Ya era hora, después unos cuantos años…

Mejor será dejar esto de los horóscopos, que empiezan a deprimirme un poco ;-)

Nada

Tengo que poner un examen más y no tengo ideas. No me centro, nada. Normalmente se me ocurren cuado hago footing pero estos días pienso en otra cosa. Quiero que sea lo suficientemente fácil como para no estropear el “futuro” de nadie, pero también quisiera no “regalar” los aprobados, el esfuerzo es algo que cada día se valora menos. Difícil dilema.

Nada más y nada menos. Más sinceridad, más generosidad (con los sentimientos), menos egoísmo, menos prisas, más paciencia (conmigo)¸ más tolerancia (conmigo), menos manías, más hablar diciendo cosas, menos hablar por hablar, más comprensión (de posturas), menos superficialidad, más personalidad, "más mayor" (ayudará, digo yo)…

Base (elección a gusto)

Opción 1: galletas de chocolate
  • 280 gr. galletas de chocolate [200 gr]
  • 100 gr. mantequilla derretida [70 gr]

Opción 2: galletas Oreo (empleada por mí)
  • 200 gr. de galletas Oreo.
  • 75 ml de mantequilla derretida.

(1) Con ayuda de una picadora o tenedor (paciencia en este caso), trituramos totalmente las galletas. Derretimos la mantequilla en el microondas y mezclamos con las galletas, hasta que quede una pasta homogénea.

(2) Cubrimos la superficie de un molde “desmoldable”. Suelo poner papel de hornear en el fondo. Dejamos enfriar en el frigorífico hasta que quede duro.

Relleno
  • 500 gr. queso crema, reblandecido
  • 160 gr. azúcar glasé
  • 3 huevos
  • 1 cucharilla de esencia de vainilla
  • 1 cucharada de zumo de limón
  • 1 cucharada sopera de ralladura (muy fina) de naranja
  • 2 cucharadas de Grand Marnier, Curaçao o Cointreau (25-30 ml)
  • 100 gr. chocolate negro, derretido
(1) Batimos el queso crema con el azúcar hasta que quede suave. Añadimos la vainilla y el zumo de limón. Seguimos batiendo hasta que quede bien mezclado.

(2) Echamos los huevos en la mezcla del queso, uno a uno, hasta que se incorporen totalmente pero sin batir demasiado. Si batimos en exceso, cogerá aire y se bajará la tarta al retirarla de horno.

(4) Hacemos dos porciones con la mezcla. Una llevará chocolate y la otra no. En una porción echaremos el chocolate derretido, mezclándolo totalmente. En la otra mitad, echamos la ralladura de naranja y el licor, he empleado Grand Marnier (¡lo he abierto, segunda parte!).

(5) Retiramos el molde del frigorífico y vertemos parte de la mezcla que no lleva chocolate. Echamos sobre ella (no de forma homogénea) un poco de la mezcla de chocolate y formamos remolinos con ayuda de un palo de brocheta. Repetimos el proceso una vez más, acabando el relleno.

(6) Horneamos al baño María durante 40 minutos a 160º C. Pasado el tiempo dejamos enfriar totalmente en el horno con la puerta ligeramente abierta, muy ligeramente. Podemos poner algún palo de cocina para evitar que se cierre.

Cobertura

Opción 1: cobertura de ganache (esta vez ha sido mi opción)
  • 160 gr. de chocolate troceado
  • 160 ml. nata
  • 1 nuez de manequilla
(1) Hervimos la nata e inmediatamente la vertemos sobre el chocolate. Echamos la mantequilla. Con ayuda de una espátula removemos hasta obtener una pasta fina y brillante.

Opción 2: glaseado
  • 120 gr. de chocolate negro troceado.
  • 60 gr. de mantequilla.
  • 50 gr. de azúcar glasé (opcional)
(1) Introducimos un bol en el microondas con todos los ingredientes. Cuando la mantequilla se haya derretido, lo retiramos y removemos con ayuda de una espátula hasta que quede una pasta fina.

Montaje final

(1) Una vez templada y casi fría la tarta, preparamos la cobertura y la echamos sobre la tarta. Para que quede lisa y sin grumos le damos unos golpecitos sobre la mesa de trabajo.

(2) Llevamos al frigorífico un mínimo de 4 horas antes de cortar. Se toma bien fría.

También podemos decorarla con unas flores o figuras de glaseado de chocolate blanco, elaborado con:
- 60 gr de chocolate blanco.
- 25-30 gr. de mantequilla.
- Un poco de azúcar glasé (opcional).

Troceamos el chocolate, la mantequilla y lo metemos en el microondas hasta que la mantequilla se haya derretido. Cuando la mantequilla esté derretida removemos con una espátula hasta fundir el chocolate y formar una pasta homogénea. Rellenamos una manga pastelera y decoramos como más nos guste.

Muy, muy rica.

“…y que cumplas muchos más!.”

sábado 16 de junio de 2007

Galletas Korova (Sablé Korova) de chocolate

La naranja mecánica

Si buscáis en Google, ya no digo Internet porque lo que no está en Google no está en Internet, si buscáis “Korova” descubriréis que la primera ocurrencia no versa sobre gastronomía y sí sobre cine.

A mí me ha aparecido un blog sobre cine llamado: “Korova milk bar”. No me atreveré a traducirlo, pues ni es una barra de leche Korova ;-); ni, aunque sí algo parecido, un “Bar de Leche”. Milk Bar es como se denomina a algunos establecimientos (sobre todo en Australia) en los que se vende casi de todo. Esos que siempre asaltan en las películas norteamericanas (tipo groceries), como las tiendas del pueblo de toda la vida, antes de la llegada de las grandes superficies y multinacionales (La tienda de Adela, La tienda Manuela,..)

Ya sabemos lo que es un “milk bar” pero nos queda la palabra clave, Korova. Aunque este julio pasaré por Rusia, puedo adelantar que Korova significa vaca en ruso. Bien, ¿y a que personaje se le ha ocurrido llamarle “vaca” a un “milk bar”?. No podía ser otro que Anthony Burgess en su celebérrima obra: “La naranja mecánica”, llevada al cine con genialidad por Stanley Kubrick. Sólo que en esa obra el “milk bar” ofrecía algo más que leche o sencillos productos alimenticios, los estupefacientes eran su plato fuerte. Así empezaba la película:

“Ahí estaba yo. Es decir, Alex y mis tres drugos. O sea Pete, Georgie y Dim. Estábamos sentados en el Milk Bar Korova, exprimiéndonos las rasureras para encontrar algo con que ocupar la noche. En el Korova Milk Bar servían leche plus. Leche con velloceta o con dencromina… que es lo que estábamos bebiendo. Eso nos aguzaba los sentidos y nos dejaba listos para una nueva sesión de ultraviolencia”

Volveré sobre ello pero ahora seguiré con mi historia. Como es de suponer, mucha gente ha tenido la imaginación (“mucha gente” e “imaginación” tienen significados contrapuestos) de llamar a sus bares, restaurantes y demás locales: “Korova”. ¿Conocéis algún pueblo en el que no exista un “Bar Stop”, “Alameda”, “La trattoria” –restaurante italiano-, “Panadería la tahona”…?. Al grado, hace unos años existía en los campos Elíseos, en la rue Marbeuf, un restaurante llamado Kodova que regentaba la mujer de Pierre Hermé. En ese restaurante Pierre Hermé ideó estas IMPRESIONANTES galletas, que recomendaré a todo aquel que disfrute comiendo chocolate.

Ya lo había dicho

Siempre lo consigue. No sé cómo lo hace (o sí), pero hacemos lo que ella quiere, tiene sus estrategias y (cree) que le funcionan. Lo más gracioso es que lo hubiésemos (hubiese) hecho con o sin esas estrategias. El domingo hay excusa, ración de (mis) suegros. A sus suegros no los ve desde el 4 de marzo, y digo “ve” porque fuimos, vimos, comimos y vencimos, nada más.
Hoy ha sido ración de (sus compras) compras: gafas de sol, blusa, vestido,…; para mí cacao en polvo que se me estaba acabando.

Más naranjas

Sobre la naranja mecánica tendría mucho que decir, y diré. La sociedad se está convirtiendo en esa fábrica inhumana en la que a todos quieren calzar con calzador. Por mucho que haya dicho antes "I was cured all right", no estoy curado…

Ingredientes
32 unidades, aproximadamente
  • 175 gr. de harina [87,5]
  • 30 gr. de cacao en polvo [15 gr.]
  • 5 gr. de bicarbonato, media cucharilla aprox. [2,5 gr]
  • 150 gr. de mantequilla retirada del frigorífico [75 gr.]
  • 120 gr. de azúcar moreno [60 gr]
  • 50 gr. de azúcar blanco [25 gr.]
  • Algo menos de ½ cucharilla de sal, unos 3 gr. [1/4 cucharilla]
  • Extracto de vainilla, 1+ ½ cucharilla (3 gr.) [1 cucharilla]
  • 150 gr. de chocolate troceado [75 gr.]
(1) Tamizamos la harina, el cacao y el bicarbonato. Reservamos. Troceamos el chocolate y reservamos.

(2) Batimos la mantequilla hasta que quede cremosa y suave. Añadimos los azúcares, la sal y el extracto de vainilla. Si la mantequilla está algo dura al principio, podemos batirla con el azúcar, se vuelve cremosa más fácilmente.

(3) Añadimos lentamente pero sin pausa la mezcla de la harina y cacao, al principio con ayuda de una espátula y después con las manos. Cuando esté casi mezclada añadimos los trozos de chocolate y amasamos, no demasiado, hasta que quede una pasta homogénea. Ya tenemos la masa de las galletas. No os preocupéis si queda algo quebradiza.

(4) Si empleamos todas las cantidades dividimos la masa en dos piezas de igual tamaño, para poder trabajarlas con más facilidad. He realizado la mitad, por lo que no he tenido que dividir la masa. Con cada porción de masa formamos un cilindro de unos 4 cm de diámetro, intentando que quede bien igualado y sin fisuras, incluidos los bordes. Cubrimos con film trasparente y llevamos al frigorífico un mínimo de 1 hora.

(5) Puede dejarse reposar más tiempo, incluso se puede congelar y después proceder al descongelado. Una vez pasado el tiempo de reposo, retiramos el cilindro de masa de la nevera y apartamos.

(6) Precalentamos el horno a unos 170º C, cubrimos una bandeja con papel de hornear.

(7) Con ayuda de un cuchillo, cortamos las galletas de aproximadamente 1,25 cm de espesor. Si no retiramos el plástico resulta más fácil cortarlas. Parece que tenemos un gran salchichón de chocolate.
Este proceso es “el más” complicado, que no complicado, pues pueden romperse algo al cortarlas. Si se rompen las galletas, juntamos la masa con ayuda de los dedos, nada difícil. El único problema es que podrían no quedar tan redonditas como deseamos. Las ponemos sobre la bandeja, bien separadas unas de otras:

(8) Una vez el horno esté caliente, las galletas preparadas y suficientemente separadas. Las horneamos durante unos 10-12 minutos, NO más. Aunque parezca que no están hechas, sí lo estarán. Se endurecen una vez frías, por lo que lo mejor es dejarlas enfriar en la propia bandeja y emplear otra para el siguiente horneado. Si nos pasamos con el tiempo de horneado quedarán demasiado crujientes.
Dejamos enfriar y guardamos, si llegan a la caja de galletas.


Probadlas y no os arrepentiréis. No suelo decirlo, pues cada uno tiene sus gustos, sin embargo, aseguraría que éstas no fallarán (casi) nunca. Si os gusta podríais darle un toque “americano” con unas nueces.

Besos (sin lengua y con chocolate)

Guiso de pescado con picada (de almendras)

Cadena de favores

Ésta es una adaptación de una adaptación que ha hecho José Andrés de un plato de un cocinero catalán. Toda una experiencia de sabores ligados en una salsa con un sabor único.

Tú me ayudas y yo lo intentaré hacer con otros. Gracias por ser altruista, no me has pedido nada a cambio.

Cada persona tiene su forma de realizar el “suquet de peix”. Sé que en Catalunya, Baleares y Levante tendrían mucho que decir sobre este plato pero, como he dicho, es una adaptación, por eso he empleado la palabra “guiso”, aunque también “haya soltado su jugo”. Sin más, sobre el plato decir que está buenísimo y que es muy recomendable, sobre todo para aquellos que no hemos tenido la suerte de “haber nacido en el Mediterráneo”…

El Atlántico

Soy de mar, no de puerto de mar. En mi pueblo, aunque ya no viva allí, lo más cercano que tenemos es la playa. Existen muchos puertos pesqueros y, sobre todo, gente que se dedica al cultivo del mejillón (algún que otro familiar, por ejemplo) pero curiosamente todos ellos desperdigados por parroquias y no en el corazón, que es en dónde viven mis padres y en dónde yo nací. Allí sí hay playa.

Nací allí a escasos quinientos metros de la costa. M nació en un hospital como la mayoría de los niños de mi generación, yo en casa de mis padres. El "progreso" llegó un poco más tarde a algunos pueblos de Galicia. Quedan lejos aquellos días en los que teníamos que pasar entre los prados, el maíz y la viñas para llegar a la playa. Ahora todo son grandes avenidas y (bastante) especulación inmobiliaria, y todo eso en tiempo record.

No puedo vivir sin el mar, tal vez por eso decidimos comprarnos un piso en mitad de la ría. Y tal vez por eso el verano se me hace eterno en Santiago. El Atlántico, duro y frío como el hielo, me ha agarrado para toda la vida. En la ría se ha vuelto manso y dócil.

Aún debo tener por ahí un libro que leí a los diez u once años, “El mar sigue esperando”, lo guardo en el recuerdo. Yo en un colegio lejos de la costa y sedado por un río que se dirigía hacia mi casa. Allí estuve 3 años. Recuerdo eso libro mucho más que aquellos famosos libros de Enid Blyton, de ellos recuerdo islas y, curiosamente, frailecillos. Siempre había frailecillos.

Es sábado

Es uno de esos sábados lluviosos o tormentosos, sin un objetivo claro, o sí, pero que prefiero olvidar. Deseos de que llegue de una vez por todas el verano Ya llevo una semana entera con el piloto automático, dejando pasar el tiempo (perdiéndolo) y esperando. No tengo ni fuerzas para mantener la mente ocupada, para mí no es el momento, sigo sin empezar un libro, aunque lo llevo encima en todo momento…

Mañana es domingo, El Domingo. Sabe qué debería hacer, no le he pedido nada pero, como otras veces, supongo que acabaré cediendo. El que bien te quiere, si es blando, te lo dará todo… y más.

Ingredientes

“Suquet” ;-) de pescado
  • 2 tomates rallados
  • Aceite de oliva extra, unos 60 ml.
  • 2 dientes de ajo picados finos
  • 200-250 gr. de patatas
  • ½ cucharilla de pimentón dulce
  • 1 cucharada de perejil picado
  • Unos 480-500 ml de agua mineral (o caldo de pescado suave)
  • Pescado blanco. He empleado bacalao bresco, pero puede emplearse cualquier otro: rape, merluza, besugo…
  • sal
Picada
  • 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra.
  • 4 almendras.
  • 1 rebanada de pan sin corteza. He empleado pan de molde.
  • 1 diente de ajo.
  • También podría llevar unas hebras de azafrán. Al gusto, así ha quedado estupendo.
(1) Con ayuda de un rallador o mandolina, rallamos los tomates, cortados por la mitad desechando la piel. Reservamos.

(2) En una tartera (o sartén alta) salteamos el ajo picado fino a fuego medio. Que haga un poco de ruidito, durante unos 20 seg. Antes de que se queme echamos el tomate rallado, removemos y sofreímos durante unos 5 minutos o más. Hasta formar una salsa espesita.

(3) Mientras sofreímos el tomate, pelamos las patatas y las cortamos con un chasquido, para que suelte fécula al sofreírlas y guisarlas. Añadimos las patatas, un poco de sal (después rectificaremos) y las guisamos durante unos 5 minutos.

(4) Echamos el pimentón y el perejil, removemos un poco, durante unos 30 segundos, cuidando que no se queme. Inmediatamente echamos el agua, un poco más que cubrirlas. Las patatas así guisadas tardan un poquito más en hacerse, por lo que requieren bastante agua. Después echaremos un poco más si fuese necesario. Rectificamos la sal.

(5) Mientras tanto preparamos la picada. En una sartén a fuego medio y sin aceite tostamos las almendras, sin quemarlas, durante unos 4 minutos. Reservamos en un mortero.

(6) Echamos el aceite y cuando esté caliente echamos el pan para tostarlo. Es probable que necesitemos más aceite del indicado, el pan absorbe mucho. Lo tostamos por ambos lados. Vertemos en el mortero y echamos también el diente de ajo sin piel.

(7) Machacamos todo hasta que todo quede una pasta fina, sin trozos gruesos. Para ayudar a machacar las almendras podemos picarlas un poco antes de incorporarlas al mortero. Reservamos la picada.

(8) Una vez las patatas estén casi hechas, añadimos los trozos de pescado (que hemos dejado en un poco de sal) y la picada. Removemos con cuidado para no romper el pescado. El pescado blanco se hace muy rápidamente. Cocinamos durante unos 3 minutos, le damos la vuelta y dejamos 3 minutos más.

Servidos y mojamos, porque la salsa está que se sale…. y no sólo la salsa.

jueves 14 de junio de 2007

Galletas de chocolate y avellana rellenas de queso

Sobras

¡Menudas sobras!. Como para tirarlas. Me sobró masa de la base de la Tarta de crema brûlée de café y chocolate. Además, también tenía el mascarpone abierto que había usado para las Trufas de Baileys y mascarpone. Un poco de aquí, otro poco de allá y unas galletas muy ricas.

Este relleno ya lo había empleado en otras y el contraste resulta exquisito. Podría emplearse sólo queso crema pero la untuosidad del mascarpone es un hecho diferenciador.

Aquí no se tira nada

“Que es pecado”, decía mi madre. M también lo tiene bien arraigado, aunque a veces da ganas de hacerlo (sobre todo cuando está pasado de fecha ;-)). Tenemos una bolsa de bizcochos que tendremos que llevar a las palomas de la alameda.

Rape

Además de un buen pescado, es lo que he hecho esta semana: pegarme un buen rape. Tenía una melena muy grande, llevaba muchos meses sin cortarla. Empieza a ser más que molesto: se corre muy mal con el viento en contra, necesitas más tiempo para secarlo (al aire), el calor, etc… Sobre todo el calor.

Siempre soy la excepción que confirma la regla. La minoría, ese porcentaje bajo que aparece en las estadísticas, el “quesito” más pequeño de las representaciones en tarta, esos que todos ignoran, el de los efectos secundarios en prospectos de los medicamentos,… en todo menos en una cosa: las leyes de Murphy. Ahí no soy la excepción, ¡soy la regla! Para muestra un botón: me corto el pelo para no pasar calor y vuelve a llover. Hay una regla que funciona con total exactitud: “Si se encuentra bien, no se preocupe. Se le pasará” y así ha sido, se me ha pasado.

Galletas de chocolate y avellana
Ésta es la base de la tarta anterior, pero la repito (con algún cambio de adaptación a galletas) para evitar tener la receta “diversificada”.
  • 125 gr. mantequilla sin sal, pomada
  • 70 gr. azúcar glasé
  • 30 gr. avellanas molidas
  • 1/2 cucharilla de sal
  • 1 huevo, ligeramente batido
  • 200 gr. harina normal
  • 1 cucharilla de levadura química
  • 10 gr. cacao en polvo
(1) Batimos la mantequilla, el azúcar y la sal hasta que quede cremoso.

(2) Añadimos el huevo semibatido, la harina con la levadura y las avellanas molidas. Amasamos hasta formar una masa flexible. Dejamos reposar en el frigorífico durante algo más de medio hora, mínimo.

(3) Con ayuda de un par de bolsas de congelador abiertas, estiramos la masa entre ellas con un rodillo. Hacemos las galletas con ayuda de un cortador para tal fin ;-).

(4) Horneamos durante unos 15 minutos a 180º o hasta que estén cocinadas. Dejamos enfriar totalmente y rellenamos una vez frías.

Relleno de queso
  • 60 gr. de mascarpone
  • 60 gr. de queso crema
  • 1 cucharilla de extracto de vainilla y/o limón
  • 90 gr. de azúcar glasé

(1) Batimos el mascarpone y el queso crema hasta que quede bien mezclado. Añadimos la vainilla y seguimos batiendo.

(2) Echamos el azúcar glasé y mezclamos con cuidado. Batimos hasta que tenga la una consistencia suave y densa, no demasiado dura. Si queda muy suelta podemos añadir un poco más de azúcar glasé. Dejamos enfriar en el frigorífico y rellenamos las galletas.

Como dice Murphy: “Siempre es más fácil hacerlo de la forma más difícil.”, no ganáis como yo y recomendaría que no hicieseis la tarta sólo para hacer las galletas. ¡O las galletas o la tarta!

miércoles 13 de junio de 2007

Tarta de crema brûlée de café y chocolate

(in)Exactitudes

Veamos, en realidad una crema brûlée es una especie de crema catalana realizada con nata y no con leche. Por lo demás, al igual que la crema catalana, suele tomarse con una superficie de azúcar caramelizado. Otra diferencia es que la crema brûlée suele ir al horno, y digo “suele” porque he visto recetas en las que la preparan totalmente al fuego, como si de una crema pastelera se tratase. Puede aromatizarse con vainilla y/o canela.

Esta tarta es una adaptación del libro "Sweet and Savoury Tarts" del repostero Eric Kayser. Ha quedado fantástica, sobre todo para aquellos amantes del café.

Las cantidades originales están pensadas para un molde de unos 25 cm., por lo que para mi molde cuadrado de 21 cm. he puesto las cantidades representadas entre corchetes. Me ha sobrado un poco de masa de la base que emplearé para unas galletas rellenas.

Tal día como hoy

Controversia no. 1: día de política.

Tal día como hoy nacieron personas tan dispares como Icíar Bollaín o George Bush. Una me entusiasmó y emocionó, dirigida por Victor Erice, en “El Sur” y el otro me avergonzó, y lo sigue haciendo, de formar parte de la raza humana (¿humana?), más inhumana que nunca. Bush es la prueba inequívoca de que “cualquiera” puede ser presidente de los EEUU, sobre todo si tienes un poder económico y empresarial detrás que te ayuda y al que ayudas. Si pudiese votaría a “Jefferson Smith”.

Como no quiero enfadarme y tener un día (más) deprimente, no mencionaré más a G. W. B. Sólo le pido a éste y a todos políticos, por favor: ¡no vuelvan a hablar en nombre de la mayoría! Detrás de eso hay un pensamiento bastante discutible: “¿la mayoría tiene la razón?”. No, las mayorías crean opinión y la razón ni el tiempo la da. La historia está escrita por los vencedores de no se sabe qué guerras… me contengo, pero ya podéis atacarme sin pudor.

Víctor Erice

Un genio. Tiene una sensibilidad con la cámara que me recuerda a otro “genio” del cine norteamericano: Terrence Malick. Ambos tienen una forma de rodar muy personal y suelen emplear recursos que repiten en sus obras, que no siempre comparten el uno con el otro: las voces en off, las pausas y los silencios, unos diálogos que se clavan con cada palabra, escenarios que comparten el protagonismo con los actores (paisajes, el viento, los espacios abiertos,…),… Ambos se prodigan muy poco pero tienen más de una obra maestra.

De Víctor Erice me quedo con “El Sur”, me gusta “algo” menos “El espíritu de la colmena”. De Terrence Malick: “Malas Tierras” y “Días del Cielo”. Para mi gusto, todas unas verdaderas obras maestras. ¡Viva el cine! y, por favor, volved a dirigir pronto, aunque sólo sea por un puñado de dólares.

El Café

Un secreto. Mis experiencias con el café nunca han sido muy fructíferas, nunca me ha gustado demasiado. Bueno, en realidad sí me gusta pero sus efectos hacen estragos conmigo. Un café puede dejarme sin dormir, y sin exagerar nada, una eternidad. Desde aquel examen de filosofía del instituto no he vuelto a tomar uno para no quedarme dormido.

En los postres es otra cosa, me gusta mucho la combinación y el contraste que forma con el dulce: un tiramisú o unas trufas son un buen ejemplo.

Esta semana no estoy como para tomarme cafés, no duermo de un tirón ni de broma. Me despierto varias veces, como si fueran “ya” las 7 de la mañana, me levando y doy unas cuantas vueltas hasta que me caigo rendido. Por si acaso no me tomaré el postre por la noche. Espero que todo principio tenga un fin, por lo menos un “fin de capítulo”.

Ingredientes

Base
  • 125 gr. mantequilla sin sal, pomada
  • 70 gr. azúcar glasé
  • 30 gr. avellanas molidas
  • 1/2 cucharilla de sal
  • 1 huevo, ligeramente batido
  • 200 gr. harina normal
  • 1 cucharilla de levadura química
  • 10 gr. cacao en polvo
Crema brûlée de café
  • 500 gr. nata para montar [250 gr.]
  • 20 gr. café instantáneo [10 gr.]
  • 4 yemas de huevo [2]
  • 75 gr. azúcar [38 gr.]

Ganache
  • 350 gr. de chocolate agridulce [175 gr.]
  • 400 gr. nata para montar [200 gr.]
  • 70 gr. mantequilla [35 gr.]

Base
(1)
Batimos la mantequilla, el azúcar y la sal hasta que quede cremoso.

(2) Añadimos el huevo semibatido, la harina con la levadura y las avellanas molidas. Amasamos hasta formar una masa flexible.

(3) Con ayuda de un par de bolsas de congelador abiertas, estiramos la masa entre ellas con un rodillo. Cubrimos en un molde cuadrado de unos 21 cm., ese es el que he usado, engrasado y enharinado. Pinchamos la superficie con un tenedor, cubrimos con papel de aluminio y ponemos un peso, por ejemplo unos garbanzos. Así evitamos que suba.
Realizamos un pre-horneado durante unos 15 a unos 190-200º. Retiramos, quitamos los pesos y reservamos.

Crema brûlée de café

(4) Para hacer la crema brûlée, calentamos la nata en un cazo y echamos el café instantáneo. Removemos hasta que se disuelva totalmente.

(5) En un bol aparte, batimos las yemas de huevo con el azúcar y vertemos la mezcla de la crema de café caliente. Mezclamos hasta que quede homogéneo.

(6) Ponemos la mezcla sobre la base y horneamos al baño María a temperatura baja, a unos 165º C, hasta que esté hecho (como si hiciésemos un flan). No debe hornearse de más, no he calculado el tiempo pero podrían ser unos 30 minutos o más. Retiramos del horno y dejamos enfriar.
Nota: la crema podría realizarse totalmente al fuego pero su aspecto sería más el de una crema pastelera de café, no tipo “flan”.

Cobertura de Chocolate

(7) Para el ganache de chocolate, calentamos la crema en un cazo hasta hervir. Retiramos del fuego y echamos el chocolate troceado. Con ayuda de una espátula, removemos hasta formar una mezcla homogénea y sin grumos.

(8) Todavía caliente, echamos la mantequilla, removiendo hasta que quede bien mezclado.

(9) Vertemos el ganache sobre la crema brûlée totalmente fría y apartamos hasta que enfríe la cobertura.

(10) Llevamos al frigorífico y dejamos hasta que quede consistente. Mejor toda la noche. Troceamos y servimos fría.

“El café de los muy … amantes de los dulces.”

martes 12 de junio de 2007

Pollo con frutos secos y setas

Las despedidas

Cómo debe uno despedirse de un correo o una carta ordinaria es todo un misterio para mí. Opciones, muchas, aquí las más conocidas y empleadas (que yo sepa):

a) “Saludos”
Como dice un compañero, “nadie va por la calle y cuando se encuentra a un amigo le dice ‘Saludos’”. Dice “hola”, etc. Es el formato más empleado y por ello el más aséptico. Ni demasiado, efusivo, ni demasiado distante. Aunque lo empleo mucho, en cualquiera de sus variantes (“Un saludo”, “Saludos”, “Salu2”,…), es el mejor recurso cuando no sabemos con quién tratamos.
Si mantengo una charla a veces intercalo “Un Saludo” con “Saludos”, …

b) “Un abrazo”
Demasiado serio para mi gusto Si tienes cierta confianza con la otra persona pero existe un cierto nivel de respeto o distanciamiento. Casi ni lo empleo, sigue teniendo ese toque de distancia que no me gusta en absoluto.

El detalle. Mi padre es un poco reacio a exteriorizar el cariño y con él me pasa una cosa muy graciosa. Cuando llamo por teléfono y lo coge (raras veces, pues no le gusta nada) siempre me despido con “besos” o “un beso muy grande”, a lo que él me responde: “un abrazo”, como si tuviese miedo a expresar lo que siente. Más curioso resulta que cuando me despido en persona siempre nos damos dos besos.

c) “Besos”
A mí es la expresión que más me gusta, es cordial, agradable y de confianza, pero claro, puede dar lugar a situaciones incómodas. A veces, para aligerar el peso de la expresión le doy un toque: “Besos (sin lengua)” ;-)
La versión en gallego: “bicos”, queda más informal y, teniendo el toque de cercanía y confianza, libera bastante la tensión que podría generar un “besos”.

d) No poner nada
Esa opción (casi) nunca la empleo. He visto que mucha gente en foros, mensajes, etc. simplemente hacen una mención al tema a tratar y no cierran el mensaje con ningún tipo de saludo. Es una forma de cubrirse las espaldas. Además, ¿tiene sentido, mientras mantienes una conversación en un foro, estar despidiéndote constantemente? La lógica es aplastante.

Por el momento seguiré poniendo “saludos” o “besos “(sin lengua), pero aclaro: “besos” no es ningún tipo de acoso, es sólo una expresión de cercanía y cordialidad ;-)

El problema se agranda cuando tienes que escribir en inglés. El otro día envié un correo con “Best Regards” (a un “Professor” que no conocía personalmente) y me respondió “Sincerely”. Un poco de palo, tal vez me pasé de confianza, por lo menos no le puse “Best” o “Ciao colega”. La siguiente vez puso simplemente sus iniciales.

Si es un foro no hay problemas: “Regards” es una buena solución, incluso en su versión abreviada: “rdgs”. El problema es si se lo envías a un desconocido o a un amigo, ahí incluso depende se si es USA o UK: “Yours faithfully”, “Yours sincerely”, “Best regards”, “Warm regards”, “Kind regards”, "Cheers", …

Este pollo está muy bueno

Es una adaptación de una receta de José Andrés, experto en caramelizar la cebolla y tapas ;-). Desde que he descubierto ese sistema de preparación de la cebolla lo he empleado en muchos platos con muy buenos y mejores resultados. La cebolla queda más tierna y con un ligero sabor dulzón que contrasta con los sabores salados del plato.
Si queremos una salsa más homogénea y sin encontrarnos la cebolla, la podríamos pasar por una batidora antes de echarle los frutos secos, tal y como he hecho con el conejo en salsa de cerezas.


Ingredientes
  • 4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra (2 para dorar el pollo y añadimos 2 más para caramelizar la cebolla)
  • 4 muslos de pollo (unos 250 gr.)
  • Sal
  • 1 diente de ajo.
  • ½ cebolla grande, pelada y cortada en tira finas
  • 8 orejones
  • 2 ciruelas pasas
  • 1 cucharada de pasas
  • 2 cucharadas de avellanas, sin cáscara y cortadas por la mitad
  • 1 cucharada de piñones
  • 1 nuez, cortada en trozos de medio centímetro
  • 1 ramita de canela
  • Un puñado de setas secas (al gusto) que debemos dejar hidratando ¾ de taza de agua.
  • 2 cucharadas de coñac
  • ½ taza de vino dulce moscatel o jerez
  • 1 taza y ½ de caldo de pollo. Si empleamos setas secas echamos mitad de caldo de pollo y otra mitad del agua de hidratar las setas.
  • 1 cucharadita de cebollino picado (opcional)
(1) Ponemos las setas secas (boletus, trompetas de la muerte,…) a hidratar en ¾ de taza de agua, mejor mineral.

(2) Calentamos 2 cucharadas de aceite de oliva en una sartén mediana a fuego medio-vivo. Sazonamos los trozos de pollo a gusto y los doramos en la sartén (unos 2 minutos por cada lado). Los retiramos y reservamos.

(3) Majamos un diente de ajo con ayuda de un cuchillo y haciendo presión con la palma de la mano. Echamos el ajo en la sartén y lo salteamos a fuego medio durante unos 30 seg., antes de que se queme. Añadimos las otras 2 cucharadas de aceite y la cebolla. La doramos hasta que quede caramelizada, durante unos 10 min. o más. Como siempre, si empieza a quemarse le echamos un poquito de agua o caldo.
(4) Añadimos los frutos secos, las nueces, la ramita de canela y el coñac. Dejamos reducir hasta la mitad, unos 10 segundos. Añadimos el vino dulce y reducimos un poco.
Si queremos batir la mezcla debemos hacerlo después del vino pero echando los frutos secos posteriormente.

(5) Echamos el caldo del pollo, removiendo. Dejamos cocer hasta forma una salsa.

(6) Incorporamos el pollo y las setas hidratas, dejamos que se cocine un poco coja sabor, hasta que estén calentito. Espolvoreamos con cebollino picado (opcinal) y servimos.

Repito, si queréis mejorar el aspecto de la salsa, se puede batir.

M me ha vuelto a repetir que le encanta el pollo ;-), porque esta receta está buenísima. Tiene un sabor agridulce estupendo.

Besos.

lunes 11 de junio de 2007

Pastel de cerezas

El síntoma de abstinencia

Es curiosa la sensación de liberación después de una semana dura. Es curiosa porque, en mi caso, dura menos que un suspiro. Acabas lo que tenía que acabar, llega el viernes y, tras un desahogo inicial, ya vuelves a darle vueltas a la cabeza.
Es como cuando acababas un examen, te salía bien, y después de unas horas de euforia llegaba el sentimiento de inquietud y vacío. Era como un síntoma de abstinencia. Como si el cuerpo te pidiese más “caña”.
He leído que es muy común que la gente enferme en vacaciones, sobre todo si las tiene después de una fase dura de trabajo. Se justifica por la bajada considerable de las defensas, pues el organismo deja de estar en ese estado de tensión y alerta.

Un pastel

Un pastel que tiene un toque “casero”. No es muy común, por lo menos en Santiago, encontrar pastelerías con tartas de frutas, salvo que lleven alguna gelatina. Supongo que tendrán sus motivos, el primero sospecho que será económico, otro podría ser ese “aspecto” casero que suelen tener este tipo de postres y, por último, la oxidación que sufren las frutas expuestas al ambiente.
De pequeño comía más con los ojos y recelaba de un buen bizcocho, ahora no, valoro menos el aspecto y más su sabor “auténtico”. La fuerza del pastel radica en la cantidad de cerezas que debe ser considerable, incluso tapando absolutamente toda la superficie del pastel, no son muchas cerezas aunque lo pueda parecer. De hecho, no tenía demasiadas cerezas y resultó no tan jugoso como otras veces.

El otro día le eché un vistazo a un libro de Jamie Oliver, del que ya he hecho un par de “adaptaciones” de sus recetas, y creo que está obsesionado con dar un toque rústico a sus platos, por lo menos en la presentación. Lo rompe todo, lo esparce por el plato y, curiosamente, resulta siempre muy atractivo (el plato). Las pizzas que aparecen en el libro son de formas totalmente irregulares.

Ingredientes
  • 100 gr. mantequilla pomada.
  • 90 gr. de azúcar moreno
  • ½ cucharilla de vainilla líquida
  • Ralladura de ½ limón
  • 2 huevos (1 unidad)
  • 2 cucharadas de licor de cerezas (Kirsch).
  • 120 gr. de almendras molidas
  • 95 gr. harina de repostería
  • 1 ó 2 cucharillas de levadura química
  • Cerezas, unos 400 gr. hasta cubrir el pastel
(1) Preparamos los ingredientes. Cortamos las cerezas en dos partes y le quitamos el hueso. Tamizamos la harina y la mezclamos con la almendra molida, la levadura y un poco de sal. Precalentamos el horno a unos 200-210º C, dependiendo del espesor de la masa.

(2) Batimos la mantequilla con el azúcar hasta que quede espumoso. Echamos las ralladuras de limón.

(3) Añadimos los huevos, el licor y la vainilla. Batimos, rápidamente antes de que se corte. Si se corta no pasa nada, se liga sin problemas el echar la harina.

(4) Echamos la mezcla que lleva harina y removemos hasta formar una pasta.

(5) Engrasamos un molde cuadrado de unos 21 cm. (el que tengo para el brownie) y espolvoreamos un poco de harina, eliminado la sobrante.

(6) Rellenamos el molde con la masa y vamos introduciendo las cerezas desde la superficie. Cuantas más cerezas, más jugoso quedará, si no se las echamos podría resultar un poco seco. Introducimos en el horno durante unos 30-40, sin que llegue a quemarse ;-)

Cortamos en formas regulares y servimos. Un estupendo postre para un buen café (a quién le guste) o un té. Podemos remojarlo en un poco de licor de cerezas.

-“Que fas Fassbinder?”
-“Kirschtorte”

25 aniversario de la muerte de Rainer Werner Fassbinder. Gracias por tu sensibilidad.

domingo 10 de junio de 2007

Trufas de Baileys y mascarpone

Las palabras

Ya no sé quién soy, soy prisionero de lo que escribo. He releído algún texto de hace unos meses y casi ni me reconozco. Ahora seré prisionero de mis palabras, todos los somos, aunque nos arrepintamos de ellas al instante.
Se cambia de tal manera que uno no es consciente de ello. Una agenda es el mejor instrumento para avergonzarse de uno mismo, aunque sólo sea un poco, y ver que no siempre cualquier tiempo pasado fue mejor (desde nuestro “actual” punto de vista, por supuesto).

Todavía tengo mi agenda del instituto y me he atrevido a echarle un vistazo. ¡Qué miedo! Entre infinidad de referencias cinéfilas: fichas de películas, listas interminables de películas vistas con sus fechas…, me he encontrado con algunas frases que me han dado miedo de mi mismo (anterior), algunas no sería capaz de volver a pronunciarlas. Y ya han pasado más de quince años (más, lo calcularé en otro momento).
Desde lecturas desconcertantes: “Puntas de lanza emergen del suelo enlosado…” a diálogos cinematográficos desafiantes al ánimo: “Saigón, ¡merda!, aínda sigo en Saigón…” Es increíble cómo evolucionamos o cambiamos el ritmo de nuestras vidas.

Baileys

Tenía mascarpone, y todavía no lo he acabado, no quería hacer un tiramisú, ni tampoco una tarta de queso. Tenemos tanto queso en el frigorífico que voy a tener que usarlo pronto.
Tampoco es que sean realmente unas trufas, el sabor del chocolate blanco es casi imperceptible. Sí lo son en su aspecto. Su sabor contiene un fuerte aroma a crema de güisqui, por lo que si no os gusta el Baileys deberíais echarle menos cantidad. Por lo demás, deben estar fresquitas y conservarse en el frigorífico.

Ingredientes
Unas 25 unidades
  • 120 gr. de mascarpone
  • 100 gr. de chocolate blanco
  • 50 gr. de mantequilla pomada (10 gr. para derretir el chocolate + 40 muy pomada)
  • 10 bizcochitos, de los que tiene azúcar por un lado ;-)
  • 4 cucharadas de Baileys
  • Coco rallado para rebozar
(1) Trituramos los bizcochos finamente. He empleado el picador que viene con la batidora.

(2) Derretimos el chocolate blanco, cortado, en el microondas con un poco de mantequilla para facilitar el trabajo. Cuando la mantequilla se haya derretido, extraemos el bol/plato y acabamos de derretir el chocolate con ayuda de una espátula. Si no acabada de derretirse lo volveremos a introducir unos segundos más.

(3) En una tartera o bol, mezclamos todos los ingredientes, menos el coco rallado, con el chocolate blanco. Trabajamos hasta que quede una pasta homogénea y sin grumos.

(4) Dejamos enfriar en el frigorífico durante una hora o más. Así podremos hacer las bolas con facilidad.

(5) Formamos las bolas, alisando la superpie y cubriéndolas con coco rallado.

(6) Las volvemos a llevar al frigorífico para que se conserven.

Se toman frías. Ojo, puede dar positivo en el control de alcoholemia.

(Edito, no las había probado) Buenísimas bien frías!

Espaguetis con pollo

Viajes por el Scriptorium

Hace unas semanas que no he tenido otro remedio que dejar de leer libros de lectura (¿hay libros que no son de lectura?, diré “novelas” o “ensayos”). En verano, cuando el tiempo, sin llegar a ser mi aliado, no me oprime desesperadamente, la lectura cubre gran parte de los momentos del ocio playero. A M le gusta tirarse en la arena o en la hierba, tomando el sol. Vuelta y vuelta. Yo soy más de moverme o “perder” el tiempo leyendo. Eso de estar echado sin hacer nada me provoca tan malas sensaciones que tengo la impresión de estar malgastando un tiempo muy valioso.
Los dos somos de playa pero tenemos maneras muy diferentes de verla.

Esos libros a medias

La lectura es una obsesión, sólo que a veces un poco caótica. Tengo una pila de libros en la cabecera de la cama que no suelo poder leer, porque M se acuesta antes y la luz le molesta. Sólo me da tiempo a leer un par de párrafos antes de apagar la luz o irme leer al estudio. No diré las palabras, pero también soy de esos que se llevan un montón de libros a no diré dónde…
El último libro que estaba leyendo he tenido que dejarlo por “las semanas fantásticas”, hoy o mañana lo retomaré, pero desde el principio. Es breve y prefiero volver a coger el hilo y no perder el hilo argumental. Cuando empiezo un libro tengo que dedicarle bastante tiempo durante el inicio, para que me “enganche”. Si sólo tengo unos minutos correré el peligro de que deje de interesarme.
Acostumbro a llevar uno en el bolsillo, nunca sabes cuando te hará falta. Hay colas para todo.

El plato

Este plato es una variante de uno de mis platos favoritos durante el instituto. Mi madre me lo hacía con conejo o con pollo (la mayoría de las veces). Siempre que, después de clases, me lo encontraba en el plato disfrutaba de lo lindo.

Cuando hago este plato o variantes me acuerdo del instituto o de mi abuela, y eso que siempre lo ha hecho. Es como el conejo en salsa de perdiz, lo identifico con el segundo ciclo de EGB y aquellos domingos (cada 15 días) de visita a casa de mis padres.

Una comida, un recuerdo

El jamón asado, a mis amigos del “Bocacho” (no Bocaccio) y, también, a mis primeras salidas nocturnas. La morcilla, a aquellos sábados que ayudábamos a mi padre. El abadejo, aquel día que de pequeño me mordí la lengua jugando y tuve que ir al médico. Los guisantes con panceta, al día de la muerte de mi abuelo, (éramos muy pequeños y) fuimos a comer a casa de mi tío. Las fanecas fritas, son las mañanas de pesca (de pequeño) con mi padre o mis amigos. Las cañitas de crema, a mi tía de Vigo. Las pizzas, en Vigo con mi amigo Jorge (de Ourense), sobre todo la “pizza primavera”. (No puedo parar, resulta que estoy descubriendo que TODAS las comidas me traen, al instante, un recuerdo). Las sardinas asadas, las hogueras de San Juan. El jurel, en cambio, me trae el recuerdo de San Cristóbal. El chocolate con churros, mi primera comunión y mi abuela rallando el chocolate el día antes (no es como ahora que se hace en restaurantes, en aquella época, y más en un pueblo, se hacía en casa). El coco rallado (para la tarta de galletas y café), a nuestra vecina (mayor) del segundo que siempre nos daba los comics después de haberlos leído…

Ingredientes
  • Pollo, troceadito. Mejor unos muslos o alas (para mi gusto).
  • ½ cebolla grande o 1 pequeña, picadita.
  • 1 diente de ajo, troceadito.
  • Un trozo de pimiento rojo.
  • 1 tomate, rallado.
  • Una ramita de perejil.
  • 1 hoja de laurel.
  • 1/2 guindilla.
  • 5 ó 6 granos de pimienta negra.
  • Azafrán en hebras (3 ó 4) (opcional)
  • Azafrán (colorante, uso “El pote”)
  • Sal.
  • Espaguetis
  • Caldo de pollo (casero o con avecrem) o agua mineral.
  • Opcional: guisantes ó zanahoria
(1) Salamos los trozos de pollo, pasamos por harina y doramos en una tartera con aceite o en una sartén. Una vez haya tomado color lo retiramos y reservamos en un plato.

(2) El la tartera echamos la cebolla picadita, el pimiento y el diente de ajo, también picaditos. Dejamos que se haga lentamente. Si le echamos zanahoria, también la troceamos finamente y la incorporamos cuando la cebolla esté a medio hacer.

(3) Cortamos el tomate en dos partes y, apoyándonos en la piel, lo rallamos hasta que sólo quede piel, recogiendo el tomate triturado en un plato hondo. Echamos las hebras de azafrán, le damos unas vueltas para que suelte el aroma e, inmediatamente, antes de que se queme, echamos el tomate, una ramita de perejil, una hoja de laurel, la pimienta negra y la guindilla.

(4) Hacemos un poco el tomate e incorporamos el pollo que habíamos reservado. Le damos unas vueltas y añadimos el caldo de pollo (o agua mineral), también añadimos los guisantes si nos gustan. El caldo debe cubrir algo más del pollo. Pese a todo, como resulta muy difícil controlar la cantidad exacta de agua, reservaremos una poca en un cazo, que calentaremos si fuese necesario añadir más.

(5) Dejamos cocinando el pollo durante unos 20 minutos, dependiendo de la calidad y dureza del mismo. Pasado ese tiempo añadimos los espaguetis, sal y el azafrán (colorante). Para que no se rompan los espaguetis los introducimos un poco y, cuando estén blanditos, los podemos introducir más hasta que estén todos dentro y podamos revolver sin problemas. Removemos un momento.

(6) Dejamos cocer el tiempo indicado en el paquete de espaguetis, o como nos gusten: “al dente” o algo más hechos. Si vemos que se seca y le hace falta agua, calentamos un poco de caldo de pollo y se lo echamos.

Se ha convertido en “otro” de los clásicos de la cocina de mi madre que le gustan a M. El pollo ya no es un problema.

viernes 8 de junio de 2007

Magdalenas de chocolate y miel

Sleepers

Esta noche he dormido 3 horitas, como mucho, pero aún me aguanto en pie, o mejor dicho, sentado. Nada más llegar a casa me metí en la cocina a preparar un postre rápido. Unas magdalenas, un postre rápido, fácil y agradecido. Preparar la masa, ir a correr y de vuelta, a hornear.

Cuando hago una receta nueva es porque me ha atraído algo de ella. En este caso ha sido la miel. Mis experiencias con la miel son muy positivas, ya he puesto en el blog unas magdalenas de almendras y miel que me encantan. Éstas no llevan almendra pero sí chocolate. La masa estaba tan buena que no sé si me han gustado más antes o después del horneado:

Curiosamente tengo una foto de una grupito de madelaines en una tienda de la plaza de Madeleine, París - Texas, perdón, Francia:


Ahora que tienes tiempo….

¡Y un pimiento! Tras esta semana dura, un sueño tremendo y un deseo (necesidad) de quedarse en casa a echar una siesta, vuelve la tormenta. Yo no existo. Nada, que hay que salir de compras por muy cansado que esté uno. “Ahora que ya tienes tiempo”. Casi voy a preferir estar ocupado. Además, muy pocos establecimientos tienen una butaca para sentarse mientras tu compañer@ se prueba la ropa.
Había que acondicionar zonas de recreo para acompañantes en todas las grandes tiendas de ropa. A modo de esas que existen para los niños en muchos centros comerciales.

Todavía no he descubierto la gracia de “ir de compras”, ni de esa obsesión cuando llegan las rebajas. La frase “tengo que comprarme ALGO”, ese algo es indefinido. "Algo" puede ser desde unos pantalones, un jersey o un bañador.
Ventajas de salir de compras: cuando encuentra algo que le gusta, ya estará animada todo el día. Desventajas: cuando no encuentra nada que le guste, ya est… án buenas estas magdalenas.

Ingredientes
Para unas 15 unidades
  • 60 gr. de chocolate negro
  • 28 gr. de mantequilla
  • 2 huevos, separadas yemas y claras
  • 50 gr. de azúcar
  • 2 cucharadas de miel
  • 60 gr. de harina
  • Una pizca de sal
  • Opcional: un poco de levadura química. No es necesario, son las claras a punto de nievas las que las hacen esponjosas pero, por si acaso, le he echado un poco.
(1) Fundimos el chocolate con la mantequilla en el microondas o al baño María. Cuando se haya fundido la mantequilla, la retiramos del microondas y removemos con una espátula hasta que se haya derretido del todo el chocolate.

(2) Batimos las yemas con el azúcar enérgicamente hasta blanquear. Añadimos el chocolate fundido, la miel y la harina con una pizca de sal. Batimos rápidamente, para que el huevo no se cuaje con el calor residual del chocolate.

(3) Levantamos las claras a punto de nieve con ayuda de un chorrito de limón. El punto de nieve no debe ser demasiado fuerte, justo cuando al levantarlas se bajan un poco.

(4) Agregamos las claras a la mezcla y de forma envolvente, evitando que se bajen. Llevamos al frigorífico una o dos horas.
(5) Precalentamos el horno a 190º. En unos moldes de silicona o metálicos y con ayuda de una cuchara rellenamos los moldes. Si el molde es metálico, y con anterioridad al relleno, lo engrasamos y echamos un poco de harina, retirando la sobrante.

(6) Horneamos durante unos 8-10 minutos, dependiendo de los tamaños. Dejamos enfriar, retiramos.


Están estupendas.

jueves 7 de junio de 2007

Bogavante a la plancha

Soy de "Lujo" y no lo "niejo"

Desde luego que es de lujo este plato. Yo no, yo sigo siendo de ría. Cuando un producto es bueno, de calidad o tiene un sabor especial, lo mejor es evitar condimentarlo demasiado y disfrutar de “su” auténtico sabor.

Por ese motivo los mariscos se acostumbran a tomar por aquí cocidos o, simplemente, a la plancha. Yo prescindiría de la mayonesa con la que se suele acompañar el marisco y ponen en algún que otro restaurante.
Otro clásico plato con bogavante es el “arroz con bogavante” pero, sinceramente, me daba un poco de pena desperdiciar esos eurillos en un arroz, por muy bueno que pudiera estar. Para el arroz unas necoritas, unas gambas o un centollo.

Lo más duro

…fue tener que… (¡Niños!, ¡a la cama!) ¡Cortarlo vivo! Es una pena, pero es como hay que hacerlo. Los aromas y los jugos son “oro” puro.

La comida de los domingos

Después de haber superado el famoso rol de “ropa de los domingos”, todavía queda pendiente sobrellevar y superar una de esas costumbres que todavía perduran: la famosa “comida de los domingos”. Yo intento borrarlo de mi mente y elaborar un plato sencillo y, a ser posible, rico.

En casa de mis padres, y en los de M, todavía persiste esa tradición. Los domingos de invierno se prepara alguna comida fuerte, que suele ser cocido o una carne asada; en verano algo más ligero pero también consistente, en casa de mis padres la ensaladilla y/o el churrasco es una tradición.

Y un domingo ¿por qué no una comida ligerita? Mi ideal sería poder homogeneizar las comidas de toda la semana. El tiempo suele ser un problema pero hay muchos platos que se pueden empezar a elaborar, o incluso cocinar, el día anterior. ¿Hay algo mejor que, después de venir del trabajo, te encuentres en el plato un buen bogavante? Sí, dos buenos bogavantes.

Ya queda menos, un par de días y seré (más) libre. Para eso sí que existen días de la semana.

Ingredientes
  • 1 ó 2 Bogavantes vivos. Podrían emplearse también una langosta o unas cigalas.
  • Sal gruesa
  • Pimienta negra recién molida
  • 50 ó 100 gr. de mantequilla
  • Ralladura de limón
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal fina
(1) Aún vivos, cortamos el bogavante, o los bogavantes, por la mitad, de manera longitudinal. Un corte seco y rápido empezando por la cabeza (¡que morboso!) y de manera que no se pierdan demasiado los jugos. Separamos las pintas y extraemos “el coral” del interior. Salpimentamos cada uno de los cortes con sal fina y pimienta negra recién molida.

(2) Ponemos una plancha al fuego. Lo mejor es no echarle aceite, así no llenaremos la cocina de humo. Ponemos un poco de sal gruesa por la superficie de la plancha. Cuando la plancha esté bien caliente ponemos los bogavantes con el corte hacia abajo y los cocinamos durante unos 3 minutos.

(3) Aparte, abrimos las pinzas con un “cascador” para marisco o un martillo de madera, retiramos la carne y la picamos muy fina. Mezclamos la carne con la mantequilla reblandecida.

(4) Giramos los bogavantes y extendemos la preparación sobre la parte carnosa. Cocinamos durante unos 5 minutos. Si fuese necesario podemos darle la vuelta de nuevo para cocinar un poco más la mezcla.

(5) Rallamos un poco de limón sobre la carne del bogavante, echamos un chorrito de aceite de oliva y servimos.

Para chuparse los dedos. Por cierto, se me olvidada, el marisco (casi todo) se come con las manos, perdón, con ayuda de las manos. Siempre con la boca.

miércoles 6 de junio de 2007

Endivias al horno

Endivia sana

Por una vez no ha sido dislexia. La endivia es sana y, en mi opinión, la envidia nunca en sana.
Todo surgió un día cuando hablando con M (¿con quién iba a ser?), hablando con ella surge el tema de las endivias y, como con alguna otra comida, me dice que no le gustan, que le parecen ácidas. Y yo, como con alguna otra comida, le digo que eso lo dice porque sólo las ha probado crudas. Y así había sido, ya no ha vuelto a decir que no le gustan…
Cuando la conocí decía que no le gustaba el pollo, o eso decía. Ahora no hace más que pedírmelo: con pasta, en salsa de perdiz, con salsa de mostaza, al ajillo,…

Pues nada, el reto: búsqueda de una receta “interesante” que emplee endivias y, a ser posible, que no estén crudas. Me encuentro esta receta, interesante, fácil y muy apetitosa. Como en casi todo este tipo de recetas los aromas son (un poco) a gusto del comensal, lo indicado es sólo una referencia. Usad los que más os gusten. Con los quesos pasa “más de lo mismo”, emplead un buen queso para rallar y/o alguno que le dé cuerpo.

Endivia o endibia

Es curioso, pero es de esas palabras en las que se admiten las dos grafías. Yo tal vez, aunque la vista se me va a la “b”, prefiero escribirla con “v” pues, aunque su raíz latina creo que es con “b”, su nombre científico no es: Cichorum endivia.

En gallego, por ejemplo, existen muchas palabras que difieren en la grafía con el castellano, ya que podría decirse que el gallego, en ciertos aspectos históricos (y por aislamiento “represivo”), está más cerca del latín y emplea la grafía “latina”: móvil - “móbil" (del latín mobilis); abogado – “avogado” (advocatus); boda – “voda” (vota, votum), etc. Es curioso que “voto” (electoral) y “boda”, aparentemente diferentes, tengan el mismo origen. Yo he “votado” por María.

Lo había dicho

Y por desgracia lo he cumplido. Estoy en la mitad de “la semana fantástica” y ya ayer quedó patente: sin receta y sin pausa. Pese a todo, hoy me encuentro feliz, sin dormir pero feliz, será esa aureola masoquista que me rodea. Somos el masoquista y, ¿lo diré o no lo diré?, la (algo) sádica, la pareja perfecta. ;-). “Dame caña”. No penséis mal, quién es sádica es la vida, no hace más que dar palos.

“Puedo prometer y prometo” que a partir del viernes (o lunes) “todo volverá a ser como antes” (sólo me ha faltado, “cariño, todo…”) ;-).

¿Envidia sana?

Ni de lejos. La envidia nunca es sana, a mi parecer, por supuesto. Llaman “envidia sana” cuando no le clavas un cuchillo por (ni en) la espalda a la persona envidiada y “sólo” anhelas algo que posee (o piensas que posee) y tú no posees (o piensas que no posees). Eso debe doler muchísimo, una represión e insatisfacción insoportable, supongo. Supongo que eso le pasa a “algunos” políticos… por poner un ejemplo como cualquier otro.
Generar envidias o sentirse envidiado. Es otro de los pasatiempos de mucha gente. Parece una competición de “a ver quién genera más”: “Borja y yo nos vamos de vacas a las Bermudas”, “nos hemos comprado un cochazo impresionante, mejor que le de Juan Mari y Jessica”, todo trivialidades.

Ingredientes
Todos los ingredientes son aproximados, cada uno debe ajustarlo a sus gustos.
  • 4 endivias, no demasiado grandes.
  • Mantequilla, unos 60 gr.
  • 2-3 cucharadas de azúcar (he usado azúcar moreno).
  • 5 lonchas de panceta, cortada en tiras finas
  • Sal
  • Pimienta
  • Orégano
  • 5 cucharadas de pan rallado
  • 5 cucharadas de queso parmesano recién rallado
  • Un poco de queso mozzarella, para darle cuerpo
  • Aroma a gusto: tomillo…
  • Opcional: jamón serrano.
(1) Limpiamos las endivias, desechando las hojas externas y cortando la base. Cortamos longitudinalmente en dos partes. Reservamos.

(2) Precalentamos el horno a unos 180º y engrasamos una bandeja para hornear o tipo “Pirex” con mantequilla (podríamos emplear aceite de oliva).

(3) Ponemos las endivias sobre la bandeja, echamos azúcar para compensar la acidez de la endivia, trocitos de panceta, mantequilla, sal (poca, pues panceta es salada) y pimienta. Horneamos durante unos 15 minutos, hasta que las endivias empiecen a tomar color.

(4) Retiramos del horno y subimos la temperatura hasta unos 200º con el gratinador encendido. Echamos alguna de la mantequilla que ha quedado derretida en el fondo sobre las endivias. Mezclamos el pan rallado con el queso parmesano y espolvoreamos.
Añadimos un poco de mozarrella, orégano y/o tomillo fresco. Horneamos durante unos 10 minutos, hasta que estén blanditas y tenga el tono que más nos agrade. Hay que echarle un ojito para que no se tueste demasiado.

(5) Retiramos del horno, cortamos, le echamos un chorrito de aceite de oliva y servimos solas o, si gustamos, con unos trocitos de jamón serrano.

Buenísimas y ligeras (de sabor ,-)). En estos momentos no se me ocurre nada mejor que hacer con unas buenas endivias.

La endivia, por una vez, es sana y rica.
Y, ya que estamos con las dobles palabras, la invidia (también admitida) no es sana.

martes 5 de junio de 2007

Cantucci (biscotes) de almendra, pasas y canela

Es un sentimiento nuevo

La idea surgió por un comentario de una entrada del blog. Pensé en “ser sensible”, ¿quién no es sensible? Me quedé con ello y lo retuve durante un buen rato. Fui a correr y seguía pululando por mi cabeza: sensible, sensible,… Subía una cuesta empedrada y sucia, ya al sol del mediodía, y seguía reflexionando sin percibir lo que estaba haciendo. “Sensible”. Todos somos sensibles, no puede ser de otro modo. Todos sentimos.

Sensible es el que tiene sensibilidad, el que siente. Todos sentimos. Yo siento, tu sientes, el siente, nosotros sentimos. Entonces ¿por qué decimos que alguien es sensible? Simplemente creo que confundimos el demostrar los sentimientos con ser sensible. Aquí habrá críticas, alguien dirá: “ya, pero a mí no me provoca ningún sentimiento un cuadro… ni un libro… y sí otras cosas”.
Por supuesto, la sensibilidad, para mí, tiene dos factores:

1) Cómo sentimos: cada uno siente de acuerdo con sus vivencias, experiencias culturales, emocionales, etc. Hay gente que se emociona con la boda del príncipe y otras viendo la Gioconda o la capilla Sixtina. Diferentes vivencias, diferentes formas de sentir. Ni mejores ni peores, diferentes.
2) Cuánto reprimimos los sentimientos: M me ha dicho más de una vez que “la he vuelto más sensible”. Lo dudo, y más cuando una persona ya tiene consolidada su personalidad; a un niño puede ser, no sería tan fácil a una persona adulta. Lo que sí creo es que le he ayudado a que no reprima sus sentimientos, a que aprenda a llorar cuando tiene ganas o que no se avergüence de hacerlo en público. Contra lo que puede pensar, la hace más fuerte y segura de sí misma y no más vulnerable.

No nos parecemos

Le han dicho que nos parecemos poco y sabéis lo mejor de todo: que creo que es totalmente cierto. La preocupación por la imagen o lo que piensan los demás, por ejemplo, para mí es “esa gran desconocida” y, a diferencia de la persona que lo dijo (no en mi presencia), creo estar más allá de lo que piensen de mí. Aunque en este caso me moleste que se lo hagan saber a M, ella ya sabe que somos diferentes:

Es lo que diferencia una gota de agua de una lágrima, un sueño de una ensoñación. Se lo pregunto. No lo sabe. Para ella todo es gota, sueño o sonido. Para mí es lágrima, ensoñación o música. Tan distintos. Tú buscas alegrías yo felicidades. Tú amigos, yo amantes (de amar).

Ser diferente, para mí, es un halago. Sobre todo si viene de alguien que no se ha planteado nada y sigue el camino que le han marcado desde pequeñ@. Si seguís por el camino de baldosas amarillas hacerlo por convicción.

Cantucci, el regreso

Esta es otra variante de mis primeros Canticci pero implantados con otra receta.
Cuando hice la primera versión, hace unos diez días, los había rellenado con piñones y con un aroma de limón que nos gustó mucho. Tenía esta otra receta (y tengo pendiente una con chocolate) que emplea el relleno (casi) clásico: almendra, más el añadido de las uvas pasas. Más crujientes e igualmente sabrosos.

Aunque tiene ingredientes muy similares, difiere considerablemente en las cantidades: la mitad de mantequilla, algo menos harina y más elementos de relleno. La receta emplea y recomienda canela como aroma, pero, a la vista del resultado, podría emplearse el aroma o esencia que más nos guste: el limón ya usado sería un buen ejemplo de ello. El horneado también ha sido distinto, los he horneado a más temperatura durante más tiempo, por ello han quedado con un crujir y una textura, para mi gusto, muy adecuada para saborear las almendras y las uvas pasas.

También sé que no es una buena idea hacer variantes de un mismo plato en tan poco espacio de tiempo, pero llegue a casa con unas cuantas ideas de repostería rápida: unas nuevas madelaines de chocolate y miel, unos cantucci de chocolate, unas trufas de chocolate blanco con Baileys y ésta. No diré el porqué opte por ella, pues ni lo sé del todo ni tengo el cerebro como para pensarlo. Supongo que simplemente fue porque en ese momento me apetecían. No hay mayor secreto.

Tendemos a analizar los porqués, y yo el primero, pero en muchos casos la solución correcta es y suele ser la más sencilla.

Ingredientes
  • 250 gr. de harina
  • ½ cucharilla de levadura química
  • 150 gr. de azúcar
  • Una pizca de sal
  • 1 cucharilla de canela
  • 50 gr. de mantequilla derretida
  • 2 huevos
  • 1 cucharilla de esencia de vainilla (opcional)
  • 110 gramos de almendras enteras y, a ser posible, sin pelar.
  • 50 gr. de pasas sultanas
Nota: en realidad en vez de usar canela podríamos emplear otro aroma que más nos guste: ralladura de limón o incluso especias más exóticas como jengibre, pimienta o similares.

(1) Precalentamos el horno a unos 200º C.

(2) Mezclamos todos los ingredientes secos, menos las almendras y las uvas pasas: la harina, la levadura, la sal, el azúcar y la canela. Mezclamos.

(3) Echamos la mantequilla derretida y ligamos un poco. Echamos los huevos ligeramente batidos y la vainilla. Amasamos un poco y, por último, añadimos las almendras y las uvas pasas. Amasamos no demasiado, hasta que quede una pasta homogénea.

(4) Dividimos la masa en dos porciones, y hacemos unas barras aplanadas de unos 20 centímetros de largo por 10 cm. de ancho, como mucho. Los ponemos sobre una bandeja del horno con papel de de hornear. Llevamos al horno y dejamos durante unos 30 minutos dependiendo del horno y de cuán tostados nos gusten.
Debe tenerse en cuenta que volverá a introducirse en el horno para que acabe de tostarse por el interior.

(5) Una vez pasado ese tiempo, retiramos y dejamos enfriar completamente para que no se rompa (yo no he tenido tanto tiempo y paciencia). Cortamos en biscotes en tiras de unos 2 cm de ancho, aproximadamente.
Bajamos el horno hasta unos 150º C

(6) Introducimos los canticci en el horno precalentado a unos 150º, pero esta vez ya cortados y en posición horizontal. Dejamos hasta que estén ligeramente tostados y cocinados por dentro, entre 10-20 min. A gusto.

(7) Retiramos el horno y dejamos enfriar antes de guardar en nuestra caja de galletas hermética preferida.

Se conservan muy bien, si aguantan sin ser comidos.

lunes 4 de junio de 2007

Conejo en salsa de cerezas

¡Quiero ser diferente!

Y lo has conseguido. Un plato distinto, de buena cocina y muy rico. Suena arriesgado, pero combinar unas frutas con una carne es algo que lleva haciéndose en “vuestra” cocina durante mucho tiempo. Las manzanas o las uvas son un acompañamiento clásico, sobre todo en la cocina mediterránea, de la que todos formamos parte. Para más, estamos en época de cerezas. Que mejor excusa.

Conozco a alguien

Conozco a alguien que está hecho polvo. Que es Físico y un (in)docente, que trabaja demasiado. Que está simultaneando su trabajo, y la preparación de las clases, con los estudios de otra carrera. Que este año ha retomado el doctorado, que tenía apartado desde la época de la oposición.
Conozco a alguien que, además, se le ha dado por poner un blog (personal) enfocado en el mundo de la cocina. Que necesita correr dos horas al día, porque se le va la vida. Conozco a alguien que, además, tiene que cocinar, fregar y “colaborar” en otras labores cotidianas. A alguien que va a explotar, que se ha exigido demasiado y, con las prisas de siempre, tiene cuatro días para leerse dos ladrillos con infinidad de código.
Conozco a alguien que, como durante estos 4 días no se olvide de algo, acabará mal. Conozco a alguien que se ha propuesto para el próximo año (y seguro que no lo llevará a cabo, porque lo conozco) vivir algo (más), porque casi todo ni le viene ni le va. Conozco a alguien que en cuatro días pondrá una única receta o como mucho dos (supongo), aunque todo es posible y un cambio de contexto ayuda mucho a relajarse…

Objetivos

Un objeto. Una meta ayuda. Necesito objetivos y pienso que todos de alguna manera u otra los necesitamos. No me imagino pasar la vida sin plantearme ningún objetivo, sea cual sea. Cada mañana me preguntaría: ¿y ahora qué? Esos retos deberían ser personales y, en la medida de lo posible, que no influyan demasiado a otras personas, sobre todo negativamente ;-).

No estoy hablando de objetivos imposibles. Retos ¿sencillos?, hay gente que se plantea adelgazar, dejar de fumar, cocinar, coleccionar, plantar un árbol, tener un… esos son retos y muchos dificilísimos. Hacer feliz a nuestra compañía.

Ingredientes
  • 6-8 trozos de conejo
  • Sal
  • 2 dientes de ajo majados
  • 3 cucharadas soperas de aceite de oliva virgen extra
  • 1 cebolla, pelada y cortada en tiras muy finas
  • 18 cerezas (6+12), cortadas por la mitad y sin hueso
  • 1 rama de canela
  • ½ taza de un vino dulce. Jerez o moscatel. Unos 80 ml para 6 trozos ó120 ml para más cantidad.
  • 2 tazas de caldo de pollo (*)
(*) Lo mejor es haberlo preparado con anterioridad con un buen pollo y unas verduras. Si no tenemos pollo ni tiempo, podemos emplear caldo elaborado con una pastilla de caldo de pollo (Avecrem).

(1) Secamos el conejo y lo salamos con ¼ de cucharilla de sal, aprox.

(2) En una sartén antiadherente, echamos 2 cucharadas de aceite y ponemos a fuego vivo. Doramos el conejo, unos 4 minutos por cada lado. Hasta que tenga color pero sin que llegue a quemarse. Retiramos el conejo con ayuda de una espumadera y reservamos.

(3) Majamos los dientes de ajo sobre una tabla, ayudándonos de la palma de la mano apoyada sobre le filo de una cuchillo (en horizontal ;-)). En la misma sartén con las dos cucharadas de aceite, echamos la cucharada restante, bajamos el fuego y rehogamos el ajo (cuidando que no se queme) durante un minutito.

(4) Añadimos la cebolla y 6 cerezas cortadas por la mitad. Cocinamos todo durante unos 20 minutos, hasta que la cebolla esté caramelizada. Como ya he dicho otras veces, no debe quemarse, si empieza a tostarse puede echarse un poquito de agua.

(5) Con la cebolla ya caramelizada, subimos el fuego y añadimos la media taza de vino dulce. El vino debe ser uno dulce de buena calidad. Dejamos reducir por completo durante unos 2 minutos.

(6) Pasado el tiempo y con el vino ya reducido, añadimos la mitad del caldo (1 taza) y llevamos todo vaso de una batidora. Batimos hasta que no quede nada sólido. Volvemos a echar en la sartén. (Un ajo podríamos dejarlo entero)

(7) Echamos el conejo que habíamos reservado en la sartén, añadimos el resto del caldo y la rama de canela. Dejamos que se haga a fuego lento durante unos 10-15 minutos. Probamos la sal, si fuese necesario echamos más. Como el caldo acostumbra a tener sal no suele ser necesario.

(8) Pasado el tiempo, y ya con la salta bastante reducida, añadimos el resto de las cerezas troceadas por la mitad (y sin hueso). Las cocinamos con el conejo durante unos 5 minutos más, a fuego lento, sin hacerlas demasiado.

Servimos caliente. Es un sabor muy rico y diferente. Recomendaría tener a mano un buen pan para mojar la salsa.

Nosotros lo hemos acompañado con polenta. Buenísima combinación.

sábado 2 de junio de 2007

Barras de chocolate y vainilla

Barras Naomi y el (sin) vivir

Lo prometido es deuda. No lo había prometido del todo, pero sí lo había insinuado. Si tengo el libro, tendría que hacer alguna receta (¡ya!). Lo difícil era por cual empezar.

Ésta, que por razón desconocida llama “barras Naomi”, ha sido la primera que me ha entrado por la vista. Sobre todo me ha llamado la atención el colorido, aunque no me hacía ninguna gracia emplear unos polvos para natillas. No pasa nada, al instante descubro que, simplemente, son para darle un sabor a vainilla a la capa central. Si no se dispone de ellas, se podrían sustituir por unos 30 gr. de azúcar glasé y aroma de vainilla.


Era (y es) tarde

Muy tarde para entrar en la cocina, las 12:30 de la madrugada un viernes, solo, un poco agobiado y cansado. Mucho trabajo. Necesitaba relajarme y, por ello, me fui a la cocina a mancharla un poco, sólo un poco, después quedaría como los chorros del oro.

Cocinar a esas horas es un riesgo, sobre todo si uno se encuentra muy cansado y no centrado (del todo) en el tema. Se corre el peligro de cometer un pequeño error (medidas, elementos disponibles,..) pero necesitaba un poco de actividad gastronómica para relajarme.

Como solemos tener (casi) de todo, no me aseguré con anterioridad de disponer de todos los ingredientes. Cuando ya había preparado las galletas, percibí que me faltaba uno: las nueces; la solución era sustituirlo por unas almendras, tampoco era tan grave. Lo demás un poco de paciencia y unas cuantas manchas de chocolate por la cocina: puerta del microondas, alguna estantería y un trozo en el suelo que fui esparciendo por toda la superficie. Menos mal que no estaba M ;-). Mientras se espera, unos paños, una fregona y todo limpio.

En algo más de una hora estaba todo acabado y limpio. Sobre todo teniendo en cuenta que los tiempos de reposo en el frigorífico no tenían porque ser tan largos.

Que guste. Yo seguiré con lo que me toca, que no es poco.

Ingredientes

Base

  • 100 gr. de mantequilla
  • 50 gr. de azúcar
  • 3 cucharillas de cacao en polvo
  • 100 gr. de chocolate negro
  • 1 huevo batido
  • 250 gr. de galletas Digestive (o María)
  • 50 gr. de coco rallado
  • 50 gr. de nueces picadas (o nueces de pecana)
Capa central
  • 50 gr. de mantequilla blanda, para poder batir con facilidad
  • 250 gr. de azúcar glas
  • 1 sobre de polvos de natilla (he usado natillas Royal, unos 20-25 gr)
  • 3 cucharadas soperas de agua
Cobertura
  • 80 gr. de chocolate negro
  • 50 gr. de mantequilla
  • 50 gr. de azúcar glasé
Base

(1) Pesamos todos los ingredientes. El azúcar, el chocolate y la mantequilla en el mismo bol. Reservamos.

(2) Se funde el chocolate, el azúcar y la mantequilla en el microondas. Para ello lo dejamos unos segundos hasta que la mantequilla se haya derretido, retiramos y mezclamos con ayuda de una espátula hasta que el chocolate se haya fundido en su totalidad. Si fuese necesario, volvemos a introducirlo unos segundos, cuidando de que no se queme.

(3) Añadimos el huevo batido y calentamos todo a fuego bajo, evitando que hierva. La idea es fundir un poco el azúcar, este paso podríamos haberlo evitado (pues hay que tener cuidado).

(4) Apartamos del fuego y echamos el resto de ingredientes, las nueces al final.

(5) En un molde (no es necesario que sea para hornear) de unos 21x21 centímetros extendemos el preparado. Si fuese necesario lo engrasamos con muy poca manequilla. Debe quedar un espesor de algo menos de 1 cm. Dejamos enfriar en el frigorífico durante una hora.

Las restantes capas son mucho más rápidas de elaborar.

Capa central

(6) La mantequilla debe haber estado fuera del frigorífico algún tiempo para que se reblandezca.

(7) Pesamos los ingredientes y los echamos todos en una tartera o un bol. Batimos hasta obtener una lisa, homogénea y blandita.

(8) Retiramos del frigorífico el molde y extendemos sobre la base, intentando dejarla lo más lisa posible. Aún siendo blanda lo mejor es ayudarnos de una espátula para alisar la superficie. Podemos humedecerla algo para facilitar ese trabajo.
Tampoco es necesario que quede totalmente lisa, de hecho, unas “curvitas” le pueden dar un toque gracioso al corte.

(9) Llevamos la frigorífico durante unos 30 minutos, mínimo.

Cobertura

(10) Al igual que antes, fundimos la mantequilla y la cobertura en el microondas, le añadimos el azúcar glasé y, una vez la mezcla sea homogénea, extendemos sobre el pastel. Dejamos enfriar el frigorífico un mínimo de un 2 de horas.
Para alisar más la superficie, una vez cubierta le damos unos golpecitos al molde.


Cortamos en frío y a disfrutar.

“Vivo sin vivir en mí”

viernes 1 de junio de 2007

Pastel de manzana, cerezas, nueces y canela

Antiestrés

Cuando estés baj@ de moral y preocupad@, y necesites algo de amor, y nada, nada esté saliendo bien. Cierra los ojos y piensa en mí. Pronto estaré allí, para iluminar incluso tu noche más oscura.

Me suena, me suena… ¡You've Got A Friend!. Necesitas un amigo… acompañándoos de un trocito de strudel.

El antiestrés

Hace un tiempo que venden muñecos antiestrés, de todo tipo de formas y colores, que se basan, únicamente, en una serie muy limitada de acciones: apretar, tirar o estrujar. Para aquellos a los que esos objetos les causen el efecto deseado, les recomendaría intentasen hacer la pasta filo. Apretar, tirar y estrujar, todo en uno. Sin concesiones. Puede ser quién queráis.

Mi versión antiestrés, como dice la canción, es un buen amigo. Lo que me causa inquietud lo llevo dentro y no en la superficie, se soluciona con una buena dosis de palabras. El problema es que necesito un amigo con ese nivel de confianza, lo estoy logrando.

Sargento pimienta…

Esta mañana he descubierto que es el cuadragésimo aniversario de "Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band". La cocina también estaba presente en la música de los Beatles.

Sin lugar a duda es el álbum más emblemático de los Beatles y el que más, sí lo voy a decir, uno, dos y tres: "ríos de tinta" ha hecho correr. For example, el famoso "Lucy in the Sky with Diamonds", ¿es casualidad o deliberado que coincidan las iniciales con LSD?, ¿se adelantaron a su tiempo (en castellano, Lucy en el Cielo con Diamantes) con el LCD, cuando los televisores todavía eran de tubo?, ¿hay vida dentro de la televisión?, ¿estamos solos en la galaxia?,… jarl!

Aunque todavía no había nacido, recuerdo, y recuerdo una de las leyendas de la portada de ese disco. Se decía que había muerto Paul McCartney, curiosamente el único que sigue vivo, por varios motivos: aparece Shiva, dios destructor del hinduismo, apuntando a Paul McCartney; el instrumento formado con flores en la parte inferior sólo tiene tres cuerdas, representando a cada uno de los Beatles, falta Paul ;-); en la contraportada, Paul aparece de espaldas; y algunas tan rebuscadas que podría llegarse a conclusiones totalmente disparatadas.

…el club de los corazones solitarios

Si formas parte del club no te preocupes, "aquí tienes un amigo…"

Ingredientes
  • 2 manzanas, a gusto. A mi me gustan las reinetas por su acidez.
  • Zumo de medio limón, para conservar las manzanas mientras preparamos el resto.
  • 40 gr. de mantequilla.
  • 4 hojas de pasta filo, comprada o hecha. Elaborarla no es tan difícil como podría pensarse y sí muy divertido, el mejor antiestrés.
  • 75 gr. de nueces picadas.
  • Canela
  • 75 gr. de azúcar moreno
  • 30 gr. de azúcar glasé
  • Un puñado de cerezas o arándanos
  • Se puede acompañar con helado, por ejemplo.
Pasta filo (opcional)
  • 150 gr. de harina
  • 1 cucharada de aceite de oliva
  • 50 ml. de agua aproximadamente
  • 25-30 gr. de huevo, medio huevo, aprox.
  • sal
Si queremos usar pasta filo comprada pasamos al punto (5).

i.- Pasta filo

(1) En un bol tamizamos la harina y hacemos un agujero en el centro. Un volcán stromboliano, por así decirlo “rosselliniano”.

(2) En el centro incorporamos la sal, el aceite, el huevo ligeramente batido y el agua necesaria. Para esta cantidad de harina 50 ml es más que suficiente. Amasamos bien hasta obtener una masa homogénea.
La consistencia de la masa debe ser media, ni blanda ni dura.

(3) El antiestrés: ya amasada, formamos una bola y golpeamos repetidamente con mucha fuerza sobre la superficie de trabaja. Así hasta cansarnos, durante unos 15 minutos mínimo (más de 200 veces), hasta que casi se formen como unas pequeñas burbujas en la superficie de la masa.

(4) Formamos una bola, pintamos con aceite de oliva, cubrimos y dejamos reposar un mínimo de media hora. Después sólo nos quedara estirarla y hacerla fina como el papel. Sólo eso.
Mientras reposa podemos preparar el relleno, que debe estar a nuestra disposición en el momento de estirar la masa.

ii.- Pastel

(5) Precalentamos el horno a unos 180º C. Pesamos todos lo ingredientes, el azúcar, las nueces, etc.

(6) Relleno 1. Picamos las nueces, las mezclamos con el azúcar moreno y la canela. También podrían emplearse otras especias como jengibre o clavo.

(7) Derretimos la mantequilla en el microondas. La mantequilla se empleará para pintar el postre.

(8) Relleno 2. Pelamos las manzanas y las troceamos finas. (Opcional:) Las ponemos en un bol con agua y limón para que no se oxiden. En realidad, si el postre lo elaboramos rápido no es necesario. Yo no lo hago, como van dentro de la tarta, si quedan oscuras no pasa nada.
Troceamos el puñadito de cerezas a gusto. Si son arándanos no deben picarse y sí escurrirse. Mezclamos las manzanas con los arándanos y el azúcar glasé. Reservamos.

iii.- Montaje

Opción a) Habiendo elaborado la masa

(9) Elaboración de la pasta filo: estiramos un poco la masa sobre la superficie de trabajo, la levantamos y continuamos estirándola en el aire. En este proceso se hace uso de las dos manos, con una mano estiramos la masa y la otra, con la palma hacia abajo, nos servirá de de apoyo.
La masa debe quedar lo más fina posible. Como veremos, se estira de tal modo que puede alcanzar un tamaño considerable. Cuando es tan grande que resulta difícil estirarla en el aire la ponemos sobre un paño con harina y acabamos de estirarla con las yemas de los dedos. Debe ser tan fina que podrá verse a través de ella.
La recortamos en forma rectangular.

(10) Pintamos la superficie de la masa con mantequilla derretida y espolvoreamos el relleno de nueces (Relleno 1) por toda la superficie.
En el extremo más próximo a nosotros, por donde empezaremos a enrollar, colocamos el relleno de las manzanas. Doblamos los bordes laterales [] y enrollamos con cuidado hasta acabar la masa y formar el pastel.

Opción b) Empleando pasta filo congelada.

(9) Cortamos la pasta filo en hojas de 30x50 cm. Necesitaremos unas 4 unidades. Ponemos la primera hoja sobre un paño, pintamos con mantequilla y esparcimos 1/3 del relleno de las nueces. Repetimos este proceso dos veces más.

(10) Cubrimos con la cuarta hoja, pintamos y ponemos el relleno de las manzanas en el borde inferior, que es desde donde empezaremos a enrollar. Doblamos ligeramente los laterales y enrollamos desde el punto en donde están las manzanas. Así conseguiremos cuatro capas con las manzanas en el centro.

iv. Horneado

(11) Pintamos la superficie con mantequilla y llevamos al horno a unos 180º C durante unos 20 minutos, hasta que tenga un tono dorado.

Se deja templar y se espolvorea con azúcar glasé. Se puede acompañar con un helado “…y (como obstáculo) Richard Clayderman al pianoooo ooo ooo ooo! ”