lunes 29 de octubre de 2007

Gofres belgas – Gofres clásicos I – Gofres clásicos II

Gofres clásicos IILa Belgique, “douze points”

Le Royaume-Uni (« Guayuminí »)

Guay, super-guay, tope-guay, guay del Paraguay…” Bélgica me suena a festival de Eurovisión, a frío y a lluvia, a calles empedradas y a pintura, a bicicletas llenas de barro, a los diablos rojos, a chocolate, a Europa, a gofre caliente cubierto de salsa de chocolate.


Gaufres. Desde el primer momento que conseguí la máquina me obsesioné con hacer unos “gofres belgas”, esos que se pueden comprar muy cerca de la Grand Place, o tal vez en la propia plaza.

Todas las recetas que había leído eran muy parecidas, lo de siempre: leche, huevos, harina, mantequilla/aceite, azúcar, levadura (química o de panadería) y algún aroma. Como unas tortitas ricas. Ya he hecho algunas y todas estupendas, pero les faltaba el “grosor” que mi “cutre-plancha” no podía proporcionar; o las hacía en una sartén o les llevaba “mi masa” al puesto de gofres que hay cerca de la alameda, que por cierto, hoy me ha parecido que ha cerrado de modo definitivo. Queda pendiente la compra de una verdadera plancha para gofres, siempre que la encuentre de tamaño y precios razonables; en su momento ya le buscaré un espacio.

Bien, esta receta es diferente, lleva cerveza, unos gofres muy ricos que, por una vez, casi ni requieren ningún tipo de acompañamiento. Si cabe, tal vez un poco de azúcar glasé o una salsa de chocolate.
Gofres clásicos I con salsa de chocolate
Gofres clásicos IPongo tres opciones con sus respectivas fotografías. En ellas no se perciben las diferencias ni los aromas, que decir que son muy distintas. Los gofres “belgas” con cerveza y levadura de panadería, los “clásicos” con leche, mantequilla/aceite y levadura química. Para mi gusto, la levadura de pan con la cerveza da mejores resultados de textura y sabor, pero las otras dos opciones también son muy ricas y sabrosas, sobre todo acompañadas de un buen chocolate caliente o para aquellos momentos en los que no tenemos tanto tiempo ni paciencia. De los dos restantes prefiero el sabor de los que llevan aceite.

Si no tenéis plancha podríais hacerlos en una sartén a modo de tortitas o (se me va la olla) ¿por qué no probar pringando toda una sandwichera:..?

Gofres clásicos II con salsa de chocolate
Gofres clásicos IIGofres clásicos II
La Belgique

brujasTodos conocemos la fama de muchas de sus ciudades: Brujas, Gante, Amberes,… De Bruselas ya no se habla tan bien, supongo que por su comparación aquéllas. Para mí también es una ciudad sorprendente, siempre que la sepas descubrirla, no te ciñas a visitar únicamente el Manneken-pis y decidas perderte por sus calles o avenidas.

Sigo deseando amar


Por mucho que uno decida ser feliz parece que siempre hay algo que quiere llevarme la contraria, y esta vez no ha sido M. Por un momento todo iba casi viento en popa, como siempre pero tomado desde un punto de vista mucho más optimista. Al mal tiempo buena cara, como suele decirse.

Hay tormentas con las que la “buena cara” no llega. Lo de “tormenta” es muy exagerado, quizás, diría una “tormenta interior”. Tener la mente y el tiempo ocupado puede ser una buena forma de evitar las tormentas.

Mi problema es ahora que “soledad del corredor de fondo” se convierte en “la soledad del hijo no pródigo”. “No pródigo” porque nunca he dejado de estar allí, de tener contacto y dialogo, pero ya no es igual. Ésa es la tormenta de arena. Percibo una soledad desértica con cada nueva llamada, como si ya estuviese ausente, cada vez más. Como si las distancias fuesen cada vez más grandes. Dicen que la distancia es el olvido y el olvido lleva al desamor.

Es muy duro hablar de “desamor” entre familiares. No creo que sea “desamor” propiamente dicho pero sí “distanciamiento” u “olvido”. Todo se olvida, el tiempo y la distancia son los mejores amigos del olvido.

Llamo a casa de mis padres siempre que puedo, hablo sin tapujos pero cada vez resulta más difícil poder sincerarme. Cada vez más noto cierta distancia e indiferencia, como si te ocultasen algo o no quisieran hablar con la sinceridad con la que antes lo hacían. Es un horror, nunca había pensado que mi familia me llegase a ver como un extraño, creo que se me confunde con M, como si me identificasen con ella. Yo soy Pepinho y M es M.

No hay vuelta atrás, cada vez es peor. Con mi hermana ya hace un tiempo que no puedo hablar de mí como lo hacía hace unos años (no muchos), ella ha empezado antes poniéndose la máscara, a la defensiva, pensando que hablaba con M y no conmigo. Te equivocas, ahora cuando cuento algo más que interés por el desahogo percibo curiosidad. Yo sigo siendo yo.
Con Martín es más difícil siquiera llegar a hablar, no creo que haya perdido ese “filling” pero tampoco sé qué piensa. Tener pareja también ha ayudado, como en mi caso, a perder esa confianza. Martín, sigo siendo yo.
Con papá nunca ha habido demasiado acercamiento. Así no hay confianza que perder, sigue tiendo “sus” preferidos y (mi) “rebeldía” nunca ha estado entre sus palabras preferidas del diccionario. Mamá sigue siendo mamá pero se deja llevar con demasiada facilidad…
Con M, pese a ser pareja, resulta muy difícil hablar de verdades más interiores, ¿curioso verdad?, no ha sido educada para ello y siempre se pone una coraza que impide saber qué es lo que realmente piensa.

Lo que más pena me da es que todo se olvida. El amor, las penas y alegrías compartidas… Cada vez me veo más solo, (casi) feliz pero más solo.

Salsa de chocolate caliente
Puede hacerse también un jarabe con una cucharada de cacao en polvo y un poco de glucosa o miel. Deliciosa.

  • 150 ml. de nata líquida [50 ml]
  • 60 gr. de mantequilla [20 ml]
  • 3 cucharadas de azúcar [1 cucharada]
  • 150-175 gr. de chocolate troceado [58 gr.]
  • Opcional: esencia de vainilla, una cucharilla.
Calentamos los tres primeros ingredientes en un cazo. Cuando empiece a hervir lo retiramos del calor (no diré “fuego”, ahora casi todo el mundo emplea Vitro-cerámica) y echamos el chocolate troceado. Removemos con una espátula hasta que se haya fundido totalmente y tengamos una salsa espesa.
La calentaremos en el fuego, perdón, calor, o en el microondas cuando deseemos volver usarla.

Gofres belgas
Con levadura fresca, cerveza en vez de leche y mucho reposo antes de prepararlos.

Gofres clásicos II con salsa de chocolate
  • 5 gr. de levadura fresca de panadería [3 gr.]
  • 4 huevos, ligeramente batidos [2 huevos]
  • 5 ml de esencia de vainilla o agua de azahar [½ cucharilla]
  • 150 ml de cerveza blanca de trigo belga: Hoegaarden. Como no la tenía “cerca” he usado una rubia alemana ;-), Franziskaner, aunque creo que no es de las llamadas “blancas” [75 ml]
  • 300 gr. de harina [150 gr.]
  • 100 gr. de mantequilla derretida y fría [50 gr.]
  • 70 gr. de azúcar [35 gr.]
  • Azúcar glasé, sirope de chocolate, nata, miel o lo que más nos guste para acompañar.
(1) Mezclamos la levadura, los huevos, el extracto de vainilla y la mitad de la cerveza hasta que quede totalmente diluida.

(2) Poco a poco vamos añadiendo la harina, mezclando con cuidado hasta que quede suave. Añadimos la mantequilla derretida pero fría y, por último, el resto de la cerveza. Dejamos reposar toda la noche.

(3) Preparamos los gofres de acuerdo con las recomendaciones del fabricante. La “gofrera” debe estar muy caliente (250º C) y bien impregnada de mantequilla o aceite para que no se pegue.
Tomamos caliente con una salsa de chocolate o azúcar glasé.

Gofres belgas con miel
Gofres belgas
Gofres clásicos I
Con aceite en lugar de mantequilla. Más rápidos, sanos y también muy ricos.

Gofres clásicos I con salsa de chocolate
Gofres clásicos I
  • 2 huevos [1 huevo]
  • 250 gr. de harina [125 gr.]
  • 415 ml de leche entera [207 ml]
  • 120 ml de aceite vegetal, mejor no demasiado fuerte [60 ml]
  • 1 cucharada sopera de azúcar [½ cucharada= 1+½ cucharilla]
  • 4 cucharillas de levadura química (Royal) [2 cucharillas]
  • ¼ cucharilla de sal [1/8 cucharilla, una pizca]
  • Una cucharilla de esencia de vainilla [½ cucharilla]
(1) Tamizamos la harina y la mezclamos con la levadura y la sal. Reservamos. Batimos los huevos hasta que queden espumosos. Añadimos la leche, el azúcar, el aceite y la vainilla, batimos.

(2) Añadimos la mezcla de harina poco a poco, removiendo con una varilla hasta que no queden grumos.

(3) Preparamos los gofres igual que anteriormente, con la plancha muy caliente y suficientemente engrasada.

Gofres clásicos II
Éstos llevan mantequilla y no aceite, para esos casos en los que no tenemos problema de colesterol.
  • 125 gr. de harina normal.
  • ½ cucharilla de sal.
  • 2 cucharillas de levadura química
  • 1 cucharada sopera de azúcar.
  • 1 huevo.
  • 175 ml de leche templada.
  • 38 gr. de mantequilla derretida pero no caliente.
  • 1 cucharilla de extracto de vainilla (5 ml)
(1) Mezclamos la harina con la sal, la levadura química (Royal) y el azúcar. Reservamos.

(2) Batimos el/los huevo(s), añadimos la leche, la mantequilla y la esencia de vainilla. Por último, vertemos la mezcla de la harina poco a poco, batiendo hasta que no se formen grumos.
Procedemos a cocinarlos igual que en los otros dos casos.

Todas estas masas pueden aguantar varios días en el frigorífico y las iremos haciendo a medida que nos apetezcan. Deben cubrirse con un film transparente.

Gofres belgas con miel

domingo 28 de octubre de 2007

Tarta de queso y café con leche

Deseando amar

Jugando

Una verdadera delicia. Y eso que no me gusta demasiado el café y las tartas de queso empezaban dejar de tener secretos, me gusta descubrir cosas nuevas. No tiene nada que ver.

Primero, no os fiéis de las fotos, o no estaba inspirado “... o mi reloj estaba parado”, gana mucho a simple vista y más en el paladar. Aviso a navegantes: seguid las indicaciones de la receta, con las dos capas, café y leche, y obtendréis un postre para quedarse con vuestros mejores amigos, cafeteros o no.

Es una receta que hacía años atrás y, navegando por otros mares, me he encontrado otra receta que me la ha recordado, es bueno acordarse de “la familia” cuando uno está fuera. En realidad la fotos no se ajustan con exactitud a la receta, como la “original” me la conocía (rica, rica), he optado por “jugar” un poco, disminuyendo la cantidad de queso (tampoco me quedaba más ;-)) para conseguir que las capas se entremezclasen y la textura tuviese menos cuerpo. Además, creí que sería muy interesante probar una idea que tenía en mente de una capa de gelatina de leche condensada que contrastase con el café, dos capas de leche me parecía “la leche”.

Así evito confusiones, como ocurrió con el “bizcocho de miel” en el que puse la receta original y no la que había hecho. Evitaremos matar al mensajero. Como en este caso conozco ambas, os he puesto la que recomiendo (los cambios hechos han sido mínimos) y la opción de la cobertura (para los muy dulces, como yo). Probad sin ella.

La receta (original) que presento formará dos capas, una de queso con café y otra superior de queso con leche. Llamémosla “tarta de queso de café con leche”.
Incluso, después de haber hecho esta tarta con los cambios, se me pasó por la cabeza hacer otra siguiendo la receta original sólo con la finalidad de que pudieseis ver las fotos ;-), me parecía (ya) demasiado enfermizo. Como la haré de nuevo la semana que viene, casi seguro, os pondré esas fotos para que veáis el resultado.

En las modificaciones le he añadido una capa de gelatina de leche condensada (podría ser dulce de leche) que no es necesario en la versión original, pues la capa superior es una capa de queso con leche. En cambio, podría venirle a las mil maravillas un poco de crema de chocolate fundido… Disfrutemos todos.

Voy a hablar de Política

De joven, Política se preocupaba por el bien común, ahora, ya mayor, lo sigue haciendo pero nadie le hace caso. De muy pequeñita sólo se preocupaba por la organización de su polis, pero con el paso del tiempo su poder se fue haciendo más y más grande, llegando a organizar y ordenar sistemas más extensos y complejos. Era lo que mejor sabía hacer.

Al principio todos la querían. Era hermosa, necesaria, tanto que, sin ella, todos se sentían confundidos. Llegado el momento se agotó, la ignoraron, no podía más y, ante la imposibilidad de cuidarse de todos, algunos se apoderaron de su nombre con fines menos solidarios. Fue un error.

De esas mentiras nacieron muchas hijas, cuyos caracteres muy poco tenían que ver con ella: Autocracia, pensó que ella sola se las arreglaría para ordenar, que “su razón” era la más importante; Dictadura fue muy amiga de Autocracia, con ella, y apoyándose en algunas ideas de Política cometieron los mayores desastres de la humanidad.

Por suerte, un día Política conoció a Democracia, una joven muy abierta y extrovertida. Democracia escuchaba todo tipo de opiniones y consejos, siempre acompañada de Política, formaron un binomio inseparable, un verdadero entendimiento con el que ni Autocracia y Dictadura podrían acabar…

Hoy voy a ser feliz

Quién no puede serlo tomándose un postre como este. ¿Yo?, ni con esas. Me he planteado intentar ser feliz y casi lo consigo. Hoy no he conseguido ser feliz pero, por lo menos, no he sido infeliz. Por algo se empieza.

Todo empieza de mañana. Me pregunto: ¿qué necesito para ser feliz?

Primero: querer serlo. Si nos revolcamos en nuestra infelicidad permanente, esa especie de halo romántico, nunca lo seremos. Me digo: ¡pues a por ello!, ¡a dejar de quejarse!, para eso ya estaba Bécquer o Rosalía.

Segundo: necesito la fórmula. La busco en mi cabeza. Cuando se levante M empezaré por darle un beso y decir alguna cursilada: “mi amor”. Bien, ya está decidido. Pero necesito más datos, la fórmula:

Felicidad = [E*(M+B+P)]/[R+C]

Sólo me falta interpretarla. Ni idea. NO creo que sea (eso espero): “Embarazo por María + Bebé + Pepe partido de Rabieta + Caca”; tampoco: “Estudio por Matemáticas + Botánica + Paleontología partido de Rezar + Comer”… Demasiadas variables. Consulto el libro:

E = Emoción al comienzo y al final del proyecto. ¿Qué proyecto?Nunca he pensado que lo nuestro fuese un proyecto. No somos una monarquía.
M = Mantenimiento y atención al detalle. ¿Acordarme de su cumpleaños?¿Del aniversario de boda? Imposible. Bueno, es un sumando, tampoco pasa nada.
B = Disfrute de la búsqueda y la expectativa. Disfrutar, lo que se dice disfrutar yendo de compras o viendo muebles…no demasiado. Todavía me queda la P.
P = Relaciones Personales. ¡Bingo! Tendré que potenciar este sumando. Ése es el camino…

Veamos los divisores:

R = Factores reductores. ¿Cuántos? “Predominio del miedo”, “ausencia de desanprendizaje”,… Demasiados, empezaré por disminuir “el miedo”.
C = La carga heredada. Aquí no tendré que leer, me parece que tiene demasiados prejuicios heredados. Lo leo: “estrés imaginado” (…), “desgaste y envejecimiento (somos jóvenes pero ¿desgastados?), “mutaciones lesivas” (por el momento sólo he perdido una muela y tenido muchos golpes, toco madera), “Ejercicio abyecto del poder político” (¿aceptáis pulpo como animal de compañía?)

Demasiados factores. Tendré que potenciar el numerador y disminuir el denominador. Ya os tendré informados. Por el momento empezaré por alguno que no aparece en la dichosa fórmula: sonreír y poner al mal tiempo buena cara…

Ingredientes

Base
Para un molde de 23 cm.
  • 150 gr. de galletas Digestive
  • 50 gr. de galletas Oreo, si no se quieren usar sustitúyanse por galletas Digestive.
  • Una cucharada de cacao en polvo
  • Una cucharada de azúcar glasé
  • 50 gr. de mantequilla derretida
(1) Forramos la base de un molde desmoldable de unos 23 cm. de diámetro con papel de hornear. Podemos hacer lo mismo con las paredes.

(2) Trituramos todas las galletas, les añadimos el cacao y, opcionalmente, una cucharada de azúcar en polvo. Derretimos la mantequilla y mezclamos todo hasta formar una pasta homogénea.

(3) Cubrimos la base del molde, presionando ligeramente con el envés de una cuchara o los dedos. Llevamos al frigorífico y pasamos a preparar el relleno. Precalentamos el horno a 150 ºC.


Relleno
Las cantidades indicadas son adecuadas para una tarta de 20 cm. para una tarta de 23 cm. empléense las cantidades entre corchetes, dependiendo de las necesidades del hogar.
  • 460 gr. de queso crema [690 gr.][920 gr.]
  • 110 gr. de azúcar [165 gr.][220 gr.]
  • 8 ml de extracto de vainilla. [12 ml][15 ml]
  • 2 huevos [3 huevos][4 huevos]
  • 8 ml de agua caliente [12 ml][15 ml]
  • 1+1/2 cucharadas soperas de Nescafé [2+1/4, dos y una cucharilla][3 cucharadas]
  • 23 ml de leche entera [34 ml][45 ml]
(1) Batimos el queso crema con el azúcar, hasta que quede cremoso y liso. No debemos batir de un modo enérgico para que no coja aire. Añadimos la vainilla, mezclamos, y los huevos uno a uno con mucho cuidado, esperando a que haya absorbido el huevo antes de añadir el siguiente. Reservamos.

(2) Retiramos en otro cuenco unos 185 gr. [281 gr. para 3 huevos] [375 gr. para 4 huevos] de la masa, que emplearemos para hacer la capa de leche.

(3) En un vaso mezclamos el agua caliente con el Nescafé o cualquier otro café soluble. Removemos para que se disuelva. Añadimos a la mezcla más grande (la que no hemos reservado) removiendo con cuidado y sin batir. Ya tenemos la capa de café.

(4) Añadimos la leche a la mezcla reservada y mezclamos con cuidado. Retiramos la base del frigorífico y cubrimos la parte inferior con la mezcla de café, alisando un poco la superficie.

(5) Vertemos la capa de leche sobre la de café, intentado evitar que se introduzca sobre la capa inferior. Así se formarán dos hermosas capas perfectamente homogéneas que contrastan en sabor y color.
Esta vez pensé en ponerle una capa de leche condensada (ver fotos), por lo que opté por verter la capa de leche de forma más o menos caótica en medio de la otra masa.
Probad a formar dos capas perfectas, el resultado es excelente. Como la tarta ya la había realizado otra vez, he querido cambiar su apariencia con esa otra capa, también riquísima, de leche condensada.

(6) Damos un ligero meneo para alisar y llevamos al horno precalentado con unos cuencos de agua (al baño María) a unos 145-150º C durante una hora y cuarto o algo más, aproximadamente. Pasado ese tiempo se apaga el horno y, sin abrirlo, se deja dentro hasta que enfríe totalmente, unas 4 ó 5 horas. Mejor de un día para otro.

(7) Se lleva al frigorífico hasta la hora de comer. Mejor un mínimo de dos o tres horas, para que haya enfriado suficientemente.
La tarta está deliciosa con una crema de chocolate o, como he hecho, una capa de leche condensada. Con leche condensada el resultado es más “dulce” y con una crema de chocolate a la hora de servir se consigue un contraste adecuado.
Las tartas de queso deben trabajarse muy poco, mezclando lo justo y con mucho cuidado para que no cojan aire. Si batimos en exceso se bajarán una vez hayan enfriado, formando una depresión central. La temperatura de horneado debe ser baja y, a ser posible, al baño María
El horneado debe hacerse al baño María y sin abrir el horno hasta que haya enfriado totalmente. Mejor elaborarlo por la noche y abrir el horno a la mañana siguiente para dejarlo en el frigorífico hasta la hora de comer
Probadla. No lo dudéis, os encantará, salvo que no os guste el café ;-). No soy un seguidor del café y me sigue pareciendo deliciosa. M ha dicho, “más rico que el tiramisú”, no sé si es para tanto pues en gastronomía no tiene demasiada memoria.

Capa de leche condensada
Molde de 23 cm.
  • 330 gr. de leche condensada
  • 2 hojas y media de gelatina
  • Una cucharada de mantequilla
(1) Hidratamos en agua fría las hojas de gelatina. Dejamos durante unos 5 a 10 minutos.

(2) Pasado el tiempo calentamos la leche condensada en un cuenco. Cuando esté suficientemente caliente, añadimos las hojas de gelatina hidratadas y escurridas, así como una cucharada de mantequilla. Retiramos del fuego y removemos hasta formar una masa homogénea.
Dejamos templar antes de cubrir la tarta.

(3) Una vez cubierta llevamos al frigorífico durante unas 5 ó 6 horas mínimo.

Felicitá, nana-nana na-na, ….

viernes 26 de octubre de 2007

Dal (Lentejas de La India con salsa de curry) - Pollo en salsa de coco agridulce

Climate crisis

Sabores de la India

Un pollo al curry, un dal o un naan, son platos típicamente hindúes, perdón, indios, pues la religión hindú no se limita a ese país, en donde también existe una gran población musulmana. Estos tres platos ya lo he hecho y los pondré en alguna de sus (otras) versiones. Aquí presento un dal o daal y un pollo agridulce, porque en ambas se emplea leche de coco, del que también podría decirse que es uno de esos ingredientes típicamente orientales para la preparación de platos más o menos agridulces.


Estas recetas son extremadamente sencillas y económicas, más sencillas que económicas. La leche de coco, en otros tiempos difícil de conseguir, ya puede encontrarse con relativa facilidad en supermercados medios o grandes superficies. Si sobra, incluso podremos emplearla para preparar unas torrijas con leche de coco, por ejemplo.


Cambio Climático

No hablaré de política, no directamente, pero no he podido evitar indignarme con ciertas afirmaciones de estos días acerca del cambio climático. Hablo como persona de ciencia, no como animal político.

No hay mayor atrevimiento que la ignorancia, con esto no quiero decir que yo no lo sea, que lo soy, pero por lo menos no voy por ahí predicando falsedades que presuntamente han dicho otros. Me mojo y ya está. No es política, es coherencia. Si no sabes no hables públicamente del tema, pues el mal estará hecho. Lo que interesa es sembrar la duda.

Aclaro: no debe confundirse clima con meteorología. El clima hace un tratamiento promedio y global de las condiciones atmosféricas. Aún siendo un proceso caótico, depende de la latitud, altitud, vegetación, terreno, etc.… Así tendremos climas áridos, húmedos,… oceánicos, mediterráneos… Todos sabemos que el año que viene no tendremos que ir con forro polar al desierto del Sahara, eso es climatología. También, podremos medir las tendencias de los últimos 100 años, por ejemplo.

La meteorología versa sobre el estudio de las condiciones atmosféricas a corto plazo y en variaciones puntuales, no promedios como trata la climatología. Así, la previsión del tiempo de mañana lo trata la meteorología, la variación de las condiciones promedio anuales las trata la climatología. No debe mezclarse una cosa con otra. La fiabilidad de una predicción meteorológica disminuye considerablemente a medida que le alargan los días, incluso más allá de 48 horas. La climatología, por tratar valores promedio, es más precisa y estudia variaciones globales atmosféricas basándose en valores ya medidos y contrastados.

El cambio climático es una realidad que ningún político, por patoso que sea, puede desmentir. Es una realidad que la temperatura PROMEDIO está subiendo, no es una predicción, la climatología no dice qué tiempo va ha hacer el puente de diciembre del año que viene, dice que, en promedio (si sigue esta tendencia), subirán las temperaturas durante los próximos años, salvo que hagamos algo para remediarlo. Eso NADIE lo discute, nadie.

Que el número de huracanes de fuerza 4 y 5 se haya doblado en los últimos 30 años es climatología, un hecho medido y comprobado. Que la semana que viene pueda haber un huracán de fuerza 5 es meteorología, una predicción.
Lo que no está tan claro es si los adversos meteorológicos: riadas, lluvias,… de los últimos tiempos sean consecuencia directa del cambio climático. Pese a todo, muchos estudios dan a entender que es así.

¿Quién debe actuar frente al cambio climático? ¿Es importante? Es importante en la medida que afectará a nuestros hijos, a los hijos de nuestros hijos y, como sigan así las cosas, incluso a nosotros mismos. Esos cambios climáticos han provocado que muchas especies hayan desaparecido y otras hayan cambiado sus costumbres. He llegado a ver en pleno invierno alguna que otra cigüeña, están tan estresadas que ni quieren ir a París ;-)

Todos debemos hacer lo que podamos, muchos pocos es un mucho. Pero hay algo todavía mucho más importante, pienso que los gobernantes son los primeros que deberían actuar creando leyes para prevenir esta situación, no sólo nos valemos por nosotros mismos, como muchos documentales nos han hecho creer. Las medidas políticas son tanto o más importantes.

Perdonad por el discurso pero no he podido evitarlo. Gracias.

Mi cambio climático

Eso es lo que deseo, que en mi casa no haya un “calentamiento global”, que la temperatura no crezca en los próximos años. No me preocupa la meteorología, si mañana tronará o no, si ayer “llovió sobre mi corazón” o si la tempestad de ayer volverá en unos días. Lo que más me preocupa es el clima, las condiciones promedio.

Necesitaría tener un termómetro en el tórax, que estuviese midiendo mi estado de ánimo y mis biorritmos para, así, poder calcular esos valores promedio necesarios para calcular esa evolución. Otra solución sería releer mi “agenda” desde los últimos dos años, como mínimo, para hacer un promedio y estudiar tendencias.

Lo de siempre. No sé qué hacer para evitar ese cambio climático, si es que en realidad se produce. Cuando en tu pareja el ánimo fluctúa el tuyo también.


Espero que en vosotr@s no haya ningún cambio climático y, si existiese, fuese para convertir un tercer piso en un apartamento en primera línea de playa y, siempre, disfrutando de la compañía.

Dal

Dalo Daal o Dhal o Dahl, vamo hasé un dal. Al igual que pasa con el fálafel, existen muchas variantes y modalidades. La versión más extendida y que he probado en la India es la de lentejas (masoor dal), pero también en muchos lugares se conoce con ese nombre los elaborados con algún tipo de haba.

Básicamente, se trata de unas lentejas elaboradas con un sofrito y con variedad de especias: comino, cilantro, pimienta, cardamomo, mostaza,… Por suerte, y gracias a los ingleses, disponemos de unos preparados de especias que incluyen muchos de esos aromas: ¡el curry! No, curris hay muchos pero el más extendido es un preparado amarillento, casi color mostaza y de fuerte aroma. Fueron los británicos los que, queriendo emular y recordar las esencias coloniales, decidieron extender estos preparados basándose en mezclas de especias provenientes de esos países.

Esta versión del Dal es muy fácil, muy rica y cambia el agua por la leche de coco, que le proporciona un aroma e untuosidad única. Probadla si os gustan los platos diferentes, es muy fácil y rica, no os arrepentiréis.

dalIngredientes
  • 1 cebolla troceada fina
  • 1 hoja de laurel
  • 1 diente de ajo majado (opcional)
  • Unos 400 gr. de tomates. Unos dos grandes o 3 pequeños. Los pelaremos y trocearemos finamente o los rallaremos.
  • 1 cucharada de curry.
  • 1 cucharada de canela.
  • Un bote de 400 ml de leche de coco (crema de coco).
  • 200 gr. de lentejas. Yo prefiero las pardinas, se hacen antes y están más jugosas (para mi gusto).
  • Sal
  • Pimienta
  • Un poco de agua si fuese necesario
(1) Dejamos las lentejas en remojo la noche anterior. Si nuestra agua es ácida podemos añadirle un poco de bicarbonato sódico. Al día siguiente las escurrimos y reservamos.

(2) En una tartera doramos la cebolla, picada fina, con el laurel y el diente de ajo majado (opcional). Usaremos muy poco aceite o mantequilla, el justo, así evitaremos que se corte algo la leche de coco. Cocinamos hasta que tenga un ligero tono dorado. Añadimos los tomates troceados finos o rallados, personalmente prefiero los tomates rallados. Dejamos un minuto, aproximadamente. Añadimos las lentejas, salpimentamos y dejamos cocinar un poco, removiendo con cuidado.

(3) Añadimos la leche de coco y las especias. Le damos unas vueltas y rectificamos la sal si fuese necesario. Cocinamos a fuego lento, removiendo de vez en cuando hasta que estén hechas. Si fuese necesario añadimos un poco de agua (caliente) para que acaben de hacerse.

Si os gusta el curry estoy convencidísimo que os encantará, como a mí.

En realidad, hay muy pocos sabores que no me gusten. Tal vez las coles de Bruselas no acaben de convencerme cuando se añaden a algún plato, solas es otra cosa.

Deben quedar espesitas, amarillentas y ricas. Si no es así algo ha fallado ;-).


Pollo en salsa de coco agridulce

Otra forma, todavía más fácil de hacer un pollo agridulce. Podéis emplear la parte que más os guste, tanto el zanco como el ala o la pechuga. La miel con la nata y la leche de coco forman una salsa muy rica. No hay nada que prohíba hacerlo con otro tipo de carne, pensad que el pollo es de las carnes más económicas y en esos países es muy importante… llegar a comer, simplemente eso.

Ingredientes
  • 250 gr. de pollo
  • 45 ml. de ron, aprox.
  • 30 ml. de nata líquida
  • 100 ml de leche de coco
  • 15-20 gr. de miel
  • ¼ pastilla de caldo de pollo.
  • Una cucharada (o más) de coco rallado
(1) Troceamos el pollo en piezas pequeñas, salpimentamos y lo dejamos macerar en ron. Llevamos al frigorífico un mínimo de una hora, mejor de un día para otro y removiendo de vez en cuando.

(2) Cocinamos el pollo con la marinada en una sartén honda, hasta que esté bien hecho por todos lados. Añadimos la leche de coco, la nata y el trocito de caldo de pollo (opcional). Dejamos cocinar a fuego medio unos minutos.

(3) Añadimos la miel y el coco rallado. Removemos y dejamos cocinar, hasta que se haya reducido lo suficiente como para formar una salsita. Retiramos y tomamos todavía caliente.

Servimos como más nos guste, típicamente un arroz ;-)

jueves 25 de octubre de 2007

Bizcocho de miel de brezo

Bizcocho de miel de brezoEl mejor amigo de la mujer

¿Quieres tomarte un té conmigo?, honey!

Este bizcocho de miel es una receta de “Emma Sturgess”, una receta tradicional británica, para los que dicen que en Inglaterra no se come bien. En cakes y galletas para el té son unos expertos.
Es una receta sencilla, casi diría, demasiado sencilla. No se trata de un bizcocho demasiado esponjoso, fíjense en la cantidad de harina, pero tiene un sabor riquísimo, ideal para tomar con un café, té o durante el desayuno. Me encanta la miel.

He hecho alguna modificación de la receta original. Al leer la receta me había dado la impresión de que era demasiada cantidad harina para sólo dos huevos, por lo que he tenido miedo de que la masa quedase demasiado compacta antes del horneado y fuese difícil de extender.

La receta original bate la mantequilla con el azúcar y añade los huevos enteros a esa mezcla, en cambio, para darle más esponjosidad, he procedido al igual que en muchos otros bizcochos: he blanqueado las yemas con el azúcar, he añadido la mantequilla derretida pero fría, la harina y, por último, las claras montadas a punto de nieve. Pondré la receta original para que me contéis el resultado si la probáis, mis modificaciones irán al final.

Una recomendación: el bizcocho ha sido ideado para disfrutar del sabor de la miel, por lo que no sería demasiado recomendable ponerle ningún tipo de cobertura dulce.
Uno de los mejores momentos del proceso de elaboración ha sido la cocción. En ella, tal y como presume la receta, la cocina se ha llenado de un perfumado y adorable aroma a miel.


Bizcocho de miel de brezo
Guau, guau!

Ayer ladré, como animal de compañía que soy también tengo el derecho a enfadarme y a decir algunas verdades. Es desagradable que mientras acabo de preparar la comida (¿por qué suele pasar a esas horas?) llegue tu pareja del trabajo enfadada por alguna trivialidad como no haber podido (yo) llamar al taller para informar del envío del (mi) coche. No había tenido tiempo, ni el teléfono de los susodichos, me había enterado tarde (ya había empezado a preparar la comida) y, además, estaba contrarreloj. Menuda tontería y menudo justificación.

Si estás cansado, y en esas circunstancias, es suficiente que se encaren contigo por ese (leve) motivo como para reaccionar. Los animales de compañía no siempre movemos el rabito, también tenemos nuestro corazoncito (¡vaya pareado!). Cuando se reacciona se ladra y se dicen algunas mentiras, también algunas verdades, las que más duelen.

Bizcocho de miel de brezo
¡Ay!, ¡las verdades! Esas que ella sabe o intuye pero sobre las que prefiere no pensar o creer que ya no discrepo. Últimamente no he tenido más remedio que asentir, menos ayer. Pero… ¿Cuál es la verdad? No lo sé ¿Por qué no claudico de una vez por todas? Porque no hay vuelta atrás y no estoy seguro de casi nada, nunca lo estaré. ¿Es suficiente justificación? Tampoco lo sé, ya he dicho que no estoy seguro de nada. Tengo miedo al tiempo y al espacio, dos necesidades que ahora tampoco tengo. ¿Sabe ella qué es lo que realmente desea? Ese es otro tema, tampoco estoy seguro de ello. Bien, ¿por qué no se lo preguntas? Porque sé la respuesta, porque estoy seguro que tampoco ha pensado acerca de los motivos. Menudo dilema ¿no? Ni te lo imaginas…

Bizcocho de miel de brezoIngredientes
Los ingredientes están pensados para un molde de 20 cm. de diámetro. He puesto entre corchetes la cantidad para 3 huevos, apropiada para un molde de unos 23 cm.
  • 85 gr. de mantequilla [127 gr.]
  • 85 gr. de azúcar polvo [127 gr.]
  • 2 huevos grandes, ligeramente batidos [3 unidades]
  • 115 gr. miel de brezo [173 gr.]. La miel de brezo tiene un sabor especial para el bizcocho, si no se tiene supongo que también podría usarse de otro tipo.
  • 225 gr. 140 gr. de harina normal. He usado de repostería. [337 gr., 210 gr.]. 140 gr. creo que podrían ser más que suficientes.
  • 2 cucharillas de de levadura química. [1 cucharada]. La receta original pone una única cucharilla pero me parece muy poco para tanta harina. Eso sí, el bizcocho está pensado para ser relativamente compacto, vosotros diréis.
  • ¼ cucharilla de sal. [1/3 cucharilla]
  • También le he añadido una pizca pimienta de Jamaica molida, contrasta muy bien con la miel. Sólo un poco.
(1) Precalentamos el horno a 180º C si el bizcocho es grande, o a 190º C si el bizcocho es pequeño. Lo he puesto a 190º C durante 20 minutos y a 180º C durante los últimos 10 minutos, aproximadamente. Téngase en cuenta que la temperatura y tiempo de cocción depende del tamaño del bizcocho. A mayor tamaño, menor temperatura y más tiempo. Engrasamos y enharinamos el molde de 20 cm. o 23 cm., poniendo en la base papel de hornear.
Tamizamos la harina con la levadura química (Royal) y la sal. Opcionalmente, una pizca de pimienta de Jamaica molida. Reservamos.

(2) Batimos la mantequilla con el azúcar polvo hasta que quede ligero y espumoso. Poco a poco, añadimos lo huevo batidos y, seguidamente, la miel.

(3) Vertemos con cuidado la harina y mezclamos. Echamos la mezcla en el molde y alisamos la superficie. La masa no es tan “suelta” como la de un bizcocho clásico pero, al llevar levadura química, crecerá lo suficiente al ser horneado.

(4) Cocinamos en el horno precalentado durante unos 30 minutos, hasta que esté dorado y se separe ligeramente del borde del molde. Retiramos y dejamos enfriar en una rejilla.

Cuando haya enfriado, troceamos y servimos untado con mantequilla.


Mis cambios: he blanqueado las yemas con el azúcar; añadido la mantequilla derretida; incorporado la mezcla de la harina, poco a poco; y, por último, las claras montadas a punto de nieve de modo envolvente. Para disminuir la densidad de la masa, he echado antes un poco de las claras montadas y el resto de forma envolvente.

¡Qué mejor época para hacer un bizcocho de miel que ésta! Mi “papá” ya tiene reservados unos cuantos botes de miel casera para mí. Me encanta, sobre todo con unas tortitas o un yogurt.

martes 23 de octubre de 2007

Galletas de azúcar y nueces

Galletas de azúcar y nuecesNo es más de lo mismo

Ni lo pretende ser. Son galletas, pero muy diferentes y… riquísimas. A partir de ahora optaré por ser más claro y directo, más subjetivamente categórico. Para mis gustos.

Fijaos, llevan mantequilla y… ¡aceite! Más, llevan vainilla, nueces y... crémor tártaro (ya sabéis de qué estoy hablando ;-)). Cuando pongo una receta, lo sé porque a mí también me pasa al leer alguna, tendemos a fijarnos en la imagen y muy poco en los ingredientes. Pues bien, si imaginamos estas galletas crujientes y con esos aromas (incluido el aceite) sabréis de qué estoy hablando. Creo que llegará el momento en el que, al igual que Beethoven, no necesitemos oír para escuchar, ni probar para saborear…

Galletas de azúcar y nuecesCuando el otro día decía que había hecho muchas galletas, hasta de cuatro tipos, ya podríais imaginar de qué tipo son las restantes: de chocolate, avellana, almendra y rellenas de chocolate. Más chocolate para subir el ánimo. Si alguien me dijese que el azúcar sube la moral también le creería, sobre todo después de probar esta crujientes y adictivas galletas.

Mi mundo en una caja de galletas.

Me-morías

No puede ser. No puede ser que esté un poco, diría… disperso. Sin centrarme en absolutamente nada.

Veamos los matices. Por un lado sigo levantándome muy temprano (a las 7 de la mañana), menos los martes, que es el día de tregua, y, por supuesto, los fines de semana. El día pasa volando y sin un objetivo claro, actividad a raudales pero sin pensar, sin pararme. Todos sufren las consecuencias, empezando por yo mismo. Muchos de los alumnos no acaban de “coger el hilo” y, lo peor, sólo espero que mi insistencia lo arregle, no he pensado en la raíz del problema.

El susto del otro día no fue precisamente “el coco”, los mitos galaicos son todavía más surrealistas y mágicos, la tierra del “surrealismo mágico”. No es que no sepamos si subimos o bajamos, simplemente no nos interesa contarlo (hemos aprendido de las derrotas) ni saberlo (relatividad subjetiva). Sigo: el susto fue fruto de las prisas, en las que, aunque podría decirse que “la culpa no fue mía” y que iba a una velocidad admisible para la vía, mi mente estaba en un estado tan evasivo que no percibía los peligros de la carretera. En otras circunstancias hubiese frenado en seco sin esperar a que “otro” no cometiese el error. Por lo demás, nada de nada, sólo a esperar que arreglen el coche y, mientras tanto, a conducir el “de” M.

Sin duda fue “el coco”, “mi coco”.

El realismo mágico de pepinho.com

Empiezo a descubrir que he pasado (o estoy pasando) por ese estado de realismo mágico, al estilo de La ciencia del sueño, esta aventura ciberespacial está ayudando a ello. Todo parece real pero representado como un puzle. El tiempo pasa y se confunde, los nombres y sus mensajes se repiten, uno nunca sabe quién es quién, ¿por qué casi todos os llamáis igual? A veces soy incapaz de determinar si lo he escrito o lo he pensado, si lo he dicho o lo he soñado. La realidad del tiempo no existe, qué hora es, no lo sé ni me preocupa, ante sí. Es hora de dormir.

Galletas de azúcar y nuecesGalletas de azúcar y nuecesEl diario ha cobrado vida, me responde y me anima o me reprocha. Pero le doy calabazas, a veces, no podría estar pendiente de él eternamente, aún a costa de parecer desagradable. Total, es un diario. Cuando algo parece acabarse todo empieza, una receta y una reflexión, una nota o una aclaración. Orden, eso es lo que preciso, orden. Mis ideas siempre han fluido a borbotones; no digo “las buenas ideas”, he dicho “las ideas”.

Si cogiera esas ideas y las removiese quedarían como están, las probabilidades no afectan al desorden. Por lo menos no ordenan el desorden; el orden es único, el desorden es más probable. ¿Hay alguien que después de barajar haya obtenido una baraja ordenada? Hay quién a eso le llama entropía.

Este texto en sí mismo resulta caótico por atemporal, sin un principio y sin un final. Ideas que se repiten, mensajes que se intercalan, dudas y más dudas. ¿Qué es real y qué un sueño? ¿Qué razonable? Creo que pronto me tendré que pasar del racionalismo al empirismo, o del empirismo al racionalismo; la razón me desconcierta y la experiencia me confunde.

Una aclaración: si no respondo a vuestros mensajes desearía que no pensaseis que soy un maleducado, que lo seré de un modo inconsciente, es mi tiempo. Esta semana lo requiero más que otra, por mi trabajo, por mis estudios, por mis labores, por mis necesidades,… por “mis”. Perdonadme por ello, pero, si lo que queréis es sólo ser escuchados (como yo), que sepáis que (sí) estaré al otro lado

Ingredientes
  • 120 gr. de azúcar polvo [60 gr.]
  • 220 gr. de azúcar moreno [110 gr.]
  • 225 gr. de mantequilla [112 gr.]
  • 235 gr. de aceite vegetal [117 gr.]. Un aceite no demasiado fuerte, si queremos podemos echar un poco de oliva virgen (si nos gusta) y otro suave.
  • 2 huevos [1 huevo]
  • 10 ml de extracto vainilla [5 ml]
  • 530 gr. de harina normal [265 gr.]
  • 1 cucharilla de bicarbonato [½ cucharilla]
  • 1 cucharilla de sal [½ cucharilla]
  • 1 cucharilla de crémor tártaro [½ cucharilla]
  • 120 gr. de nueces, mejor pecanas [60 gr.]. Puede usarse otro tipo de nueces.
  • Azúcar grano para rebozar, unos 70 gr.
(1) Troceamos las nueces. Tamizamos la harina con el bicarbonato, la sal y el crémor. Reservamos. Precalentamos el horno a 175º C.

(2) Batimos la mantequilla con los azúcares hasta que quede cremoso. Añadimos el aceite y seguimos batiendo hasta que se haya mezclado perfectamente. Incorporamos los huevos y la vainilla. Mezclamos hasta que se integre bien.

(3) Añadimos la mezcla de harina sobre la pasta y, por último, las nueces troceadas en pequeños fragmentos.
La masa podríamos dejarla reposar en la nevera antes de ser horneada, incluso varios días. De este modo será mucho más fácil formar bolas.

(4) Formamos pequeñas bolas del tamaño de una nuez. Si la masa es demasiado pastosa la dejaremos reposar media hora o más en el frigorífico. Rebozamos las bolas en azúcar grano y las ponemos, suficientemente separadas, en una bandeja con papel de hornear. Con ayuda de la parte posterior de un vaso o de la palma de la mano, la aplanamos ligeramente.
Podríamos emplear algún elemento para realizar un dibujo en la superficie. Es importante que se separen suficientemente unas de otras para que no se unan durante el horneado.

(5) Cocinamos en horno precalentado a 175º C durante unos 10 minutos o más, hasta que empiecen a dorarse por los bordes. Cuanto más doradas, más crujientes. Dejamos enfriar en la bandeja unos minutos antes de retirarlas, el objetivo es que se endurezcan algo.
Las guardamos en una caja hermética. Aguantan varias semanas.

Galletas de azúcar y nueces
Son sorprendentes. Aunque su apariencia externa no sea excesivamente llamativa os puedo asegurar que son unas de las mejores galletas de azúcar que podréis tomar, todos los ingredientes encajan a la perfección: vainilla, nueces, azúcares y, como siempre, el crémor para darle una textura y conservación adecuada.

Besos.

domingo 21 de octubre de 2007

Los mejores brownies

Los mejores browniesLa boda de uno de sus mejores amigos

No lo digo yo, mi modestia no lo permitiría y mi forma de pensar evitaría ser tan categórico: “los mejores”. Así lo titula el libro “Pasión por el chocolate” de Trish Deseine.

Llevaba unas cuantas semanas haciendo unos brownies diferentes y con personalidad propia. Aunque todavía tengo muchas recetas pendientes, creo que ha llegado el momento de volver a los orígenes, al brownie clásico. Me había olvidado del libro, fue después de haber comprado “Chocolate”, de J. Andrieu, cuando me vino a la memoria esta receta y estos brownies que lo abrían. “A por ellos”, pensé, que mejor forma de poner un “punto y aparte”.

Los mejores brownies
Empecé, como siempre, midiendo y pesando los ingredientes, fue entonces cuando me percaté de la similitud de esta receta con la receta de “mis brownies” (cuyas fotos tengo que mejorar). Las diferencias son mínimas, las principales: 10 gr. menos de mantequilla (en este caso) y no emplear levadura química. La decisión fue clara, tendría que hacer que “los mejores brownies” se convirtiesen en “mis mejores brownies”, adaptarlos a mi gusto. Por lo menos disfrutaría comiéndolos, aunque no pareciesen “los mejores” sí serían “mis mejores”. Cambios: aumentaría 10 grados la temperatura de cocción, añadiría una pizca de sal para potenciar el sabor del chocolate y los dejaría hornear, exactamente, 20 minutos, no más (la receta recomendaba media hora a 180 º C). Además, evitaría que siguiesen cociéndose fuera del horno dejándolo en un baño de agua fría nada más lo hubiese retirado. Se me olvidaba, también he incrementado en 10 gr. la cantidad nueces.


El objetivo era conseguir un brownie crujiente por fuera y crudito por dentro, jugoso a más no poder, casi para tomar con cuchara. Para mí, no sé si serán los mejores brownies pero sí que han quedado perfectos de cocción y sabor, casi perfectos.

Por primera vez he empleado otro tipo de nueces, las macadamia, que están a medio camino entre unas avellanas y unas nueces. Excelentes.

Los cambios de este brownie tienen su lógica. Los chocolates con mayor cantidad de cacao poseen más manteca, por lo que la proporción de mantequilla puede disminuirse a medida que empleamos chocolates con más cacao. El porcentaje de azúcar también disminuye en los chocolates con más cacao, así tendremos que añadir más azúcar para conseguir el perfecto equilibrio de dulzura-acidez. La levadura química ya es otro tema, como suelo decir, “para gustos”. La levadura hace que crezca más y la superficie se agriete…, por el contrario, queda menos compacto.
Si empleáis chocolates con menor cantidad de cacao, aumentad la cantidad de mantequilla y disminuid, ligeramente, la cantidad de azúcar.


Una boda en cuatro fases y media

Hay una fase previa que todos conocemos, “qué me pongo”. Hace tiempo que guardo las dos opciones en el armario, dependiendo del tiempo pondré una u otra. Hace años que he dejado atrás las corbatas, nunca me han gustado, y más después de esa etapa en que tenía que llevarla a diario. Ahora de traje más moderno (Adolfo Domínguez) y sin corbata, cómo diría un topicazo: “elegante pero informal” ;-).

M se ha llevado las dos opciones en el coche. Al final no ha cambiado, únicamente se ha puesto las medias en el último momento para evitar que se le rompiesen durante el viaje. El día antes se probó ante mí un total de cinco vestidos para que le diese mi opinión, alguno casi sin estrenar. Me gusta la sencillez y lo poco recargado, no me preocupaba que ya lo hubiese puesto.

Yo, como “abstemio”, en este caso por obligación, conduciría a la vuelta. Nada de probar esa “crema de orujo”, aunque ganas no me faltaban. Por suerte nos han regalado una botella y podré emplearla… en algún postre.

María se toma su última copa, es la ventaja de no conducir:

Las fases:

1. Disfrazados. Es la fase que precede a la ceremonia. En ella, cada cual muestra sus mejores trajes y vestidos, la mayoría comprados expresamente para la celebración, dejando atrás las ropas del día, aquellas que nos identifican y forman parte de nuestra personalidad. En esta fase la curiosidad y las miradas se cruzan entre los asistentes. Los hombres de traje y corbata (ya venida a menos), ellas de vestido de tiras y chal.

Es el punto que más aborrezco. Cuchicheos, curiosidad y gafas de sol negras, como queriendo ocultar las miradas de continua inspección. Si llegas a tiempo, se incluyen las eternas presentaciones, en las que tienes que resumir tu vida y hacer un análisis de las de los otros por espacio de un minuto… Ahora aprovecho para realizar fotos y más fotos, así tengo excusa para escabullirme y evitar este exceso de superficialidad.

2. Es lo que importa. Lo que importa pero lo que menos importa. Si es en iglesia, la mayoría se apelotona fuera, hablando de sus vidas y ejerciendo presentaciones ante desconocidos. Presumir, decir que se hace algo importante: ¿trabajar? Si es civil, también son pocos los que asisten, porque casi todos llegan tarde y el comportamiento sigue siendo bastante irrespetuoso con la ceremonia.
3. Me lo llevaría a casa. El convite, comidas y comidas, mariscos de todo tipo y en unas cantidades que ningún cuerpo razonable podría aguantar. Todos pensamos lo mismo, “las sobras nos la llevaríamos a casa”. Comeríamos como reyes durante toda la semana.
Entre tanto, el alcohol ya empieza a causar sus efectos y los asistentes ya empiezan a quitarse el disfraz: “¡vivan los novios!”. En la mesa, la compañía puede alegrarte… o amargarte la fiesta.

4. ¡Bomba! El baile y las corbatas en la cabeza. Sudores, excesos. Ya todos desinhibidos, para eso tanta peluquería y preparativos, un verdadero “crumble”. Ellos agarrados a un vaso en una esquina de la pista, ellas bailando, mientras arrastran como pueden a sus parejas, aunque sea sólo para bailar “La bomba”.
Me gusta bailar, sobre todo los “clásicos”: el vals, el pasodoble, el bolero, el fox-trot,… Importante: he dicho bailar, como música odio el pasodoble, como baile es más que divertido.

La boda

Era de esas en las que no conocía a nadie, sólo a los novios. M a alguno más: a los padres de “él” y a sus hermanos. Es un arma de doble filo. Por un lado sabes que te tocará en una mesa con desconocidos, una ruleta rusa: como te toquen los pesados de la noche o el “chuletas” la fiesta está destinada al fracaso. Ahí tuvimos suerte, gente joven y con ganas de pasarlo bien.
También se puede emplear el anonimato para hacer lo que te plazca sin rubor, incluso bailar “La bomba” y eso de “:... un movimiento sexy…” contoneándose de delante hacia atrás. Esta vez no ha habido “booooomba".

Se celebró en una bodega de vino Albariño. El entorno era paradisíaco, una atalaya desde la que se veía el Barbanza (a lo lejos) y parte de la ría, “A illa” incluida:


Se nota que soy de esta tierra, estoy enamorado de ella... y de muchas más. De esos atardeceres en los que el sol se oculta bajo el mar, el agua apaga sus llamas mientras se hunde en ellas poco a poco:

Es la ventaja de vivir en el oeste, como los atardeceres de Finisterre o esos en los que el sol se esconde en medio de la ría. Sólo recuerdo (sin modestia, lo admito) unos atardeceres que los superan, aquellos en el Masai Mara.
Ahora el sol había dado paso a la luz artificial:

Bailamos y bailamos. Entre todo ello, alguna fotografía, como éstas de Jaime (que conocimos esa tarde) contoneándose graciosamente ante la cámara:


Que seáis felices y que comáis brownies.

Ingredientes
Para un molde cuadrado de 20x20 o uno circular de 22 centímetros de diámetro, mejor cuadrado. En vuestro caso, si sois varios, duplicaría las cantidades o las multiplicaría por 1,5. Para ayudar los cálculos pondré entre corchetes la cantidad para 3 huevos, e doble es más fácil.
  • 225 gr. de azúcar grano [338 gr.]
  • 120 gr. de chocolate negro del 72% o más. [180 gr.]
  • 90 gr. de mantequilla [135 gr.]
  • 2 huevos [3 unidades]
  • 90 gr. de harina. [135 gr.]
  • Una pizca de sal.
  • 60 gr. de nueces o nueces macadamia tostadas y troceadas. [90 gr.]. He usado ambos tipos, a partes iguales, y un poco de chocolate blanco troceado.
(1) Picamos las nueces de tamaño pequeño. Troceamos el chocolate y medimos el resto de ingredientes. Mientras seguimos preparando el postre, precalentamos el horno a 190º C y preparamos un molde cuadrado de 20x20 engrasándolo y enharinándolo ligeramente.

(2) En un cazo a fuego muy bajo o en el microondas, derretimos la mantequilla y el chocolate troceado. Cuando se haya derretido la mantequilla, retiramos del fuego y removemos con una espátula hasta que se haya derretido totalmente. Si fuese necesario lo pondremos al fuego un poco más tiempo.

(3) Batimos los huevos y los vertemos sobre el chocolate ya templado, no caliente, para evitar que se cuaje el huevo. Añadimos el azúcar, mezclamos y echamos la harina. Mezclamos hasta obtener una masa homogénea. Por último añadimos las nueces troceadas.

(4) Vertemos sobre el molde e introducimos en el horno precalentado a 190º C durante unos 20 minutos.

Truco: debe retirarse del horno una vez finalizada la cocción. Como el brownie debe estar jugoso, y para evitar que siga cociéndose en el molde, introdúzcase inmediatamente el molde en un baño de agua muy fría, a ser posible con hielo. Dejamos que enfríe.

Para mi gusto y mi horno, la temperatura y tiempos adecuados son de 190º C durante 20 minutos exactos. Así el brownie tendrá una textura muy blandita y jugosa. Téngase en cuenta que se endurece algo al enfriar y que tiende a cocerse (algo más) fuera del horno por el calor residual del molde.
No tengáis prisa en cortarlos. Recién hechos se deshacen con mucha facilidad, tendríais un excelente postre pero con un aspecto visualmente menos atractivo.


Me encanta templado y con un poco de helado de vainilla o con crema fresca y espesa (sour cream, crème fraîche). Probadlos!.

sábado 20 de octubre de 2007

Bizcocho/Tarta esponjosa de limón

Patchwork

“En los mapas del cielo el sol siempre es amarillo”

¡Y el limón verde! Sí, esta tarta o bizcocho puede incluso hacerse con lima (verde). ¿Por qué “tarta” si parece un bizcocho? Porque esta misma receta puede presentarse como una tarta, riquísima, si la cocción se disminuye, durante unos 15 minutos, no mucho más, y, sobre todo, si las claras se mezclan muy poco al final del proceso. Así, los componentes se separan ligeramente durante la cocción, bajando los más densos (líquidos), emergiendo los menos (merengue) y formando una tarta de limón en dos o tres capas. También podríamos hacer el bizcocho esponjoso y, opcionalmente, rellenarlo con crema y cubrirlo con nata o merengue. Todo con la misma receta, sólo pequeños cambios para grandes diferencias.

Si lo hacéis tendréis, casi con toda seguridad, uno de los mejores bizcochos de limón que pueden probarse. Es muy importante el tiempo de cocción, nunca superior a 20 minutos (aunque depende del horno), para que quede con una ligera textura húmeda. El molde tampoco debe ser demasiado grande para que el postre tenga cuerpo. De unos 23 cm.

Me quedé con tan buen sabor de boca con la delicia de almendra y limón que me apetecía otro postre de aspecto típicamente casero y muy rico, of course.

El reloj se ha parado

Un día de sustos. Es en esos momentos cuando salen a relucir los sentimientos más puros y los más mezquinos.

Los más puros son los que te llevan a parar el reloj, a plantearte llevar otro ritmo de vida, a dejar atrás lo irrelevante, a valorar eso que importa: la vida. Los mezquinos son aquellos que derivan del espíritu de supervivencia. Me ha hecho llorar el afán autoprotector (en su derecho están) de la gente, aún a costa de negar la evidencia o los derechos de los demás. Antropofagia.

Tengo que parar el reloj, así no duraré mucho. Ellos, mi familia, lo saben pero no tienen la receta. Saben qué hacer pero no cómo hacerlo. El cómo siempre es más difícil que el qué, el “qué” no hacía falta que me lo recordasen.

Siempre después de una desgracia, el ser humano tiende, por un momento, a recobrar el sentido, a dar importancia a las cosas y hechos que sí la tienen. Pronto se olvida. Al día siguiente volvemos a las andadas, a ejercer el canibalismo.


Aquarela: amarelo

La acuarela es como la plastilina, me trae recuerdos de la infancia. La plastilina la he vuelto a usar de mayor, todavía las tengo en el cajón. Hace unos años se me dio por moldear figuras, abstracciones u otros objetos con ella. Las acuarelas hace mucho más tiempo que no las uso, no así las témperas, por ejemplo.

Digo acuarela y suena la música brasileira de Toquinho, recuerdo su olor y el de las gomas de borrar de “nata”. Había otras gomas bicolores que permitían borrar tinta de bolígrafo, aunque el papel quedase inservible.

Acuarela también es agua y pequeños botes coloreados. Blancos. A diferencia de otro tipo de pinturas, la acuarela se pinta con blancos, con grandes espacios. La usamos para cubrir aquello que deseemos ocultar. Un negativo a color. Como mi vida, un lienzo blanco sobre el que voy cubriendo cada uno de los espacios hasta dar forma al cuadro. Siempre debemos dejar espacios, los blancos soy yo o lo que queda de mí.


¿Otros tiempos? Santiago, 28 de mayo de 2004

No sé que pasa. Apatía. ¿Aburrimiento? No por mi parte, por lo menos en esto último. Eres tú y sólo tú. No cuento. Tú puedes, yo no.
Hace tiempo que no sabe que existo. Sí, yo estoy aquí, a tu lado. Soy ese que hace la cama por las mañanas. Ese que escucha tus “problemas”. Ese que también los tiene. Cuando llegas está la comida preparada y la mesa puesta. Ese.
Ya no sé. Existo, pero todavía no sé para qué. (…)
Quiero estar sólo con compañía. No la tengo, o eso pienso. ¡Mis fantasmas!, nunca mueren, por eso son fantasmas.
Ya me estaba acostumbrando. Malo es acostumbrarse a “lo bueno”, para lo malo de verdad uno nunca se acostumbra. O eso cree. Yo no.
Has abierto un libro en mi presencia. Mala señal. Sobre todo si es en otra estancia. Peor todavía. Voy a escribir un rato, tal vez eso me ayude.

Sigo aquí. Todo está igual. No ha pasado mucho tiempo. Casi una eternidad. Eso parece.

Una voz. Por haber dejado la televisión encendida. Falsa alarma. No hay esperanza. ¿O sí?

PC, 28 de mayo de 2004

Ingredientes
  • 4 huevos enteros, separadas yemas de claras.
  • 150 gr. de azúcar.
  • 80 gr. de mantequilla derretida (pero no caliente)
  • 120 gr. de harina de repostería.
  • 12 gr. de levadura química.
  • Una pizca de sal.
  • Ralladura de 1 limón y medio, si son pequeños, o uno grande.
  • 115 ml de zumo de limón exprimido (o comprado).
  • Podría usarse lima. Entre una cosa y otra, he empleado unos 2 ó 3 limones.
(1) Mezclamos la harina con levadura química y una pizca de sal. Reservamos.

(2) En un cuenco batimos las yemas de huevo con el azúcar, algo espumoso, dependiendo de si lo queremos como bizcocho esponjoso (espumar) o no. Añadimos la mantequilla fundida pero no caliente, la ralladura, el zumo de limón y la mezcla de la harina poco a poco. Mezclamos hasta obtener una masa homogénea, sin trabajar demasiado.
Para bizcocho esponjoso: batir las yemas con el azúcar hasta que queden espumosas.
Para tarta en capas: mezclar lo justo, sin espuma.

(3) Levantamos las claras a punto de nieve firme con un poco de zumo de limón. Echamos las claras sobre la mezcla anterior de forma envolvente y con cuidado, sin trabajar demasiado la mezcla.
Si lo que queremos es formar capas, tipo tarta, no será necesario que quede bien mezclado, sólo lo mínimo. Las claras subirán y los sabores bajarán al añadirlo al molde.

(4) Éste es uno de los puntos más importantes, dependiendo de la cocción conseguiremos diferentes texturas. Introducimos en el horno bien precalentado a unos 180º C durante unos 15 ó 20 minutos, no más. Dejamos un poco en el horno antes de retirarlo para que no se baje demasiado rápido.


Esperamos a se temple antes de espolvorearlo con azúcar glasé. Una verdadera joya de la cocina casera y tradicional. El sabor del limón es adecuado, no demasiado fuerte. Mejor tomar templado.


¿Y qué me decís de rellenarlo con una crema pastelera o mermelada de frambuesa y cubrirlo con un merengue italiano/suizo? No hay palabras…


Por cierto, mañana “toca” boda, no el la “de mi mejor amigo”. Es la de “uno de sus mejores amigos”…

Besos.
Espero veros pronto.

jueves 18 de octubre de 2007

Galletas bretonas – Galletas de chocolate con perlas de chocolate (ricas y sencillas)

2x1

Menuda semanita. Cuando se me da por hacer galletas no paro. Éstas son dos de ellas, las pongo en pareja (2x1) por dos motivos: por su sencillez, tanto de ingredientes como de elaboración, y por su sabor, de principios básicos pero muy, muy ricos. Unas para tomar con un té o café (no es mi caso, que me las tomo en cualquier momento), otras para los aficionados (como yo) al chocolate. No diré cuáles son las mejores.

He hecho hasta tres tipos de galletas más. Había acabado mi caja de galletas y tenía que volver a llenarla, para poder disponer de ellas en esos momentos de aprieto, cuando necesitas algo dulce que llevarte a la boca. Guardadas herméticamente pueden durar semanas… si no se acaban antes, claro.

Estas galletas no llevan crémor tártaro pero, si no lo tenéis, os recomendaría lo adquirieseis lo antes posible (en la farmacia). Hace que las galletas se conserven durante más tiempo y siempre crujientes por fuera, por dentro según tiempo de cocción. Pronto pondré otra receta que lo lleva y en las recetas que lo indican os puedo asegurar que se nota (infinitamente) la diferencia de llevarlo o no.


2

2x1=2. O tres o más. Menuda gracia. Resulta que M se encontró una de esas odiosas ofertas que atraen al más incauto, a todos nosotros los mortales: dos latas de Pepsi al precio de una. Tiene que tener truco, siempre se lo digo aunque yo también caiga cuando me interesa. Lo tenía. Se compró de una tacada algo así como unas veinte latas, el negocio estaba servido, salvo por dos pequeños detalles: soy de Coca Cola (¿quién se las va a tomar?) y caducan el día 16, es decir, ¡ayer! Las compró el sábado.

No hay solución posible. O arriesgarse a morir envenenado, o hacer una tarta de chocolate y “Pepsi” ;-), o tirarlas. Otra de las dudas que tengo es la siguiente: ¿cuándo caducan? ¿el 15? ¿el 17? ¿en qué minuto? ;-). No sería la primera vez en ignorar la fecha, ni la última.



Marketing

Todo tiene truco. Se las saben todas para captar la atención de despistados como yo. Empiezan con el 3x2 cuando tienen stock de productos perecederos; siguen con “la segunda unidad a mitad de precio”, consiguiendo que compres dos unidades con un total del 75% de su precio normal (siempre ganan) y atrayéndote al supermercado para que compres otras cosas; continúan dándote bonos para que adquieras productos innecesarios que no te comprarías en otras circunstancias, de ese modo pasas de no gastarte a nada a comprar un lote de productos que no necesitas, ¿dónde está el ahorro?; cambian los productos de sitio para que resulte difícil localizarlos y tengas que recorrer el resto de estanterías hasta encontrarlos (siempre cogerás otra cosa); los productos para niños los ponen muy bajos para que puedan echarle un vistazo o “una mano”;… y mucho más.

Una primera solución es ceñirse a una lista de la compra con los productos necesarios (imposible) si no queremos llegar a casa con el carrito lleno de cosas innecesarias o inútiles.

Estas galletas son muy necesarias para mí.

Galletas bretonas


Ingredientes
  • 250 gr. de mantequilla con sal (puede emplearse si sal y añadir una cucharilla de sal a la harina) [125 gr.]
  • 190 gr. de azúcar polvo [95 gr.]
  • 8 gr. de azúcar vainillado o 5 ml de esencia de vainilla. Mejor empléese azúcar vainillado. [4 gr. ó ½ cucharilla]
  • 4 yemas de huevo [2 yemas]
  • 385 gr. de harina normal [193 gr.]
  • 12 gr. de levadura química (Royal) [6 gr.]

(1) Batid la mantequilla con una cuchara de madera o espátula hasta que esté reblandecida. Añadid los azúcares y seguir batiendo hasta conseguir una pasta cremosa.

(2) Tamizamos la harina con la levadura. Añadimos a la mantequilla las yemas y la mezcla de la harina. Mezclamos pero sin trabajar demasiado.

(3) Formamos una bola, la envolvemos en un film de cocina y la llevamos al frigorífico durante una media hora, hasta conseguir la consistencia que permita formar un cilindro. Pasado ese tiempo, retiramos la masa de la nevera y formamos dos cilindros de unos 4 cm. de espesor (las he hecho un poco más grandes), los envolvemos en plástico y los llevamos a la nevera un mínimo de una hora. Podría estar de un día para otro.


(4) Precalentamos el horno a 170º C. Retiramos los cilindros de la nevera y cortamos formando galletas de un centímetro de espesor, aproximadamente. Ponemos sobre papel de hornear y cocinamos durante unos 20-30 minutos, hasta que tengan un tono dorado. Cuanto más doradas, más crujientes y duras.


Nada más sencillo. Unas verdaderas galletas bretonas con un sabor auténtico y delicioso.

En estos casos es muy importante que la materia prima sea de buena calidad, la mantequilla sobre todo. Bien, ¿y que podemos hacer con las claras?, una idea: las magdalenas del otro día.


Galletas de chocolate con perlitas de chocolate (ricas y sencillas)


Ingredientes
  • 200 gr. de harina
  • 140 gr. de mantequilla
  • 100 gr. de azúcar polvo
  • 20 gr. de cacao en polvo
  • Una pizca de sal
  • 50 gr. de chocolate negro troceado
  • Un huevo o clara para ayudar a rebozar el azúcar.
  • Unos 60 gr. de azúcar para rebozar las galletas.
(1) Retiramos la mantequilla previamente del frigorífico para poder trabajarla con facilidad. Mezclamos la harina tamizada con el azúcar, el cacao y una pizca de sal. .Reservamos

(2) Reblandecemos la mantequilla con una espátula o con una cuchara de madera. Añadimos la mezcla de harina y las perlas de chocolate. Trabajamos bien hasta formar una pasta homogénea.
Es una pasta no demasiado pegajosa ni compacta, pero al trabajarla veremos que irá quedando cada vez más manejable.
Formamos 2 ó 3 cilindros de unos 3 centímetros de diámetro, los cubrimos con plástico transparente y los llevamos al frigorífico hasta que adquiera consistencia. Podremos ponerlos en el congelador por espacio de una hora, aproximadamente.

(3) Precalentamos el horno a unos 180º C. Retiramos del frigorífico o congelador y rebozamos en huevo y azúcar. Cortamos las galletas de un centímetro de grosor y las vamos poniendo sobre una bandeja con papel de hornear.
Cocinamos durante unos 10-15 minutos, hasta que adquieran un tono y empiecen a agrietarse. Dejamos que enfríen un poco en la propia bandeja antes de retirarlas.

Están muy buenas, por dentro son suaves, por fuera crujientes.

miércoles 17 de octubre de 2007

Costillas de cordero al horno en salsa agridulce de soja

La costilla de Pepinho

Empezaré por la receta. El “recuerdo” de esta receta se lo debo a Karlos Arguiñano. Probablemente haya sido un jueves, pues es el día que cocino antes de ir a correr. Ese día realizó un sencillo y apetitoso plato: unas costillas de cerdo con salsa de soja, una receta muy parecida a ésta que presento. La visión (audición ;-)) de ese programa me trajo a la memoria esta otra, que realizaba hace tiempo y que tiene muchos parecidos con la suya. La diferencia sustancial es el horneado (tiempo y temperatura) y los elementos que proporcionan acidez a la salsa: cítricos frente a vinagre.

Para aquellos que desean hacerlas al “modo de Arguiñano” decir que, como ésta, es muy sencilla, obteniendo una carne más oscurecida por la alta temperatura y rápida cocción.
Arguiñano realiza el adobo con: dos cucharadas de vinagre, dos cucharadas de salsa de soja, dos cucharadas de miel, un chorrito de aceite, un poco de agua (añadido a media cocción), pimienta negra recién molida y sal. Otra diferencia es que las cocina durante (únicamente) media hora a temperatura fuerte, unos 200º C. Yo prefiero que la carne se haga a fuego lento y que la salsa se reduzca lentamente, caramelizándose.

Sabrosísimas. Pueden hacerse tanto con carne de cerdo como de cordero. Probad la salsa y modificar las proporciones a vuestro gusto, libertad de elección.


Me voy por la tangente

Otro tópico. Los gallegos no se van por la tangente, un estereotipo más. Ni los catalanes son tacaños, ni los andaluces holgazanes, ni los madrileños chulos,... Sé que lo sabéis, tú la primera, pero es bueno recordarlo y hacerlo saber, incluso en aquellos casos que se “dice por decir”. La mejor forma de atajar esos prejuicios es evitar su mera mención. Otro asunto es la Real Academia: en Costa Rica “gallego” es sinónimo de “tonto”, un poco si que soy. Después de esta leve reseña creo que ha llegado el momento de aclararme y hablar, más todavía.

A la luz está que no me voy por la tangente, que pretendo ser (demasiado) sincero, que navego a carne viva. Poco tiempo me ha durado mi alter ego, Harry Haller, y cada vez soy más Pepe o Pepinho ;-). Hoy no sé por dónde navegaré, intentaré no perder el rumbo, pues no he tenido un buen día, ni una buena semana.

He pretendido, dentro de ciertas limitaciones, sincerarme y no dejar nada en el tintero. Nadie es perfecto, el mundo no es perfecto, las relaciones tampoco. Es algo que siempre he detestado, esa falta de sinceridad, la coraza con la que se navega por la vida. Ese “parecerlo”, prefiero “no parecerlo”, así sólo quedará lo bueno. Ser una manzana a la que le quitan aquellos elementos de extraños, aunque muchas veces sólo nos quedemos con el corazón y poco más. No quiero ser esa manzana hermosa por fuera pero podrida por dentro, no quiero preocuparme por la piel, por formar una perfecta imagen en la frutería del barrio.


¿Quién no ha reñido nunca con su pareja o compañía? ¿Quién no ha pensado más de una vez que tal vez se haya equivocado al estar con “su” pareja? (yo lo he hecho, “somos muy diferentes y de inquietudes ¿diferentes?”) ¿Quién no ha deseado llevar una vida distinta? ¿Quién no ha soñado? ¿Quién? Lo extraño, tal vez, sea decirlo en voz alta, sin rubor, porque no tengo nada que ocultar. M lo sabe, sabe que se me han pasado muchas cosas por la cabeza, sabe que escribo en un blog y que me intento sincerar día a día (y que me ayuda a pensar y a no olvidarme de aquello que importa). Tal vez por eso no lo lea [*], o no se atreva a leerlo. No por miedo a descubrir algo que no le haya dicho, porque no le oculto nada [**], más bien por miedo a saber que hay otra gente que puede saberlo. Pero M, no tengas miedo, no pienses que los demás, detrás de esas visitas dominicales y en familia a la iglesia, son perfectos. No, tal vez sean más infelices de lo que te imaginas. [Nota: en mis textos, siempre acaba dirigiéndome a ella. Como si me estuviese leyendo.]
[*] Tampoco es muy amiga de los ordenadores.
[**] Sólo recuerdo haber “mentido” una vez a M, no hace mucho. Mi mentirá partió de otra mentira (la suya) en la que tomó decisiones unilaterales, sin contar conmigo, sin darse cuenta que hay decisiones que deben implicar a ambos. Al final todas las mentiras se descubren, ésta también. No quisiera vivir con el peso de la mentira, prefiero el peso de la verdad.


Lo difícil no está en las respuestas, que tal vez no existan, lo difícil está en las preguntas. Nos hemos preguntado, realmente, por qué nos casamos. Nos hemos preguntado hasta qué punto estamos dispuestos a llegar. ¿Actuamos por inercia, porque lo hace “todo el mundo”?. Esas preguntas no me las dirijo sólo a mí, a todos.

He corrido prácticamente todos los alrededores de Santiago, pocos caminos me quedan por descubrir, por pequeños que sean. Dos horas al día da para mucho. ¿A dónde quiero llegar? Quiero hablar de esos caminos a los que nadie llega, de esos caminos llenos de mentiras y falsedades, de mundos paralelos. De esos caminos en los que me encuentro un Audi (suelen ser coches grandes) oculto en la maleza en los que un acorbatado personaje llena de mentiras su matrimonio, quiero hablar a esos otros caminos en los veo como jóvenes (y tanto) vacían su vida con “paraísos artificiales” lejos de la mentira de sus casas,... Son muchos de éstos los que los domingos pasean con sus familias y nunca se les ha visto un mal gesto, esos “Spanish Beautiful”.

(Continuará)

El siguiente fragmento no es un reproche. Es un comentario SUBJETIVO de una situación cotidiana que he vivido este domingo, que así he sentido, en eso mismo instante. No he querido cambiar ni una simple coma. Ésas son las verdades que te ayudan a entender las relaciones personales y como muchos de los enfados llegan por situaciones de lo más absurdo e irrelevante.


M, el vampiro de Dusseldorf

Me has cogido en mal momento, escrito está, lo siento.

M de M. Hoy, domingo, hasta los…. Se me había acabado la batería del móvil, ¡malditos aparatos!, y no he podido darte el “toque”. Llegaste, y la comida sen hacer del todo, “faltaba” media hora y sólo me “faltaba”, para más, tener que aguantar ese carácter. Tiene tela, que me culpes por hacerte perder media hora de playa, y yo cocinando… Y no te llega con eso, también me culpas por ir a correr. Cualquier día dejará de ser cualquier día, no debería sorprenderte.

Al acabar, ni un minuto para descansar, escucho de tu boca el canto de los niños una y otra vez: “¿te falta mucho?” ¡Sólo por quince minutos más de playa!, de bronceado. Pesando, pensando, creo haber descubierto el origen de esa obsesión: la boda de la semana que viene. ¡Maldita preocupación por la imagen!

¿Cómo se le “da la vuelta a la tortilla”?, ¿cómo?, ¿cómo puedes hacerme sentir culpable? ¿Por qué? ¿Qué he hecho mal? Deberías culpar al móvil.

Nos olvidamos de las personas. Qué difícil es percatarse de ello, de que existen (existimos). Es más importante ese minuto de bronceado, esas ganas de llegar antes (no se sabe para qué), que hacerme sentir mal, que enfadarse.
También es un inconveniente no cambiar el punto de vista y la perspectiva de las circunstancia, una cámara fija en posición indeterminada. Cuando te des cuenta sí tendrás un problema y no será tan endeble como llegar 5 minutos antes a la playa.

Perdón.


Ingredientes
  • Una ristra de costillas de cordero o cerdo (magra o no).
  • 2 ó 3 cucharadas de aceite de oliva.
  • 4 cucharadas de salsa de soja.
  • 3 cucharadas de miel.
  • Zumo de ½ limón.
  • Zumo de ½ naranja.
  • 1 ó 2 cucharadas de vinagre de jerez. Puede prescindirse de ella dependiendo del grado de acidez que se obtenga con los cítricos.
  • 1 cucharada de mostaza. Puede usarse menos si no gusta.
  • Romero (opcional)
  • Sal.
  • Pimienta negra recién molida.
(1) Troceamos las costillas longitudinalmente y las ponemos en una bandeja o pirex que pueda ir al horno. Condimentamos con sal, pimienta negra y romero.

(2) En otro cuenco removemos el vinagre, los zumos, la soja, la mostaza, el aceite, la miel. Inmediatamente vertemos sobre las costillas. Esta salsa puede dejarse macerar de un día para otro removiendo de vez en cuando o hacerse de inmediato.

(3) Introducimos en el horno a horno flojo, entre 150º C y 165º C, durante más de una hora (una hora y media) y dándole vueltas de vez en cuando. Estarán hechas cuando la salsa haya espesado y tengan un tono caramelizado.
Si las queremos más doradas podemos subir la temperatura durante el último cuarto de hora. Servimos y acompañamos con unas patatas fritas o un arroz en blanco.

Esta salsa también podría prepararse al fuego y reducirla en un cuenco para extender sobre unas costillas asadas.

Como diría Arguiñano, “rico, rico”.

Perdón.

martes 16 de octubre de 2007

Roscos de vanilla, cardamomo y chocolate

Dónde está el agujero

Algunos han sido fritos durante la preparación de los roscos, así acababa con “la fiebre de matar al gusanillo”. Otros amasados nuevamente para formar las últimas unidades. Los agujeros, que no lo son tal, pues agujero es ausencia, resultan unos buñuelos excelentes espolvoreados con un poco de azúcar glasé.

Estos roscos los he realizado varias veces, una de ellas al mediodía y otra durante la noche. Pienso que lo mejor es hacerlos por la mañana o prepararlos para ser comidos al mediodía. De un día para otro, aunque ricos, no se conservan igual de frescos. Todas las fotos que presento han sido realizadas al día siguiente, aunque no se percibe del todo la textura, diría, sin dudarlo, que están mucho mejor recién hechos.

Le he puesto unas vainas de cardamomo, que ejercen un contraste muy interesante con la vainilla. Si lo deseáis, podéis prescindir de ello, incluso de la vainilla, y tendréis unos (también) deliciosos roscos de manteca.

Perdón, visita

Llevo un par de días sin tiempo (el eterno cantar). Ayer tarde tocó radiografía, recados (horror) y… visita (suena la alarma). Las visitas es algo que supera mis inquietudes, por decirlo de un modo suave.

No soy muy dado a las multitudes, a esas reuniones familiares (o no tanto), repletas de charlas banales en las que la coletilla “¿qué tal?” se repite hasta el agotamiento. Lo más difícil es aguantarse las ganas de responder con toda la sinceridad del mundo y no pronunciar esas respuestas que desearías pero que no harás: “Pues mal, desearía estar descansando”, “Tengo tantas cosas que hacer que no sé que hago aquí, sólo he venido por respeto a M”, “Mal, pues estoy rodeado de más de uno con el que sería incapaz de tener una conversación adulta”,…

Cuando somos muchos esas visitas pueden convertirse en algo más o menos soportable. Te escondes entre la multitud, picas un poco (nunca falta el jamón o el queso curado) o, por una vez, aprovechas para ver algo la tele y enterarte de las noticias mientras el resto del personal vaga por la casa hablando de “estores”, la nueva adquisición o lo “bonito” que es todo. Pura sinceridad.

Por lo menos no te llenan con la sempiterna pregunta: “¿para cuándo?”. ¡Qué manía!, a eso le llamo meterse hasta… en la vida de los demás. ¿Qué pensarían si, simplemente, les recomendase qué comprar o qué comer al día siguiente? Ayer he tenido que aguantar “esa pregunta” y me he tragado la respuesta, por enésima vez.

Después está el que quiere dar “La Noticia” con mayúsculas. Ése que tiene algo “importante” que decir. Perdón, quería decir “ése” que desea darse notoriedad, llenar su tórax durante unos segundos con la finalidad de sentirse un ombligo, el ombligo de la reunión. Las noticias pueden ser de lo más curiosas: “me han nombrado presidente… ¡de la comunidad de vecinos!”,-); “nos hemos comprado un coche muuy grande y muuy caro”, ya; “formo parte del equipo directivo”, ¿quieres decirme que tendrás menos tiempo y lo sacrificas sólo por dinero?, ya; “vamos a tener….”, ¡jarl!

La visita se puede complicar si alguien, como quién no quiere la cosa, suelta un comentario político, habla de fútbol o, como ayer, la gente se obsesiona con la notoriedad, el elitismo y la falta de respeto. Vivir.

Por lo menos, en este caso, no hemos tenido que pensar si llevar unos pastelitos, unas galletas o un vino. Menos mal.

Historia del “Chocolate”

El libro de ayer fue una sorpresa. Nos acercamos al CI, M tenía algo que cambiar (un regalo de su madre) y algo que comprar (todavía no lo tengo claro). Para mí, entrar por la sección de libros es una tentación y M no puede aguantarlo. Podría estar horas sin que pase el tiempo, he dicho “podría”. M no lo iba a permitir.

Sé que quiere que la acompañe a dondequiera que vaya, pero como supuse que no querría comprarse nada, le pedí si me “dejaba” quedarme un rato viendo libros. No tardó demasiado, pero cuando volvió ya tenía un ejemplar nuevo debajo del brazo. Sólo un detalle, el único ejemplar que quedaba estaba (ligeramente) defectuoso y M no permitiría que me lo llevase así. Sólo tuve que encargarlo y esperar unos días a que me avisasen… ¡ ya lo tenemos aquí…”

Ingredientes
  • 7 gr. de levadura fresca [4 gr.]
  • 30 ml de agua templada (40-45 ºC) [15 ml.]
  • 165 ml de leche tibia [82 ml]
  • 10 ml de esencia de vainilla [5 ml]
  • 3 ó 4 vainas de cardamomo [2 vainas], las semillas negras machacadas (Opcional)
  • 50 gr. de azúcar [25 gr.]
  • ½ cucharilla de sal [¼ cucharilla]
  • 1 huevo [25 gr.]
  • 35 gr. de manteca de cerdo [18 gr.]
  • 340gr. de harina normal, o mitad normal y mitad de harina de fuerza [170 gr.] + harina adicional para adquirir la textura adecuada.
  • Aceite de girasol para freír

Cobertura 1
  • Chocolate fundido en el microondas
Fundimos el chocolate en el microondas, retirándolo poco a poco y evitando que se queme. Acabamos de derretirlo fuera del microondas con ayuda de una espátula. También puede fundirse al baño María o un fuego muy, muy bajo.

Cobertura 2
  • 2 cucharadas soperas de azúcar
  • 2 cucharillas de canela molida
Mezclamos y rebozamos los roscos todavía calientes.

Cobertura 3
  • 40 gr. de mantequilla
  • 125 gr. de azúcar polvo
  • 4 ml de esencia de vainilla
  • 30 ml de agua caliente, aproximadamente.



(1) Espolvoreamos la levadura en agua templada, la disolvemos y la dejamos reposar 5 minutos o hasta formar burbujas. Mientras tanto, pesamos y preparamos el resto de ingredientes.

(2) En un cuenco echamos la mezcla de levadura, la leche, la vainilla, el cardamomo (opcional), el azúcar, la sal, los huevos, la manteca y unos 125 gr. [63 gr.] de harina. Mezclar bien durante unos minutos a baja velocidad o removiendo con una cuchara de madera. Añadimos la harina restante poco a poco cada vez, hasta que la masa no se pega al cuenco.

(3) Amasamos durante 5 minutos, o hasta que quede suave o elástica. Si fuese necesario, y lo será, echamos más harina, un poco. La masa no debe quedar dura, tirando a pegajosa. A medida que se amasa veremos que se adhiere menos pegajosa.

(4) Ponemos sobre un cuenco engrasado y cubrimos. Dejamos reposar en lugar templado hasta que doble su volumen. La masa está preparada cuando al pulsar sobre ella se conserva y no vuelve a la posición original.
Este reposo puede ser más prolongado que el siguiente. El siguiente no debe subir en exceso, se deformaría y sería muy difícil llevarlos a la sartén sin que se dehagan.

(5) Echamos la masa sobre una superficie bien enharinada y la estiramos con cuidado, con un grosor de aproximadamente 1 cm de espesor. Con ayuda de dos vasos de diferente tamaño, un vaso y un dedal o similares, cortamos con forma de rosco. Los ponemos sobre una bandeja enharinada y dejamos crecer de nuevo hasta que doble su volumen, cubierta ligeramente con un paño.

(6) Cobertura 3. Derretimos la mantequilla en un cazo a temperatura media, añadimos el azúcar polvo y la vainilla hasta que quede suave. Retiramos del fuego y echamos una cucharada de agua caliente cada vez, hasta que pasta sea algo fina pero fluida. Reservamos.

(7) Calentamos el aceite en un cazo o sartén profunda a 175º C. Echamos los roscos en el aceite caliente con ayuda de una espumadera. Giramos los roscos tan pronto como vayan creciendo. Freímos por ambos lados hasta que tengan un todo dorado y ligeramente marrón.

Retiramos y dejamos escurrir en papel de cocina o en una rejilla. Hundimos los roscos en el glaseado mientras estén calientes y ponemos sobre la rejilla para escurrir el exceso, poniendo una bandeja debajo para que sea fácil eliminar los restos. Haremos lo mismo con el chocolate.

Buenísimos recién hechos, al día siguiente, como en las fotos, no se conservan demasiado frescos.

domingo 14 de octubre de 2007

Magdalenas de almendra y miel con pepitas de chocolate

A libro nuevo… victoria segura

El sonido de la música [*]

¡Y versa sobre chocolate! Es lo que tiene, el chocolate resulta tan atractivo a la vista (y al paladar) que muchos de mis libros de cocina, diría repostería, hablan directa o indirectamente sobre el chocolate.

La última adquisición no ha sido para menos. El título no podía ser más claro y conciso: “Chocolate”, su autora [**], Julie Andrieu, no ha cantado en ningún musical, si bien lo primero que me ha venido a la cabeza al leer ese nombre fue: Julie Andrews. La otra duda me surgió, después de haber visto las fotografías, es la eterna pregunta para mucha gente: ¿cómo consigue mantener el “tipo”?. Porque muchas reposteras son mujeres pero, además, ¡delgadas!, ¿quién se come los postres? En nuestra casa los comemos dos… y M ya se queja por ello, me culpa (indirectamente) de esos dos kilos que dice le sobran; que no haga nada rico, que “cualquier cosa” y a la plancha, pero una vez ha empezado ya me está pidiendo el plato siguiente. Que la sorprenda. Eso intento. El (rico) pescado de hoy ha sido “culpa” mía, por suerte, bajo en calorías. A mí me da igual, sólo quiero verte feliz y que me dejes serlo.

No me ha importado que tú estuvieses en la playa, tomando el sol (¡en pleno octubre!), mientras yo cocinaba. Tampoco que me dijeses que te diese un “toque” al móvil cuando estuviese todo preparado. Disfruto con ello, aunque a veces también desearía estar tumbado al sol… y que valores mi esfuerzo. Tú traes las materias primas (con mi recomendación), yo intento preparar aquello que se me ocurra, aunque me moleste cuándo “traes” los pescados sin cabeza, el bogavante troceado o la raya sin piel, ya no lo haces.


Por la tarde he ido contigo, me he traído unos cuantos libros, entre ellos “Chocolate”. Como sabes, no puedo estar sin hacer nada. Tú echada al sol, yo leo y escribo estas palabras.


Sigo con Mary Poppins

Magdalenas, “minimagdalenas”, decía la receta. ¿Por qué? ¿Por qué he empezado con una de las pocas recetas que no tenía foto? Porque ya me las conozco, porque nunca fallan, porque ya las había hecho con miel y almendra, y estaban deliciosas, porque el chocolate (madeleines de chocolate y miel) podía darle el toque definitivo y, sobre todo, porque me apetecían.

(¿Qué hacéis, magdalenas?)

Riquísimas. Que decir que quedan sólo dos para esta noche. Ocho unidades de una tacada, templaditas. Otro detalle importante que me ha atraído es el proceso de “tostar” ligeramente la mantequilla para darle un ligero aroma a nuez, beurre noisette, otras veces el resultado había sido excelente.

Un último detalle. La receta original no incluye levadura química ni un reposo tan prolongado. Puedo aseguraros que cuando he dejado reposar la masa durante toda la noche, incluso más, he obtenido los mejores resultados de sabor y “abombamiento”. La levadura química potencia esa esponjosidad, no suele sobrar en estos casos. Sólo queda disfrutar, estoy seguro de ello.

On the beach


Para mí es la vida, las olas, el mar. Ella busca el sol, le da igual el lugar, lo importante es el sol. No estamos solos, otra pareja tampoco se lo ha pensado. Es curioso lo fácil que resulta adivinar el tiempo que llevan juntos, yo diría que menos de cinco meses, esa fase de revolcones y conversaciones monosilábicas. También en nosotros resulta fácil, ella, ya a última hora, lee el periódico, yo escribo sobre un libro y las conversaciones versan sobre vivencias, viajes, hablan de futuro o “Euribor más un diferencial”: diría que cinco años casados… más un diferencial.

Vemos la ría de Arousa con la sierra del Barbanza al fondo:

Los primeros meses también eran así, más para mí, que descubría un nuevo mundo, algo totalmente desconocido hasta entonces, sólo mis ensoñaciones y amores ¿platónicos? anteriores habían ¿superado? esas sensaciones. Las cosas cambian, no a peor, cambian. Eso es otra historia que, cuando tengo más tiempo, contaré.

Bueno, ya tengo ganas de hablaros de esta receta que podéis hacer en 10 minutos durante la noche y cocinarla al día siguiente. Es sólo es una sugerencia.

[*] En general, no soy partidario de esas adaptaciones “libres” de los títulos, transgrediendo el mensaje o la idea original: "¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?" por "Avanti!", "Teléfono Rojo, volamos hacia Moscú" por "Dr. Strangelove Or How I learned To Stop Worrying And Love The Bomb" o "Olvídate de mí" por "Eternal Sunshine Of The Spotless Mind"

[**] Curioso, muchos de los libros de repostería que poseo o conozco, sobre todo sobre chocolate, están escritos por mujeres. Los “ladrillos” de cocina de puchero, nueva cocina, cocina “popular”… están escritos por hombres. Un tema de dulzura y cariño, de detalles, orden o exactitud. No me imagino a Karlos Arguiñano ideando un postre de chocolate mientras cuenta uno de sus chistes ¿verdes?
Hay quién dice (yo) que la mujer está buscado un entendimiento o cariño no correspondido, una forma de entendimiento sobre el misterio de la vida y la concepción, muy lejos de una sencilla finalidad de conservación sanguínea buscada por muchos.

Ingredientes
  • 50 gr. de almendra molida [25 gr.]
  • 50 gr. de harina [25 gr.]
  • 4 claras [2 claras]
  • 100 gr. de mantequilla [50 gr.]
  • 100 gr. de azúcar glasé [50 gr.]
  • 1 cucharilla de miel (5 ml) [2,5 ml]
  • 1 pizca de sal
  • 1 cucharilla de levadura química [½ cucharilla] (opcional)
  • 50 gr. de chocolate amargo [25 gr.], troceado fino
  • Unos 20 gr. de mantequilla para el molde. [10 gr.]
(1) Derretimos la mantequilla en un cazo a fuego medio, hasta que adquiera un ligero tono a color avellana, sin quemarse. Este proceso, denominado beurre noisette, hace que la mantequilla tenga un ligero sabor a avellana/nuez. Retiramos y dejamos templar.

(2) Mezclamos la harina tamizada con la levadura química, el azúcar polvo, la almendra molida y la pizca de sal. Añadimos las claras y mezclamos hasta obtener una pasta homogénea.
La receta realiza la mezcla con las claras sin montar, y así he hecho, tampoco creo que sería una mala opción montar las claras cómo he hecho en las madeleines de chocolate y miel.

(3) Añadimos la mantequilla (templada, casi fría) y a la miel con ayuda de una espátula. Dejamos reposar la masa varias horas, mejor de un día para otro.

(4) Pasado el tiempo de reposo precalentamos el horno a 220º C y untamos los moldes para magdalenas con mantequilla. Si son de silicona no es necesario. Troceamos chocolate fino y lo añadimos con cuidado a la preparación.


(5) Cocinamos en el horno precalentado a 220º C, hasta que se hayan inflado y empiecen a tostase por los bordes. El tiempo de cocción depende del tamaño de las magdalenas y del horno. Para unas “minimagdalenas” serán necesarios entre 5 y 7 minutos, para el tamaño estándar entre 8 y 12 minutos, aproximadamente.


Desmoldamos, repitiendo el proceso hasta acabar la masa.

A mí me encantan tibias, pero también frías… y qué tal mojadas en una taza de chocolate caliente o con una ligera cobertura de chocolate. Para disfrutarlas.

"The hills are alive with the sound of music
With songs they have sung for a thousand years...."

jueves 11 de octubre de 2007

Delicia de almendra y limón (Tarta de almendra)

Puente sobre aguas turbulentas

Si tuviese que repetir todas las semanas un postre no sería un brownie, ni una tarta de chocolate, ni una Saint-Honoré, ni una mousse, sería algo parecido a éste. Una delicia. Aunque esta vez he cometido un pequeño error: he abierto el horno muy repentinamente (no sé en qué estaba pensando) y se me ha encogido ligeramente por los bordes, ese “problema” no ha sido un inconveniente para un sabor delicioso. Probadla, por una vez hacedme caso.

Es una delicia, esponjosa, con un sabor a almendra (troceada), a limón y a vainilla. Después está esa cobertura, impresionante, con un excelente Amaretto, aunque éste haya sido elaborado en Alemania… problemas de denominación de origen.


Sólo le pido

Que no sea una puente sobre agua turbulentas, que no se parezca lo más mínimo al pasado, por mucho que hayas dicho que hubiese sido “relajante”. Que no miremos el reloj y, si hace falta, comamos a deshora. Eso es relajante. La isla por sí sola no garantiza nada, sólo tiempo.


Sólo te pido

Que te acuerdes de mí. Tan sencillo como difícil.

Sólo os pido

El día no ha sido tan malo, ni tan bueno. Exceptuando la caída, el resto del día (hasta ahora) ha trascurrido sin tensiones. Nada que no conozca, alguna limpieza y poco más. M trabaja por la tarde y, pese a todo, tampoco he ido al cine, había pensado en pasar la tarde corriendo. Un día excelente, sol. Cuando en “España” llueve, en Galicia puede pasar de todo, incluso buen tiempo como hoy.

Daba pena meterse en el cine, sobre todo teniendo en cuenta que lo más interesante ya lo había visto y, aunque M trabaje no tenía pendiente ninguna película de las denominadas “raras”; esas que voy a ver yo solo. Porque me gusta desfrutar del cine en soledad.

Solo os pido que disfrutéis de la compañía en compañía de este postre, porque me voy de “puente” y hasta la noche del domingo no podré aparecer… Gracias y besos.


(y van tres)

Hoy me he vuelto a caer. Esta vez una señal de tráfico mal cortada y u coche que desvió mi atención. ¡Y yo que quería disfrutar de una tarde de footing!, a cambio, una rodilla maltrecha y hemorragia. Éste hecho me ha recordado que todavía me faltaba el último “capítulo” de la aventura del verano. No he descubierto nada del otro mundo, sólo memoria.


Domingo, 22 de julio de 2007

Hans Christian Andersen

Si yo me considero “el patito feo”, “el bicho raro” entre una multitud de patos, Copenhague es más el patito que sirenita. Llegué receloso de la ciudad, las referencias que tenía no eran del todo concluyentes e incluso había oído algún comentario negativo.

La descubres, como otras, entre canales y moteada de edificios llenos de modernidad y contemporáneos entre unas calles empedradas con pequeñas viviendas llenas de historia. En un primer momento podría confundir al viajero, pero inmediatamente descubres que todos los elementos están integrados a la perfección, que reflejan una población más activa y alegre que la escandinava.

El canal de Nyhavn es la imagen de la ciudad y no decepciona lo más mínimo. Sorprende ver “al otro lado del río” la hermosa arquitectura del teatro de la Ópera, inaugurado en 2005. El parque Tivoli o Amalienborg son otros enclaves que embellecen el entorno.

Corriendo descubro cómo amanece la ciudad después del jolgorio y la resaca del sábado, corriendo por infinidad de parques, como el de Rosenborg o calles trazadas al borde de los canales en el barrio de Christiania. El patito feo no es un pato, es un cisne.

La tarde nos despide con lluvia, quisiéramos entrar en el Tivoli. Veremos si deja de llover durante un poco.

Parte médico. Hoy otra caída (y van 2), “tortazo” grande con heridas en el codo, muñeca y nudillos de ambas manos. Hematomas en el tórax. Prohibido mirar los monumentos mientras se corre…

PD.: Copenhague está (siempre) entre las primeras de la lista de ciudades más "habitables" del mundo...

Ingredientes
  • 100 gr. de almendra cruda y troceadita, no molida. Se puede comprar ya en trozos o triturarla en casa.
  • 1 limón grande, necesitaremos toda la ralladura y un poco zumo de limón.
  • 50 gr. de harina de repostería
  • 1 cucharilla de levadura química (Royal)
  • Una pizca de sal.
  • 4 huevos medianos, separadas las claras de las yemas.
  • 50 gr. de azúcar vainillado, sí, esa cantidad es la correcta
  • 40 gr. de azúcar en polvo (para levantar las yemas)
  • 20 gr. de azúcar en polvo (para levantar las claras)
Glaseado
  • 50 gr. de almendra cruda y troceada, aproximadamente.
  • 100 gr. de azúcar polvo, o más si queda muy líquido.
  • 2 cucharadas soperas de Amaretto (licor de almendra).
  • 1 ó 2 cucharadas de zumo de limón (el que nos ha sobrado antes).
(1) Rallamos el limón y troceamos la almendra si no la hemos comprado ya troceada. La almendra no sirve molida ni en láminas, debe ser troceada en fragmentos de unos milímetros. Con las yemas de los dedos, mezclamos la almendra con la ralladura de limón y reservamos.

(2) Tamizamos la harina con la levadura química y una pizca de sal. Reservamos.

(3) Precalentamos el horno a 180º C. En una tartera o cuenco grande batimos 40 gr. de azúcar polvo con el azúcar vainillado y las yemas, hasta que quede bien espumoso y haya duplicado su volumen. Podemos ayudarnos de un batidor.

(4) Sobre los huevos batidos, tamizamos la mezcla de la harina, mezclamos y echamos la almendra triturada con la ralladura de limón.

(5) Levantamos las claras en punto de nieve con una cucharilla de zumo de limón. A medio levantar vamos añadiendo poco a poco los 20 gr. de azúcar polvo restantes. Batimos hasta que quede firme.

(6) Echamos ¼ de las claras montadas, aproximadamente, sobre la mezcla del bizcocho para disminuir la densidad. Después añadimos las restantes claras con ayuda de una espátula y de modo envolvente, intentando evitar que se bajen.

(7) Echamos sobre un molde engrasado y enharinado de unos 23 cm. de diámetro. Le damos un pequeño golpe para alisar la superficie e introducimos en el horno precalentado a 180º C durante unos 30 min., más o menos. Pinchamos con un palillo para ver si sale seco, en ese momento apagamos el horno. Puede necesitar hasta 40 minutos si es muy grueso y grande. Dejamos enfriar un poco con el horno entreabierto, retiramos y dejamos enfriar totalmente en el molde antes de desmoldarlo.

(8) Una vez frío preparamos el glaseado. Tamizamos el azúcar polvo en un cazo, añadimos una o dos cucharadas de zumo de limón y dos cucharadas de Amaretto. Batimos hasta obtener una pasta homogénea y algo líquida.

En una sartén, tostamos ligeramente las almendras picadas (opcional), cubrimos el pastel con la pasta y echamos por encima las almendras trituradas. Llevamos al frigorífico. Podemos tomar también a temperatura ambiente, dependiendo de vuestros gustos.


Veréis que no os defraudará, uno de los (¿cien?) mejores pasteles “estilo casero” que he probado, probablemente.

Besos.

miércoles 10 de octubre de 2007

Brownies de Guinness

Brownies de GuinnessMy goodness, my … brownies!

No ha sido una locura personal. En estos casos es a M a quién le encanta la cerveza, aunque más la “clara”. Si nos vamos a tomar algo, M se toma una clara y yo, un abstemio sin remedio, un zumo o, como mucho, una Coca Cola. No penséis mal, tengo otros vicios. El problema es el camarero o camarera y su visión llena de prejuicios: a ella le ponen la Coca Cola Light y a mi la “clara”, y puedo aseguraros que no tengo aspecto de bebedor. No demasiado.

Brownies de Guinness
Este es el…, sí, habéis acertado, “brownie diferente de la semana”, y tan diferente, y tan rico (o más). Lo caminos (no diré “del Señor”, ya lo he dicho) son inescrutables y este camino ha sido sorprendente. Como no tengo mucho tiempo, sólo daré unas cuantas recomendaciones para poder disfrutar al máximo del brownie, para mí primordiales:

  • Como ya he dicho otras veces, un brownie debe estar más bien crudo. Lo he cocinado durante unos 21 minutos a 190º C. No era muy grueso, pero unos 3 minutos menos podría ser suficiente. Así ya ha quedado muy rico.
  • Mejor comedlo frío al día siguiente de su preparación, los sabores y los contrastes se intensifican. Gana muchos enteros, si cabe.
  • A mí me gusta sin ningún tipo de cobertura pero, si os gusta más dulce, podéis tomarlo con azúcar polvo, miel, helado (perfecto!), sirope,… cualquier opción es válida.
Con estas recomendaciones tendréis un perfecto brownie con un ligero sabor a Guinness. Ligero, no penséis que os vais a emborrachar o a dar positivo en un control de alcoholemia. Aunque a mi me lo daría con sólo tomar un trozo tarta de güisqui.

Sólo un detalle más. Si os fijáis bien en la receta, las cantidades de mantequilla para cuatro huevos son bajas en comparación con la incluida en otros brownies. Atreveos aquellos a los que os asusta ese ingrediente ;-)

Goodness

Hoy ha sido un día muy ligero, rápido, sin sustancia. Un día desapercibido, para no guardar en la agenda. Es por ello por lo que ni he “parado” en el blog, perdonad pero, además del trabajo, la comida, las labores, correr… tenía que ir al ¡dentista! No es que tenga problemas de caries provocada por los azúcares, es otro tema, una pequeña infección en una encía debida a causas desconocidas. La neuralgia debida a la tensión de las últimas semanas ya estaba superada (parcialmente), tal vez haya ayudado a crear “ese” nuevo problema.


Goodness. Fui solo. Al salir, un pequeño circuito rápido por la zona y un vagabundo más, cerca, que no delante, de un supermercado. Uno nunca sabe cómo reaccionar a esas peticiones, la duda es el problema. ¿Me estará mintiendo? ¿Estaré financiando sus vicios? ¿Lo necesita? Esas dudas no tienen respuesta, por lo menos inmediata. Hagamos lo que hagamos, nos iremos con o sin monedas pero, siempre, con la duda.

El hombre mostraba una gran barba, es probable que hiciese años que no se afeitaba, una gran mochila y un conjunto de objetos raros y de dudosa utilidad. No necesitaba curar mis pecados, a estar alturas del mes ya son demasiados como para que una limosna, por grande que fuese, pudiese limpiar mi “alma”. Para empezar no sé en dónde reside, si es que existe, claro.

Me pidió la moneda, por azar, porque se notaba que no llevaba mucho tiempo allí, y menos que se la pidiese a todo el mundo. Sería mi cara, mi aspecto (gacho y pensativo), sería una casualidad pero… ¡acertó! Y bien que lo hizo. Además, con mi mano izquierda jugaba en esos momentos con más de una moneda que tenía en el bolsillo, el cambio de un billete “grande”. Sólo dudé un instante, percibía un ligero olor a alcohol, pero lo hice. Se alegró, le daría para más de un “cartón”, si es lo que pretendía pero, en mi ingenuidad, le dije brevemente: “no bebas”, y me fui.

Me fui con la duda, con unas cuantas monedas menos en mi bolsillo y, por supuesto, sin haber curado mis pecados. No del todo.

Ingredientes
  • 4 huevos [2 unidades]
  • 200 gr. de azúcar. Si os gusta el amargor de la cerveza y el chocolate podéis bajar la cantidad hasta 150 gr. [100 gr.]
  • 225 gr. de chocolate negro agridulce troceado [113 gr.]
  • 115 gr. de chocolate blanco troceado [57 gr.]
  • 85 gr. de mantequilla [43 gr.]
  • 95 gr. de harina [48 gr.]
  • 70 gr. de cacao en polvo [35 gr.]
  • Una pizca de sal.
  • 300 ml. de cerveza Guinness [150 ml]
  • 100-120 gr. de nueces troceadas [50-60 gr.]
  • 40 gr. de trocitos de chocolate blanco [20 gr.] (opcional)
(1) Troceamos las nueces y el chocolate blanco (los 40 gr.). Engrasamos y enharinamos un molde cuadrado. Para la mitad de ingredientes, entre corchetes, he usado un molde de 21 cm. de lado.

(2) Tamizamos la harina con el cacao, le añadimos una pizca de sal y reservamos.

(2) Precalentamos el horno a 190º C. Batimos los huevos con el azúcar hasta que quede ligero y espumoso. Por otro lado, derretimos en una cazo a fuego muy bajo la mantequilla con los chocolates blanco (115 gr.) y negro (225 gr.) troceados. Una vez se haya derretido la mantequilla, retiramos del fuego y con ayuda de una espátula removemos hasta que se disuelva totalmente el chocolate.

(4) Echamos el chocolate derretido (no caliente) sobre los huevos y removemos bien con ayuda de la espátula. Echamos la mezcla de harina tamizada. Mezclamos bien, hasta que quede una pasta homogénea. Añadimos la cerveza, sin espuma, y seguimos mezclando. Ya está, fácil, ¿verdad?

(5) Por último, echamos los trocitos de nueces y chocolate blanco. Mezclamos bien y vertemos sobre el molde. Introducimos en el horno precalentado a 190º C durante unos 16-25 min, dependiendo del grosor.
Lo he puesto durante 21 minutos y, para mi gusto, incluso todavía podría estar mas crudito, aunque a la vista está que el resultado ha sido excelente.


(6) Se deja enfriar y se lleva a la nevera. Tomamos al día siguiente, espolvoreado con abundante azúcar glasé, miel, nata fresca o helado, algún ingrediente dulce que contraste a la perfección con el sabor chocolate y la cerveza (ligero).

Brownies de GuinnessNo penséis que se nota en exceso el sabor a cerveza, lo justo para dejar un pequeñísimo regusto en el paladar. Para mí, que me gusta el sabor del chocolate, ha quedado de impresión. Hecho ayer y sólo hemos (he) dejado una pequeña prueba.

Seguiremos probando y disfrutando de estos cambios.

Guiso de xoubas

Guiso de xoubasShow bus

No es el bus del espectáculo, ni una mala traducción de “¡muestra el bus!”. Es la pronunciación, casi exacta, de la palabra “xoubas”. Una aclaración para aquellos que no hablan gallego y han tenido algún día que enfrentarse ante palabras como “Xunta”, “Laxe” o “xouba”.

En castellano la “x” suele pronunciarse como “fricativo alveolar (sordo)”, /s/, o como la agrupación de dos fonemas: /k/ + /s/. En gallego su pronunciación es lo más parecido al “sh” del inglés ([ʃ]). Decidlo como os apetezca, sólo quisiera que quedase constancia de ello. Dicen que los portugueses pronuncian muy bien en inglés, en parte por su riqueza fonética y, sobre todo, por ver mucho en versión original ;-). Mensaje para aquellos que piensan que Europa empieza en los Pirineos…

Con tanto fonema se me olvidaba comentar que “xoubas” es como en gallego se denominan a las “sardinillas” que, aunque ya no están tan sabrosas como en verano, guisadas están de rechupete.

Guiso de xoubasCosas de mamá

Una sencillísima receta de mamá, y de mi abuela, por supuesto. Una receta tradicional de la tierra, una de las muchas y sencillas que incluyen sardinillas o “xoubas” (empanadas, guisos, asadas,…), unos manjares que espero podáis disfrutar algún día, tal y como he podido hacer yo desde pequeñito.

Presento la receta que hace mi madre, ésa que no falla nunca. A veces, raras, sofrío ligeramente la cebolla, el pimentón y el tomate un poco pero, para ser sincero, nunca he percibido ninguna gran diferencia. Así, en crudo, como lo hace ella, obtendréis un riquísimo guiso.

Como el tiempo apremia, dos apreciaciones:

(a) Tirar la cabeza del pescado se considera, en general, un “pecado” (venial, eso sí) por esta tierra, por ello, siempre se suele conservar incluso en guisos. El sabor que desprende ayuda a realzar los aromas del guiso.

(b) Unas buenas sardinas asadas o incluso un guiso acostumbra a acompañarse de unos “cachelos”, que no es más que unas patatas cocidas en agua con piel, un poco de laurel y sal….

Guiso de xoubasIngredientes
  • 1 cebolla cortada en tiras finas.
  • 1 ó 2 ramitas de perejil.
  • 1 hoja de laurel.
  • Orégano, una cucharilla aproximadamente (imprescindible).
  • 2 dientes de ajo en láminas.
  • 1 tomate troceado y sin piel.
  • Pimentón dulce, una cucharilla.
  • Pimentón picante, una pizca.
  • Pimiento rojo en tiras finas, un trocito.
  • Aceite de oliva virgen extra, un chorro generoso ;-).
  • Un chorrito de caldo de pescado o agua, muy poca. No debe cubrir el pescado para evitar que quede muy pastoso.
  • Unas sardinillas u otro pescado azul: caballa pequeña, jurel, boquerón fresco,…
  • Sal
(1) Limpiamos las sardinillas, retirando las vísceras con un cuchillo y las escamas con la mano, salen muy fácilmente, sobre todo si están frescas. Si lo hiciésemos con ayuda de un cuchillo podrían deshacerse con facilidad. Las dejamos en sal para que la cojan antes de introducirlas en el guiso.

(2) Preparamos y cortamos todos los ingredientes. En una tartera, no demasiado ancha, echamos todos los ingredientes en crudo: la cebolla cortada en tiras finas, el ajo en láminas o picado, la ramita de perejil, una hoja de laurel, el trozo de pimiento, un poco de orégano (el otro lo pondremos sobre el pescado), el tomate troceado y sin piel, una cucharilla de pimentón dulce, una pizca de pimentón picante, las sardinas limpias (yo no le retiro la sal) y el resto del orégano. Echamos un buen chorro generoso de aceite y añadimos un poco de agua, muy poco, una cucharadita.
El agua no debe cubrir el pescado. El agua que suelta el tomate es suficiente para cocinarlas con facilidad.

(3) Dejamos cocinar a fuego medio hasta que esté hecho. En unos 10 minutos estará hecho.

Nada más sencillo, rico y con un sabor a Galicia… ¡Hey!

Guiso de xoubas

martes 9 de octubre de 2007

Flaugnarde o flognarde (Clafoutis de manzana)

FF

Flan francés

Francia es tierra de muchos tipos flanes o pudines, sobre todo con frutas, que les aportan ese valor añadido para transformarlos en pequeñas delicias caseras. Cada zona tiene su especialidad, “flanes” tradicionales sobre los que el tiempo ha ido aportando pequeños cambios o ingredientes.
Cuando uno prepara un flan no debe esperar un postre especialmente exótico ni sorprendente, a cambio podrá encontrarse con sabores puros, agradables, ligeros y basados en los unos ingredientes que existen en prácticamente toda cocina. Unos postres que resultan adictivos, y que sin aparente explicación te llevan a repetir y repetir. Al igual que la comida de “mamá”, siempre recurriremos a ella cuando estemos cansados de tanto “exotismo” gastronómico.


Muchos de estos “flanes” no son más que frutas cubiertas de…. ¡masa de crêpes! (harina, huevos, leche o nata, azúcar, mantequilla y, opcionalmente, ron y/o azúcar vainillado) y llevadas al horno. Podríais, por ello, optar por buscar vuestra mejor receta de crêpes y emplearla par “llenar” o cubrir la fruta de la estación de turno. Ahora se me ocurren higos o manzanas.

Enumero algunos de esos flanes franceses que conozco:
  • Flan “pastelero” (Flan pâtissier): flan compuesto por una base de hojaldre y un relleno de crema (¿inglesa?).
  • Far bretón o “farz fourn”, en bretón: flan “pobre” típico de la bretaña. Aunque los puristas dicen que no debe llevar ningún tipo de fruta de relleno, se ha popularizado el uso de ciruelas pasas y/o uvas sultanas. Tengo pendiente la “mejora” de la versión realizada en el blog, para mi gusto demasiado suave, con una nueva versión que llevará mantequilla y ron, elementos básicos que incluyen muchas de las recetas; además, también haré un pequeño cambio en la preparación de la masa… ya veremos.
  • Flamusse: originario de la región de Borgoña, es muy parecido al flaugnarde de manzana, pues suele llevar manzanas (reinetas). La principal diferencia está en la zona de origen, no en la receta.
  • Flan parisien: se trata del mismo postre que el “Flan pâtissier”, sólo que a veces se hace con una base de masa quebrada en vez de hojaldrada.
  • Clafoutis: una de las joyas de la República, típico de la zona de Limoges (Limousin) y con infinidad de variantes. El tradicional es el relleno de cerezas, pero que se ha extendido a otras frutas o rellenos salados, a veces, cambiando de nombre.
    Aprovecho para contar una curiosidad. Clafoutis proviene del Occitano, “clafir”, que significa llenar. (Re)llenar y cubrir la base de frutas de masa de crêpes. La receta que presento es una variante con manzanas caramelizadas.
  • Flaugnarde o flognarde: al igual que el clafoutis es un postre típico de la zona de Limoges, el cual cambia de nombre cuando su relleno se hace, principalemente, con manzanas o peras.
Tarde o temprano acabaré por hacerlos todos. Esa necesidad de postres típicamente caseros perdurará mientras mi gusto siga conservando recuerdos de sabores puros, un paladar educado a base de postres de mi abuela, exceso de azúcares o biscochos medidos en tazas y recipientes de yogurt.


Fast Forward

Avance rápido. Porque esa “FF” de los radiocasetes tarde bastante en descubrir su verdadero significado. Para mí, “ff” era el ruido que ejercía la cinta al desplazarse hacia delante, “rf” hacia atrás. Claro, cuando no se rebobinaba con ayuda de un bolígrafo marca Bic. Bic naranja, de punta fina, era mi preferido.

Avance rápido. Porque estas dos semanas estoy de vuelta en el trabajo, hay mucho material que organizar, un alumnado con exceso de deficiencias (por mucho bachillerato que hayan superado) y nuevos contenidos, adaptados a los eternos cambios en la informática.

Avance rápido. Porque el tiempo pasa volando, son días sin huella. Días que no recordaré dentro de unos años ni unos meses, días sin pena ni gloria.

Avance rápido. Porque el fin de semana ha sido para olvidar, por mucho que M lo haya (increíblemente) calificado de relajante, sólo por el hecho de haber tenido 1 hora de playa, en la que yo no estaba presente, y haber tenido que seguir su ritmo frenético. Tal vez habría sido por eso o porque he hecho, absolutamente, todo lo que ha querido.


Avance rápido. Porque no entiendo ese cambio repentino de humor de M (para bien) después de haberse olvidado de mi existencia por unos momentos (muchos) en estos 3 días. Dice que por ser géminis, una excusa como cualquier otra.

Avance rápido. Porque no sé en qué día vivo (ratón a parte inferior derecha… 9 de octubre), porque había prometido llamar a Martín hace ya más de una semana y parece que fue ayer.

Avance rápido. Porque estos días no tendré mucho tiempo para escribir aquí, para agradecer vuestros (siempre) agradables comentarios y, como no, desahogarme un poco después de tanta tensión acumulada…

Ingredientes
  • 3 manzanas reineta del Canadá (tabardilla) o Granny Smith.
  • 25 gr. de mantequilla derretida
  • 25 gr. d mantequilla en trozos
  • 100 gr. de azúcar polvo
  • 4 huevos
  • 95 gr. de harina
  • 12 gr. de azúcar vainillado o 10 ml de extracto de vainilla
  • 1 pizca de sal
  • 200 ml de nata (puede emplearse sólo leche)
  • 200 ml de leche entera.
Caramelizar las manzanas
  • 30 gr. de mantequilla
  • 20 gr. de azúcar polvo
  • 2 cucharas soperas de ron
  • Opcional: una ramita de canela o un poco azúcar vainillado.
(1) Caramelización de las manzanas.

(1.1) Cortamos las manzanas en láminas, más o menos gruesas (a gusto), en unos 10 ó 12 trozos cada una. En una sartén derretimos la mantequilla (30 gr.), añadimos las manzanas troceadas y espolvoreamos con el azúcar.

(1.2) Cocinamos a fuego medio hasta que tengan un ligero tono. En ese momento subimos el fuego, echamos el ron y flambeamos, es decir, quemamos el alcohol del ron. Reservamos. Recomendación: para no causar un incendio es una buena precaución apagar la campana extractora, podría hacer que subiese el fuego y, con la grasa acumulada, se produjese lo irreparable.

(2) Precalentamos el horno a 170º C. En un cuenco o tartera batimos los huevos a punto de tortilla, añadimos el azúcar y la pizca de sal. Levantamos bien.

(3) Añadimos 25 gr. de mantequilla derretida (o aceite, en menor cantidad), la harina tamizada y la leche, de forma gradual y mezclando bien que nos e formen grumos.

(4) Engrasamos un molde y lo enharinamos o lo cubrimos con papel de hornear. Si es desmoldable debemos cubrirlo con papel de hornear para que no se cuele la mezcla por las rendijas. Cubrimos el fondo con las manzanas y echamos el batido sobre ellas. Por último, cubrimos la superficie con trocitos de mantequilla (25 gr.). Le he añadido un poco más de manzana en láminas por la parte superior.

De inmediato, llevamos al horno precalentado a 170º C y dejamos cocinar durante unos 40-50, hasta que haya cuajado. Dejamos templar en el horno, retiramos y disfrutamos.

Puede tomarse tanto templado como frío. A mí, los postres tipo flan, como este, prefiero tomarlos fríos. Éste me ha parecido infinitamente mejor al día siguiente, después de que la baja temperatura hubiese potenciado los sabores y, el pequeño trozo que habíamos dejado, permaneciese todavía “vivo”.

sábado 6 de octubre de 2007

Tortitas de nata fresca con moras y miel – Tortitas de yogurt y sirope de arce (o miel)

Derradeiras

No serán las últimas

Cada cual en su estilo y todas riquísimas, parecen iguales pero son diferentes. La receta “tradicional” que llevaba usando durante años porque las consideraba suficientemente apetitosas (y lo son), han venido perdiendo fuelle ante las nuevas versiones, diferentes y cuyos sabores ya vienen potenciados por los ingredientes incluidos en la propia masa, casi sin necesidad de ninguna salsa o jarabe: tortitas americanas de leche fermentada o Tortitas de ricotta ya han sido expuestas.

Éstas no son dos más, aportan nuevos ingredientes base a las recetas: crème fraîche (con levadura fresca, de pan) y yogurt (con levadura química). Tampoco serán las últimas, tengo pendientes unas increíbles de manzana (que ya he hecho) y otras con naranja y ricotta. Me pierden, son un recurso tan bueno como rápido. Nunca faltan a su cita quincenal, eso sí, en alguna de sus innumerables y nuevas versiones.

Un detalle, las tortitas pueden hacerse con levadura de pan, menos común porque necesita tiempo de fermentación, o levadura química. Para mi gusto, si tenéis tiempo, proporciona mejor textura la levadura fresca.

Sí serán las últimas


Aunque desearía que no lo fuesen, las moras las he conseguido en el último momento, ya en octubre y no demasiado lejos de casa. Había perdido la esperanza de poder hacer un dulce de moras, una mermelada o una tarta. Las zarzas, ya casi resecas, guardaban un secreto en los lugares más inaccesibles, era cuestión de buscar entre las ramas, allí donde una mirada rápida no las capta.

Esa capacidad de observar es algo (de las pocas capacidades) que todavía poseo, capacidad para encontrar objetos extraños, la mayor parte de ellos inservibles. Bajar la cabeza tiene sus ventajas, entre ellas, llenar un cajón de coleteros… o no pasar por alto las pequeñas historias que la gente deja caer en el suelo. Muchas de esas historias, ficticias, se vuelven reales al imaginar los lugares por los que esos objetos has viajado.

Esa capacidad de observación es algo que poseen los niños. Prestan su atención en pequeñeces que el mundo adulto pasa por alto, demasiado obsesionado por lo grande. Para ellos cualquier objeto de pequeñas dimensiones es un mundo, una ventura, un descubrimiento: una pluma que la lleva el viento, un reflejo, descubrimientos que los conducen a una nueva percepción del mundo.


Últimas

En gallego tenemos dos palabras con matices diferentes para la acepción castellana de la palabra “últimas”. El término “Últimas” se refiere a aquellos elementos que constituyen la parte final de una serie, definitiva o no; “Derradeiras” es más apocalíptico, las “últimas” con mayúsculas, las que no volverán a suceder, el final de una serie o la terminación definitiva de una cosa o hecho. Las moras no serán las “derradeiras” porque volverán, lo serán del año. Espero que estas letras tampoco sean las derradeiras, si bien, a lo largo del día suceden hechos (importantes) que no volverán a suceder.

Derradeiro inferno

Pensando en las moras rosalianas, en su despedida (“Adiós ríos,…”) me he acordado de la poesía de Fernando Pessoa. Algún día diré el porqué de ese poema que flanquea la página, el porqué “todo lo soy, todo lo que pienso, es un desierto en el que ni yo estoy”. A la luz está. Me preocupa la “existencia”, el desierto, el ser, descubrirse a uno mismo.

Sólo un momento para otra pequeña estrofa de Pessoa:

Perdido, resta o derradeiro inferno
Do tédio intérmino, esse de já não
Nem aspirar a ter aspiração.

Auque una traducción puede confundir a los confundidos, podría leerse así:

Perdido, falta el último infierno
Del hastío/tédio “intérmino”, ése de ya no.
Ni aspirar a tener aspiración…

Tortitas de nata fresca con moras y miel


Ingredientes
  • Para unas 10-12 tortitas.
  • 160 gr. de harina normal [80 gr.]
  • 160 ml. de leche templada [80 ml.]
  • 2 cucharillas de azúcar [1 cucharilla], podría ser vainillado
  • 1 cucharilla de sal [½ cucharilla]
  • 2 huevos, separadas las yemas de las claras [1 huevo]
  • 10 gr. de levadura fresca de pan [5 gr.]
  • 1 cucharada sopera (15 ml.) de crème fraîche, nata fresca espesa [½ cucharada]
  • 1 cucharilla de agua de azahar (o esencia de vainilla) [½ cucharilla] (opcional)
  • Mantequilla para engrasar el molde, 2 cucharillas
  • Un puñado de moras, unos 100 gr. Podrían ser arándanos.
  • 4 cucharadas soperas de miel, a gusto
  • (Opcional) azúcar glasé
(1) Tamizad la harina en un cuenco con el azúcar y la sal. Formamos un volcán y añadimos la leche templada. Mezclamos bien y, a continuación, echamos las yemas y la levadura desmigajada. Amasamos hasta que se haya integrado y forme una masa suave.

(2) Cubrimos y dejamos reposar en lugar templado, el horno es un buen sitio, hasta que haya doblado su volumen. En torno a una hora.

(3) Levantamos las claras a punto de nieve y mezclamos con cuidado de forma envolvente. Añadimos la nata fresca, intentando evitar que no se baje demasiado. Por último mezclamos unas pocas moras, la cantidad que deseemos, de forma que puedan quedar unas 5 ó 6 por cada tortita.

(4) Ponemos al fuego una sartén antiadherente a temperatura media-alta. Cuando esté caliente pintamos con un poco de mantequilla, desechando el exceso. Con ayuda de un cucharón vamos echando la masa en el centro y dejando que se extienda por sí sola, ayudando con la parte posterior a situar las moras repartidas por la masa.

Cocinamos por ambos lados, unos 40 seg. o menos por cada uno, hasta que tenga un ligero tono dorado. A mí me gusta darles el giro un poco antes de que llegue a cuajar la parte superior, para que no se haga por dentro y tenga una textura más “casera” o “rústica”. Personalmente, creo que el momento ideal para darle la vuelta es cuando empiezan a formarse burbujas en la superficie.

Truco: en general, tanto para tortitas como para crêpes, puede suceder que si no echamos mantequilla, la primera tortita llegue a pegarse, pues la sartén tiene que adquirir la temperatura adecuada y/o formar una pequeña película grasa en su superficie. Esta película la adquiere de la propia masa. Para que no se peguen las primeras porciones podemos engrasar la sartén y desechar totalmente la mantequilla. De este modo quedará una capa muy fina de materia grasa que evitará que se peguen.


(5) Apilamos las tortas y las espolvoreamos con azúcar polvo, moras (opcional) y/o miel.
A la vista está ;-)


Tortitas de yogurt y sirope de arce


Ingredientes
  • 220 gr. de harina normal [110 gr.]
  • 1 cucharilla de Royal (levadura química) [½ cucharilla]
  • 1 cucharilla de bicarbonato sódico [½ cucharilla]
  • ½ cucharilla de sal, algo menos [¼ de cucharilla]
  • 1 cucharada de azúcar polvo [½ cucharada]
  • 450 ml. de yogurt, mejor cremoso [225 ml.]. Mejor kefir.
  • 2 huevos [1 huevo]
  • 2 cucharadas de mantequilla derretida [1 cucharada]
  • 95 ml de leche entera + 5 ml vainilla. [50 ml]. Puede prescindirse de la vainilla.
  • 200 gr. de arándanos para decorar (opcional)
  • Sirope de arce o miel. El sirope de arce puede conseguirse en El Corte Inglés, no es económico pero es un clásico.
  • Mantequilla o aceite para engrasar la sartén.
(1) Tamizamos la harina con la levadura química, el bicarbonato y la sal. Añadimos el azúcar. Reservamos. Separadamente, batimos el yogurt con los huevos y la mantequilla derretida.

(2) Poco a poco vertemos la mezcla de harina, mezclando hasta que tengamos un batido suave y homogéneo. Añadimos la leche y los arándanos o moras, si las usamos.

(3) Este punto es igual al de la anterior tortita. Corto y pego: ponemos al fuego una sartén antiadherente a temperatura media-alta. Cuando esté caliente pintamos con un poco de mantequilla o aceite, desechando el exceso. Con ayuda de un cucharón vamos echando la masa en el centro y dejando que se extienda por sí sola, ayudando con la parte posterior a situar las moras repartidas por la masa si las usamos.
Cocinamos por ambos lados, unos 40 seg. o menos por cada uno, hasta que tenga un ligero tono dorado por cada lado y se empiecen a formar burbujas.


(4) Tomamos calientes, con unos arándanos (opcional) y con sirope de arce o miel.


Todas distintas, todas ricas. ¡A ponerse "morado"!

jueves 4 de octubre de 2007

Pastel de chocolate y Coca Cola

Pastel de chocolate y Coca ColaCoca Cola es así

Así de buena, de viciosa, de adictiva,… porque “al mundo entero quiero dar un mensaje de…”. Nos estamos poniendo un poco cursis, ¿no? Dejemos ese camino por el momento.

La Coca Cola ha dado lugar a muchos de los platos más sorprendentes y resultones que recuerdo, entre ellos un “clásico”: pollo a la Coca Cola, un agridulce delicioso. La primera vez que leí “Cola” en la receta de tarta de chocolate se me saltaron los ojos y las papilas gustativas ejercieron sus labores fuera de hora. Una adicción como muchas otras, alguna tenía que tener.

Pastel de chocolate y Coca Cola
Éste no es exactamente el “brownie diferente” de la semana que había prometido (y cumpliré), es una receta que ya hace semanas que tenía entre manos aunque su conocimiento se remonta a hace más tiempo. La receta es de un chef británico, James Martin (no debe confundirse con el prestigioso “informático”), por la que ha sido relativamente reconocido internacionalmente. Cuando hice el pastel sólo tenía la receta del libro en su versión impresa, desconocía la existencia de un video en el que explica, paso a paso, la elaboración de este postre. En eso tenéis algo de ventaja, fue durante la búsqueda de su Web cuando descubrí ese video.

Sólo una sugerencia y recomendación sobre la receta. En el video la cobertura le queda demasiado espesa y difícil de extender, creo que para que quede lisa sería mejor que siguieseis las instrucciones transcritas.

Sé que podrían surgir las eternas preguntas: ¿sirve Coca Cola Light o Zero?; no estaría demasiado seguro del resultado, pero usarla sería como espolvorear un donut con sacarina o como declarar la guerra y pedir que se cumplieran los derecho humanos. La guerra e sí ya es un incumplimiento del derecho a la vida, además de otro conjunto indeterminado de ellos. Menudo rollo. ¿Sirve Pepsi Cola?; ahí ya entramos en cuestión de gustos y afinidades… ¿y tú de quién eres?

Pastel de chocolate y ColaUno, dos, tres

La guerra entre las dos grandes marcas de refrescos de cola, siempre ha traído “cola” (¡qué gracioso estás hecho!, por lo menos no has jugado con la otra acepción de “cola”). La Pepsi ha intentado ganar muchos adeptos en oriente y en países “en vías de colonización”. He visto como su uso está extendido en lugares como: India, Tailandia, Indonesia, África, Moscú… Pedrafita do Cebreiro ;-), en aquellos sitios en los que todavía existe la Mirinda. En occidente seguimos siendo un poco más de Coca Cola, por mucho que intenten convencerme de lo contrario.


Recuerdo aquella grandiosa comedia de Billy Wilder, “Uno, dos, tres”, en la que un empresario de Coca Cola pretendía conquistar el comercio de los refrescos de la Alemania Oriental. A partir de ahí, las risas, los principios (y finales) de la personas, la guerra de los ideales da lugar a unas situaciones DESTERNILLANTES (Coca Cola, incluida) (“destornillantes”, diría S. M.). Se juega con los estereotipos para crear situaciones cómicas: ésa danza del sable, la tortura,.. ¡a verla!.
Hace unos años, más de seis, la volví a ver en un ciclo de cine y, según creo recordar, muy pocas veces me he reído tanto en una sala… el otro día, volviendo a ver “Un Pez Llamado Wanda” también me eché unas risas en privado.

¡A reírse!, que nos hace (sentirnos) felices.

Pastel de Cola y chocolate
La historia más larga jamás contada

Con intermitencias, estoy intentado no perder las vivencias del viaje por el norte de Europa. No quisiera que se perdiese la esencia del viaje ni que el paso del tiempo llegase a distorsionar esos recuerdos.
Me quedan dos anotaciones, dos días para dar por concluido ese pequeño diario de viaje. Viajaba de Estocolmo hacia Copenhague…

Pastel de chocolate y Coca Cola
Sábado 21 de julio del 2007. El patito feo.

(..) Y tan agotadores, cansado como estaba ayer me quedé dormido al instante. Hasta ahora ha valido la pena, de hecho cada vez me siento mejor y menos cansado. El viaje a Moscú había sido demasiado agotador, los de la “periferia” estamos obligados a hacer escala en Madrid o Barcelona y, en este caso, incluso pernoctar. Estocolmo es una ciudad maravillosa, hoy la he recorrido de este a oeste, y por todos sus rincones he descubierto unas fabulosas sendas al lado del agua.

La gastronomía por estas latitudes no es demasiado variada, pero si descubres el plato que más se adapte a tus gustos se puede disfrutar de una buena comida. No hay duda de que España y otros países del Mediterráneo (Francia, Italia,…) poseen una de las mejores cocinas del mundo.

La fruta es escasa y cara, sin embargo el bosque les da unos pequeños frutos a los que han sabido quitar partido. Arándanos, fresas, frambuesas, grosellas, son empleadas en mucho tipo de postres, con yogurt o leche principalmente. Éstos han sido casi siempre mi primera elección.


Después vendría el pescado, de mucha calidad y, sobre todo el salmón, preparado de infinidad de maneras: marinado, ahumado, a la plancha,… Curiosamente no he descubierto, por lo menos yo no lo he probado, una carne de gran calidad. La carne de Reno es muy dura y se cocina bastantes platos con pollo. Resumiendo, me quedaría con los frutos del bosque y los productos lácteos, riquísimos, eso sí.

Moverse por Estocolmo o Helsinki ha sido mucho más sencillo. Casi todo el mundo domina el inglés, incluso hemos encontrado bastante gente que hablase (algo de) castellano.

Por el momento M ha preferido, en este orden: Estocolmo, Moscú, San Petersburgo y Helsinki. Yo tengo otras preferencias, tal vez por haber vivido las ciudades de otro modo, corriendo. Estocolmo, Helsinki y San Petersburgo o Moscú, éstas a la par. Cada una en su estilo.

Las ciudades escandinavas me han dado algo que no han hecho las ciudades rusas: tranquilidad, relajación, ciudades para vivir y disfrutar de un paseo. El mar ha sido el otro elemento que ha hecho que las haya visto con otros ojos, los ojos de un “marinero en tierra”.

Queda la ciudad de “La sirenita” y “El patito feo”. La ciudad de Hans Christian Andersen. Siempre que pienso en Copenhague me acuerdo de aquella hermosísima película: “Las zapatillas rojas”, una ciudad de cuento y cartón piedra. Por el momento las predicciones del tiempo no son optimistas. Crucemos los dedos.


El patito feo. Mis hermanos (3) rubios y de ojos azules, yo moreno y de ojos verdes. Otro item de la lista que me ha ayudado a verme siempre como el chico “diferente”. Bueno, aterrizamos en minutos, tengo que dejarlo….

Pastel de chocolate y Coca ColaIngredientes
  • 250 gr. de harina con levadura
  • Una pizca de sal
  • ½ cucharilla de bicarbonato sódico
  • 3 cucharadas soperas (colmadas y generosas) de cacao puro en polvo
  • 300 gr. de azúcar polvo
  • 2 huevos batidos
  • 1 cucharilla de extracto de vainilla
  • 250 gr. de mantequilla
  • 175 ml de Coca Cola
  • 250 ml de leche entera
Cobertura
La cobertura es mejor que sea algo gruesa. Si decidís hacerla con la mitad de ingredientes lo mejor sería no dividir la proporción de cobertura, es excelente.
  • 400 gr. de azúcar polvo [200 gr.]
  • 200 gr. de mantequilla [100 gr.]
  • 4 cucharadas de Coca Cola (unos 60 ml) [30 ml]
  • 4 cucharadas de cacao en polvo [2 cucharadas]
Pastel de chocolate y Coca Cola(1) Precalentamos el horno a 180º C. En grasamos y enharinamos un molde de unos 23 o 24 cm. de diámetro. He usado de ese tamaño y ha quedado gruesa, creo que es la altura apropiada para este postre, ¡con cuerpo!.

(2) Tamizamos la harina en un cuenco grande (o muy grande). Añadimos el bicarbonato, el cacao en polvo, una pizca de sal (realza el sabor del chocolate) y el azúcar glasé. Mezclamos bien hasta que esté repartido de modo más o menos uniforme.

(3) Batimos los huevos con la vainilla y los añadimos. Mientras tanto, derretimos la mantequilla en un cazo a fuego suave y sin dejar que hierva. Añadimos la Coca Cola con la mantequilla, removiendo para que se mezcle bien. Echamos la leche y retiramos del fuego.

(4) Rápidamente vertemos los líquidos sobre la mezcla de la harina, removiendo a medida que lo añadimos. Con ayuda de una espátula, mezclamos con cuidado hasta que no queden grumos y la masa (fluida) esté homogénea.

(5) Echamos sobre el molde e introducimos en el horno precalentado a 180º C durante unos 40-60 min., hasta que al insertar un palillo no se pegue nada. En el último cuarto de la cocción podemos bajas algo la temperatura para que se haga por dentro.
Una vez cocinado, abrimos el horno, lo dejamos unos minutos con el horno abierto y lo retiramos para dejarlo enfriar en el molde, por lo menos durante unos 20 minutos.

(6) Preparamos la cobertura. Tamizamos el azúcar en un cuenco. Al igual que anteriormente, derretimos la mantequilla en un cazo al fuego a baja temperatura. Sin dejar de remover, echamos la cola y el cacao en polvo. Esperamos a que se caliente y disuelva y añadimos el azúcar polvo. Batimos hasta que forme una pasta, fluida pero consistente. Debe tener la textura de una cobertura de chocolate, no tan espesa como en el vídeo, algo más fluida.

(7) Inmediatamente cubrimos la tarta con el bizcocho todavía en el molde. Echamos en el centro con cuidado para que vaya cayendo hacia los bordes y quede lisa.
Introducimos en el frigorífico hasta que se haya endurecido totalmente, mejor de un día para otro.
Este tipo de tartas cuando están algo frías se realzan los sabores.

Buenísima, muy, pero que muy adictiva. No se puede parar… ¡y quién lo desea!

Pastel de chocolate y Coca Cola

miércoles 3 de octubre de 2007

Vatrouchka (Tarta de requesón rusa)

Vatrouchka (Tarta de requesón rusa)Desde Rusia con amor

Sólo en casa sale mejor

Famoso, y no es broma, postre de requesón ruso. Su versión más tradicional se hace únicamente con uvas pasas, ésta es una versión del Restaurante Dominique, rue Bréa, 75006 Paris, por si alguien quiere ir a probarla personalmente ;-). Ésta se rellena de frutas confitadas y no de uvas pasas.
Otro postre de queso típicamente ruso con ingredientes muy parecidos es el “pashka", terrina de frutas confitadas y queso sin hornear.

En mi modesta opinión (¡qué poco me gusta emplear esa expresión!, ¡suena tan poco modesto!), la receta original tiene dos carencias o errores: la temperatura del horno (excesiva), el uso de claras de huevo (airea demasiado la masa) o la cantidad de frutas confitadas, probablemente demasiadas. Todas las aclaraciones a estos temas las he incluido al final y a lo largo de la receta, que ya he adaptado a una versión que considero más “coherente”. En cualquier caso, los pequeños cambios no modifican el sabor, sí su textura o apariencia. El resultado será menos “rustico” (las ondulaciones de la superficie son tiras de masa que he puesto sobre la tarta). En este caso las fotos no hacen justicia a la calidad del postre.
Podría prescindirse de la base pero es otra de las características propias de este postre.

Vatrouchka (Tarta de requesón rusa)No a la globalización, sí a la diversidad

Haciendo recetas tradicionales de otros países empiezo a descubrir que muchas de ellas tienen unos parecidos considerables, cambia el nombre, no la naturaleza misma del plato. Lo he observado incluso en países aparentemente distantes.

Esta receta me recuerda mucho a un pastel típico italiano que se realiza con ricotta, una tarta de ricotta y frutas confitadas. Otras recetas como el naan es prácticamente idéntico al pan de pita o a otros panes árabes; las filloas gallegas no son más que crêpes; los canticci son unos biscotes; amaretti unos almendrados;…

Existe una obsesión occidental por imponer sus costumbres, legislación, forma de vida,… a determinados países, sobre todo en oriente. Eso no es más que otra forma de dominación, un sistema impositivo de ideas y modos de vida, un genocidio cultural. Eso tiene un nombre: colonización. Qué es bueno y qué es mal, qué mejor y peor. Nada, sólo diferente.

La colonización tiene dos vertientes igualmente peligrosas: la primera se sostiene en una autocomplacencia del mundo occidental, un orgullo acentuado con una falta de respeto absoluta hacia otras culturas, tanto o más ricas (la comparación en esos ámbitos no tiene sentido); la segunda es más peligrosa, son los intereses económicos de occidente, bien para abrir nuevos mercados a sus productos o, peor todavía, para adquirir (casi) gratuitamente las riquezas de materias primas de los países colonizados. A eso hay quien le llama “globalización”.

La riqueza cultural de un pueblo no puede medirse con parámetros económicos y ni cuantitativos. Cuál es el valor de una lengua ¿su número de hablantes?, no, su valor reside en el simple hecho de que alguien la use para comunicarse. La diversidad enriquece, tanto en la cocina como en otras facetas de la vida. No perdamos nuestras diferencias, es lo único que tenemos, lo único que hace que mucha gente pueda sentirse libre para pensar, opinar o decidir sobre sus vidas. El querer salvaguardar la cultura propia no debe entenderse como un ataque, es supervivencia.
Si prohibiesen la lengua de mis padres, la mía propia, mi cultura, ya no me quedaría nada.

Vatrouchka (Tarta de requesón rusa)Base (sablée de naranja y limón)
La cantidad entre corchetes es la que he empleado para un molde de unos 22 cm. Me ha sobrado alguna, siempre se pueden hacer unas galletas o tartaletas.
  • ½ limón fresco [1/3 limón]
  • ½ naranja fresca [1/3 naranja]
  • 125 gr. de mantequilla [83 gr.]
  • 3 yemas de huevo [2 yemas]
  • 200 gr. de azúcar [133 gr.]
  • 1 pizca de sal
  • 8 gr. de azúcar vainillado [6 gr.]
  • 40 gr. de crema de de leche [27 ml.]
  • 350 gr. de harina [233 gr.]
(1) Tamizamos la harina y, con la ayuda de las manos, la trabajamos con la mantequilla cortada en cubitos hasta que tenga apariencia de pan rallado.

(2) Aparte, batimos las yemas con el azúcar hasta blanquear. Echamos la sal, las ralladuras de los cítricos y la crema.

(3) Formamos un volcán con la harina y vertemos los líquidos en el centro. Amasamos rápidamente hasta formar un masa, lo justo hasta que ligue. Así no se contraerá al hornear. Formamos una bola, envolvemos en un film de cocina y dejamos reposar en el frigorífico un mínimo de una hora. Si tenemos prisa podemos llevarla al congelador durante menos tiempo.

(4) Precalentamos el horno a 200º C. Con ayuda de dos bolsas de congelación abiertas, papel de hornear o unos trozos de film, estiramos la masa de unos 3 milímetros de espesor. Extendemos sobre el molde desmoldable, previamente engrasado y enharinado, y pinchamos toda la superficie con un tenedor.
Cubrimos con papel de hornear o de aluminio, rellenamos con garbanzos, huesos de fruta o alubias (para que ejerzan como peso) y lo horneamos durante unos 13 min. Pasado ese tiempo retiramos el contenido y la introducimos 3 minutos más.

(5) Retiramos del horno y reservamos mientras preparamos el relleno.

Es una masa sablée aromatizada con cítricos que, por lo rica que está, la volveré a usar para otros postres.

VatrouchkaRelleno
La cantidad entre corchetes es para un molde de 20 cm. Aún así no ha quedado demasiado gruesa.
  • 100 gr. de mantequilla. [50 gr.]
  • 200 gr. de azúcar. [100 gr.]
  • 8 gr. de azúcar vainillado [5 gr.] o 5 ml. de esencia de vainilla.
  • 2 yemas de huevo. [1 yema]
  • 500 gr. de requesón, escurrido. [250 gr.]
  • 200 ml de crème fraîche, nata fresca espesa. [100 gr.]
  • 30 gr. de maicena. [15 gr.]
  • 1 clara de huevo (opcional). Se la he puesto, pero la próxima vez no se la pondré. Personalmente, creo que las tartas de queso deben ser poco “aireadas” y más compactas. Otras recetas consultadas tampoco la usan.
  • Ralladura y zumo de ½ limón (opcional). La receta “tradicional” lo lleva.
  • 200 gr. (50-100 gr.) de frutas confitadas. La cantidad original (200 gr.) es excesiva, tal y como he visto en otras versiones, con menos de la mitad es más que suficiente (50-100 gr.). Pueden sustituirse en parte o en su totalidad con uvas pasas sultanas, tal y como se emplean en la receta “tradicional”. [25-50 gr.]
  • 50 ml., aproximadamente, de ron para remojar las frutas confitadas y/o las pasas sultanas. [25 ml.]
  • Azúcar glasé para espolvorear.

(1) Retiramos la mantequilla del frigorífico previamente para poder amasarla con facilidad. Trabajamos la mantequilla en una tartera hasta que esté cremosa. Añadimos el azúcar y las yemas, una a una. Echamos el requesón escurrido y la crema fresca. Mezclamos con cuidado, intentado que no coja demasiado aire.

(2) Por último, añadimos la maicena tamizada y las frutas confitadas/pasas escurridas. En este punto “Dominique” levanta la clara y la añade con cuidado, es algo que (personalmente) pienso que no debe hacerse. La masa crecería (como ha pasado) y se bajaría pues no lleva prácticamente harina para darle cuerpo.

(3) Cubrimos la base prehorneada e introducimos en el horno precalentado a unos180º C. Una vez introducida bajamos la temperatura hasta unos 160º C y cocinamos durante unos 50 minutos o 60 minutos, hasta que la superficie tenga un ligero tono y se perciba que está cuajada. Cuando veamos que está cocinada apagamos el horno y dejamos dentro sin abrir la puerta hasta que haya enfriado totalmente. Mejor de un día para otro. Tened en cuenta que acabará cocinándose dentro del horno. Si lo abrimos la tarta se deformará en el centro y no se hará de modo homogéneo.
Una vez totalmente fría, espolvoreamos con azúcar polvo, cortamos y disfrutamos. Tiene unos sabores afrutados exquisitos.

Vatrouchka (Tarta de requesón rusa)
Aclaración final: por una vez, he seguido las instrucciones aun en contra de mi intuición. A notas que he ido incluyendo en la receta pienso que son apropiadas. (a) La receta indica que debe hornearse a 200º C durante 50 min.; haciendo eso la tarta crece demasiado y baja al enfriar, creando una superficie ondulada. (b) También recomienda poner tiras de masa sobre la tarta. En otras versiones “tradicionales” que he encontrado ninguna lo hace, eso provoca que las tiras se introduzcan ligeramente en el relleno (ver foto). (c) La clara también sobra, una tarta de queso, al contrario que un bizcocho, no debe airearse (pienso). (d) Echad las frutas confitadas poco a poco hasta que veáis que son las adecuadas.

VatrouchkaVatrouchka
Con esas modificaciones conseguiremos una tarta excelente, no sólo de sabor, también de aspecto.

martes 2 de octubre de 2007

Buñuelos vieneses rellenos de mermelada o Nutella

Un vals

Si os digo que me encantan las masas fritas no estoy descubriendo nada. Los donuts, los buñuelos, las rosquillas, las tortitas,… creo haberlo mencionado recientemente. Últimamente tengo “mono” de buñuelos o churros, sobre todo por la noche. Me entran unas ganas desesperadas. Por suerte, unos buñuelos sencillos o unos churros se pueden hacer en minutos. A veces, incluso guardo una taza con el aceite (mejor de girasol para que no le de sabor a la masa) por si me entra algún bosquejo de ansiedad… Esta misma tarde he tenido que preparar unas tortitas (diferentes) con miel y… (ya os contaré).

Éstos los he realizado dos veces en menos de veinticuatro horas, cierto es que yo siempre empleo la mitad de ingredientes o menor cantidad.


Los nombres que acompañan a los buñuelos nunca me han quedado muy claros, ni estoy seguro de las diferencias, sobre todo si tenemos en cuenta que en cada país se conoce con un nombre diferente: vieneses, berlinas, de Nueva Orleáns, … casi siempre identificados con alguna localidad, probablemente relacionada con su origen (perogrullada).

Si también, como a mí, os gustan este tipo de masas… tenéis una buena forma de disfrutar de unos deliciosos bollitos. Ni me imagino cómo estarán cubiertos de chocolate. Tenía tantas ganas de comerlos que no he podido esperar, ni un poco.


Toma este vals

Llevo un par de días oyendo el telediario y gracias a ellos he podido recordar a dos de mis cantautores preferidos desde mi juventud, hace más de quince años, porque a uno de ellos lo empecé a oír antes de ser un quinceañero.

Uno ha venido a presentar un nuevo trabajo después de varios años de ausencia: Franco Battiato; el otro ha recibido un homenaje (merecidísimo) en el que amigos y cantantes-admiradores han hecho sus propias versiones de sus poemas musicales: Leonard Cohen.

Una de mis mayores pasiones por aquella época era Leonard Cohen, Franco Battiato me llegó un poco de sorpresa y, aunque en España sus discos se presentaban en castellano, algunas de sus letras me parecían más desconcertantes, a la vez que cautivadoras, que las (no traducidas) del cantante canadiense. Sin duda, Leonard Cohen ha sido, y es, uno de los mejores poetas de la voz, incluso me atrevería a decir que por encima de Bob Dylan.

El Animal

Hablo de Sicilia, de ese cantante que se ha atrevido a hacer cine y a no ocultar sus pensamientos. Un radical moderado. En contra de lo que podréis pensar “radical moderado” no es una contradicción, “radical” viene de “raíz”, es aquel que pretende buscar sus raíces y el origen de las cosas. Se mostraba obsesionado por las culturas del norte de África (“Sicilia no está lejos de África”, decía), mesopotámica o la Rusia pre y post-revolucionaria, algo que siempre quedaba reflejado en sus canciones.

Me agarré a sus letras y música desde el momento en que descubrí que había un cantante que, como yo, buscaba “un centro de gravedad permanente”; me emocionó cuando dijo aquello de “el animal que yo llevo dentro no me ha dejado nunca ser feliz… y el animal que yo llevo dentro te ama a ti”…:

El animal

Vivir
no es muy complicado
si puedes renacer
después y cambiar varias cosas,
las frivolidades y tanta estupidez.

Mientes,
tú mientes bien.
Cuando te tengo junto a mí
tu me das la razón
y quisiera decirte que prefiero estar sólo,

Y el animal que yo llevo dentro
no me ha dejado nunca ser feliz.
Me roba todo, hasta el café.
Me vuelve esclavo de mis pasiones,
sin desistir jamás, y nunca espera.
Y el animal que yo llevo dentro te ama a ti.

Dentro
de mí chispas de fuego
y el agua que lo apagará.
Si quieres ver como arde
espárcelo en el aire
o déjalo en la tierra.

Y el animal que yo llevo dentro
no me ha dejado nunca ser feliz.
Me roba todo, hasta el café.
Me vuelve esclavo de mis pasiones,
sin desistir jamás, y nunca espera.
Y el animal que yo llevo dentro te ama a ti.

Un pájaro en un alambre

Somos dos pájaros en un alambre. Podría incluso ser el mismo, el habla, yo escucho. Él vuela y nos hace volar con sus letras. Todos habréis oído alguna vez su canción más conocida: Suzanne, todas son unas verdaderas obras maestras de la poesía (lírica). Poemas hablados al ritmo de la música, voz herida y cicatrizada por los excesos de años de melancolía. Con una mano escribe mientras con la otra sostiene una botella de bourbon.

Incluso durante su etapa más comercial sus letras seguían teniendo la misma fuerza. Su música se adaptaba a los tiempos cuando sus letras seguían inadaptadas, haciendo su propio camino.

Tengo esa foto del hotel Chelsea, de esa época en la que el arte era vuestra vida y vuestra vida era arte. Erais un grupo de visionarios que pronto fueron yéndose, sólo quedas tú y pocos más. Ya no había limusinas esperando en la calle, sólo un viejo hotel de aspecto casi fantasmagórico, como si todavía los espíritus de Janis Joplin, Jimi Hendrix o Dylan Thomas… estuviesen alojándose. Gracias.

Un pájaro en el alambre (Bird on the wire)

Como un pájaro en el alambre,
como un borracho en un coro de medianoche,
he intentado, a mi modo, ser libre.

Como un gusano en un anzuelo,
como un caballero de un libro pasado de moda,
he guardado todos mis listones para ti.

Si yo, si yo he sido descortés
espero que puedas sólo dejarlo pasar.
Si yo, si yo he sido falso
espero que sepas que nunca lo fui contigo.

Como un bebé, no nacido,
como una bestia con su cuerno,
he “espinado” a todos lo que se acercaron a mí.

Pero juro por esta canción
y por todo lo que he hecho mal
que lo reharé para ti.

Vi un mendigo apoyado en su muleta de madera
él me dijo: No debes pedir tanto.
y una bella mujer recargada en su oscurecida puerta
me gritó: Hey, ¿por qué no pides más?

Como un pájaro en el alambre,
como un borracho en un coro de medianoche,
he intentado, a mi modo, ser libre…

Ingredientes
  • 300 gr. de harina [100 gr.], normal o, mejor, 60% de harina de pan.
  • 2 yemas de huevo + 1 huevo entero [1 yema + 10 gr. claras –opcional-]
  • 20 gr. de levadura de pan [7 gr.]
  • Una pizca de sal
  • 40 gr. de azúcar [14 gr.]
  • 40 gr. de mantequilla o manteca [14 gr.]. Prefiero el sabor a manteca.
  • 120 ml de leche o agua templada. Con la leche obtenemos, por oxidación, unos buñuelos más oscuros pero más sabrosos. Si usamos agua podemos añadir un poco de leche en polvo. [40 ml]
  • 15 ml de extracto de vainilla o ron. [5 ml]
  • Relleno: Chocolate, Nutella, mermelada de manzana o albaricoque
  • Azúcar glasé para espolvorear
(1) Preparación de la masa madre. Disolvemos la levadura en la leche o el agua templada. Echamos la harina suficiente para formar una pasta, no manejable y con aspecto viscoso. Dejamos reposar la masa en un cuenco hasta que doble su volumen y se hayan formado burbujas en la superficie.

(2) (Este punto es mejor hacerlo en una máquina amasadora).Una vez haya crecido, mezclamos el resto de la harina con el azúcar, la sal, el huevo y las yemas, el ron o vainilla y la masa madre. Amasamos un poco y añadimos la mantequilla/manteca en cubitos. Amasamos durante unos 10 minutos, hasta que quede bien ligada y suave. Si fuese necesario, añadimos un poco de harina, no demasiada, téngase en cuenta que la masa al trabajarla coge cuerpo y pierde viscosidad.

(3) Llegados aquí podemos dejar reposar la masa en el frigorífico o estirarla inmediatamente. Lo ideal es dejarla reposar de un día para otro. Estiramos la masa rápidamente, de unos milímetros de espesor, y cortamos en forma de discos con ayuda de un cortapastas o un vaso de borde fino.

Cogemos dos discos, en uno de ellos ponemos un poco de mermelada, Nutella o chocolate en el centro, dejando el espacio necesario en el borde para poder unirlos. Mojamos el borde de los discos con un poco de agua y cubrimos con el otro, presionando fuertemente con las yemas de los dedos. Ponemos sobre una bandeja espolvoreada con harina para que no se pegue al recogerlos y repetimos el proceso hasta acabar con la masa.


(4) Dejamos crecer los buñuelos durante unos 15-20 min. Pasado el tiempo los freímos en un cazo o sartén profunda, con abundante aceite y a 170º C. Dejamos que crezcan y los vamos girando rápidamente para evitar que se quemen. Tened en cuenta que el uso de la leche tiende a dejarlos un poco más oscuros.

(5) Los ponemos en un plato con papel absorbente. Una vez fríos se espolvorean con azúcar glasé, cobertura de chocolate blanco, chocolate negro,… Aquella cobertura que más os guste.



Están riquísimos, sobre todo recién hechos (o hechos recientemente). Podéis guardar la masa en el frigorífico antes de estirarla y hacerlos a medida que os interese tomarlos.


lunes 1 de octubre de 2007

Macarons de chocolate II

Macarons de chocolate II[Edito: he puesto unos Macarons de Frambuesa, con un proceso más perfeccionado]

Capítulo II

En mi primer intento seguí una receta muy sencilla y relativamente fiable. No existe una única receta de los macarons, los ingredientes son los mismos, pero las proporciones y el tipo de merengue marcan las diferencias.

Aunque había considerado la prueba como “superada”, en el fondo tenía cierta obsesión por obtener unas galletas de una presencia (sólo presencia) más perfecta. Tampoco es algo que me preocupase del todo, pero estaba ahí. No hace mucho, mientras leía un artículo sobre cocina, me encontré con la enésima versión de unos macarons de chocolate, esta vez firmado por un repostero de gran reputación: Pierre Hermé. En el artículo se recomendaba el uso de un merengue italiano para su preparación: textura más adecuada y unas galletas más suaves por dentro.

Macarons de chocolate IIBuscando, he descubierto varias recetas de Pierre Hermé, unas más laboriosas que otras, pero en todas ellas las claras se levantaban con un caramelo a punto de hebra (merengue italiano). Ésta es una de esas versiones, tal vez no la más difícil, pero marcando dos claves más en los ingredientes y en la preparación de las famosas galletas: almendra y azúcar polvo en partes iguales (tant pour tant) más un merengue italiano. Tenía pocas claras, las suficientes para poder hacer esta prueba casi definitiva.

Con esta receta el único eslabón que quedaría por superar sería la temperatura y tiempo de horneado. Eso ya es otra historia, en la que cada cual tendrá que descubrir la versión más adecuada a su horno. Muchos cocineros señalan el problema que en ellos ha supuesto un cambio de horno, se menciona el hecho de “perder” algunas hornadas en la búsqueda de la temperatura y tiempo adecuado. Nosotros podremos “jugar” con unas cuantas galletas.

Unas galletas riquísimas, no lo digo por cumplir y ni mucho menos por haberlas hecho yo. Pueden realizarse con muchas opciones de relleno, aguantan mucho tiempo y pueden ser adecuadas para “esas” grandes ocasiones.

Otras claves que podrían ser o no ciertas, pero que he leído: el merengue italiano produce mejores resultados de textura y aspecto; lo ideal es que las claras lleven varios días en la nevera y ¡no estén demasiado frescas! (en un principio se usaban para aprovechar claras); cuanto más fina y tamizada la almendra, mejor textura; no debe mezclarse en exceso el merengue con la almendra, da lugar a una estructura poco adecuada; en verano (julio o agosto) es más difícil obtener una forma perfecta, quedan más secos y con un aspecto más ovalado; algunos cocineros recomiendan darle unos golpes a la bandeja antes (y después) del reposo, la finalidad es alisar la superficie y favorecer la formación del “pie”; … descubrid por vosotros mismos lo secretos que faltan.

Macarons de chocolate II
Capitulo IX. Las cosas por su nombre.

M tiene una tendencia a no pedir(me) las cosas de un modo directo, tal vez por haber tenido cierta facilidad para obtener lo que deseaba desde pequeña por el simple hecho de mencionarlo. No juzgaré hechos pasados, quién soy para hacerlo, también tengo mis circunstancias, a la vista están. Es algo que no me agrada del todo. Llevo un tiempo notándolo, sin embargo, antes no era consciente de ello. Respondía a las afirmaciones (no peticiones ni preguntas) con una acción inmediata. Ahora, agotado, he visto en esas afirmaciones unos requerimientos a los que antes respondía de modo instintivo.

Ayer mismo, por la mañana. “¿Te has fijado en las alfombras?“, cuando quieres decir: “Pepe, pasa el aspirador”. “A qué hora vas a ir a correr”, que puede traducirse en: “vete pronto a correr porque quiero llegar temprano a casa de mis padres”. “El frigorífico está lleno de agua”, aquí tengo dos acepciones, una petición de limpieza y una sensación de culpabilidad por que la tenga. “Hay que montar los armarios de la bodega”, quién los monta. “Hay que poner la nueva lámpara”, “hay que limpiar el congelador”, “hay que…”, ese “hay que” es equivalente a “tienes que”…

Título aparte tienen esas preguntas cuya respuesta es obvia y que se convierten en peticiones: cuando me ve amasando, con algún molde sobre la mesa, preguntas: “¿Qué haces?”, quieres decir: “Pepinho no quisiera que hicieses ahora eso, preferiría que te dedicases a otra cosa”; cuando hay algo pendiente y la respuesta está a la vista: “¿has lavado la fruta?” (me ves tomar la pieza directamente de la bolsa), o alguna otra obviedad todavía más palpable. En estos casos, ahora, respondo negando lo evidente, para que descubras lo absurdo de la pregunta: “sí, ya me he duchado” (cuando me ves en pantalón de deporte después de correr) o “sí, he sacudido las alfombras”, cuando están claramente sin sacudir y el su posición original. En esos casos me miras con una expresión confusa y de reprobación.

Tal vez sea ése el camino, reaccionar, quizás a partir de ahora me pidas las cosas de un modo más directo, porque me gusta llamar a las cosas por su nombre.

Macarons de chocolate IITengo razones, no las tengo

Cada vez estoy menos seguro de nada, o de todo, según se vea. Cada vez dudo hasta de mis convicciones más profundas. Dudo, sólo eso, dudas, en o más profundo sigo sin desfallecer. Empiezo a pensar si las cosas serán tan sencillas como otros dicen, que mi búsqueda (compleja) nunca llegará a su fin. Tal vez la solución (odiada por mí) sea hacer lo que todos hacen, sin preguntas. Dejarse llevar.

Actuar. Ver lo que otros ven, votar lo que todos votan, hacer lo que otros hacen, pensar lo que otros piensan, vestir como otros visten. Ver realities, casarse y tener hijos, comidas en casa de los suegros, cena los viernes, comprar coche que luzca, vacaciones en la costa, ser uno más. La agenda escrita de antemano. Nada pensado o cuestionado, sólo porque sí, porque lo hace todo el mundo y, se supone, que no puede haber tanta gente equivocada. Lo siento, no soy así, lo sabías desde el principio. Si hubieses querido una vida más “convencional” debías haber optado por “otro”.

Esta semana pasada la rutina no ha tenido los frutos deseados. Sólo he conseguido programar algo mis acciones, por lo demás, los problemas siguen ahí. Ordenados, pero están ahí.

Macarons de chocolate IIIngredientes
Tant pour tant (así es como se conoce a esta mezcla a partes iguales de almendra y azúcar polvo).
  • 250 gr. de almendra en polvo (molida)
  • 250 gr. de azúcar en polvo
  • 30-35 gr. de cacao en polvo (opcional, sólo si se desean con sabor a chocolate)
Merengue italiano
  • 250 gr de azúcar grano
  • 188 gr. de claras (la cantidad de claras debe ser un 75% de azúcar)
  • Agua, un chorrito, el justo para formar un caramelo a punto de hebra. Menos del 20%.
(1) Tamizamos la almendra, lo ideal es hacerlo varias veces, ¡he leído que hay gente que lo hace hasta 7 veces! Así conseguiremos que quede con una superficie más lisa. Lo he hecho una sola vez. Mezclamos la almendra con el azúcar en polvo y el cacao. Reservamos.

(2) Preparamos el merengue italiano. Ponemos al fuego un cazo con el azúcar y el agua hasta formar un caramelo de bola suave. Levantamos las claras y, a medida que las vamos montando, vamos añadiendo el caramelo en forma de hilo, siempre sin dejar de batir (a maquina). Seguimos batiendo hasta que esté tibio y forme picos.
Llegados a este punto, y si no usamos cacao, podríamos haber montado el merengue con unas gotas de algún colorante.

(3) Echamos la mezcla de almendra sobre el merengue, en tres tandas. No hace falta ser demasiado cuidadoso, lo suficiente hasta que la masa tenga cierto brillo.

(4) Rellenamos una manga pastelera o pistola de boca ancha. Yo le retiro la boquilla a una de las mangas pasteleras que tengo. Formamos las galletas depositando la masa, con ayuda de la manga, sobre una fuente con silicona o papel de hornear. Podemos darle unos golpecitos a la bandeja para alisar la superficie y favorecer la formación de las galletas. Intentaremos evitar que quede una elevación o marca de la manga en la parte superior.

Dejamos reposar las galletas durante un mínimo de 10-15 minutos, hasta que haya formado una ligera costra en la parte superior. Así evitamos que se agrieten al hornear y suban dejando la forma característica. No desfallezcáis si la primera hornada no sale bien del todo, la segunda acertaréis.

(5) Mientras reposa calentamos el horno a 200º C, aproximadamente. Pasado el tiempo, introducimos la bandeja en el horno e, inmediatamente, bajamos la temperatura hasta 160º C, dejando la puerta ligerísimamente entreabierta. Ponemos una cuchara de palo en la abertura de la puerta, justo de la anchura de la cuchara, para evitar que se cierre del todo. Dejamos hornear hasta que estén hechos, entre 8-15 minutos, dependiendo del tamaño y la temperatura.

Parte del secreto de los macarons reside en la temperatura y el tiempo de cocción. Cada horno tiene su temperatura adecuada y cada tamaño su tiempo de cocción.

Macarons de chocolate II(6) Dejamos enfriar totalmente antes de despegarlos del papel. Si los retiramos todavía calientes se quedarán pegados, también se pegarán si han quedado crudos.

Macarons de chocolate IILos rellenamos como más nos guste. El clásico es una crema mantequilla aromatizada pero, como es demasiado trabajo para un día, podemos rellenarlos de Nutella aromatizada con alguna mermelada. He usado mermelada de frambuesa y Nutella. También es una muy buena opción rellenarlos al día siguiente.

Los macarons están más ricos pasados un mínimo de 24 horas, incluso guardados en el frigorífico. Si no os quedan “bonitos” seguirán estando riquísimos, sólo será un tema estético. Recordad, la belleza está en el interior.

Pollo a la mostaza

Pollo a la mostazaNo es lo mismo

El plato de pollo a la mostaza que ya había puesto no tiene nada que ver con éste. Aquel plato es una carne adobada y pensada para cocinar a la barbacoa. Éste es un pollo o conejo, así se realiza en su versión original, cocido a fuego lento con una salsa a base de mostaza, nata, pimienta o tomillo. Ambos muy ricos pero diferentes.

Es un plato muy sencillo, adaptado de “La Larousse de la Cocina”, en la que he podido encontrar muchas ideas, más que recetas. Abro el libro en una página al azar y tendré el ingrediente del día, cómo se me ocurra hacerlo es otro tema.

No tiene ninguna complicación. Si existiese, es únicamente el evitar que no se corte la salsa. Si se llegase a cortar, la solución es echar más nata y darle unos “meneítos” hasta que vuelta a ligarse. Un plato muy rico, siempre que os guste la mostaza me encanta. La próxima vez incluso creo que lo haré con un poco de miel, un agridulce espectacular (espero). Unas patatas fritas mojadas en la salsa son perfectas. M ha dictado sentencia, habiendo rebañado todo, todo.

Pollo a la mostaza
Todo está en los libros…

Mis compras convulsivas son muy limitadas. No soy un gran comprador, me gusta comprar lo justo, sólo lo necesario para el día o para el plato del día. M incluso se sorprende al verme comprar por lonchas y no por gramos: “4 lonchas de panceta”, “dos chorizos”, “un pimiento”, “tres sardinas”,… No me gusta comprar cosas para almacenarlas en el frigorífico, ni cuando están de oferta (sobre todo). Sí me gusta tener de variedad de productos en la cocina, pero sólo un poco de cada uno. M, por el contrario, prefiere tener el frigorífico repleto. Ése es el motivo por el cual anteayer me tomé dos cuajadas más de veinte días después de haber pasado su fecha de caducidad. Sigo vivo, por el momento.

Eso no sólo me pasa con la comida y los alimentos. Con la ropa me pasa lo mismo, M tiene que estar casi suplicándome que me compre más prendas. Es una “costumbre” que tengo muy arraigada desde la época en que vivía con mis padres. Con los libros todo cambia. Aunque tengo esa sensación de culpabilidad y una necesidad de justificarme ante M, si entro en una librería ardo en deseos de comprar libros y más libros. Libros técnicos y de carácter científico, libros de lectura y, como no, libros de cocina. Todo depende de la época del año y mi nivel de ociosidad. En invierno tiendo más hacia los libros técnicos, en verano o vacaciones mis miradas van dirigidas a los libros de lectura y siempre me paso por la sección de libros de cocina.

Lo más curioso es que, si bien mis ganas son muy grandes, muchísimas veces acabo por no comprar ninguno, convirtiéndome en ese guarrón más que se ha estado pasando una hora hojeando y ojeando recetas mientras escribe algunas anotaciones en un trozo de papel… El viernes fui un mirón, pero la culpabilidad me obligó a comprar u interesante libro de lectura ;-). No hay mal que por bien no venga.

Pollo a la mostazaIngredientes
  • Unos trozos de pollo o conejo, un kilo aprox.
  • Tomillo seco
  • Aceite de oliva, unas dos cucharadas.
  • 5 cucharadas de mostaza fuerte
  • 200 ml. de nata líquida
  • Perejil fresco
  • Pimienta negra recién molida
  • ¼ pastilla caldo de pollo
  • Un poco de agua
(1) Salpimentamos los trozos de pollo o conejo. Espolvoreamos con tomillo, un poco. En un cazo calentamos el aceite y, a fuego medio-fuerte, doramos el pollo hasta que esté bien hecho por todas partes.

(2) Desechamos toda la grasa, hasta que no quede nada. Así evitamos que se corte la salsa con nata. En el mismo cazo, echamos los trozos de pollo y unas 5 cucharadas o más, según gustos, de mostaza. Bajamos el fuego y dejamos cocinar durante unos 10 minutos.

(3) Añadimos la nata con un poco de agua y el caldo de pollo desmenuzado. Tapamos y dejamos cocinar a fuego lento hasta que esté cocinado. Si es conejo necesitará más tiempo, más de media hora.
Si vemos que la salsa se desliga, añadimos un poco más de nata y removeremos. La salsa vuelve a ligarse con mucha facilidad removiendo y/o echando un poco más de líquido.

(4) Probamos, rectificamos la sal y pimienta. Espolvoreamos con perejil picado.
Servimos con paratas fritas, unas judías cocidas, una coliflor,…

Pollo a la mostaza (patatas fritas)Otro de esos platos ricos para cuando no tenemos demasiado tiempo o preferimos leer un libro mientras esperamos disfrutando de los aromas que emanan de la tartera.

Pollo a la mostaza