La Belgique, “douze points”Le Royaume-Uni (« Guayuminí »)
“Guay, super-guay, tope-guay, guay del Paraguay…” Bélgica me suena a festival de Eurovisión, a frío y a lluvia, a calles empedradas y a pintura, a bicicletas llenas de barro, a los diablos rojos, a chocolate, a Europa, a gofre caliente cubierto de salsa de chocolate.
Gaufres. Desde el primer momento que conseguí la máquina me obsesioné con hacer unos “gofres belgas”, esos que se pueden comprar muy cerca de la Grand Place, o tal vez en la propia plaza.
Todas las recetas que había leído eran muy parecidas, lo de siempre: leche, huevos, harina, mantequilla/aceite, azúcar, levadura (química o de panadería) y algún aroma. Como unas tortitas ricas. Ya he hecho algunas y todas estupendas, pero les faltaba el “grosor” que mi “cutre-plancha” no podía proporcionar; o las hacía en una sartén o les llevaba “mi masa” al puesto de gofres que hay cerca de la alameda, que por cierto, hoy me ha parecido que ha cerrado de modo definitivo. Queda pendiente la compra de una verdadera plancha para gofres, siempre que la encuentre de tamaño y precios razonables; en su momento ya le buscaré un espacio.
Bien, esta receta es diferente, lleva cerveza, unos gofres muy ricos que, por una vez, casi ni requieren ningún tipo de acompañamiento. Si cabe, tal vez un poco de azúcar glasé o una salsa de chocolate.
Gofres clásicos I con salsa de chocolate
Pongo tres opciones con sus respectivas fotografías. En ellas no se perciben las diferencias ni los aromas, que decir que son muy distintas. Los gofres “belgas” con cerveza y levadura de panadería, los “clásicos” con leche, mantequilla/aceite y levadura química. Para mi gusto, la levadura de pan con la cerveza da mejores resultados de textura y sabor, pero las otras dos opciones también son muy ricas y sabrosas, sobre todo acompañadas de un buen chocolate caliente o para aquellos momentos en los que no tenemos tanto tiempo ni paciencia. De los dos restantes prefiero el sabor de los que llevan aceite.Si no tenéis plancha podríais hacerlos en una sartén a modo de tortitas o (se me va la olla) ¿por qué no probar pringando toda una sandwichera:..?
Todos conocemos la fama de muchas de sus ciudades: Brujas, Gante, Amberes,… De Bruselas ya no se habla tan bien, supongo que por su comparación aquéllas. Para mí también es una ciudad sorprendente, siempre que la sepas descubrirla, no te ciñas a visitar únicamente el Manneken-pis y decidas perderte por sus calles o avenidas.Sigo deseando amar
Por mucho que uno decida ser feliz parece que siempre hay algo que quiere llevarme la contraria, y esta vez no ha sido M. Por un momento todo iba casi viento en popa, como siempre pero tomado desde un punto de vista mucho más optimista. Al mal tiempo buena cara, como suele decirse.
Hay tormentas con las que la “buena cara” no llega. Lo de “tormenta” es muy exagerado, quizás, diría una “tormenta interior”. Tener la mente y el tiempo ocupado puede ser una buena forma de evitar las tormentas.
Mi problema es ahora que “soledad del corredor de fondo” se convierte en “la soledad del hijo no pródigo”. “No pródigo” porque nunca he dejado de estar allí, de tener contacto y dialogo, pero ya no es igual. Ésa es la tormenta de arena. Percibo una soledad desértica con cada nueva llamada, como si ya estuviese ausente, cada vez más. Como si las distancias fuesen cada vez más grandes. Dicen que la distancia es el olvido y el olvido lleva al desamor.
Es muy duro hablar de “desamor” entre familiares. No creo que sea “desamor” propiamente dicho pero sí “distanciamiento” u “olvido”. Todo se olvida, el tiempo y la distancia son los mejores amigos del olvido.
Llamo a casa de mis padres siempre que puedo, hablo sin tapujos pero cada vez resulta más difícil poder sincerarme. Cada vez más noto cierta distancia e indiferencia, como si te ocultasen algo o no quisieran hablar con la sinceridad con la que antes lo hacían. Es un horror, nunca había pensado que mi familia me llegase a ver como un extraño, creo que se me confunde con M, como si me identificasen con ella. Yo soy Pepinho y M es M.
No hay vuelta atrás, cada vez es peor. Con mi hermana ya hace un tiempo que no puedo hablar de mí como lo hacía hace unos años (no muchos), ella ha empezado antes poniéndose la máscara, a la defensiva, pensando que hablaba con M y no conmigo. Te equivocas, ahora cuando cuento algo más que interés por el desahogo percibo curiosidad. Yo sigo siendo yo.
Con Martín es más difícil siquiera llegar a hablar, no creo que haya perdido ese “filling” pero tampoco sé qué piensa. Tener pareja también ha ayudado, como en mi caso, a perder esa confianza. Martín, sigo siendo yo.
Con papá nunca ha habido demasiado acercamiento. Así no hay confianza que perder, sigue tiendo “sus” preferidos y (mi) “rebeldía” nunca ha estado entre sus palabras preferidas del diccionario. Mamá sigue siendo mamá pero se deja llevar con demasiada facilidad…
Con M, pese a ser pareja, resulta muy difícil hablar de verdades más interiores, ¿curioso verdad?, no ha sido educada para ello y siempre se pone una coraza que impide saber qué es lo que realmente piensa.
Lo que más pena me da es que todo se olvida. El amor, las penas y alegrías compartidas… Cada vez me veo más solo, (casi) feliz pero más solo.
Salsa de chocolate caliente
Puede hacerse también un jarabe con una cucharada de cacao en polvo y un poco de glucosa o miel. Deliciosa.

- 150 ml. de nata líquida [50 ml]
- 60 gr. de mantequilla [20 ml]
- 3 cucharadas de azúcar [1 cucharada]
- 150-175 gr. de chocolate troceado [58 gr.]
- Opcional: esencia de vainilla, una cucharilla.
La calentaremos en el fuego, perdón, calor, o en el microondas cuando deseemos volver usarla.
Gofres belgas
Con levadura fresca, cerveza en vez de leche y mucho reposo antes de prepararlos.

- 5 gr. de levadura fresca de panadería [3 gr.]
- 4 huevos, ligeramente batidos [2 huevos]
- 5 ml de esencia de vainilla o agua de azahar [½ cucharilla]
- 150 ml de cerveza blanca de trigo belga: Hoegaarden. Como no la tenía “cerca” he usado una rubia alemana ;-), Franziskaner, aunque creo que no es de las llamadas “blancas” [75 ml]
- 300 gr. de harina [150 gr.]
- 100 gr. de mantequilla derretida y fría [50 gr.]
- 70 gr. de azúcar [35 gr.]
- Azúcar glasé, sirope de chocolate, nata, miel o lo que más nos guste para acompañar.
(2) Poco a poco vamos añadiendo la harina, mezclando con cuidado hasta que quede suave. Añadimos la mantequilla derretida pero fría y, por último, el resto de la cerveza. Dejamos reposar toda la noche.
(3) Preparamos los gofres de acuerdo con las recomendaciones del fabricante. La “gofrera” debe estar muy caliente (250º C) y bien impregnada de mantequilla o aceite para que no se pegue.
Tomamos caliente con una salsa de chocolate o azúcar glasé.

Gofres clásicos I
Con aceite en lugar de mantequilla. Más rápidos, sanos y también muy ricos.

- 2 huevos [1 huevo]
- 250 gr. de harina [125 gr.]
- 415 ml de leche entera [207 ml]
- 120 ml de aceite vegetal, mejor no demasiado fuerte [60 ml]
- 1 cucharada sopera de azúcar [½ cucharada= 1+½ cucharilla]
- 4 cucharillas de levadura química (Royal) [2 cucharillas]
- ¼ cucharilla de sal [1/8 cucharilla, una pizca]
- Una cucharilla de esencia de vainilla [½ cucharilla]
(2) Añadimos la mezcla de harina poco a poco, removiendo con una varilla hasta que no queden grumos.
(3) Preparamos los gofres igual que anteriormente, con la plancha muy caliente y suficientemente engrasada.
Gofres clásicos II
Éstos llevan mantequilla y no aceite, para esos casos en los que no tenemos problema de colesterol.

- 125 gr. de harina normal.
- ½ cucharilla de sal.
- 2 cucharillas de levadura química
- 1 cucharada sopera de azúcar.
- 1 huevo.
- 175 ml de leche templada.
- 38 gr. de mantequilla derretida pero no caliente.
- 1 cucharilla de extracto de vainilla (5 ml)
(2) Batimos el/los huevo(s), añadimos la leche, la mantequilla y la esencia de vainilla. Por último, vertemos la mezcla de la harina poco a poco, batiendo hasta que no se formen grumos.
Procedemos a cocinarlos igual que en los otros dos casos.
Todas estas masas pueden aguantar varios días en el frigorífico y las iremos haciendo a medida que nos apetezcan. Deben cubrirse con un film transparente.
Gofres belgas con miel










































































































































































































