viernes 28 de septiembre de 2007

Pastel de zanahoria con cobertura de queso, vainilla y nueces

It doesn't "butter"

No lleva mantequilla. Ya es un buen punto de partida, ¿verdad? No es sólo eso, para mí, probablemente el mejor pastel de zanahoria que he hecho. Todo encaja, parece mucho aceite, pero no lo es. Como mínimo, evitaremos el colesterol.

Ese término: "el mejor" es siempre demasiado categórico y tajante. Mejor incluir un "probablemente" porque, probablemente, lo tengo tan cerca en el tiempo que todavía siento sus aromas y sabores. Aromas, porque al comer se trabaja tanto o más el olfato que el gusto. ¿No habéis notado que un día de resfriado uno no percibe de igual modo los sabores?


No hace mucho mostré otro pastel de zanahoria, muy sencillo y muy rico. La riqueza de aquél radicaba principalmente en sus sabores puros, lo sano que era y su sencillez. Éste tiene más ingredientes, es ligeramente más elaborado, pero sigue teniendo esos sabores que hacen inconfundibles a los pasteles de zanahoria. Si os gustan, probadla pronto.


Estos días

Estos días he tenido tan poco tiempo que sólo he podido cocinar. Ya de vuelta a la rutina. Hoy ha sonado a las 7 de la mañana para ir a correr. Como desconozco que planes tiene M para esta tarde, es mejor adelantarse para no quedarme sin “carrera”. La luna llena, o casi, coronaba el cielo, dando la luz suficiente como para andar sin problemas. El frío era otra cosa, a las afueras de Santiago ni las manos bajo la camiseta, ni las manos sobre las orejas podían paliarlo… y todavía estamos en torno a unos ocho grados de mínima. Cinco menos y estaremos en invierno.


Ya podréis suponer dónde me “toca” el fin de semana. Si el pasado fue Boiro, éste lo tendré repleto de otros hechos familiares (family affairs, que diría yo), (sus) amigos y demás. Por lo menos tengo una habitación para estar tranquilo y solo por las noches. El planning ya estará formado, le pediré una copia mañana por la mañana, justo antes de irnos. Menudo rollo. En tres semanas una boda, la que viene toca… tampoco lo tengo en la lista.

Mirando algo positivo, estar ocupado impide que le des vueltas a la cabeza más allá de las trivialidades cotidianas y del día a día. Sólo dos llamadas rápidas con mamá para que me contase (ye escuchase) lo preocupada que está por mi bajón físico, con el resto de la familia no he podido ni intercambiar palabra. Diego ya habrá empezado el instituto, ocupará parte su tiempo intentando sacar partido a su nueva guitarra eléctrica; Loli preocupada, como no, por Diego e intentado poner el piloto automático; papá, en su mundo, esperando salvar la última tanda de la vendimia y buscando “ese” momento exacto para que el Albariño esté en su máximo esplendor; mamá, llevando el peso de la casa, preocupada por todos y, tal vez, retomando sus actividades (clases, gimnasia, …); Martín seguirá agobiado por Terrassa, arrepintiéndose día sí y día también de haberse alejado tanto de Olga, pero sin llegar a decidirse del todo a volver. Todo son suposiciones, pero la realidad promete ser no muy diferente. Mi familia es así, heterodoxa pero única, los quiero a todos y los querré siempre, por mucho que alguien intente distanciarme o echar lecha al fuego, indicando las injusticias que se cometieron conmigo. ¿Injusticias?, las únicas que conozco son aquellas cometidas por aquellos que no dan a los que realmente lo necesitan. Amor es lo único que necesitaba y eso me lo han dado con creces.

Viernes, 20 de julio de 2007

Gamla Stan

Desayunamos en Estocolmo. Me ha impresionado esta ciudad, casi la ciudad que más me ha gustado de todas las que conozco, y muchas son de consideradas entre las más hermosas: Brujas, Venecia, Roma, París, Florencia, Londres, Nueva York, Bangkok, Siena, Barcelona, Bruselas, Gante, Amberes, Lisboa, N. Delhi,… o muchas otras.

Brujas:
brujas
Lovaina (Leuven):

Las ciudades no son comparables, todas tienen algo que las distinguen o hacen hermosas. En Estocolmo he disfrutado de uno de los mejores paseos matutinos, tal vez haya sido eso: cruzando el Djurgårdsbron he llegado al parque de la isla de Djurgården, circundando hermosos lagos o pequeñas rías, también he cruzado las calles de Gamla Stan. Gente corriendo y, curiosamente, mayoritariamente mujeres.

Gamla Stan:

Djurgården:

Ya es de noche en nuestro segundo día en Estocolmo, estoy en cama escribiendo estas líneas y planificando mi despertar deportivo. El acierto de ayer fue redondo: preciosa zona e infinidad de personas que se levantan temprano para dar paseos o andar en bicicleta… es la vida.


Ingredientes
  • 2 huevos
  • 145 ml. de aceite de oliva
  • 200 gr. de azúcar grano blanco
  • 8 ml de vainilla
  • 125 gr. de harina de repostería
  • 1 cucharilla de bicarbonato
  • 1 cucharilla de levadura química (Royal)
  • ¼ cucharilla de sal
  • 1 cucharilla de canela molida
  • 165 gr. de zanahoria rallada
  • 60 gr. de nueces picadas, también pueden ser nueces pecanas

Cobertura
La cantidad entre corchetes es más que suficiente. He empleado la cantidad original pero me ha sobrado. Siempre se puede comer sola.
  • 55 gr. de mantequilla reblandecida [45 gr.]
  • 115 gr. de queso crema reblandecido [96 gr.]
  • 240 gr. de azúcar en polvo [200 gr.]
  • ½ o 1 cucharilla de vainilla [1/2 cucharilla]
  • 60 gr. de nueces picadas. [50 gr.]
(1) Picamos las nueces, pues es lo que más tiempo llevará, y las zanahorias. Esto último lo hago con la picadora que incorpora la batidora. Una vez picadas, precalentamos el horno a 175º C.

(2) Mezclamos la harina tamizada con el bicarbonato, el Royal, la sal y la canela molida. Reservamos.

(3) En un cuenco grande o tartera batimos los huevos con el aceite, el azúcar y la vanilla. Lo haremos hasta que quede bien incorporado y algo espumoso. Añadimos, poco a poco la mezcla de la harina y la zanahoria. Mezclamos bien. Por último echamos las nueces picadas. Removemos para que se repartan de un modo uniforme.

(4) Ponemos en un molde engrasado y enharinado e introducimos en el horno durante unos 40 ó 50 minutos a 175º C, hasta que al pinchar con un palillo salga limpio.
Dejamos enfriar durante unos minutos en el horno con la puerta abierta. Retiramos, dejamos enfriar unos 10 minutos en el molde y procedemos a desmoldarlo para enfriarlo en una rejilla.
El molde que he empleado es cuadrado de 20x20, aproximadamente. Así he conseguido una altura considerable y adecuada. Podéis hacer cálculo para vuestro caso. El equivalente circular debería tener unos 22,5 cm. de diámetro, incluso algo más.

(5) Cobertura. Una vez el pastel haya enfriado, procedemos a realizar la cobertura. En un bol batimos la mantequilla pomada hasta que quede suave, añadimos el azúcar y el queso. Seguimos batiendo hasta que quede cremoso. Echamos la vainilla, batimos, y las nueces.
Procedemos a cubrir la tarta. Dejamos enfriar y … ¡a disfrutar!

miércoles 26 de septiembre de 2007

Galletas de canela, vainilla y chocolate blanco – Galletas marroquíes de almendra

Historia de dos galletas

Casi perfectas (galletas de canela)

Galletas de canela, vainilla  y chocolate blanco
Son muy parecidas. Con las otras galletas de canela me había quedado con la (pequeña) pena de haber presentado unas que, estando muy ricas, resultaban (para mi gusto) demasiado finas, eso les daba un aspecto casi tipo “teja”. Les hacía falta un poco de cuerpo… Mi otra receta, que ya conocía en aquel momento, es muy parecida, casi idéntica, exceptuando las cantidades de harina, chocolate blanco o los aromas. Escoged vuestra opción. La mía es ésta. Podéis prescindir del chocolate si queréis.

Sobre el crémor tártaro, ingrediente incluido en estas galletas, ya he comentado algo en la otra versión. Para no repetir lo ya dicho sólo mencionar que recomendaría su uso, pues las galletas resultan mucho más crujientes. Además, se recomienda su empleo como levadura química natural, mucho mejor que otros sustitutos, pues su carácter ácido no deja ninguna traza de alcalinidad en el gusto… Se ha usado durante muchos años en repostería, todavía se sigue encontrando como ingrediente en recetas “clásicas” (como ésta). También se usa en merengues u otras aplicaciones de repostería. Se consigue muy fácilmente en farmacias, siempre que se sepa pedir y el farmacéutico no tenga prisa ;-).

Galletas de canela, vainilla  y chocolate blanco
Pura almendra (galletas de almendra)

Galletas marroquíes de almendraEstas galletas también son muy ricas. Son una adaptación (literal) de una receta de galletas de almendra de un libro de cocina marroquí. Su problema, llevan tanta almendra (son tipo mazapán) que pueden resultar un poco caras ;-). Si tenéis ganas de amortizar la almendra podéis hacer éstas otras, o las galletas blancas de almendra, o las galletas de almendra con sorpresa, o unos mantecados, o… unos macarons. Pura almendra.

Un detalle, estas galletas llevan yema como elemento para ligar la masa. La cantidad de yema es baja, por ello, hay que amasarlas bien para formar una pasta, hasta que se humedezcan las manos. El tiempo de horneado debe ser mínimo, el justo para que se hagan y no lleguen a quedar duras. Si las hacemos mucho tiempo podrían endurecerse. Casi como mazapán. Con 125 gr. de almendra conseguiremos unas 8 galletas, aproximadamente.

Ponte el cinturón

Cuándo uno percibe que ha estado fuera del mundo; cuándo el mundo real le es ajeno; cuándo tu cabeza está un poco descentrada… Cuando caminas mirando pero no ves nada; cuando andas gacho, encorvado; cuando las noticias, por duras que sean, te parecen lejanas y distantes; cuando en el cine ya no reconoces nada; cuando, como el otro día, después de sentarte… ¡buscas el cinturón!
Ha sido demasiado vaivén, de aquí para allá, sin un punto de referencia. Los síntomas han sido claros, empezando por esa sesión de cine. Ni acababa de centrarse en la película.


La poca televisión que escucho, escucho porque lo hago mientras cocino con la mirada puesta en los platos, me causa indiferencia. Monótona. Sólo de vez en cuando intento levantar la cabeza ante un mensaje publicitario atrayente. Suele ser demasiado tarde. Los temas son los de siempre: “la vida de los otros”.

Los telediarios, otrora programas cargados de cierta veracidad, se han vuelto autocomplacientes. Se autopromocionan, hacen publicidad ¿encubierta? de productos propios o se meten en constantes guerras políticas. Los deportes y las noticias rosa, casi amarilla, son el “opio” del pueblo, un modo de tenernos entretenidos para evitar hablar de cosas más importantes. Abren noticiarios sin rubor, como si fuese muy importante que diez hombres en calzones hayan metido un gol a no sé quién, mientras cerramos (yo el primero) los ojos ante las mentiras del nuevo mundo…


No hablaré de esa obsesión por “crear opinión”; de crear prejuicios ante gente o personajes que desconocemos; de tildar de “buenos” o “malos”, sin términos medios; de crear esteriotipos falsos (“catalanes”; gallegos”,…) con un total desconocimiento de la realidad política o social; de “estar conmigo o estar contra mí”; de mentir a sabiendas; de repetir y repetir a la saciedad hasta crear opinión; de que, en los supermercados, los productos más atrayentes los pongan a una determinada altura; de que los chicles y chocolatinas las pongan en la caja, para que los compres en el último momento; de que, al final, se hayan puesto corbata en el telediario; de que, por un momento, no haya podido pensar en cosas más positivas…

Diario de ese viaje

Miércoles, Helsinki & Smoked fish terrine (18 de julio del 2007)

Aunque Helsinki se ha planteado como una ciudad de paso (hemos estado poco más de veintisiete horas y vamos camino de Estocolmo) ha sido un descubrimiento sorprendente. En primer lugar, el buen tiempo nos ha acompañado; después hemos descubierto, por una vez, una ciudad hecha para las “personas” (en torno a unos 500.000 habitantes): carriles para bicicletas y corredores/caminantes por toda la ciudad, buena señalización y transporte público excelente (tranvías, embarcaciones, autobuses o bicicletas), hermosos parques y jardines,… y la mar.


Ha sido el elemento reparador que necesitaba. He podido disfrutar recorriendo la costa y siempre en compañía. Las vías estaban repletas de gente (de todo tipo) corriendo, paseando, patinando y, sobre todo, en bicicleta. Su belleza se respiraba en el ambiente. Gente amable y educada.

Que poco me gusta hablar de los hoteles, tengo mis motivos para hacer una excepción, nos ayudará a entender el carácter nórdico, si es que existe como tal. En nuestros viajes hemos estado en hoteles buenos, regulares o incluso discretos. De memoria, uno en el Masai Mara u otro en un pequeño pueblo de la India cuyo nombre no recuerdo ni lo desearía. Aquí, sin ser uno de los mejores en los que hemos estado, hemos quedado muy satisfechos. Funcionalidad nórdica, limpieza, servicios suficientes e interesantes: Internet gratuito, gimnasio, sauna o unas comidas con productos de buena calidad. Me ha llamado la atención de un modo agradable la existencia de papeleras con recogida selectiva en las habitaciones.

No estoy demasiado acostumbrado a desayunar y menos si se trata de productos salados, pero en los viajes uno no puede resistirse a un buen desayuno buffet. Esta vez he sucumbido a un apetitoso “Smoked fish terrine”, básicamente, un pudin frío de salmón y otros pescados desconocidos al paladar. Intentaré cocinarlo cuando encuentre una receta apropiada.

Ahora vamos en un crucero de la Viking Line, camino de Estocolmo. Ya os contaré cómo nos ha ido…



¿Jueves?

Del desconocimiento exacto de la fecha he pasado a la ignorancia del día de la semana. Como en vacaciones, los días se repiten uno tras otro, no existen ni lunes ni domingos, sólo días. Mañana. No he sucumbido a las tentaciones del desayuno buffet, un simple té y una pieza de fruta. En la proa del barco vemos ese millar de islas que flanquean la entrada a Estocolmo y circundamos en un eterno zig-zag. Llueve, aunque en el mar nunca puede uno estar seguro de nada. En tierra tampoco. “Ostar Och Efterrätter”, claramente ;-), “postres” o, en sueco, “Juustot Ja Jälkiruuat”.


Galletas de Canela, vainilla y chocolate blanco

Galletas de canelaPara medir correctamente las “cucharillas” o “cucharadas” es mejor hacerse con un conjunto de medidores. Como decía el anuncio: “desde que lo tengo no he podido prescindir de ellos”. Una cucharilla es equivalente al volumen de 5 ml., una cucharadas 15 ml.

Ingredientes
  • 175 gr. de harina normal.
  • ½ cucharilla de bicarbonato sódico.
  • 1 cucharilla de crémor tártaro.
  • 1/8 de cucharilla de sal, algo más de una pizca.
  • 55 gr. de mantequilla reblandecida
  • 50 gr. de manteca de cerdo (de buena calidad)
  • 150 gr. de azúcar
  • 1 huevo, no demasiado grande.
  • 8 ml de extracto de vainilla
  • Chocolate blanco troceado, unos 60 gr. (opcional)
Para rebozar
  • 2 cucharadas de azúcar
  • 2 cucharillas de canela molida
(1) Troceamos el chocolate blanco si lo vamos a emplear. Lo picaremos bastante fino. Reservamos. Mezclamos la harina con el bicarbonato, el crémor y la sal. Reservamos, segunda parte. Precalentamos el horno a 200º C.

(2) Batimos la mantequilla con la manteca, el azúcar (150 gr.). Cuando haya queda cremoso añadimos el huevo y el extracto de vainilla, seguimos batiendo hasta que quede homogéneo. Poco a poco, incorporamos la mezcla de la harina mientras seguimos batiendo. En este punto la masa podríamos dejarla para hacer inmediatamente o, incluso, puede aguantar varios días en la nevera.

(3) Formamos bolas del tamaño deseado y las rebozamos en dos cucharadas de azúcar mezcladas con la canela. Las depositamos en una bandeja de horno con papel de hornear y suficientemente separadas unas de otras para que no se peguen.

(4) Introducimos en el horno precalentado a 200º C durante unos 8 ó 10 minutos, hasta que empiecen a tostarse. Cuando más tiempo, más crujientes. El crémor tártaro hace que la galleta resulte crujiente.
Una vez templada la masa las guardamos en un recipiente para galletas. Las galletas se van endureciendo a medida que enfrían. Aguantan perfectamente un par de semanas, mínimo, siempre que esté bien cerrada.

Galletas de canela
Muy ricas, si lo deseáis podéis eliminar el chocolate.

Galletas marroquíes de almendra

Galletas marroquíes de almendra
Con 250 gr. de almendra obtendremos en torno a unas 16-18 galletas. Mucha almendra para tan poca galletas, ¿no? Es el precio de la calidad.

Ingredientes
  • 250 gr. de almendra molida.
  • 125 gr. de azúcar polvo.
  • Ralladura de ½ limón.
  • Opcional: una pizca de canela.
  • 2 yemas de huevo grandes.
  • 16-20 almendras, una por cada galleta.
  • 50 gr. de azúcar polvo, para rebozar la galletas antes de hornear.
(1) Precalentamos el horno a 180º C. Mezclamos los ingredientes secos: la almendra tamizada, el azúcar molido y la ralladura de limón. Opcionalmente podemos ponerle un poco de canela molida.

(2) Añadimos las yemas y mezclamos bien con las manos hasta formar una pasta que ligue bien. Formamos bolas del tamaño de una nuez y las aplanamos ligeramente. Las rebozamos en azúcar glasé e introducimos una almendra en el centro.

(3) Ponemos en una bandeja con papel de hornear e introducimos en horno precalentado a 180º C durante unos 15 minutos o algo menos, o algo más. Dependerá de cuán hechas (dureza) nos gusten y del tamaño de las mismas.

Galletas marroquíes de almendra
¡Comemos! ¡Buen provecho!

lunes 24 de septiembre de 2007

Brownies de Nutella

Lo prometido

Después del brownie con queso, éste es “el brownie diferente de la semana”. Seguiré en ello mientras me apetezcan, por el momento sí.

Sigo sin poder comparar, y me será imposible, cada uno tiene algo especial, como si tuviésemos que responder a la eterna pregunta: “¿a quién quieres más, a papá o a mamá?”. Algunos tendríais respuesta, yo no. Sólo podría decir con quién me llevo mejor, me llevo mejor con los brownies oscuros, pura afinidad.

Sólo diría que está buenísimo, que sabe a avellana y chocolate (lleva cacao en polvo) y que es muy fácil de hacer, ni siquiera hay que derretir el chocolate pues no lo lleva. Por ponerle un “pero” al resultado, la ultra-exigencia es algo inherente a mi personalidad, diría que los prefiero todavía más crudos, para mi gusto, unos 25 minutos serían más que suficientes. Pese a todo… riquísimo. Cada cual que aguante su horno.

… Es deuda

Empiezo a no tener demasiado tiempo o, mejor dicho, el tiempo está más organizado. Unos días de organización me permitirán afrontar el año de un modo menos caótico… Por el momento sigo con mi pequeña agenda del viaje de julio tal y dónde la había dejado. No pondré excusas y espero no arrepentirme, ya han cambiado algunas cosas en todo este tiempo. Ya sabéis lo que se dice: el olvido no es bueno, hay que recordar el pasado para no volver a caer en los mismos errores.

En este punto el diario se llena de anotaciones sueltas, algunas coherentes y otras no tanto: guerra de invierno: Karelia; 1939-40; taiga; abedul -> símbolo mujer (trineo, laponia, saami --Sámit--) -> matriuskas -> maternidad; roble -> símbolo masculinidad; reno, animal de tiro, no de carga; cerca de Neste; calentar piedra; echar agua; evaporación; temperatura 80º-100º


Martes, tendré que hacer cálculo (17 de julio del 2007)

Impromptu

Ayer noche me quedé dormido mientras escribía. Ahora, ya de mañana, vamos camino de Helsinki, por las tierras de Karelia y en día muy soleado. Nos abrimos camino entre la taiga repleta de abetos y abedules.

Aunque Shubert tiene muy poco de Finlandés, la música que escucho: “Impromptu nº 3 en sol bemol mayor Opus 90 D 899” se ajusta a la perfección al momento. M duerme, tiene esa facilidad para dormir que yo no poseo. Pero sobre todo predomina su capacidad para el olvido (es bueno). Por mi cabeza todavía revolotean las palabras de ayer, porque cuando uno se enfada puede decir lo que no siente. El daño es el objetivo.


Desprecio esa falta de capacidad para relativizar los problemas y poder verlos desde otro prisma. ¿Problema? El problema es seguir viviendo, lo demás ni lo quiero ni lo deseo, es todo tuyo. Posesiones no quiero, ese desprecio por lo material nunca lo has entendido. Si yo te contara qué hago muchas veces con el dinero… ganas de quemarlo no me han faltado, me una reflexión me lleva a deshacerme de modos más coherentes. A ti te ha cambiado la cara (a felicidad) con unas zapatillas Puma y bolso adquiridos en la avenida Nevsky.

Pasear, ya al sol, por San Petersburgo ha sido uno de los mejores momentos del viaje hasta el momento. Las lanzas estaban ya rotas y “ese” instante ya formaba parte del pasado. No del mío, el poso queda ahí y, después de cinco años, he visto que todavía tú eres lo más importante para ti.

Deja el agua correr

El agua fluye sin pedir explicaciones. Seré río (por unos días), no daré ni pediré explicaciones, no pensaré demasiado, seré feliz, porque ayer hablé con mamá y me dijo cosas que me han hecho reflexionar. Felicidad. Es muy sencillo, y más sencillo si por un momento uno se siente arropado. El problema es estar solo en compañía, querría decir, sentirse solo en compañía. Ya no me siento solo, sé que siguen ahí…

Tampoco pensaré mucho las cosas, M. Sólo te pido que tampoco lo hagas tú, que no me hagas sentirme solo. Actuaré si lo deseas. Ya no necesitaré más cuentos ni letras, será suficiente. No pararé, correré todo el día, porque soy un río. Ahora un río estancado que, cerca del mar, su cauce está seco. Deja el río correr, no pude pararse eternamente, se desbordaría tarde o temprano. Navega conmigo.

Ingredientes
  • 85 gr. de Nutella.
  • 140 gr. de mantequilla derretida y fría.
  • 2 huevos grandes.
  • 200 gr. de azúcar grano.
  • 125 gr. de harina normal.
  • 25 gr. de cacao en polvo.
  • Una pizca de sal.
  • 6 ml de esencia de vainilla.
  • Nueces o avellanas picadas, unos 50-60 gr.
(1) En un cuenco o tartera, mezclad la Nutella con la mantequilla, los huevos y el azúcar. Añadid la esencia de vainilla y revolver hasta que esté bien mezclado y sin grumos. Precalentamos el horno a unos 165 º C.

(2) Tamizamos la harina con el cacao y una pizca de sal. Echamos sobre la mezcla anterior con cuidado, evitando que se formen grumos y mezclando bien.

(3) Añadimos las nueces o avellanas troceadas y removemos para que se reparta de un modo uniforme. Por eso de que la Nutella es una crema de avellana, le he echado avellanas pero creo que me gusta más con nueces.

(4) Vertemos sobre un molde rectangular engrasado y enharinado, eliminando la harina sobrante, de unos 20x20 cm. e introducimos en el horno precalentado durante unos 25 y 30 minutos, según nos guste.

Debemos controlar el nivel de cocción que más nos guste, poco o muy hecho. Lo he puesto 35 minutos, pues la brocheta me salía humedecida. Para mi gusto 35 minutos ha sido algo excesivo, debéis tener en cuenta que me gusta muy crudito. La próxima vez lo pondré unos 25 minutos y para mí será más que suficiente.


No podría compararlo con otro, sólo en el caso de probarlo casi simultáneamente, y ni así. Muy rico.

domingo 23 de septiembre de 2007

Clafoutis de tomates cherry, cebollino y ricotta

Perdón por lo que me toca, aunque al final esperaré a mañana

Sigo en Francia

El Clafoutis es otro plato típicamente francés con muchas variedades y elecciones. Originalmente se trataba de un postre relleno de cerezas, por ello, si hablamos de “clafoutis” estaremos hablando de un pastel con huevo y leche/crema relleno de cerezas, tanto negras como rojas.

Creo haber leído que la palabra, etimológicamente, significa “rellenar/cubrir”, puesto que lo que se hace es disponer las frutas sobre el molde y cubrirlas con la masa. Con el tiempo se ha generalizado el término “clafoutis” para extenderlo a un pudin relleno, no sólo de cerezas, también con ciruelas, moras, manzanas o productos salados, como en este caso. Como podréis ver, esta receta no lleva azúcar, sí sal y pimienta.

Muy pronto espero hacer uno dulce, dificultad cero y gusto diez. Son unas delicias muy sencillas.


Tratamiento de shock o por qué a M no le gustaban los tomates...

¡Pero se los ha tomado! ¡y ha repetido varias veces!. Incluso se ha atrevido a tomar los que se habían quedado dispersos por el plato.

Entiendo que los tomates son uno de esos alimentos que por su acidez y gusto pueden no gustar a todo el mundo, sobre todo si se toma crudo. En mí la solución fue obtenida por medio de (otro) tratamiento de shock. El prospecto del medicamento decía: “O te los tomas… o no comes y te quedas castigado”, no era mi padre quién me lo decía, era una institución más cercana al mundo de las ideas (del más allá). En el fondo, o no tanto, todavía les tengo aprecio (¡qué mal suena “aprecio”!), pese a ese conjunto de tratamientos de primera necesidad.

El comedor era lo más parecido al de Oliver Twist, con el vigilante a pie observando cada uno de nuestros movimientos y presidiendo la sala. No llevaba sombrero o bastón, un simple hábito rodeado con una cuerda a modo de cinto y tres votos (castidad, obediencia y pobreza) eran suficiente como para intimidar al más osado, aquel que se atrevía a dejar algo en el plato o a intentar convertir la comida en un acto relativamente festivo. Las sopas y potajes en el centro de la mesa en cuenco grande con cucharón, las albóndigas llegaban casi directamente de unas latas gigantes con destino una fuente con patatas cocidas y el chocolate del desayuno se espesaba con un 90% de maicena, mezclada con colorante y cacao a partes iguales. Así descubrí la facilidad de la maicena para convertir el peor cacao en polvo en el mejor chocolate a la taza.

Descubrir el valor de las patatas fritas en días de fiesta, los higos como relleno de un bocadillo,… Las dos onzas de chocolate parecían un par de chips en una galleta al estilo “americano”; descubrirlas llevaba media hora, el tiempo que tardábamos en comer todo el pan que lo rodeaba.

¡Parece tan lejano!, como si no fuera yo, como si hubiese vivido otras vidas y ahora, en mi reencarnación, tuviese constancia de ellas.

Montaña (mañana), mar (tarde)

La primera parte de la rima sería muy pueril, porque no querría ser rima, querría ser sólo una apreciación: el día.

Estamos (estábamos) en Boiro, había pasado demasiado tiempo sin ver a mis padres, a Loli y a Diego. Martín sigue lejos, pero la distancia no es el olvido, no para mí. He intentado aprovechar mi estancia para intentar disfrutar sin agobios de algunos de los rincones más sorprendentes, un poco de montaña y un poco de mar.


Boiro tiene mar, como no, pero también montaña. La sierra del Barbanza preside toda la comarca, llena de secretos en cada rincón: cascadas, dólmenes y mámoas, vías romanas, piscinas naturales formadas por el cauce de los ríos,… Sólo un par de kilómetros son necesarios para adentrarse por sus vertientes. Opté por correr sin destino fijo, sólo tenía claro que el Barbanza sería mi objetivo. Era tarde, pero su cercanía me permitiría ver mucho durante dos horas de footing.

Hacía sol, bastante para esta época del año. Pasé por aldeas, crucé caminos y riachuelos. Las primeras fases, caminos y prados con un fuerte aroma a mosto y a frutales, se transformaban, a medida que subía, en olores más puros, a hierba y eucalipto, a pino y agua, a naturaleza pura. Durante todo el recorrido sólo he sido interrumpido por un cuadriciclo ligero, el resto eran caballos o hasta un pequeño potro que, sorprendido por mi carrera, se vio obligado a emprender una escapada al galope.

De vuelta, con la mirada en el horizonte, las vistas de la ría son increíbles. Nadie diría que esta tierra fue hace poco más de un año devastada por las llamas. Tenemos una tierra que no nos merecemos, si algún día desease darnos la espalda lo entendería. Los regatos han nutrido las nuevas plantas que han tapado por completo los restos de ceniza, en pie siguen todavía presentes los castaños o los robles. Mis en otro momento odiados eucaliptos ni se han atrevido a permanecer en pie. Eso es trabajo para las celulosas.

Había subestimado mi tiempo. De vuelta un recorrido por la playa de Barraña, casi desierta al sol. Sin viento y en calma. Estas son las razones por las que (todavía) adoro septiembre.


Por la tarde un poco de playa con M. Ella tumbada al sol, yo escribiendo estas palabras, hablando un poco y, como no, empiezo a darle más vueltas a la cabeza. La pausa de hoy ha sido suficiente. La noche dictará sentencia.



Ingredientes
  • 4 huevos enteros [2 huevos]
  • 75 gr. de harina [35 gr.]
  • 400 ml nata (35% material grasa) [200 ml]
  • 16-24 tomates cherry, a gusto [8-12]. A M no le gustan los tomates, le he puesto unos poquitos, ha quedado suave y delicioso.
  • 120 gr. de queso ricotta [60 gr.]
  • Un ramillete de cebollino, unas 5-10 ramitas [4-20 ramitas]
  • Sal
  • Pimienta negra recién molida
(1) Precalentamos el horno a 180º C. Batimos el queso hasta que quede cremoso, echamos la nata y mezclamos bien. Añadimos los huevos, uno a uno, esperando a que se integre antes de echar el siguiente.

(2) Por último la harina tamizada sobre la mezcla, evitando que ser formen grumos. Cortamos fino el cebollino, lo echamos sobre el preparado y salpimentamos a gusto. Mezclamos de nuevo para repartir homogéneamente los últimos aditivos.

(3) En un recipiente circular, engrasamos y enharinamos la superficie, eliminando los excesos de harina. Ponemos los tomates sobre dicha superficie, los pequeños enteros y los más grandes cortados por la mitad. Cubrimos con el preparado anterior.

(4) Introducimos en horno precalentado a 180º C durante unos 25-30 minutos, hasta que tenga un ligero tono y esté hecho, no demasiado tostado pero cuajado. Dejamos enfriar un poco antes de cortar. Me gusta dejarlo unos minutos en el horno con la puerta entreabierta para que la temperatura no baje demasiado bruscamente y el pastel mantenga su forma.
Se toma tanto templado como frío. Recién hecho está delicioso, después también.
Me ha parecido un primer plato exquisito, tiene un aspecto y sabor de esos platos de “quedar como un rey”. La combinación con el tomate, el cebollino, la sal y la pimienta, contrasta a la perfección con ese suave y ligero gusto a queso, muy ligero.

Además, bajo en calorías.

viernes 21 de septiembre de 2007

Barritas de coco y chocolate

Barritas de coco y chocolate¡Coconudo!

Perdón por la impertinencia, o no. Está en el diccionario de la RAE, y aunque no lo estuviera. Están los tiempos como para ser políticamente correcto, cansado estoy de esa frase. Seamos buenas personas y las palabras que las lleve el viento. Hoy me he levantado con ganas de ser (algo) malo, de decir que no, de decir “caca, culo, pis”. No lo repetiré, pues es un blog gastronómico y no quiero que se os quiten las cagas de hacer este (riquísimo) postre.

Aquí, “¡carallo!”, es como decir “¡anda!” Es una coletilla que tiene infinidad de acepciones: “me importa un…“ (Bledo), “¡manda…!” (¡Caramba!), “¿Qué… es?” (Cosa), “Romperse el…” (Pegarse un buen golpe, en sentido literal, claro), “¿Dónde… está?” (En qué lugar),…. “Pois iso, ¡manda carallo!”. Si eres mexicano y alrededores, pido mil disculpas, las palabras tienen distinta intensidad dependiendo de la zona. Aquí no hay problema.

Pensando, pensando me he acordado del coco y de lo que le gusta a M. No ha evitado los elogios, con cada prueba, y eso que está deseosa de controlar un poco los instintos gastronómicos pero no ha podido evitarlo. Como yo.

Si os gusta el coco, si no tenéis muy claro qué hacer para este fin de semana, os recomendaría esta receta. No le falta ni le sobra nada, sobre todo “sobra”, porque el chocolate es necesario y el coco que lo cubre también. La base le da consistencia. De prescindir de algún elemento lo haría de la base sablée, aunque en ese caso no pidáis responsabilidades ;-).

Barritas de coco y chocolateSe nota

Se nota que tengo estrés, que no duermo, que necesito actividad. No tengo otro remedio que estar más en casa (no pediré culpables) y las actividades que se me ocurren pasan por un par de sitios. La cocina es uno de ellos. Allí he elaborado bastantes recetas que están pendientes.

Un plato lleva a otro. Que me sobra pasta sablée, pues a elaborar otra receta con esa masa. Esa circunstancia hace que con la nueva recetas me sobren claras, y con el postre de claras me sobra queso, con el queso hago otra y me sobra cebollino. Así hasta que me canse y tenga que desechar algo. Que sea lo mínimo.

He vuelto a descubrir el librito que había ejercido el mini-diario del viaje a Moscú-San Petersburgo-Helsinki-Estocolmo-Copenhague. Lo había apartado por motivos personales (“motivos personales”, lo que te pasa es que tenías miedo a ser demasiado sincero, a decir verdades). Creo que ha llegado el momento de poner un poco de memoria, antes de que sea demasiado tarde y se pierda. Ahí va. Espero no arrepentirme.

Barritas de coco y chocolate
San Petersbugo, lunes 16/7/2007

Terremotos

Hasta el día de hoy no había tenido tiempo de escribir unas líneas (el último día había sido el día 13).

El sábado, todavía en Moscú, fue noche de terremoto. Me desperté de madrugada tras un ¿sueño? en el que se había producido uno. Conmigo Sigmud Freud tendría al mejor conejito de indias. Los sueños, más bien pesadillas, de catástrofes han malgastado más de una noche de sueño. Ésta ha sido una más.

El sábado por la noche salimos en dirección a San Petersburgo y, como el check-out debe hacerse antes de las doce del mediodía, tuvimos que quedarnos sin siesta. Andar y andar, sólo las pausas para las comidas.

Tras haber estado todo el día fuera, la noche del sábado al domingo la pasamos en tren (nos proporcionaron el “mejor” medio de transporte, pero no suficiente). Fue una noche de más terremotos, traqueteos permanentes. De dormir nada de nada, y todavía queda el Hermitage (tengo mis razones para preferir escribirlo con “H”), una visita programada. No era la mejor disposición ni el mejor momento para su visita…

San PetersburgoHermitage
Hoy, tras una mañana oscura y casi lluviosa, el sol ha querido que podamos despedirnos alegrándonos la tarde. Ha sido otra cosa.

HermitageSan Petersburgo
No escribiré los malos (y peores) momentos del día, siempre provocados por el famoso objetivo… (Llegados a este punto la letra aparece turbada, trabada ante el sueño presente).

Barritas de coco y chocolateIngredientes

Base, 200 gr. de pâte sablée
  • 250 gr. de harina de repostería [125 gr.]
  • Sal, una pizca
  • 125 gr. de mantequilla [63 gr.]
  • 70 gr. de azúcar glasé [35 gr.]
  • 2 yemas [1 yema]
  • 50 ml de leche (o agua) fresquita [25 ml]
  • Aroma: un poco de esencia de vainilla. También podría aromatizarse con ralladura de limón o canela en polvo.
(1) Tamizamos la harina, la mezclamos con la sal y el azúcar en polvo. Troceamos la mantequilla, echamos sobre la harina y con ayuda de las manos frotamos hasta que le demos una textura similar al pan rallado.

(2) En un cuenco batimos la yema con la leche y el aroma. Vertemos sobre la harina. Amasamos rápidamente y los justo para que quede una pasta homogénea. Envolvemos en plástico (film) y dejamos reposar en el frigorífico un mínimo de 30 minutos antes de estirar y cubrir el molde.
Aclaración: esta vez he cubierto el molde previamente. He engrasado y enharinado el molde, estirado la masa entre dos bolsas de congelación, he pinchado toda la superficie con un tenedor y llevado al frigorífico una hora antes de hornear.

(3) Pasado el tiempo, estiramos la masa entre dos bolsas de congelación o plástico transparente. Retiramos una de las partes y extendemos sobre un molde rectangular engrasado y enharinado. Pinchamos toda la superficie con un tenedor para evitar que suba.

(4) Precocido. Cubrimos la pasta con papel de hornear o de aluminio, poniendo unos garbanzos secos o alubias como peso para que no suba. Horneamos durante unos 10-15 minutos a 180º C.
En este postre volverá a hornearse con el relleno.

Barritas de coco y chocolateRelleno
  • 150 gr. de coco rallado.
  • 150 gr. de azúcar moreno.
  • 150 gr. de mantequilla reblandecida.
  • 40 gr. de créme fraîche, dos cucharadas.
  • 3 huevos enteros.
(1) Mezclamos el coco rallado con el azúcar moreno y la mantequilla reblandecida. Batimos hasta que la mantequilla no tenga grumos. Añadimos la crema y mezclamos.

(2) Incorporamos los huevos, uno a uno, mezclando bien en cada adición. No echaremos el siguiente hasta que el anterior esté totalmente incorporado. Debe quedar una pasta homogénea. Podríamos haberlo aromatizado con un poco de ralladura de limón o vainilla, para mi gusto no es necesario.

(3) Ponemos la mezcla sobre la masa sablée prehorneada y cocemos a unos 180º C durante 30 minutos, hasta que esté cocinado y con un tono ligeramente tostado.
Retiramos del horno y pasamos a preparar la cobertura. Dejamos enfriar.

Cobertura (ganache)
  • 150 gr. de chocolate troceado de alto porcentaje de cacao (mínimo de 65%).
  • 150 gr. de nata.
  • Una nuez de mantequilla (opcional).
  • Coco rallado.
(1) Troceamos el chocolate. En un cazo calentamos la nata, cuando hierva la retiramos del fuego y añadimos el chocolate troceado. Mezclamos con ayuda de una espátula hasta que esté totalmente disuelto y sin grumos. Añadimos una nuez de mantequilla y removemos para que se disuelva.

(2) Cubrimos la tarta con el espesor de una par de milímetros y espolvoreamos un poco de coco rallado. Cuando esté fría acabamos de espolvorear con más coco rallado y llevamos al frigorífico.

Cortamos en cubitos o forma de barra.

Buenísimos, de verdad de la buena, nada sobra de la receta ni del postre. Ha sido un visto y no visto. El chocolate y la base contrastan con el coco excepcionalmente.

Faláfel

¿Dónde has estado últimamente?

Casi faláfel

“Casi” porque los “auténticos” se hacen con garbanzos o habas (judías) crudas e hidratadas durante la noche, pero cada vez son más las recetas (como ésta) que emplean garbanzos cocidos.

El faláfel es un plato típico oriental presentado usualmente en forma de albóndigas aplanadas. Existen muchas variantes dependiendo del país de origen, llevando diferentes nombres en cada caso. Se acompañan con salsa de yogurt o sésamo (tahini), ensalada o como relleno un buen pan de pita. También se toman solas.

Sé dónde has estado

De Egipto he venido con un par de ideas culinarias. Hemos probado muchas delicias gastronómicas, además del faláfel (o falafel) que se realizaba con habas (ta`amiyya), muchas que intentaré emular y adaptar a los ingredientes de la zona. En el atrevimiento está la evolución, algo que sí he aprendido u oído de varios cocineros relevantes: “no tengas miedo en cambiar y modificar platos clásicos”, empezando con los de mi tierra (ejemplo: “tortilla desconstruida”)

Los platos que haré (casi) seguro: el baklava, una especie de empanadilla de pasta filo rellena de frutos secos; una leche espesa con coco rallado, el muhalabiyya o mohalabeya; un arroz con leche con uvas pasas, el ruz bi laban;…

La vida de los otros

Por el corazón del Cairo, a dónde no llegan los guías ni las guías, nos hemos encontrado con gente amable y sorprendida, tanto que deseaban fotografiarse con nosotros. Más con M, que sorprendía con su tez pálida y aspecto occidental, yo, más escuálido y oscuro, podría pasar por habitante incierto:


No había luces (siempre), tampoco me gusta el flash sin luz auxiliar suficiente, pero he descubierto que lo borroso también es expresivo, cuenta con un factor imaginativo en el que, como un libro, tú eres quién pone rostro a los personajes. Lo justo para animar la imaginación.


No llevaba cascos ni escuchaba desde otra habitación. Observaba sus movimientos y su vida, la forma en que comían, charlaban o hacía sus labores. Ante mí era “la vida de los otros” que, por un momento, pasó a ser también la mía. El tiempo me redimirá, espero, por ese pecado de espionaje pos las calles de El Cairo.

Ingredientes
  • 215 gr. de garbanzos cocidos o no y escurridos. El falafel original se acostumbra a hacer con garbanzos o habas sin cocer, puestos en remojo toda la noche. Cocidos es otra opción, escoged.
  • 1 diente de ajo troceado fino
  • 1/2 cebolla troceada fina.
  • 15 gr. de perejil picado, aproximadamente, una ramito.
  • ½ huevo batido, unos 26 gr.
  • 1 cucharilla de comino en polvo
  • ½ cucharilla de cilantro en polvo
  • ½ cucharilla de sal
  • Un poco de pimienta negra recién molida
  • Una pizca de pimentón picante
  • ½ cucharilla de zumo de limón, 3 ml.
  • ½ cucharilla de levadura química en polvo (Royal).
  • 7 ml de aceite de oliva.
  • 50 gr. de pan rallado.
  • Aceite para freír.
Salsa de yogurt
  • 160 gr. de yogurt.
  • 15 ml. de mayonesa.
  • 1 cucharilla de eneldo seco.
  • ½ pepino, troceado muy fino.
  • Sal.
  • Pimienta.

(1) Machacamos los garbanzos en un cuenco con ayuda de un tenedor, hasta que quede una pasta. No debe usarse batidora, haría que la masa perdiese consistencia. He empleado el picador de la batidora para otros ingredientes de la receta. Podemos emplear garbanzos, sin cocer, hidratados durante toda la noche.

Trituramos la cebolla, el ajo y el perejil hasta que quede fino y mezclamos con los garbanzos.


(2) En otro cuenco mezclamos el huevo con el comino, cilantro, la sal, la pimienta, el pimentón picante, el zumo y la levadura química. Echamos sobre la pasta de garbanzos, junto con el aceite de oliva.

(3) Poco a poco vamos añadiendo el pan rallado hasta que quede consistente pero no duro, mejor blanda. La cantidad es aproximada ( o algo menos) pero es la que ha sido empleada por mí. Amasamos hasta que quede una pasta homogénea y no dura. Formamos bolas:

(4) Las aplanamos con forma de hamburguesa (o las dejamos como bolas, a gusto). Freímos por ambas partes en abundante aceite a temperatura medio-alta hasta que tenga un tono por ambos lados. También he hecho otros poco a la plancha ;-).

Se suelen tomar en pan de pita con una salsa de yogurt o salsa de sésamo (tahini). Las he tomado con mayonesa, simplemente.

Ricas, todo un mar de sabores para el paladar.

Salsa de yogurt
Mezclamos el yogurt con el resto de ingredientes y dejamos reposar en el frigorífico un mínimo de media hora.

La próxima vez, sin duda, lo probaré con garbanzos hidratados durante toda la noche. Ya os contaré.

miércoles 19 de septiembre de 2007

Flan pastelero con almendras (Flan pâtissier)

Versión española

Es una traducción ridícula, pero si no la hacía de un modo más o menos literal corría el peligro de perder la esencia del plato. Dejémoslo, a partir de ahora, en Flan pâtissier. Como veis, es francés y un clásico más de su cocina. Sencillo a más no poder.

Se llama “flan” pero se prepara como una crema pastelera o, mejor dicho, una crema inglesa (natillas). Lleva pocos huevos y más maicena, que lo hace más económico, así como una base de hojaldre que le da consistencia y un toque especial. Le he puesto “el toque” cubriéndolo con las almendras fileteadas, también una idea recogida de otro “flan” francés: Flan Normand o Tarte Normande. Lo normando es sinónimo de manzana, como Asturias.

Echando mano de la Larousse de los Postres, he descubierto que, a diferencia de como se hace en España (todo en crudo), el flan de huevo lo presenta como una crema inglesa al horno. Empiezo a pensar que es otra de las características de la cocina francesa.


París, ¿te volveré a ver?

Ya hace unos meses de la última visita, todavía recuerdo su vida y su luz. Incluso durante la noche. Vida.
Te echo de menos, mucho. Porque me hiciste sonreír, porque me acogiste como a uno más. Te he visto amanecer y hablar, atardecer y callar. Me dejaste correr, sin pausa. Te hecho fotos quieta, estática, otras menos hermosas por fuera pero reflejos de unas vidas:




Alguien de pueblo se ha vuelto un urbano más, prefiero esos viajes, con gente, libertad de movimientos, tocar y oler. El campo es para vivir, la ciudad para viajar y descubrir. El mundo en una caja de cerillas.
Au revoir, Paris!

¿Se puede cambiar?

Llevo tiempo esperándolo sin obtener respuesta. O los cambios son lentos “…o mi reloj está parado”, diría Groucho. Lo primero es el deseo de cambiar, inherente a cualquier cambio, lo restante son dudas. Sin el deseo no hay cambio. Sin dudarlo, mi reloj está parado.

¿Quiere cambiar? ¿Puede una persona satisfecha consigo misma, autocomplaciente, con falta de modestia, desear ese cambio? ¿De quién hablo?

Está todo tan arraigado que será difícil. En lo leve no hay problema, en lo profundo, lo que interesa, imposible. Sólo “algo” podría provocar ese cambio.

El tiempo apremia, otra vez. Mañana será largo, más si no soy el dueño de mi tiempo.

Ingredientes
  • Una base de hojaldre
  • 1 litro de leche entera, o 2/3 nata + 1/3 leche. He usado 200 ml de nata.
  • 180 gr. de azúcar
  • 100 gr. de maicena
  • 2 huevos enteros
  • 1 yema
  • 10 ml de extracto de vainilla
  • Una ramita de canela
  • Opcional: almendras laminadas.
(1) Engrasad y enharinad un molde desmoldable. Extended fina la masa de hojaldre, cubrid el molde con ella y pinchad toda la superficie con un tenedor para que no suba.
Precalentad el horno a 180º C. (Nota: por una vez, he preferido emplear el imperativo de modo correcto)

(2) En un cazo poned a calentar la leche, menos un vaso, con el azúcar y una ramita de canela. Removemos para que se disuelva el azúcar y dejamos que hierva, removiendo un poco de vez en cuando.

(3) Mientras tanto, en una tartera diluimos la maicena con el vaso de leche restante, echamos los huevos y la vainilla. Batimos hasta que los huevos queden bien mezclados y no haya grumos.

(4) Cuando haya entrado en ebullición, vertemos la leche sin la canela sobre la mezcla. Devolvemos al fuego, removemos con un batidor y cocinamos hasta que quede una masa espesa, no demasiado.

(5) Vertemos inmediatamente sobre el hojaldre, cubrimos con almendras laminadas y horneamos a 180º C durante unos 35 ó 45 minutos, hasta que tenga un ligero tono. Al final, si queremos darle un tono más oscuro, podemos encender el gratinador durante un par de minutos; así lo he hecho.
Dejamos enfriar un poco en el horno con la puerta entreabierta, retinamos y esperamos a que enfríe totalmente. Se toma frío, mejor después de reposar unas horas en el frigorífico, para gustos. Podemos espolvorearlo con azúcar glasé y/o canela en polvo.
Yo prefiero dejarlo unas horas en el frigorífico antes de tomar y consumir. Aguanto, cuesta, pero lo consigo. Las almendras le han quedado muy bien… riquísimo y sencillísimo.

Es curioso como algo tan sencillo esté tan bueno. Parece una crema pastelera pero, al probarlo, veréis que tiene poco que ver y sabe a … ¡Francia!.

¡Viva Honduras!, perdón, ¡viva Francia! ;-)

martes 18 de septiembre de 2007

Pastel de batata (boniato)

Benito Boniato estudia bachillerato

Batata, boniato, camote, patata dulce y mucho más, o cómo “la curiosidad no mató al gato”

Es la primera vez que lo uso. Sé que se emplea bastante en el levante español y, sobre todo, en América, de dónde es originaria, pero todavía no la (fem.) había probado. Es dulce, de ahí su nombre en inglés (sweet potato/e) y se emplea tanto para platos dulces como salados. Un postre dulce.

Tenía la curiosidad, una receta de origen norteamericano y muchas ganas. La curiosidad no mató al gato, me ha abierto el apetito para comer más, y más, sabores diferentes (para mí) que estoy dispuesto a repetir. M, la catadora oficial, también lo ha deseado.

Un poco de información. Dado su alto carácter nutricional: rico en vitaminas A o C, hidratos de carbono o su facilidad para la producción, su cultivo se ha implantado de forma masiva en muchos países en vías de desarrollo, existiendo una serie de planes específicos para facilitar su producción. Menos rollo, decir que es muy sano y completo.

También es fácil y cómodo de realizar. Sin complicaciones y con resultados sorprendentes. Se puede usar la base que más deseéis, inicialmente había pensado en una de hojaldre, al final he optado por hacer una masa sableé que horneé previamente unos 15 minutos con papel de hornear y relleno de garbanzos para evitar que subiese.


Benito Boniato estudia bachillerato

Eso era para mí “boniato”, un personaje de cómic de la antigua escuela, cuando no había ESO y el bachillerato era de cuatro años, no dos. Benito aparecía en esos “libros” de editorial Bruguera (Olé!), TBO o en el “Mortadelo”, en el que convivía con algunos de los personajes todavía más curiosos y dispares que han marcado mi infancia: “Anacleto, agente secreto” (uno de mis preferidos, sobre todo al adquirir una figura suya con un bote de Cola-Cao), “Sir Tim O'Theo”, “Superlópez” (¡esa forma de situar las manos para volar!, otro de mis preferidos), “Las hermanas Gilda” (¡me resultaban insoportables!), “Pulgarcito” (Jan, uno de mis dibujantes preferidos), “Doña Urraca” (como las tacañotas del 1, 2, 3),… y muchos más.


Capítulo aparte son “el capitán Trueno” y, sobre todo, aquellos grandes (por tamaño y contenido) cómic que emulaban verdaderas joyas de Julio Verne: Miguel Strogoff, Los hijos del capitán Grant o Veinte mil leguas de viaje submarino.

Ingredientes
  • Base: hojaldre, masa quebrada, masa dulce, brisée,… La que deseéis.
  • 460 gr. de boniato (batata) [230 gr.]
  • 110 gr. de mantequilla reblandecida [55 gr.]
  • 200 gr. de azúcar [100 gr.]
  • 120 ml. de leche entera [60 ml]
  • 2 huevos [1 huevo]
  • ½ cucharilla de nuez moscada [¼ cucharilla]
  • ½ cucharilla de canela molida [¼ cucharilla]
  • 5 ml cucharilla de esencia de vainilla [½ cucharilla, 3 ml]
  • Una cucharada de maicena [½ cucharada] (Opcional). Le da algo de más cuerpo y evita que se corte.
(1) Preparamos la base de la tarta como más deseemos. He hecho una masa sablée dulce,… podéis emplear alguna de éstas: hojaldre, masa quebrada, masa dulce, brisée,… La que deseéis.,… Incluso no usar ninguna.

(2) Hervimos la batata con piel y un poco de sal durante 40 ó 50 minutos, hasta que esté blandita. Pasamos por un chorro de agua fría, retiramos la piel y dejamos escurrir bien el agua. Secamos, el exceso de agua no es bueno, podría hacer que se cortase la masa con la mantequilla (tampoco es un problema, queda igual de rica).

(3) Con una tenedor, machacamos el boniato cocido hasta hacerlo puré. Añadimos la mantequilla reblandecida y batida. Mezclamos bien con una varilla hasta que quede homogéneo. Podemos echarle un poco de maicena. Precalentamos el horno a unos 175º C.

(4) Echamos el azúcar, la leche, los huevos, la nuez moscada, la canela y la esencia de vainilla. Batimos, no demasiado enérgicamente, hasta obtener una pasta suave.

(5) Cubrimos la base de la tarta y horneamos durante unos 45 a 60 minutos a 175º C, hasta que al pinchar con una brocheta/aguja/palillo salga limpia. Dejamos enfriar un poco en el horno para que no baje bruscamente la temperatura.
Dejamos enfriar, cortamos y comemos.

La masa de hincha, no os preocupéis si se baja al enfriar. Tampoco os preocupéis si se corta la masa (mantequilla+líquido), si lo batís bien la volveréis a montar con facilidad. Es importante que no tenga exceso de agua.

M le ha dado un sobresaliente, yo también. La canela…

lunes 17 de septiembre de 2007

Bizcocho jugoso de manzanas

Begin The Beguine

¿Por qué las cosas sencillas están tan sabrosas? ¿Por qué me gustan tanto los postres con manzanas, sobre todo si tienen un toque de acidez? ¿Por qué no he podido parar? ¿Por qué, en realidad, no le eché las 3 manzanas que pedía la receta? ¿Por qué no le sobra nada ni le falta nada? ¿Por qué sé que alguien hará este postre pronto? Porque lo rico, si fácil y sencillo, dos veces rico; o lo fácil y sencillo, si rico, dos veces fácil y sencillo.

Se me había olvidado, conozco otra fruta que en septiembre empieza a estar en su máximo esplendor: la manzana. El pasado año, sin exagerar (bueno, sólo un poco), hice unos 10 postres de manzana diferentes. Esta temporada estoy un poco flojo, tanto viaje me ha trastocado. Ya me ha dado mucha pena no haber podido hacer nada con moras, y eso que la lista de recetas era considerable. Tal vez el próximo verano, si llego.

Volver a empezar

Volver a madrugar. Hoy no ha sido un problema, no lo será siempre que consiga dormir. Lo dudo.
Volver tocar. Es una promesa, el órgano está en el trastero. Los instrumentos de viento que tengo en el estudio son demasiado ruidosos para el vecindario, principalmente para la vecina de abajo que llegó a contratar un estudio de insonoridad del edificio.
Volver a estudiar. Una realidad. Día a día, segundo a segundo. Lo que no te mata te hace más fuerte, a mí más débil.
Volver a ver a la familia. Un sueño. Mientras M esté enfadada con el mundo, esos momentos serán más breves.
Volver al cine. La cartelera mejora a medida que el tiempo empeora.
Volver a dibujar. Aunque sólo sea en una cuartilla y a lápiz.
Volver a utilizar la cámara réflex analógica. Le tengo cariño, no saber cómo ha salido la foto; esa espera ante la tienda de fotografía; esa calidad, libertad y misterio que se ha destapado la era digital.
Volver a dar paseos los sábados. No sólo correr, de mañana o de tarde. Correr desahoga, pasear relaja y reconforta. Se compenetran.
Volver a practicar algún deporte de equipo. Aunque sea de modo individual: unas canastas, un frontón, unos toques al balón,… Volver a coger la bicicleta para pasear.
Volver a vivir. A VIVIR con mayúsculas. A tener tiempo libre, a no estar pendiente del reloj, como ahora. A que M no haya programado nada para “esa hora” ni tenga que asistir de modo obligado. A dejar de hacer bolsas y más bolsas de fin de semana y, lo peor, contrarreloj. A ser dueño de parte de mi tiempo y un fragmento de corazón, por pequeño que sea. A cantar cuando suba las escaleras. A mirar por la ventana. A escuchar. A esperar. A pensar que la gente es buena por naturaleza. A confiar en (todos) los demás, antes lo hacía…
Volver a hablar, también con mayúsculas.

Cole Porter

De los grande clásicos musicales prefiero George Gershwin, sin embargo, Cole Porter a aportado grandísimas (¡adjetivar obra maestra!) obras maestras: Begin The Beguine, Night And Day, True Love o, sobre todo, I've Got You Under My Skin. ¿Se puede decir algo más arrebatador que “te tengo debajo de mi piel”?, pues a por ello: “te tengo debajo de mi piel…

Ingredientes
  • 125 gr. de harina de repostería.
  • 11 gr. de levadura química. Sí, está bien la cantidad.
  • Una pizca de sal.
  • 100 gr. de azúcar.
  • 2 huevos grandes.
  • 8 ml. de esencia de vainilla.
  • 100 ml de crème fraîche.
  • 50 gr. de mantequilla derretida.
  • 3 manzanas, aunque parezca mucha, se debe echar toda
  • 8 gr. de azúcar vainillado y/o azúcar glasé para espolvorear.
(1) Tamizamos la harina con la levadura y la sal. Reservamos.

(2) Batimos los huevos con el azúcar hasta que quede espumoso. Añadimos la esencia de vanilla y la mantequilla derretida pero fría. Batimos.

(3) Poco a poco, echamos la harina y seguimos mezclando. Por último, añadimos la crema y combinamos hasta obtener una masa suave y homogénea. Precalentamos el horno a unos 180 ºC.
Engrasamos y enharinamos el molde, eliminando la harina sobrante. He usado uno cuadrado de una cuarta por cada lado ;-). Echamos la masa sobre el molde. Parece poca cantidad, pero todavía faltan las manzanas y que crezca en el horno.

(4) Pelamos las manzanas y las limpiamos. Las cortamos en tiras finas y, a medida que las vamos cortando, las añadimos a la masa en forma horizontal, haciendo presión para que se bajen y repartiéndola por toda la masa. Parecen muchas pero, como el bizcocho crece tanto, veréis que no son demasiadas. Cuantas más mejor.



(5) Cocinamos en horno precalentado a 180º C durante unos 35 minutos. Espolvoreamos azúcar vainillado, dejamos enfriar en el molde y, una vez frío, espolvoreamos con abundante azúcar polvo.


No dudéis que está muy bueno, siempre que os gusten los postre caseros. Aunque no os gusten, os gustará también ;-). Siempre se puede volver a empezar… recordad, es un bizcocho.

(…)
"Don't you know, little fool,
you never can win?
Why not use your mentality,
step up, wake up to reality?"

But each time I do
just the thought of you
Makes me stop just before I begin
'Cause I've got you under my skin.
Yes, I've got you under my skin


Zorza

Mañana de Septiembre

Made in Galicia

No es que esté totalmente seguro de ello, pues pocos diríais que las crêpes son también gallegas, las filloas. A veces sólo cambia el nombre, por ello dejémoslo en “zorza al estilo gallego”. Es, básicamente, la empleada para rellenar los chorizos.

Al lomo de cerdo es lo que en Galicia se llama “raxo”, aunque también se le denomina “raxo” a un plato de lomo condimentado, similar a éste pero sin pimentón. Con pimentón se conoce como “zorza”, que recuerdo haber visto en otras comunidades, Asturias, por ejemplo, si bien mucho más troceada.

Mucha gente la compra preparada en los supermercados. Sinceramente, les daría varias razones para que lo hagan en su propia casa:

- La calidad de la carne. La que venden ya preparada está troceada y adobada, no podría asegurarse que la carne sea verdadero lomo de cerdo o, por lo menos, no todo lo magra que uno desea.

- No todas las zorzas son iguales y, por ello, difieren de un supermercado a otro.

- Nos permite trocear la carne del tamaño que deseemos y dependiendo de la finalidad: pinchos (brochetas), empanadas,..

- Lo condimentaremos a nuestro gusto: más o menos picante, pimentón o incluir alguna otra especia que no siempre se añade, por ejemplo, laurel.

- Podremos aprovechar otros tipos de carnes que nos haya sobrado de la preparación de otro plato. He llegado a hacerla con ¡pechuga de pollo!, no sabe igual pero está (también) muy rica.

- Disfrutar de la cocina. Y mucho más…

La zorza está buenísima frita, con patatas, en bocadillo, en empanada,… Ésta la he dispuesto en brochetas aunque, por su reducido tamaño, podríais suponer que la había reservado para una empanada, y así ha sido.

Septiembre

Uno de los meses malditos por excelencia. Vuelta al trabajo y síndrome post-vacacional, vuelta al colegio, bajada de las temperaturas, vuelta a la rutina, reducción considerable de horas de sol, vuelta, vuelta,… ¡y eso son problemas! Para mí ya no es lo que era, pero sigo teniéndole cierto cariño, aunque este año me haya recordado mi despiste con la recogida de moras ;-). Demasiado tarde.

Promesas. Es el mes de las promesas y objetivos, como si el año empezase en septiembre. Retos de todo tipo: de aprendizaje, estéticos, de relaciones personales,… Se diría que llenamos el cajón de promesas que volveremos a abrir el próximo año porque, con casi toda seguridad, hemos sobreestimado nuestra capacidad o, sobre todo, nuestro deseo de obtenerlo. Si los deseásemos con todas nuestras fuerzas sería mucho más sencillo.

Las playas, ya casi vacías, se convierten en pequeños paraísos con las fuertes mareas de septiembre. Todavía limpias, uno puede sorprenderse con las pequeñas alegrías que genera un simple paseo en solitario por la arena. Ya no hay colas ni grandes esperas, el sol tiene el peso exacto, el justo para poder pasar el día sin miedo a quemarse. Esta tarde el atardecer a sido de ensueño.

Los higos, las castañas, las uvas…. Lo más gracioso es la facilidad que adquiero para acercar el brazo a las ramas de algún árbol que se asoma a la carretera. No es robo, es salvación, evito que acaben trituradas por los coches al borde de la carretera. Con las uvas tengo mis razones para desearlas menos, aunque en el fondo le sigo teniendo un cariño especial a la vendimia.

Ya hay excusa para estar en casa, simplemente, leyendo, hablando, escribiendo o… cocinando. El cuerpo vuelve a tener un ritmo constante, unos horarios más razonables. Unos momentos para escribir alguna pequeñez en el blog… porque mañana (hoy ya) tendré que levantarme a las 7 y media.

Ingredientes
  • Carne de cerdo, mejor lomo, unos 250 gr.
  • Sal y pimienta blanca o negra molida.
  • 3 dientes de ajo.
  • 1 cucharada de pimentón dulce.
  • Un poco de pimentón picante (a gusto).
  • Una cucharadita de orégano.
  • Unas ramitas de perejil picado.
  • Una hoja de laurel picadita (opcional).
  • Aceite, un chorro generoso.
  • Un chorrito de vino o agua, ayuda a que ligue y le da cuerpo. Prefiero un poco de vino Albariño.
(1) Troceamos la carne en fragmentos más o menos pequeños, dependiendo de la finalidad (empanadas, bocadillos, pinchos,…). Salamos.

(2) Preparamos el adobo. Picamos el ajo, el laurel y el perejil muy finos, les echamos el pimentón dulce (abundante), pimentón picante, pimienta recién molida, una cucharadita de orégano, el laurel, un chorro generoso de aceite y un poco de vino blanco o agua. Mezclamos bien hasta formar el adobo. Si fuese necesario echamos más aceite y/o vino blanco.


(3) En un cuenco mezclamos la carne con el adobo, hasta que se impregne considerablemente. Dejamos reposar entre 12 y 24 horas, tapado y removiendo periódicamente para que coja sabor y no se seque. Ya está.


Lo preparamos como más nos guste o apetezca: a la plancha, en bocadillo (rico, rico), en brochetas, en empanada,… (¿Me estoy repitiendo?).

Bueno, aunque es septiembre, el tiempo apremia. O precisamente por ser setiembre.

viernes 14 de septiembre de 2007

Galletas de chocolate, nueces y… vainilla

Sabores son amores

Nos vamos de fin de semana. En esos casos la tradición dice llevar algo transportable, algo que pueda soportar el viaje, aunque sólo sea durante una hora: las galletas sorprendentes.

No me gusta emplear ingredientes ya preparados (hojaldres, natillas,…), sólo materias primas básicas. Únicamente hago una excepción, cuando quiero dar sabores a los postres. Sólo en ese caso me permito usar polvos de natillas u otro componente que incluya algún aromático. Éstas llevan unos polvos para pudin, su función no es como espesante, por lo menos no su función básica, se emplea para darle un sabor a vainilla. Si disponemos de algún otro aroma que nos guste y pueda encajar con el chocolate (y/o las nueces) podemos usarlo sin problemas.

A fin de cuentas, ¿qué materia prima no está previamente elaborada? Hasta la harina sufre un proceso de molido y conservación que no podría reproducir en casa.


Mujeres (confidentes) y hombre desesperado

Sin acritud. No había reparado hasta haberlo comentado con M. Debía ir al oftalmólogo. Repasando el cuadro médico de oftalmología de Adeslas en la ciudad de Santiago se presenta una lista de unos 8 médicos, uno incluso en mi propia calle. Pero mi instinto me lleva a elegir a la única médico del cuadro, aunque tuviese que andar durante unos 15 ó 20 minutos.

En las consultas médicas prefiero a las mujeres porque, aunque no se puede generalizar, suelen ser más concisas y claras, por lo menos conmigo. Tienen un equilibrio personal que llevan a su trabajo como médicos. Con los médicos varones no suelo sentirme tan cómodo. Cosas de hombres.

Esto no viene de ahora, ya en la época de tesina y de trabajo en el cesga estuve durante una temporada compartiendo piso con dos chicas, Araceli y Susana. Recuerdo que pasábamos muchas veces hasta altas horas hablando de temas más o menos trascendentales. El arte y la vida se presentaban ante nosotros sin tapujos. Existía un filling que no había conseguido con ningún compañero o amigo, con ellos los temas eran más banales. Después también estuvo aquella (breve) época, creo que un par de meses mientras buscaba piso, con Rocío y aquella chica extrovertida cuyo nombre no recuerdo. En cambio, sí me acuerdo de sus interminables historias multirraciales llenas de consejos sin fondo.

En casa, las conversaciones, las confidencias y los desahogos siempre han sido con mi madre y mi hermana mayor, Loli. Con Martín también, pero era demasiado pequeño como para poder hablar abiertamente de ciertos temas, no porque no pudiese entenderlos, sí por esa necesidad de conseguir esa empatía que se logra con alguien que los haya tenido más cercanos. Martín era (y es) hermano, mi mejor amigo y compañero de “juegos”.

Mis sensaciones y sensibilidades se acercan más (o mucho) a las femeninas, incluso en esos casos en los que mis problemas parecen no tener absolutamente nada en común. Aunque, como en todo, nunca se puede generalizar. Tal vez por eso me emocionen películas de o sobre mujeres (“Rompiendo las olas”, “Mi vida sin mí”,…), o libros de temática claramente feminista (reseña del último libro: “… la autora consigue una hazaña: que el lector se identifique con esa mujer, mortífera y sarcástica pero también divertida, y que explore un tabú extremadamente fuerte,…”), o valore el pensamiento y fortaleza interior frente a la física, que poseía pero he perdido con los años ;-). Los músculos han crecido hacia dentro.

Ingredientes
  • 140 gr. de harina [70 gr.]
  • ½ cucharilla de bicarbonato sódico [1/4 cdta.]
  • 115 gr. de mantequilla, reblandecida a temperatura ambiente. [57 gr]
  • 85 g. de azúcar moreno [43 gr.]
  • 25 gr. de azúcar blanco [13 gr.]
  • 45 gr. de polvos de vainilla para pudin/natillas (puede ser de cualquier otro sabor) [22 gr.]
  • 1 huevo [26 gr.]
  • 1 cucharilla (5 ml) de extracto de vainilla [2 ml]
  • 165 gr. de trozos de chocolate [82 gr.]
  • 60 gr. de nueces picadas [30 gr.]
(1) Tamizamos la harina y mezclamos con el bicarbonato, opcionalmente una pizca de sal, sólo una pizca. Reservamos. Troceamos el chocolate y las nueces. Reservamos.

(2) Batimos la mantequilla, que hemos retirado previamente del frigorífico, con los azúcares. Cuando esté cremoso añadimos los polvos de pudin y batimos. Añadimos el huevo, la esencia de vainilla y seguimos batiendo. Por último, echamos la mezcla de la harina. Mezclamos. Precalentamos el horno a 175º C.

(3) Añadimos los trozos de chocolate y nueces. Mezclamos hasta que quede una pasta homogénea. Formamos bolas y las ponemos sobre una bandeja con papel de hornear o de silicona.


(4) Horneamos entre 10 y 15 minutos, dependiendo del tamaño y lo crujientes que las queramos. Lo ideal es retirarlas cuando estén algo tostaditas por los bordes. Hay que tener en cuenta que las galletas se endureces al enfriar. Esperamos a que se endurezcan un poco antes de retirarlas de la bandeja.


Como se hornean por tandas podemos probar con diferentes tiempos y texturas.


Ricas, ricas, además permite jugar con diferentes sabores y aromas.

Feliz fin de semana!

jueves 13 de septiembre de 2007

Brownies con queso

Un poco de historia, con minúsculas

Versiones 2

Dada la infinidad de posibilidades que ofrece la receta básica del brownie, me he propuesto hacer uno por semana, modificando elementos y probando recetas diferentes e ingeniosas (o eso espero). Rellenos, chocolates, proporciones, horneados,… “para todos los gustos”.

Antes siempre me conformaba con la primera solución, si resultaba, ésa sería mi receta. No me planteaba que otras opciones pudiesen resultar igualmente apetecibles. Es curioso que en otras facetas de la vida hubiese pensado de modo totalmente diferente. Siempre he pensado que no existe lo bueno ni lo malo, o que el filo que lo separa es muy fino y relativo; un seguidor de Galileo convencido.
En cuanto a las recetas, ahora actúo de un modo diferente. Hay muchísimas recetas de brownie, dispares e incomparables, todas ellas ricas. “Incomparables” en sentido literal: no se pueden comparar, porque son diferentes, sabrosas y para gustos.

Recuerdo que existió (pasado) una etapa en la que hacía tablas con los ingredientes de las distintas opciones. Siempre escogía aquella que, en promedio, se desviaba menos de la media o incluía los ingredientes de un modo que consideraba más coherente. También hacía medias o promediaba ingredientes.

Empiezo esta semana con esta versión de brownie “diferente”, tanto que podría llamarle “pastel de queso y chocolate”. Con ese nombre pasaría desapercibido algo que en realidad es un brownie. Hidden, oculto. Porque si algo caracteriza a los brownies es la mantequilla, el chocolate (en todas sus versiones), el azúcar, los huevos y la harina, ésta en menor cantidad. En las proporciones y el relleno es en dónde residen las diferencias. Nueces (macadamia, pecanas,…), almendras, perlas de chocolate, avellanas,…. Como en las personas, todos somos seres humanos pero en las proporciones está la diferencia y, como en el postre, para gustos. No diré esa famosa frase de George Orwell: “Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros”, tiene un poso que no acaba de convencerme. Para interpretaciones.

Hoy

Hoy ya es otro día. He dormido algunas horas (no podía más después de las pasadas noches de insomnio), he hecho casi todo lo que tenía que hacer esta mañana, he cocinado varios platos muy ricos y tenía este postre. No se puede pedir más, suficiente después de la agonía. Sí, tiempo para descansar y algo de ocio.

Al final la reunión de M ha sido a las 6:30 PM, me he conformado con una hora de banco el en parque más cercano. Un libro, unas notas y un leve paseo. Me he encontrado con gente solitaria. Una joven, de unos 40 años de edad, fumaba mientras paseaba a su perro; otra se sentó por un momento mientras leía los mensajes del móvil; un niño daba vueltas en su bicicleta de forma incansable, mientras, yo lo observaba con envidia cuando pasaba frente a mi y levantaba la mirada del las hojas del libro; una pareja, abstraída totalmente del entorno, se revolcaba al sol; todo parecía tener vida de modo independiente, ajeno.

Estoy leyendo un libro. Siempre estoy leyendo un libro, o dos, o más. Éste lo descubrí por casualidad en un aeropuerto, ya tenía mi dosis de literatura en la maleta pero el título y el argumento prometía tanto que lo colé en la lista, pasé por alto la máquina del ticket de la charcutería. No diré el nombre, sólo que su autora es mujer y que lo ha publicado Anagrama. M se ha asustado ante el argumento, debe pensar que es una indirecta. No lo es, es una directa. Quiero que reflexione ante las ironías de lo cotidiano, lo que nadie se plantea o cuestiona: “es lo mejor que me ha pasado en mi vida”, ¿seguro? Le recomendaré que lo lea, cuando yo lo acabe, eso sí.


Akhenatón

El hereje. De en entre todos los faraones, Akhenatón fue quien, de un modo u otro, trató de aportar algo diferente en una sociedad politeísta y demasiado temerosa de los sacerdotes del templo de Amón.

Podría decirse que no estoy demasiado interesado en la cultura del antiguo Egipto, tal vez porque creo que tendemos a magnificar su sociedad y sus logros, que poco evolucionaron en casi 3000 años. Tras esa presunta alabanza, en el fondo no significa más que tratarlos como si hubiesen estado lejos del “homo sapiens”: “Fíjate lo que han conseguido construir”, “Ahh, y cultivaban cuando no había crecidas”… Es el mismo tipo de expresiones que se aplican cuando un niño nos sorprende con alguna acción o comentario, como si no tuviesen cerebro. La ausencia del habla no implica falta de inteligencia y los bebes, como seres humanos, son muy inteligentes, no debía sorprendernos. Supongo que detrás está el orgullo de sus padres.

Ha habido un pequeño libro, que leí en un breve espacio de tiempo (casi) durante el vuelo a Egipto, que despertó en mí un interés por esa cultura: Akhenatón, de Naguib Mahfuz. El libro narra, a modo de simulada entrevista con personajes contemporáneos del faraón, su forma de pensar, representado unas miras adelantadas a su tiempo.

Una vez dentro del museo del Cairo, y tras una guiada y rápida visita a las “joyas” del museo, tesoro del Tutankhamón incluido, descubro en una pequeña sala de la planta baja varios elementos que recuerdan “al olvidado”. Porque casi no se habla de él ni de sus logros, de su interés por la cultura, la creación de un Egipto monoteísta (dios Atón), la exaltación de la mujer, su desprecio por las guerras que lo llevó a perder parte de sus territorios,… Me sorprendo que las pocas estatuas del faraón lo representen con cuerpo de mujer y cabeza de hombre. Con ello pretendía mostrar la naturaleza dual de “su” dios, hombre y mujer. La mujer como elemento de creación de vida.

De ese personaje huyen los y las guías. No he encontrado ninguna referencia a ese hecho. De Tutankhamón, insignificante faraón (se dice que hermanastro o incluso hijo) impuesto por los sacerdotes para intentar recuperar el poder, se han escrito demasiadas historias.

Se han escrito bastantes leyendas e imprecisiones sobre Akhenatón (tras su muerte se borraron todos sus rastros), pero sí se dan por ciertos algunos hechos: desplazó la capital de Tebas hasta un asentamiento cerca de Amarta, con el fin de quitar poder a los sacerdotes del dios Amón que residían en Tebas; estableció un nuevo camino religioso y artístico, implantando el culto monoteísta al dios solar Atón; dio gran importancia a la figura de la mujer, personificada en la figura de su esposa Nefertiti; se preocupó más por lo divino que por lo humano, era un hombre de ideas; por un motivo u otro (se dice que fue asesinado por los sacerdotes) con su muerte finalizó ese período de esplendor artístico e innovador en el que su sucesor, Tutankhamón, devolvió la capital a Tebas y restauró el culto a los antiguos dioses; se sabe que tenía una sensibilidad por las artes y que es de los pocos faraones que se han representado con una apariencia más humana (naturalista) y menos divina; etc.

Tras su muerte se intentó borrar casi toda referencia a su reinado, por suerte, no lo consiguieron del todo… Muestro un fragmento del Himno de Atón, compuesto por él mismo y que podría recordar a más de un pasaje bíblico:

Eres Tú quien desarrolla el embrión en la hembra,
Tú quien crea la simiente en el varón,
Tú quien da vida al hijo en el seno de la madre,
Tú quien le mandas el consuelo que apacigua sus lágrimas…

Es curioso que un agnóstico reconocido como yo ensalce las cualidades religiosas de un faraón, sobre todo en lo referente a la exaltación de la mujer o su desprecio por lo humano frente a los divino.

Ingredientes

Para la capa de queso
  • 125 gr. de queso ricotta
  • 75 gr. de queso crema
  • 30 gr. de azúcar
  • 4 ml. de extracto de vainilla
  • 1 huevo
  • 60 gr. de crema fraîche
  • 10 gr. de harina
(1) Batimos el queso crema con la ricotta y el azúcar. Una vez esté cremoso, añadimos las vainilla y el huevo, todo ello sin batir demasiado.

(2) Por último echamos la crema fraîche (en algunos establecimientos ya han castellanizado el nombre y le llaman “crema o nata fresca”), mezclando con cuidado, y la harina tamizada. Removeremos suavemente y sólo lo suficiente para que no queden grumos. Reservamos (ya se podría tomar a cucharadas…;-))

Para el brownie
  • 100 gr. de mantequilla
  • 150 gr. de chocolate negro, mínimo de 70%
  • 3 huevos
  • 100 gr. de azúcar
  • 4 ml. de extracto de vainilla
  • 75 gr. de harina
  • Una pizca de sal, realza el sabor del chocolate.
(1) Derretimos el chocolate con la mantequilla en el microondas. Cuando la mantequilla se haya derretido, retiramos del microondas y removemos con ayuda de una espátula hasta que esté totalmente homogéneo e incorporado. Reservamos. Precalentamos el horno a 180º C.

(2) En otro cuenco (¿por qué siempre digo bol?, es un anglicismo de blowl) batimos los huevos con el azúcar, la vainilla y la pizca de sal hasta que quede espumoso. Añadimos la mezcla de chocolate, no caliente para que no cuaje el huevo. Echamos la harina tamizada (importante para no formar grumos) y removemos con la espátula hasta que se haya mezclado bien.

(3) Vertemos sobre un molde engrasado y enharinado, eliminando la harina sobrante. Sobre esta masa echamos, inmediatamente, la masa de queso. Si esperamos demasiado no se introducirá en la misma tan fácilmente y sería necesario pinchar con una brocheta o cucharilla. Tampoco sería un problema, nos quedarían dos capas más homogéneas.
El postre está pensado para que no quede homogéneo, de formas irregulares y con el queso entremezclado con el chocolate. Hacedlo como más os guste o más cómodo resulte: usar brochetas, pinchad con cucharas, en capas, etc.

(4) Damos unos golpecitos para alisar (algo) la superficie e introducimos en el horno durante unos 20 minutos o más. Según gustos, si os gusta más o menos hecho. Yo le he apagado antes de los 20 minutos y lo he dejado unos minutos más en el horno. La próxima vez lo dejaré más crudo.
Mejor frío y de un día para otro, caliente no tiene ese sabor que se realza al haber reposado en el frigorífico. Cortamos cuando haya enfriado del todo y comemos.

Muy rico. Creo que me gustan más cuanto más crudo quede, con pequeñas porciones casi sin cocinar. Para mi gusto es mejor que no se pase lo más mínimo.

La elección va a ser muy difícil. Creo que todos los brownies que he probado están muy buenos.

miércoles 12 de septiembre de 2007

Cañitas de crema (versión 2)

Versiones

Si hay una versión 2 debería haber una versión 1, y la hay, sólo que no ha sido publicada. La versión 1 es todavía más sencilla. No lo dudéis, también hay versión 3,… hasta una más trabajosa estilo hojaldre. Pongo ésta porque, aún siendo sencilla, da unos muy buenos resultados, sobre todo si las rellenamos en el último momento para evitar que se reblandezcan. Muy ricas.

La versión 1, cuyo origen es de mí tía Mercedes, es tan sencilla que cabría en un párrafo: dos partes de agua templada por una de aceite u otra materia grasa, sal y harina en la cantidad que admita. Se forma un volcán con harina y sal, se echa en el centro el agua templada y el aceite. Amasamos y echamos la harina necesaria para que la masa quede algo blanda pero no pegajosa. Seguimos amasando, sin hacerlo demasiado, hasta obtener una masa homogénea y dejamos reposar un mínimo de media hora. El resto es del proceso coincide con éste. Puede emplearse para unas empanadillas.

Ayer

Ya empiezo, o acabo, como siempre por estas fechas, no es que tenga problemas con el síntoma post-vacacional, más bien es al contrario. Las vacaciones me han destrozado. Muchas razones. En invierno hay excusa para poder dedicarse a uno mismo, el trabajo y los estudios permanentes son razones más que suficientes para poder decir “no”. Durante el verano alguien se ha hecho la idea de que tengo más tiempo, que el tiempo debe ser dedicado a otras actividades, a estar pendiente de los demás, a hacer lo que tú deseas.

La mañana se ocupa con las labores cotidianas: limpieza, cocina y algún recado. La tarde está a tu disposición. Dispones. Dirás que no tengo razón, que es falso, te lo he dicho más de una vez pero… ¿has pensado cuantas veces he ido al cine durante el verano?, ¿cuántas veces he dicho qué hacer durante la tarde?, ¿cuántas veces he visitado a mis padres?, ¿quién toma esas decisiones? Sé que a las cinco tienes reunión, no tendré tiempo para ir al cine pero intentaré salir y dar un paseo por Santiago o, si me apetece, iré hasta Bonaval (1, 2). Los nichos vacíos no molestan, más bien reconfortan. La vista es grandiosa.

Sabías que no quería viaje organizado, que prefería todas las visitas “por nuestra cuenta”, ésas en las que nosotros guiamos nuestro tiempo. Por eso prefiero las ciudades. Que no te digan a qué hora levantarnos. Esa es la premisa de unas vacaciones: tú eres dueño de tu tiempo. Lo sabías pero antepusiste tus intereses, cogiste “ese viaje”. No te lo echaré en cara, porque esto no lo leerás, sólo soltarlo al viento y recordarte lo que ya sabes.

Pensarás que soy injusto contigo; que sí te preocupas; que por comprarme (como a un niño) un paquete de gominotas has sido generosa; que la generosidad material es suficiente. Nada. También sabes que durante el viaje necesitaba ir a correr, para mí más importante que la luz del día, ese momento en el que mi cuerpo se mueve sin un fin claro ni determinado, sólo correr, desahogarme, estar solo frente a mis pensamientos. No podrías entenderlo, y pocos lo hacen. Ni ese tiempo me fue (casi) concedido.


¿Hipocondríaco?

Hacía tiempo que no me pasaba. El verano es, para mí, época de médicos. Siempre me pasa algo, percibo alguna enfermedad desconocida. Anteayer noche empezó a llorarme, sin motivo aparente, un ojo, y así toda la noche. A las cinco y media de la madrugada (hacía tiempo que no me pasaba) me levanté sofocado y asustado. Las lágrimas me habían turbado la vista, formando una masa que me impedía abrirlo. Sudores y nervios, dormir poco.

Por la noche todo se magnifica. A la luz del día (Pepe) te diste cuenta de que tal vez no era nada, quizás la tensión, quizás el cansancio. Tal vez la noche y el estrés te hayan jugado una mala pasada. A media mañana casi habías dejado de llorar (por fuera).

Deja de pensar. Descansa. No pidas demasiado de ti mismo. Sal a correr un rato. Hace sol, espera que caliente el ambiente y sé feliz, por lo menos durante un par de horas.

Ingredientes
  • 175 gr. de harina + harina necesaria para obtener una masa manejable pero blanda.
  • 1 huevos ligeramente batido
  • 50 ml de leche templada
  • 35 ml de mantequilla fundida, pero no caliente
  • 8 ml. de anís
  • 20 gr. de manteca de cerdo
  • 1 cucharilla colmada de azúcar
  • Sal, media cucharilla, aproximadamente
  • Ralladura de limón
  • Relleno: crema pastelera u otro al gusto.
(1) Tamizamos la harina con el azúcar y la sal. Formamos un volcán e introducimos la mantequilla derretida, el huevo, el anís y la manteca de cerdo. Removemos un poco y echamos la leche templada (importante).
Añadimos la harina necesaria para que la masa sea manejable, no pegajosa, pero blandita. Amasamos lo justo, hasta tener una pasta homogénea, así no cogerá correa que es lo que hace que se retraiga al estirarla.
También podríamos, directamente, amasarlo todo en un bol sin tener que hacer ningún volcán.

(2) Dejamos reposar durante unos 40 minutos o más. Con este proceso lo que conseguiremos es que la masa no se contraiga al ser extendida. Cuanto más reposo, mejor.

(3) Una vez la masa haya reposado la retiramos en pequeñas porciones. Echamos aceite de girasol sobre una superficie y sobre el rodillo y la extendemos hasta que quede bien fina, cuanto más mejor (importante). Cortamos y envolvemos el molde para cañitas. De uno a uno. Una vez envuelto debe ir directamente a la sartén.
De pequeño, o no tanto, los moldes lo hacíamos con cañas secas.

(4) Freímos en un aceite suave a alta temperatura, mejor de girasol y con un poco de manteca. A medida que se va haciendo vamos girando la masa para evitar que se queme. Dejamos escurrir en papel absorbente y retiramos el molde. Esta masa ya está deliciosa por sola, sin compañía.
Este punto es mejor hacerlo con ayuda de otra persona. Mientras uno estira la masa muy fina, otro fríe.

(5) Una vez templado, los rellenamos con crema y los espolvoreamos con azúcar polvo.

La masa aguanta en muy buen estado, tapada con un paño, varios días. Mejor rellenarlas en el momento. Pueden rellenarse de crema pastelera, chantilly, crema de chocolate, etc.

Si nos gustan crujientes lo mejor es rellenarlas unas horas antes como mucho, la crema podría reblandecer la masa. A mi cuñado le gustan blanditas, a mí crujientes.

lunes 10 de septiembre de 2007

Pastel ruso con crema “frangipane” (franchipán) – Crema frangipane

¡Viva la diferencia! Contradicciones

Aunque ya han pasado casi dos semanas desde la elaboración de este postre, ha habido dos razones principales para presentarlo hoy. La primera es obvia, el viaje; la segunda se debe a que el día antes de partir descubrí que la crema frangipane se hornea con unos magníficos resultados de aspecto y de sabor. Su versión con hojaldre estaba buenísima pero, como dirían en algún museo o centro turístico: “no photo”. He esperado a repetir el postre e incluirlo en el “paquete”, al final he optado por cambiar y posponer esa receta para otro momento.

Cuando la ponga con hojaldre, sencilla pero con un par de detalles, sería muy bueno estar alerta.

Los rusos

… aman a sus hijos también”. Por muy diferentes que parezcamos los unos de lo otros: blancos, negros, cristianos, ateos, islámicos, amarillos, mulatos, árabes,… Todos aman a sus hijos, lloran y, si pudieran, reirían. Muchos no tienen (o les damos) esa oportunidad.
Cuando estas de vuelta es muy sencillo plantearse en la distancia todas esas preguntas. Tal vez mañana esté pensando en cosas más banales. Aprovecharé el momento.

Hemos viajado a muchos países, algunos en estado de pobreza extrema, otros, aún estándolo, el “viaje enlatado” nos ha impedido percibir “lo auténtico”. No hablaba de Rusia, que se ha convertido en lo que ella antes más aborrecía: lo bueno, ¿la libertad?, y, sobre todo, lo malo del capitalismo. Esas diferencias extremas entre unos pocos y otros muchos, cada vez más acentuadas. No es política, es humanidad. La libertad interesa en el mundo occidental, en esencia la libertad para consumir, sobre todo eso.


En Egipto, mi sorpresa ha sido relativamente grande. Después de haber visitado varios países “en vías de desarrollo” (emplearé ese eufemismo, pues ni ahora tengo más luces, ni creo que concretar sea bueno: ¿quién o qué se desarrolla?) llenos de contradicciones o contrastes: de extrema riqueza (muy pocos) a extrema pobreza, he descubierto que Egipto es un país mucho más “avanzado” (otra pregunta: ¿qué es el progreso?) de lo que había imaginado. He visto gente amable, feliz, buena y sincera, sobre todo cuando me escapaba de los circuitos turísticos e íbamos por nuestra cuenta. He visto un respeto por otras confesiones religiosas que no se percibe aquí. Todavía estamos discutiendo si somos o no un país laico. Egipto no lo profesa abiertamente pero existe una libertad absoluta al respecto. Desconocía, por ejemplo, que la religión islámica permite el divorcio.

Contradicciones

Aún no siendo un viaje extremadamente largo: 4 a 5 horas, de vuelta me ha dado tiempo a reflexionar sobre algunas contradicciones. No penséis que son grandes o profundas, son meras muestras de ¿ausencia de sinceridad? con uno mismo o con los demás. En muchos casos se debe al hecho de tener que “reaccionar tal y cómo se espera de cada uno de nosotros en momentos puntuales”, muchas veces incluso podría causar rubor sólo pensarlo. Ejemplos:

(*) La muerte de un ser querido. Sí, ese hecho puede llevar a una contradicción que nunca admitiríamos. En muertes de familiares en situación terminal, vejez,… ¿nunca habéis pensado que, tras la pena de los familiares, pueda existir una sensación de alivio por la “carga” que han dejado? ¿Sería bochornoso mostrar cierta sensación de “alegría” por ese hecho?

(*) Los regalos. Esto es algo que me ha pasado o me pasa con frecuencia. Cuando hay motivo de una celebración se me presentan dos contradicciones: un deseo de no ser felicitado, de que no se gaste ni un céntimo en regalarme nada pero, al mismo tiempo, uno se siente apenado si no se hace. Como si la ausencia de un regalo, ausencia deseada inicialmente, implicase una falta de afecto de los demás hacía mí. No quiero regalos pero su ausencia provoca incomodidad.

Existen infinidad de casos más: esa necesidad de viajar, ese deseo de estar en otro país pero, una vez allí, esa añoranza entorno cotidiano; etc.


Crema frangipane (franchipán)


Es una crema laboriosa, que no difícil, pues se realiza en dos fases. En primer lugar se elabora una crema de almendra (franchipán) sencillísima, posteriormente se le añade una crema pastelera, en torno a 1/3 de la crema de almendra.

A la crema de almendras sin crema pastelera también se le suele llamar, simplemente, franchipán. Sin la crema pastelera acostumbra a llevar la mitad de mantequilla pero, aún así, resulta menos compacta pero igualmente sabrosa. El único inconveniente es la cantidad de cazos necesarios, por lo demás, se conserva muy bien en el frigorífico. Si todavía no la habéis probado, descubriréis una de las mejores cremas para rellenar masas, tanto para ir al horno (hojaldre, masas dulces,…) como previamente horneadas (como en este caso).

Una vez elaborada la crema frangipane, por su contenido de mantequilla y sobre todo en verano, si no se va a hornear, debe guardarse en el frigorífico hasta el momento de consumir. Si se hornea no existe ese inconveniente.

Ingredientes
  • 100 gr. de almendras molidas. [50 gr.]
  • 100 gr. de azúcar polvo. [50 gr.]
  • 100 gr. de mantequilla. [50 gr.]. Si no se le añade crema pastelera, empléese la mitad de mantequilla para que tenga más consistencia.
  • 1 cucharilla de maicena (7 gr.) [3 gr.]
  • 2 huevos (unos 70 gr.) [1 huevo]
  • Aroma (no es opcional, sí la elección), unos 2 ml: unas gotas de licor kirsh, esencia de vainilla ó esencia de almendras amargas. También suele aromatizarse con ron.
  • Crema pastelera, unos 130 gr.; suele emplearse en torno a 1/3 del peso de la crema de almendras formada anteriormente. [65 gr.]
(1) Ablandamos la mantequilla con ayuda de una espátula y sin que llegue a tomar aire, sobre todo si va a ir al horno. Si cogiese demasiado aire se hincharía en el horno para desinflarse de forma heterogénea al salir.
Si no se va a introducir en el horno puede espumarse sin problemas, de hecho, he leído recetas que recomiendan que tome aire.

(2) Echamos el azúcar polvo y las almendras molidas (tamizadas), removemos y seguimos añadiendo la maicena, los huevos, uno a uno, y el aroma. Suelo echarle licor kirsh, pero puede aromatizarse con una gota de almendras amargas (lo más usual), esencia de vainilla y/o ron. Supongo que tampoco le vendría mal un poco de amareto.
Mezclamos despacio hasta que quede una pasta homogénea.

(3) Añadimos la crema pastelera, aproximadamente la cantidad igual a 1/3 del peso de la masa anterior, unos 130 gr. En realidad es a gusto, si nos gusta más o menos rebajada.

(4) Si es para hornear, rellenamos la tarta y la introducimos en el horno. Si es para tomar en frío debe guardarse siempre en el frigorífico y tapada con un film plástico.


Si sobra, pueden hacerse pequeñas tartaletas con masa quebrada o dulce y frutas, hojaldres horneados, etc.


Pastel Ruso con crema “frangipane”


Existen muchas recetas de pastel ruso, pero todas ellas se basan en unos discos de merengue de almendras y/o avellanas, la mayoría rellenos de una crema muselina (crema mantequilla + crema pastelera + aroma). En “mi” versión he empleado una crema frangipane (crema mantequilla de almendra + crema pastelera + aroma) que ha quedado con un sabor único. Eso sí, como no va al horno debe conservarse en el frigorífico, nada de llevarla a casa de la suegra, a no ser que tengáis la (mala) suerte de vivir el la misma localidad. Lo siento ,-).

Ingredientes
  • 45 gr. de almendras molidas
  • 40 gr. de avellanas molidas
  • 150 gr. de azúcar en polvo (65 gr. + 85 gr. para levantar las claras)
  • 5 claras de huevo
  • 1 pizca de sal
  • Azúcar glasé para espolvorear.
  • Relleno: Crema frangipane, la cantidad necesaria para el relleno, menos de la mitad de la indicada en la receta.
(1) Tamizamos las almendras y las avellanas molidas. Añadimos 65 gr. de azúcar polvo. Mezclamos y reservamos.

(2) Se montan las claras a punto de nieve con un chorrito de limón. Cuando empiecen a motarse vamos añadiendo, poco a poco, el azúcar glasé (85 gr.) hasta que quede un merengue firme.

(3) Con ayuda de una espátula y de forma envolvente, añadimos poco a poco la mezcla de almendras, evitando que se baje. Precalentamos el horno a temperatura media-baja, entre 165-180ºC, dependiendo del horno.

(4) En una bandeja con papel de hornear dibujamos dos discos de unos 22 cm. de diámetro. Introducimos la masa en una manga de boca ancha y, empezando desde el centro, formamos los discos de unos 20 cm. de diámetro. Se empelarán dos bandejas, una para cada disco, o una grande. También podemos extenderlos con una espátula.

Espolvoreamos los discos con azúcar glasé, dejamos que repose un poco, unos 10 minutos, y volvemos a espolvorear cada disco de nuevo.

(5) Horneamos durante unos 25-30 minutos, hasta que tenga un tono tostado. Dejamos enfriar totalmente antes de separarlos y rellenar. Una vez fríos los separamos con cuidado con ayuda de un escurridor plano o espátula.

(6) Si fuese necesario, recortamos los discos con apoyo de un molde, eliminado los bordes para que queden de igual tamaño y circulares. Rellenamos los discos con la crema frangipane, haciendo que la parte lisa (la inferior) de uno de los discos quede en la parte superior del pastel para que tenga una superficie lisa.

Cubrimos con unas almendras picadas o en láminas y espolvoreamos con azúcar glasé. Como lleva crema frangipane, reservamos en el frigorífico hasta el momento de comer, perdón, devorar!!, porque está riquísima. Esta vez, M y yo hemos coincidido ;-), alguna vez sería la primera.

Para amantes de las almendras y que no saben que hacer con unas claras que les hayan sobrado… y para todos los demás!.

Nota: téngase en cuenta que para la elaboración de la crema pastelera sobran claras, por eso es una buena recomendación, hacer antes el relleno que los discos de almendra que hacen de base. Si no sabemos que hacer con dos claras, tendremos ya suficientes para la elaboración del postre.

Pan blanco (de molde)

Disconnecting people

De vuelta, hoy un poco liado, demasiadas cosas que recuperar. Empiezo con un pan que me ha resultado inmejorable. Debo decir que a M le ha gustado mucho, pero prefiere otro pan que había elaborado el día de su santo: uno crujiente de pasas, nueves y aceitunas negras. Yo prefiero, sin dudarlo, éste: esponjoso, relativamente duradero, vicioso y sano.

Sólo una pincelada de vuelta de vacaciones. He recibido varios mensajes e intentaré responder en breve.

Hoy (espero) volver a poner más recetas, (espero) entrar de nuevo en la rutina del día a día. La felicidad de lo cotidiano. Ya os contaré algo del viaje, aunque siempre “vale más una imagen que mil palabras”, o eso dicen:


Flash Back, 5/9/2997

Porque esto no ha sido escrito ahora, mientras escribo. Porque ya ha sido (manus)escrito, permitidme la licencia, durante la subida del río Nilo hacia el Sur, porque también es una contradicción, el Nilo sube hacia abajo. El “alto Egipto” en el sur y el “bajo Egipto” en el norte.

Qué es “ahora”, mientras reescribiré estas palabras o cuando las estoy escribiendo (ahora) por primera vez. Por no hablar de la lectura, “ahora” siempre será cuando se lea. El ahora tampoco existe, el “ya” pierde su sentido al ser pronunciado, porque “ya” ha pasado. El tiempo está lleno de ellas, la vejez es la mayor contradicción de la vida, nacer para morir. Conozco el final de la historia.

Estoy oyendo, a lo lejos, la oración de alguna mezquita cuya vista no acabo de alcanzar… Tengo que dejarlo, M reclama mi presencia.

Disconnecting people, 6/9/2007

Ahora ya es ayer. Han pasado más de 24 horas y, tras un breve período de euforia, ya he vuelto a “conectarme” con el trabajo. Una llamada, estar pendiente de ciertas resoluciones (urgentes), ha sido más que suficiente.

Necesito desconectar en los próximos dos días, sé que será muy difícil y eso que, para mí, nos queda lo mejor: las grandes pirámides. Debí haberme quedado en “Tierra” disfrutando de lo cotidiano, situarme y poner en marcha mi reloj laboral. M no podía desperdiciar una semana de sus vacaciones, yo lo requería.


Panes y compañía (1)

Son dos panes, hoy presento uno, en estos días, junto con algún otro plato, presentaré el otro. Son dos estilos para dos caracteres: suave ó fuerte, esponjosidad duradera frente a tenacidad, sencillez frente a laboriosidad relativa.

Yo soy del plan blanco (éste), me ha impresionado, es “mi” estilo de pan favorito, para mi gusto insuperable, incluso al día siguiente estaba suficientemente blando. A M le gusta el pan más denso, para tomar caliente y recién hecho, crujiente y con toques de sabor (pasas, nueces, aceitunas negras,…).

Ingredientes
  • 235 ml de agua templada, unos 40º C. [117 ml]
  • 70 gr. de azúcar. [35 gr.]
  • 14 gr. de levadura de panadería. Puede emplearse levadura de pan seca en menor proporción, unos 10 gr. [7 gr.]
  • Unos 5 gr. de sal, algo menos que una cucharilla.
  • 30 ml de aceite de oliva [15 ml]
  • 410-420 gr. de harina de repostería [215] + alguna más para amasar (10 gr. ó más).
(1) Disolvemos el azúcar en el agua templada. Añadimos la levadura. Disolvemos bien, hasta que se formen burbujitas. Echamos la sal y el aceite.

(2) Echamos la harina, poco a poco y por tandas amasando en cada adicción. Amasamos en una superficie enharinada o bol hasta que quede una masa suave y homogénea. Si fuese necesario añadimos un poco de harina, sólo un poco, no debe quedar dura, más bien tirando a ligeramente pegajosa.

(3) Dejamos reposar en un bol con un poco de aceite (opcional) entre 1 (mínimo) a 2:30 horas.

(4) Pasado el tiempo amasamos la masa durante unos minutos y rellenamos un molde para cake (alargado) engrasado y enharinado. Dejamos reposar durante un mínimo de 30 minutos, hasta que haya sobrepasado un par de centímetros del molde.


(5) Horneamos a unos 175º C durante unos 30 minutos, dependiendo del tamaño. Cubrimos con un paño limpio.


Lo haré muchas veces, o eso espero. Es un perfecto pan esponjoso, bueno para desayunos o acompañamientos.

Siento no haber podido responder durante esta semana. Espero (por fin) poder volver a la “regularidad”.

sábado 1 de septiembre de 2007

Petit-choux

Un día de verano cualquiera (continuación)

¿Petisús?

Ya había puesto alguna receta de la pasta choux para unos profiteroles, pero diría que ésta es la definitiva y la que más me gusta. Por lo demás, la única diferencia radica en la forma del pastel. En este caso el pastel se elabora con formas redondeadas y del tamaño de una nuez. Como relleno puede emplearse crema pastelera, chantilly o incluso un relleno salado en base a queso crema o unos champiñones, por poner algún ejemplo. Los tradicionales y más populares son con crema pastelera y cobertura de chocolate.

Podría decirse que ésta es la continuación de las recetas clásicas de la semana, que había prometido elaborar de un modo diferente. Existe una tercera versión de pasta choux que también he hecho varias veces (y unas cuantas más sin probar), pero pienso que con ésta es más que suficiente. Es la que más me gusta y la que emplearé cuando os presente (algún día) la famosa tarta de Saint-Honoré.

Los puristas pasteleros dirán que los petit-choux deben rellenarse por la parte… ¡superior! ¿Cómo y por qué? Muy sencillo, así a la hora de comerlos nunca encontraremos el agujero, éste quedará tapado por la cobertura, bien sea de chocolate o de caramelo. El relleno debe hacerse con ayuda de una manga pastelera introduciéndola en una pequeña incisión en la parte superior y cerrándola con el chocolate. Por comodidad siempre lo he hecho con un corte en la parte inferior, más que nada para poder saber de qué relleno se trata y no emplear ningún utensilio más.

Ha sido, y es, uno de mis pasteles preferidos, aunque lo haga menos veces de las deseadas. Pronto tocará una versión salada.


Ese día de un agosto cualquiera: ayer (continuación)

… Me veía fregando y recogiendo los últimos platos antes de ir a la playa. M ya esperaba en la puerta con el bañador puesto y una buena capa de crema (no pastelera). Su piel tiene una tendencia sorprendente a llenarse de manchas y quemaduras, siempre que no se eche crema, naturalmente.

Tarde. Llevamos la silla de playa, las toallas, las almohadas, una mochila, el termo de bebidas, lecturas (mi libro y el periódico), papel y bolígrafo, móviles,… más que un par de horas, se diría que vamos a pasar una semana de safari. Viento norte, playa del Faro. Allí estaremos protegidos.

No contábamos con un detalle: anteayer había sido luna llena, lo que implica mareas vivas y en tales circunstancias en esa pequeña cala tres son multitud ;-). Al llegar no había sitio para casi nadie, el agua llegaba hasta las cañas y arbustos, aunque la vista (casi ya atardecer) era paradisíaca. Menos mal que tiene unas altas y planas rocas en las que estirar la toalla en estos casos. Yo silla y libro, M dos toallas (por eso de la dureza de la roca) y doble almohada.


Ya han pasado un par de horas, un par de capítulos, un periódico, tres llamadas telefónicas (maldito móvil), un balón recuperado (a un niño que lo tiró voluntariamente) y un sol mucho más bajo, casi rojizo. Son las ocho, suficientemente tarde si queremos poner la lámpara. De vuelta (otra) caminata de 15 minutos con unos cuantos centenares de metros sin asfaltar. Allí vuelvo a localizar unas bayas oscuras que sigo sin identificar, sólo sé que son amargas (las he probado) y que tienen hueso, por fuera parecen uvas.

En casa es el momento de ponerse manos a la obra, pero como M no había localizado el taladro en Santiago, sólo nos queda pedírselo a los vecinos. Tampoco. Pues nada, se quedará ahí empaquetada hasta que volvamos de Egipto, si volvemos.

Relleno los macarons, un par de bandejas. Al final he optado por hacerlo con Nutella mezclada con mermelada de frambuesa. Tiene la consistencia necesaria y el sabor idóneo para unos macarons de chocolate, el ensayo con crema no pasó la prueba. Mientras tanto, ya son más de las nueve y debo simultanear el proceso de relleno con la cena: algo rápido, cocer los mejillones, rebozar unos pocos y completar con un poco de todo. Yo ni me siento, estoy demasiado apurado para tanto lío. M prepara “su” ropa, mañana ya no volverá, se quedará en Santiago hasta el sábado, día de partida. Yo saldré más tarde, pasando por Boiro, mis padres hace más de un mes que no me ven.

Como M no comerá conmigo, le preparo la fiambrera con la comida, y empiezo a recoger (y agrupar) lo que hay en la nevera que sea susceptible de caducar. Mañana puede ser un palizón hacer limpieza del frigorífico, nunca se sabe cuándo volveremos. Quince días como mínimo.

Es tarde, ya pasan de las doce y, entre tanto fregar y recoger, por fin consigo sentarme. Le dedicaré unas horitas a escribir mi diario en el blog (sin poder publicarlo).

Un día de verano cualquiera, ¡qué viva el otoño! Mañana será mayor la paliza (todavía, o ya, según se mire).


Ingredientes
  • 100 ml de leche entera.
  • 80 ml de agua.
  • 75 gr. de mantequilla
  • Una cucharadita de azúcar, unos 4 gramos.
  • Una cucharadita de sal, unos 4 gramos.
  • 100 gr. de harina.
  • 3 huevos.
  • Opcional: esencia de vainilla, ralladura de limón,… o algún otro aroma.
(1) En un cazo, ponemos al fuego la leche con el agua (podría ser sólo leche), la sal, el azúcar, la mantequilla y, opcionalmente, el aroma. Removemos un poco para que se disuelva y dejamos hervir.

(2) Cuando rompa el hervor echamos de golpe la harina y removemos con fuerza con ayuda de una cuchara de palo. Retiramos del fuego. Debemos remover en un único sentido, hasta que se separe de las paredes, la harina esté algo seca y se haya formado una pasta homogénea y sin grumos. Dejamos enfriar en otro cuenco para que los huevos no se cuezan al añadirlos a la masa.

(3) Una vez la masa haya templado, añadimos los huevos uno a uno, esperando a que el anterior haya quedado totalmente incorporado antes de echar el siguiente. Seguimos el proceso hasta que hayamos completado todos los huevos.

Precalentamos el horno a unos 220-230ºC.

(4) Introducimos la pasta en una manga pastelera de boca ancha y formamos bolitas, que pondremos sobre una bandeja del horno con papel hornear. A mi me resulta igual de cómodo hacerlo con dos cucharillas de café. Las bolitas deben estar suficientemente separadas.

(5) Introducimos la bandeja en el horno precalentado a temperatura fuerte. Cuando los petit-choux hayan subido y tomado un ligero tono tostado, bajamos la temperatura hasta unos 180º C. Dejamos un poco más, apagamos el horno y dejamos enfriar con la puerta entreabierta.
La única dificultad, si existe, puede ser el evitar que se bajen al salir del horno. Si se bajan es que los hemos quitado antes de tiempo (todavía no tienen consistencia) y de un modo demasiado brusco. Los petit-choux se cocinan a fuego fuerte, al bajar la temperatura de modo gradual ayudamos a que se hagan por dentro y no se bajen.

(6) Preparamos una crema pastelera y los rellenamos. Como he dicho, mejor por la parte superior con ayuda de una manga.

(7) Preparamos la cobertura. Fundimos chocolate en el microondas. Lo he comentado muchas veces pero por si acaso una vez más: debemos tener cuidado de que no se queme, para ello lo vamos calentando poco a poco, hasta que se funda fácilmente al removerlo con una espátula. Dejamos templar el chocolate y cubrimos los pasteles con ayuda de una cucharilla. Llevamos al frigorífico antes de consumir, por lo menos en verano.


Ideas: antes de hornearlos podemos espolvorearlos con unas almendras picadas. Rellenarlos de crema pastelera, Nutella con mermelada, crema chantilly,…

“Ohh, gran idea, todo el verano… sin parar”.

7 dias pasan rápido, ¡Nos vemos a la vuelta... si volvemos!