miércoles 28 de noviembre de 2007

Croissants de Pierre Hermé

Querida familia, dos puntos

Y los mejores croissants de París son para… ¡Pedrooooo!

No hace mucho se publicó una lista, otra, con los mejores croissants de París. No sé si por prestigio, si por costumbre, si por realidad, pero el premio le lo llevó mi “querido” Pedro. Ahí va la lista:
  1. Pierre Hermé
  2. Triomphe
  3. Laurent Duchêne
  4. Gérard Mulot
  5. Lenôtre
  6. Le Boulanger de Monge
  7. Bolangerie Vandermeersch
  8. Julien
  9. Arnaud Delmontel
  10. Grande Épicerie
(…)

Después de ver esas páginas, ¿quién se puede atrever a poner unas fotos? Siendo malo, apostaría a que muchas de esas fotos son de plástico ;-).

Yo, tan orgulloso como estaba con mis dos versiones de los croissants: versión 1, versión 2, me había planteado hacer los mejores croissants de París buscando entre las recetas de Hermé e intentar transformarlos en los mejores croissants del día ;-). Inicialmente no estaba demasiado decidido a hacerlos pero, en cuanto empiezo a ver la receta descubro varios elementos novedosos que me llaman la atención y agradan al mismo tiempo:
  • Las medidas son “exactas”, ni un gramo más ni uno menos. Sabéis lo lioso que resulta estar añadiendo y añadiendo harina a una masa hasta conseguir la “textura adecuada”. ¿Cuál es la textura adecuada?
  • ¡No lleva huevo! Se parece más a un hojaldre con levadura y aromatizado que a un brioche hojaldrado. Buena idea y solución.
  • Es más fácil: menos tiempos de reposo, hojaldrados muy sencillos y medidas casi exactas.
  • ¿Dónde está el aroma? La mantequilla me parecía poca cosa, por lo que le he añadido azúcar vainillado y vainilla en polvo. Mucho mejor, supongo. ¿Por qué no un poco de cardamomo o canela? Vaya usted a saber.
Como resultado, un croissant muy fácil de hacer, más hojaldrado y con una textura casi perfecta. Quizás la próxima vez le añada más aroma y/o manteca, en menor cantidad, como sustituto de la mantequilla. Habrá próxima vez.

Querida familia, coma

Quisiera hablar con vosotros con calma y poder estar un poco tranquilo, sin mirar el reloj. Tampoco sé si lo mejor sería hacer una “cura” colectiva en la que estuviese “M” y sus rencores o, simplemente, que yo os contase mis opiniones al respecto. Últimamente, estas tres últimas semanas, los cinco minutos que tenía libres los estoy ocupando con M y la famosa búsqueda del coche. Ya los odio, parece que es lo único que importa, después está mi trabajo y las responsabilidades que ello implica.

Por hacer, ni puedo hacer mi trabajo. Ayer mismo me tuve que acostar a las 3 de la madrugada; levantarme a las 7 de la mañana; ir al trabajo, y trabajar (con un descanso de 20 minutos exactos para ir corriendo a hacer la comprar); volver a toda prisa, cogiendo “el atajo”; ir una correr, no cómo deseaba, para mí es tan necesario como respirar; comer mientras cocinaba; hacer la comida, dejar los platos sin lavar, pues hay que visitar concesionarios; hablar de presupuestos; dejar a M en clase de bolillos; volver para acabar de fregar, limpiar; preparar la cena; lavar los platos; y, por fin, ya de madrugada, organizar el material de trabajo; …y volver a empezar. Estos días, en clases, empiezo “tema nuevo”, con todo lo bueno y malo que conlleva. Muchas cosas pendientes, unas palabritas en el blog (no he podido más) y poco más

Os quisiera decir muchas más cosas. Con calma, poco a poco. Ayer hablé con mamá, sigue con bastante gripe. Mientras hablaba, yo seguía delante del ordenador preparando exámenes (en singular) y prestando muy poca atención a lo que podía decirme y decirle. Sólo para que supieseis que seguía vivo. Hace unos minutos que he vuelto a hablar con ella y parece que está mucho mejor.

Esta tarde M ha tenido que ir al trabajo, hace tiempo que no va por las tardes, salvo las de los jueves, por supuesto. Me ha permitido poner algo al día mi bitácora, aunque me ha encargado alguna que otra llamada, muchas. Pronto estará de vuelta.

Mamá, dales recuerdos a todos, a papá, a Loli, a Diego (ya ni me imagino cómo está), con Martín hace unas horas que he hablado por teléfono. Tiene mucho trabajo pendiente, mañana viene inspección

Que sepáis que si hablo poco, si no os confieso ningún secreto es por mi tiempo. De sol a sol y tiro porque me toca. Os echo mucho de menos, aún no hemos hablado de cómo nos organizaremos estas navidades. En principio, tocará Navidades en Boiro, fin de año y Reyes en Ferrol. El cumpleaños de papá es un misterio, ella tendrá sus planes pero todavía no me los ha hecho saber. Le he comentado algo pero como si nada.

Loli, he leído los dos correos que has escrito, el primero hace ya más de una semana. Perdona, pero no me conformo con poner tres líneas, diciendo cosas como: “gracias”, “estoy aquí”, “os echo de menos”,.. Lo que tengo que contar no lleva menos de una hora. Pronto te devolveré los mensajes. ¿Te cuerdas cuando después de Lisboa no paré de llorar?, los motivos se han apagado, de momento, pero creo que las lágrimas no se han extinguido. Ya hablaremos.

Os quiere mucho.
Pepinho.

Todo parece un sueño

Hay instantes en los que si me paro a pensar, todo me parece un sueño irreal. Qué hago casado (o soltero si lo fuera), qué pinto en este mundo, qué me ha llevado a vivir cómo vivo,… Como cuando de pequeño te planteabas esas cuestiones existencialistas: ¿quién nos ha hecho? ¿Qué soy?,… y decides descartarlas de inmediato para no acabar confundido y poder vivir tranquilo. Sin preguntas todo resulta más fácil.

No tengo tiempo para reflexionar sobre mis actos o acciones. Quién lo tendría si se pasa el día ocupado, de aquí para allí a merced de intereses prójimos. Un poco surrealista.

Yo aquí, un libro abierto a quién quiera leerlo, con un trocito de mi vida al descubierto. Todos escogen un “alias”, un “alter ego” con que se identifican. Yo he dejado de ser Harry Haller para ser Pepinho. No me importa, pero me pregunto por qué, en general, casi todo el mundo tiene miedo a contar y decir lo que realmente siente. A M siempre le he dicho que no me importa parecer humano, porque lo soy, en cambio me molestan esas parejas perfectas que viven en familias perfectas con una vida perfecta.

Ingredientes
  • 510 gr. de harina de pan [255 gr.]
  • 35 gr. de mantequilla ligeramente reblandecida, nunca líquida [18 gr.]
  • 11 gr. de flor de sal [6 gr.]. Un ingrediente típicamente Hermé, a mí me la ha conseguido M por medio de un “conocido”-“cliente”. Si no se tiene puede emplearse sal fina.
  • 72 gr. de azúcar [36 gr.]
  • 15 gr. de leche en polvo [8 gr.]
  • 12 gr. de levadura fresca de pan [6 gr.]
  • 205 gr. de agua [102 gr.]
  • 15 gr. de azúcar vainillado, vainilla en polvo o una vaina de vainilla (a elegir) [8 gr.]
  • Para hojaldrar: 88+88 gr. [44+44 gr.] de mantequilla
Para pintar (antes de hornear)
  • 1 huevo entero + 1 yema [1 yema + 20 gr. clara]
  • 1 cucharilla de azúcar, 5 gr. [½ cucharilla]
  • Una pizca de sal.
Jarabe (después de hornear)
  • 80 gr. de azúcar
  • 30 gr. de agua
Nota: los tiempos de reposo son los mínimos recomendados. La masa puede reposar más tiempo, siempre que esté bien envuelta en film dentro del frigorífico(1) Diluimos la levadura en agua tibia, casi a temperatura ambiente, hasta que se haya disuelto totalmente. Amasamos todos los ingredientes menos las mantequillas. A medio amasar añadimos la primera mantequilla y seguimos amasando hasta que se haya incorporado totalmente. Así durante unos 5 minutos.
Formamos una bola, la cubrimos con plástico de cocina (film) y dejamos reposar durante un par de horas en el frigorífico. La receta original extiende la masa, la cubre con film y la deja reposar en lugar fresco. Lo importante es que la masa haya enfriado suficientemente para poder extenderla sin que tenga correa (se retraiga al ser estirada).

(2) Pasado el tiempo, extendemos la masa en un rectángulo de un centímetro de grosor. Extendemos la mitad de la mantequilla para hojaldrar (88 gr.) sobre 2/3 de la masa, de forma que al doblar una primera vez la parte que no está impregnada de mantequilla quede en el medio.
Extenderemos la mantequilla pomada de modo uniforme, intentando que no llegue al borde (para que no se salga) y le damos la primera vuelta, tal y como he dicho anteriormente. Volvemos a extender la masa y procedemos a darle una segunda vuelta, esta vez sin haber echado mantequilla. Llevamos 10 minutos al congelador más dos horas de reposo en la nevera.

(3) Repetimos el punto anterior, con dos vueltas simples y con los 88 gr. restantes de mantequilla para hojaldrar. Esta vez lo dejamos reposar una hora antes de formar los croissants.

(4) Formación de los croissants. Dividimos la masa en dos (como he hecho la mitad no he tenido que hacerlo) y formamos dos rectángulos de 25x40 cm2, aproximadamente. Lo he hecho a ojo para que queden más pequeñitos.
Recortamos rectángulos de 10cm (base) x 25cm (altura), dando un ligero corte de un centímetro en el centro de la base. Enrollamos los croissants desde la base y sin hacer demasiada presión. Los podéis rellenar con un trocito de chocolate negro, mucho mejor, incluso choricito, Nutella o confituras.
Si no los vamos a cocinar de inmediato podemos congelarlos en este instante y retirarlos unas horas antes de hornear. Riquísimos y podremos quitarlos siempre que tengamos visita.

(5) Disponemos los croissants sobre una bandeja con papel de hornear. Dejamos crecer durante unas dos horas.


Pasado el tiempo precalentamos el horno a 180º C, batimos los huevos con el azúcar y la sal. Pintamos cada croissant con la mezcla de huevo e introducimos en el horno, ya caliente, hasta que tengan un tono dorado. Recién pintados:


Pedrito es un fanático de los hornos “entreabiertos”, yo he preferido cocinarlos con el horno totalmente cerrado.

(6) Mientras se hornea preparamos el jarabe hasta que se haya disuelto totalmente el azúcar. Retiramos los croissants del horno, pintamos y… a disfrutar mientras estén todavía calientes.
Los croissants deben tomarse calentitos, a medida que pasa el tiempo se van endureciendo y no parecen tan frescos.

“Eu quérote tanto….”


Edito: después de algún tiempo de experiencia recomendaría alguna de las versiones sin huevo. La masa para los croissants y napolitanas es la misma. Mi preferida es la de las Napolitanas de crema, pero muy de cerca están los de Pierre Hermé o las Napolitanas de chocolate.

lunes 26 de noviembre de 2007

Tarta de nueces

Tarta de nuecesSiempre en domingo

¿Demasiados postres?

Tal vez. Pero últimamente, los últimos treinta y tantos, me lo pide el cuerpo. Que por falta de ideas no sea, que antes de un postre siempre va una buena comida, que M prefiere lo salado. Tal vez excesivas tartas, eso sí, tendré que intercalarlas con pequeños dulces; para empezar, un poco de bollería (esta semanita, cae seguro).

La tarta me ha sorprendido tanto (positivamente) que me he visto con la necesidad de contarlo. Con nueces, que ya es Navidad, hacer una delicia es muy fácil. Incluso, si no tenéis ganas de hacer la masa dulce podéis emplear hojaldre congelado.

Tarta de nuecesSocorro, ya es Navidad. “No actually”.

Programación cinematográfica televisiva del día: “Elf”, “Un novio para Navidad” y… “Love Actually”, por lo menos esta última era estupenda, siempre que la veas enamorado y con un toque de ingenuidad. ¿Quién no está enamorado?, sea de lo que sea: un libro, una película, un hombre, una mujer, un momento, la familia... “El amor en realidad está…” en todas partes. ¿Quién no hubiese preferido a Hugh (John Mungo) Grant como presidente de UK?, por lo menos echaríamos unas risas… de otro modo, claro.


Jarl, ¡qué bonito era estar enamorado! ¿Era? Ese placer extraño que se sentía con la simple presencia, esos días en los que te levantabas feliz por dos razones: habías soñado con ella y la verías esa misma mañana. La imaginación era más fuerte y real que la vida misma.

¿Confías en mí?

¡Socorro!

Falta, exactamente, un mes y los supermercados hace un tiempo que están llenos de turrones y otros productos navideños, incluso M ya está empezando a planificar la compra de los regalos. No es mala idea, así evitará los sofocos de última hora.

Será Navidad cuando pongan esa película: “Socorro, ya es Navidad” o alguna de las típicas películas con un “Santa Claus”. Chevy Chase, cuando pienso en él me acuerdo de aquel video de Paul Simon :”You can call me Al ” y me río con la paupérrima traducción de otra paupérrima película: “Este poli en un panoli”.

Después de la tempestad viene la lluvia

No se puede estar en permanente estado de reflexión, la mente acaba por confundirse, por provocar un malestar casi permanente. Llegamos a un remanso, descansemos, que pronto vendrán los puertos de montaña.

No hablaré del dolor que tengo por no haber podido cumplir mis deseos, que eran los de mi madre, y no haber podido ir a celebrar su cumpleaños. Tampoco hablaré de cierto estrés remanente que me ha llevado a aislarme apagando el móvil, ¿leer? por encima correo, muy por encima, o tener unos deseos de escaparme solo (totalmente) durante una buena temporada.

Me limitaré a jugar con las palabras y expresiones comunes relacionadas con la cocina. Voilá.


Masa dulce
  • 210 gr. de harina
  • 1 cucharilla de sal
  • 25 gr. de almendra molida (puede ser avellana)
  • 85 gr. de azúcar glasé
  • 125 gr. de mantequilla fría cortada en trocitos
  • 10 gr. de azúcar vainillado
  • 1 huevo
(1) Tamizamos la harina, añadimos el azúcar, el azúcar vainillado, la sal y la almendra molida. Añadimos la mantequilla troceada fría. Con ayuda de las manos mezclamos hasta que tenga la textura del pan rallado y la mantequilla no haya formado bolas demasiado gruesas.

(2) Echamos el huevo semibatido y, rápidamente, amasamos hasta que los ingredientes se hayan ligado. No se debe amasar en exceso, lo justo como para que se forme una masa. Envolvemos en film de cocina y llevamos al frigorífico un mínimo de una hora (puede ser congelador).

(3) Precalentamos el horno a unos 200º C. Forramos un molde de unos 23 cm de diámetro (sobrará masa) engrasado con mantequilla y enharinado. Extendemos la masa entre dos bolsas de congelación o plástico de cocina y cubrimos la base del molde. Pinchamos toda la superficie con un tenedor.

(4) Cubrimos la masa con papel de hornear y sobre él pondremos unos garbanzos o alubias secas para que ejerzan de peso. Horneamos durante unos 10-15 minutos. Pasado el tiempo retiramos los garbanzos y el papel. Si queremos volvemos a introducirlo en el horno durante 5 minutos, aproximadamente.
Retiramos del horno y reservamos, esperando a que se temple.

Relleno
  • 75 gr. de azúcar polvo
  • 2 cucharadas de agua, aprox.
  • 200 ml de nata fresca espesa (crème fraîche)
  • 30 ml de jarabe de arce o miel
  • 150 gr. de nueces troceadas finas, no molidas.
  • 2 yemas de huevo
(1) Precalentamos el horno a 180º C. Troceamos las nueces finas pero sin hacerlas polvo; podemos dejarlas unos segundos en una trituradora o incluso machacarlas con un rodillo dentro de una bolsa. Preparamos un caramelo con el azúcar y el agua en un cazo al fuego, hasta que tenga un tono dorado pero no llegue a quemarse.
Retiramos del fuego y añadimos la crema, mejor caliente para que el frío no haga que se apelmace el azúcar y se endurezca. Si eso sucediera no hay problema, lo llevamos al fuego hasta que se haya derretido el caramelo. Retiramos del fuego.

(2) Echamos el jarabe de arce o la miel y las nueces trituradas. Mezclamos y añadimos las yemas de huevo. Removemos y rellenamos la masa prehorneada. Introducimos en el horno precalentado a 180º C durante unos 20-25 minutos.
Dejamos enfriar totalmente antes de cortar y comer. Riquísima sola o acompañada con un poco de nata fresca espesa y/o helado, también rica si la tomamos solos o acompañados.

“Amigos, el amor, en realidad, está…” en lo que hacemos

sábado 24 de noviembre de 2007

Caramelos de chocolate y miel de Martine

Caramelos de chocolate y miel de MartineLo mejor que me puede pasar en la vida 1.5

Los famosos…

Así los llama Trish Deseine en su libro “Pasión por el caramelo”, Los famosos caramelos de chocolate y miel de Martine. Ha sido toda una aventura, seguramente la próxima vez vuelva a serlo, hasta tengo dudas de que lleguen a parecerse a éstos. Sólo después de varias elaboraciones obtendremos el punto, las medidas y el tiempo exacto para conseguir la textura adecuada a nuestros intereses. A diferencia del anuncio, con la primera “he acertado”, tendré que jugar a la primitiva. Eso sí que ha sido suerte.

Por ser una receta de origen “casero”, es de las pocas del libro que vienen en unidades aproximadas y, por ello, la aventura está asegurada. Incluso recomienda que los hagamos varias veces hasta que tengan la consistencia que queramos (“pero siempre deliciosos”). Es una de las partes más bonitas de la cocina, la improvisación, el no saber cuál será el resultado. Un vaso, una cucharada o una nuez de mantequilla.

A la tercera ha sido la vencida. En las dos primera recetas vistas en el libro, millionaire’s shortbread y banoffee, había hecho mis propias versiones. Ahora he querido seguir al pie de la letra sus indicaciones, o las de Martine, supongo.

El día del chocolate

Ese día necesitaba chocolate. Empecé con estos caramelos, cuya adicción hace que se acaben pronto y desees que eso no suceda, después la “tarta de chocolate de Suzy”. Ha funcionado, aunque sólo en parte. Me lo pasé bien, disfruté comiéndolos, pero pasado el tiempo todo ha vuelto a estar igual. Igual, con unas cuatro tabletas de chocolate menos y una pequeña dosis de endorfinas de corta duración.

He descubierto otra parte de la solución: dormir. Al dormir se descansa, descansado las cosas se ven con otro prisma. Pero… ¿quién le pone el cascabel al gato?

Me has quitado la soledad y a la vez la libertad. La soledad se emborracha de libertad y la libertad busca compañía.

Mil razones para odiarme

Ahora es el momento de pedir perdón a aquellos que puedan sentirse ofendidos por estas opiniones o reflexiones, a los que han tenido siempre las cosas muy claras y piensen que mi confusión es fruto de la indecisión. Perdón, aunque siempre podréis saltaros este apartado e ir directamente a la receta, si os interesa, claro.

Enumeración de algunos hechos, circunstancias que no comparto, me disgustan o no admito de la paternidad/maternidad. Muchos son meros caprichos y otros más reflexionados de lo que pudieran parecer:

- ¿Por qué algunos familiares se ven con el derecho de sugerir, opinar sobre nuestra (presuntamente deseada por ellos) paternidad y yo no puedo, ni de lejos, hacer un breve comentario sobre el cambio de tapicería de sus sofás? La primera sería una decisión para toda la vida, la otra tiene vuelta atrás.

- Me disgusta la actitud posesiva de algunos padres hacia sus hijos. Se consideran “poseedores” y se olvidan de que tienen vida y pensamiento propio. “Tengo un hijo…” como quién dice “tengo un coche”.

- Hay quién tiene hijos por inercia, porque se entra en la edad, porque es lo que toca. Después tocará el bautismo, la comunión,… lo que no importa es si se cree o no en ello.

- No me gustan las expresiones “espíritu maternal” o “no lo entenderías, eres hombre”. Precisamente, por ser humano (hombre) tengo la propiedad de poder ponerme en el lugar de los demás, sentir lo que otros sienten. Por ejemplo, no necesito haber padecido una catástrofe para saber qué se siente cuando sucede.


Caramelos de chocolate y miel de Martine- Muchos padres se preocupan más de la imagen de sus hijos, sobre todo durante los pequeños años, que de su educación. Me he fijado que muchos de ellos van “más combinados”, diría M, que sus propios padres. Además, no soporto los zapatos de charol ;-)

- Recién nacidos, esa obsesión por buscar parecidos. El problema existiría si no se pareciesen, en ese caso habría que hablar con el fontanero o esperar unas semanas más a que se consolide su aspecto.

- Otra expresión odiosa: “animaos”. Si ya estamos animados… ¡a no tenerlo! No tenerlo también es una opción, además, reversible. La otra opción no tiene vuelta atrás.

- Los hay que cometen el doble error de tener hijos para salvar su matrimonio. Lo que se consigue es naufragar dos veces, jugando con otra vida.

- Lo padres que vuelcan sus frustraciones en sus hijos, provocando en ellos un nivel de exigencia, tensión, aprendizaje, que ni ellos mismos serían capaces de soportar.

- Espero que estas nuevas palabras no las lea nunca mi madre. Nunca nadie me ha preguntado si hubiese deseado nacer. Me lo he preguntado, y más de una vez desearía que no hubiese sucedido….

Caramelos de chocolate y miel de MartineIngredientes
  • 15 terrones de azúcar, 100 gr.
  • 250 gr. de chocolate negro troceado de buena calidad.
  • Una nuez de mantequilla, ayuda a darle brillo y textura. Entre unos 30-40 gr. aprox.
  • Un vaso de leche semidesnatada. Creo haberle puesto en torno a unos 200 mililitros, aprox. (no lo he medido)
  • Una cucharada sopera (y colmada) de miel. He sido generoso, el sabor a miel y caramelo contrastará con el chocolate.
  • Un poco de agua para el jarabe.
(1) Jarabe inicial. Salpicamos los terrones de azúcar con un poco de agua. Llevamos a fuego bajo, sin remover y dejando que se funda hasta hacer un jarabe. Llevamos a ebullición y añadimos el chocolate troceado, removiendo constantemente con una cuchara de madera hasta que se funda y sin que llegue a quemarse.

(2) Añadimos el vaso de leche sin dejar de remover. Lo volvemos a llevar a ebullición y lo dejamos a fuego lento removiendo constantemente. Añadimos la nuez de mantequilla y la cucharada generosa de miel. Sin dejar de remover (demasiado repetitivo, ¿no?, para que no se nos olvide) lo dejamos cociendo durante unos 10-15 minutos, frotando bien el fondo para evitar que se pegue el caramelo.

(3) Comprobaremos el punto de cocción cuando el caramelo haya espesado bastante. Batimos bien y comprobamos el nivel de consistencia haciendo caer la mezcla por la cuchara. Estará en su punto cuando la mezcla no cae de la cuchara o lo hace de modo muy lento. Pongo lo que dice literalmente el libro en este punto: “…tendríamos que tener el buen ojo de Martine, la primera vez tal vez no resulte fácil.”

(4) Vertemos la mezcla en un molde y la alisamos ligeramente, primero con una espátula, después con un golpecito.
El libro recomienda hacer las marcas de los caramelos en este momento, yo he preferido cortarlos una vez endurecidos usando un cuchillo calentado en un chorro de agua caliente.

No pensemos que son muchísimos caramelos de chocolate, como no tenía un molde adecuado para esa cantidad (sería necesario un molde de unos 18x18 o algo más), el molde lo he construido con papel de hornear, cerrándolo y grapándolo como si de un sobao se tratase.

“Pase lo que pase, el resultado siempre será muy rico.”

Caramelos de chocolate y miel de Martine

miércoles 21 de noviembre de 2007

Pastel de chocolate de Suzy

Pastel de chocolate de Suzy… (otra vez) de Pierre Hermé al otro lado del arco iris

Pierre Hermé con frambuesas

Qué fácil y ¡qué rico!, una verdadera sorpresa que no esperaba tener con los ingredientes de siempre. Me ha alegrado el día, y no ha sido sólo el cacao.

Tenía necesidades chocolateadas, síndrome de abstinencia. No es que me hubiese cansado de los bizcochos y pasteles, ni mucho menos, pero hay momentos en los que se necesita chocolate, a ser posible con alto porcentaje de cacao. Ya conocéis sus efectos.

Si de algún repostero no me cansaría de hacer sus recetas ése es PH. Mucha variedad y gama: desde unas galletas o macarons, pasando por cakes (como el de ayer), hasta tartas, por supuesto, y siempre mucho chocolate. Como con casi todos los pasteles de chocolate, la única dificultad está en el tiempo de horneado, siempre el justo para que no quede demasiado seco ni crudo. Éste veréis que es difícil que llegue a secarse, por su cuerpo (menos denso), cantidad de huevos y grosor. Esta vez no he hecho caso de mis gustos o instintos y lo he cocinado un poco más, unos minutos, y el resultado ha sido un placer para el paladar.

Pastel de chocolate de SuzyNo me gusta echarme flores, tal vez ortigas, zarzas o especias, como mucho. Detesto tanto la modestia como la prepotencia, es muy difícil obtener el equilibrio. Con sinceridad relativa, creo que la idea de las frambuesas ha sido todo un acierto; M está para certificarlo. Las frambuesas aportan un ligero contraste con el chocolate que, a modo de mermelada sin azúcar, le da una textura y sabor muy rico. Menudas flores, las de la frambuesa, por supuesto.

Pastel de chocolate de SuzyUn día bien, un día mal, un día bueno,..

Ayer fue rápido y denso, hoy no. ¡¡¡Pedonadme!!!, pero ¡no puedo evitarlo! (Cfr.: Las amistades peligrosas). ¿Qué me pasa?, ¿no puedo estar tranquilo ni el día del cumpleaños de mamá? Tal vez por eso, porque no he podido llamarla todavía, ahora es justo el momento, tengo algo de tiempo, pero no quiero que me note desanimado ni se me salten las lágrimas. Es “su” día. Felicidades mamá.

Lo mejor que me ha pasado en la vida

Ya nunca estaría solo, solo para pensar y reflexionar, pero es lo mejor que me ha pasado en la vida. Dejaría de poder ir al cine, por lo menos con cierta frecuencia, pero es lo mejor que me ha pasado en la vida. Se acabaría definitivamente nuestra, últimamente escasa, vida social, pero es lo mejor que me ha pasado en la vida. Dejaría, definitivamente, de ser “yo” para ser “el/ella”, pero es lo mejor que me ha pasado en la vida. Las visitas a las familias pasarían a ser semanales, con charlas monotema, pero es lo mejor que me ha pasado en la vida. Dejaríamos de hacer ciertos viajes exóticos, limitándonos a pequeñas ciudades dentro de unos años, preferiblemente europeas, pero es lo mejor que me ha pasado en la vida. Mi footing ya no sería posible, no tanto tiempo, ni levantándome a las 7 de la mañana como ahora, pero es lo mejor que me ha pasado en la vida. Las horas de café pasarían a ser horas de parque, en las que hablaríamos de pañales y potitos, pero es lo mejor que me ha pasado en la vida.

Sé que en esto soy un egoísta, lo sé, pero si ahora soy prisionero del tiempo, si en mi vida he sacrificado mucho por otra persona, no quisiera definitivamente perder lo poco que me queda por “lo mejor que me ha pasado en la vida”. Perdóname, lo siento. Tal vez me haya equivocado, tal vez yo no esté hecho para lo que se entiende por “formar una familia”… Éstas justificaciones son meras pataletas egoístas, pero M, no estoy preparado para afrontar “lo mejor que me ha pasado en la vida”. Tampoco quiero cometer el mayor error de mi vida, cuando más lo piensas, más dudas. Hay decisiones que se deben tomar sin pensar y eso en mí es imposible.
El arco iris

Me he cruzado con él mientras corría, pero (nunca) lo he alcanzado. Por un momento ha salido el sol mientras llovía, después chaparrón. Cuando eso sucede no hago más que mirar en dirección opuesta al sol para descubrir esa maravilla de la naturaleza.

El arco iris siempre ha sido presagio de tiempos mejores y de esperanzas. Lo veo siempre con un ligero toque supersticioso porque, aunque soy muy racional, no puedo tener un pequeño sedimento remanente heredado. Espero que así sea, que esa visión esperanzadora traiga mejores momentos,… Empezaré por intentar dormir más, por organizar las tareas de un modo más coherente y por buscar el arco iris todos los días.


Ingredientes
Para un molde circular de unos 23 cm. de diámetro, aprox.
  • 250 gr. de chocolate negro de alto porcentaje de cacao (72-74%)
  • 250 gr. de mantequilla troceada.
  • 200 gr. de azúcar.
  • 4 huevos grandes.
  • 70 gr. de harina.
  • Una pizca de sal, mejor flor de sal, para realzar los sabores del chocolate. No lo indica la receta pero para mí es imprescindible en casi todos los postres de chocolate. ¡Hacedlo!
  • Toque personal: unas frambuesas (congeladas). Estupenda opción. Podrían echarse unos frutos secos: nueces, avellanas, etc. pero así me recordaría a un brownie, aunque como he dicho, no tiene demasiado que ver.
(1) Precalentamos el horno a 180° C. En un cazo a fuego muy bajo fundimos la mantequilla troceada con el chocolate, también troceado. Cuando la mantequilla se haya derretido retiramos del fuego y removemos con una espátula hasta que se haya derretido el chocolate. Si fuese necesario volvemos a ponerlo un poco más al fuego.
Puede hacerse al baño María o incluso en el microondas. Cuando lleva mantequilla y son grandes cantidades prefiero hacerlo a fuego bajo, así puedo reutilizar el cazo y no manchar tanto.

(2) Levantamos los huevos con el azúcar hasta que la mezcla tenga un tono pálido y espumoso. Añadimos poco a poco la mezcla de chocolate fundido pero no caliente, para que no se cuaje el huevo. Añadimos la harina tamizada con una pizca de sal, mezclando hasta que se masa sea homogénea. En este momento podemos añadirle las frambuesas (o los frutos secos). Si tenéis frambuesas probad con ellas, aunque sea sólo una vez…

(3) Vertemos la masa en un molde engrasado de unos 23 cm. de diámetro. Puede cubrirse el fondo del molde, así lo hago, con un poco de papel de hornear. Alisamos la superficie, le damos unos golpecitos y llevamos al horno precalentado (180º C) durante unos 30 minutos, hasta que la superficie se haya agrietado ligeramente y al pinchar con un palillo o cuchillo salga ligeramente húmedo. Si queréis podéis dejarlo más crudito.

Retiramos del horno y dejamos enfriar sobre una rejilla, para evitar que siga cocinándose fuera. Tómese como más guste: con un poco de azúcar glasé, un poco de nata fresca, helado de vainilla,…

Para mi gusto lo mejor es dejarlo en la nevera y retirarlo una horita antes de degustar.

No hay tarta o pastel de chocolate al que pueda resistirme. Éste ha superado con creces mis expectativas iniciales, aunque las fotos (debidas a la ausencia de luz) no hayan salido lo bien que desearía. Imaginaos el sabor.

Cake de zanahoria y avellanas

… de Pierre Hermé

Yo también necesitaba chocolate

Mi ánimo pedía chocolate y hoy (me) he hecho unos caramelos de chocolate y miel (Pasión por el caramelo), además de una tarta, otra, de chocolate de Pierre Hermé, ya tarde.

Este cake era el postre de ayer, he dicho “era” por dos razones: por pretérito (imperfecto) y porque no queda nada, fulminado en un tris-tras.

También de Pierre Hermé, éste es un Cake de zanahoria con unos deliciosos sabores a avellana, hasta tal punto que no sabría decir si es más “de zanahoria” o “de avellana/almendra”. Excelente. ¿Bizcocho?, ¿pastel?, ¿tarta?, digamos “cake”, si un francés lo llama así no lo traduciré, Sr. Josep-Lluís.


Pretérito indefinido: el rumano de la sonrisa feliz

No tengo ni tiempo ni ganas de hablar, tal vez mañana. No he podido responder ni leer los correos, ni siquiera el de mi hermana, tendrá motivos para pensar que estoy enfadado o distante. ¡Nunca!, es el tiempo. Vine, fui. Indefinido.

Cuando me queda de camino o voy a los cines Valle Inclán, o a la tienda de gominolas, es raro el día que no entre en el supermercado Gadis nuevo que hay en la calle Fernado III el Santo. Siempre hay algo que comprar, verduras o plantas aromáticas que sólo encuentro allí. Allí está sin faltar a su cita el rumano de la sonrisa feliz, con su bigote. En realidad tampoco sé si es rumano, aunque lo parece, por lo menos creo que procede de algún país del este de Europa.

Sigue allí, con su recorte de cartón con unas palabras escritas en castellano pidiendo limosna. Mi escepticismo u otros elementos que ya he comentado me impiden dar limosna en ese caso (¿soy mejor que el?, no, ¿quién necesita ayuda?,…). No puedo soportar esa horrorosa sensación de “superioridad” que se siente después de dar una limosna, por pequeña que sea.

Sigue allí. Hace unas semanas, de día indefinido, mi Pepinho agnóstico se vio en la necesidad de indicarle que tenía el cartel al revés. Pensé que sería un tema de marketing, una estrategia comercial como cualquier otra. Lo giro y me sonrió. Días o semanas después, sin fecha definida, me ve y de un modo consciente lo vuelve a girar. Volví, indefinido, a pensar en esa estrategia de marketing:
La tercera vez ya lo tenía en la posición correcta, no sé si se habría percatado de mi presencia. Siempre sonriente, inmóvil. Sigo pasando y siempre esboza una sonrisa.

Hoy he pasado, no indefinido, corriendo, con mi carterita “por si tengo una urgencia”. Hacía frío. Por un fugaz momento pensé: adiós agnosticismo, adiós dudas, que más da, todo el mundo tiene derecho a ganarse la vida. No tuve esa sensación de “superioridad” ante la acción, más bien de rendición. Me había rendido ante su actitud sonriente, ante su forma honrada de ganarse la vida. Era como si estuviese pagando una consumición por esa sonrisa, como si él hubiese hecho un trabajo por el que mereciese un cobro. Únicamente no le perdono una cosa, que me hubiese dicho, sonriente: “Muchas gracias, señor”… ¿Señor? Si yo le contara…

Ingredientes
Para un molde de cake relativamente pequeño. Casi me he comido yo solo el postre ¡en una tarde-noche!.
  • 40 gr. de yemas (unas 2 yemas grandes, aprox.).
  • 30 gr. de azúcar para montar las yemas.
  • 105 gr. de claras de huevo (unas 3 claras, aprox.)
  • 35 gr. de azúcar para montar las claras
  • Un chorrito de zumo de limón para ayudar a montar las claras
  • 50 gr. de avellanas tostadas molidas (si vives en Galicia las puedes comprar molidas en los supermercados Gadis, marca Leader Price)
  • 50 gr. almendras tostadas molidas.
  • 20 gr. de avellanas tostadas enteras.
  • 70 gr. de zanahoria rallada.
  • 45 gr. de puré de zanahorias, preparado anteriormente por cocción.
  • 35 gr. de harina.
  • Ralladura de media naranja grande.
  • Una cucharilla de levadura química (Royal).
  • Una pizca de sal.
(1) Preparamos el puré de zanahoria. Pelamos las zanahorias y las cocinamos al vapor hasta que estén relativamente blandas. Una vez cocidas las reducimos a puré con ayuda de un tenedor o similar. Reservamos.

(2)Precalentamos el horno a 175º C. Tamizamos la harina con la sal y la levadura química. Reservamos. Levantamos las yemas con el azúcar hasta blanquear. Levantamos las claras a punto de nieve con un chorrito de limón, se levanta mejor a temperatura ambiente, no frías. A medio montar vamos añadiendo poco a poco el azúcar hasta que tenga la consistencia de un merengue y forme picos.

(3) Añadimos con cuidado y de modo envolvente las claras a las yemas montadas. Echamos la almendra molida mezclada con las avellanas molidas, las avellanas ligeramente troceadas (casi enteras), la zanahoria rallada, el puré de zanahoria y la ralladura de naranja. Todo ello con cuidado y evitando que se baje la masa.
Por último, añadimos tamizamos la harina sobre la mezcla, mezclando con cuidado.

(4) Vertemos en un molde para cake pequeño. Cocinamos durante unos 40-50 minutos a unos 175º C.

Muy facilito, sin materia grasa (no directamente, claro), esponjoso y sabroso. La naranja contrasta a la perfección con los sabores de la zanahoria y los frutos secos.

Pierre Hermé, está todo dicho.

lunes 19 de noviembre de 2007

Pastel de “todo fruta” de manzana y pera

Tan cansado

La fruta prohibida

Por todos lados, si no se comen se estropean. Los manzanos están a rebosar, manzanas de todo tipo que se acumulan hasta tal punto que no se sabe qué hacer con ellas. Si no tenéis ideas no os preocupéis, a mí me encantan (sobre todo la Reineta del Canadá), no me cansaré de hacer postres caseros como éste y disfrutar de ellos.

Dulce de manzana, mermeladas o compotas son los recursos más usados para darle salida a la sobreproducción de manzanas. Lo mismo pasa con los higos, sólo que con los higos hay que ser más rápido todavía, en pocas semanas se pasa de tener unos hermosos y maduros higos a no tener nada.

He puesto en el blog otras recetas de “parecido razonable” pero ésta, como otras, resultará una verdadera delicia a aquellos a los que les gusten las manzanas y/o las peras. Dos capas de pura fruta, manzana y pera, podría ser prácticamente cualquier otra variedad.

Regalando

Ya queda poco (un par de días) para el cumpleaños de mi madre. Para acertar con la edad tengo que hacer cálculos con el año de nacimiento, que no diré por respeto. Como siempre, nos encontramos con uno de esos grandes dilemas: ¿qué regalar? Descartando: la ropa, por personal, por la dificultad para acertar con la talla y el modelo que más se ajuste; los accesorios, ya le hemos regalado todo tipo de pañoletas y fulares, carteras,…; poco queda, y lo más difícil es no repetir y comprar algo personal e intransferible. Algo que le haga ilusión.

Los tickets regalo son la mejor opción para regalar y salir del apuro, casi siempre sabiendo que tendrá que cambiarlo por algo que le guste o siente bien. Pero mamá, todavía no has comprado nada con la devolución del regalo de tu santo. Ya veremos, aprovecharé mis horas de footing para pensar en ello.

Cansado

Cansado de estar con prisas; cansado de no dormir; cansado de tener una agenda no personal; cansado de tener dudas (muchas); cansado de que “otros” quieran organizarte la vida y decidir por ti; cansado de los cambios de ánimo de M y tener que estar a la expectativa; cansado de que la gente te valore por el cómo y no por el qué, de los que juzgan por la imagen; cansado de sentirme cada vez más solo; cansado de no poder hacer lo que realmente me gusta al 100 por 100; cansado de tener que llevar una vida normal, planificada, sin sorpresas (nacer-crecer-casarse-hijos-nietos-morir); cansado de tomar las decisiones que otros desean (no yo); cansado de pedir perdón; cansado de estar cansado; cansado de…

Sábado, circulando por el puente de As Pías

Ahora estoy cansado, muy cansado. Tanto, que ni ganas de escribir tengo, de desahogarme, de escaparme durante un rato. Pronto será diciembre, después enero, después febrero,… , diciembre, y vuelta a empezar. Algún día acabará esto y cuando acabe sólo deseo poder haber hecho alguna de las cosas que más deseaba.

Ya llueve, sentado ante la mesa del estudio. Sobre ella veo alguno de los muchos libros de cocina y entre ellos alguna de mis últimas lecturas. Me giro hacia la derecha, sólo un poco, con mis manos y sin ningún esfuerzo puedo alcanzar en la larga estantería un pequeño libro, “El principito”, leo un texto en gallego bajo mi nombre y la fecha: “Outra volta recuperando o tempo perdido”. Buscaré entre las primeras páginas a la boa constrictor, porque nada es lo que parece.

Al lado de “El principito” y en ese mismo módulo de estatería, seis libros de Hermann Hesse, dos Paul Auster, un Alan Sillitoe, un James Joyce, cuatro P. Highsmith, un D. H. Lawrence y Veinte poemas de amor y una canción desesperada (Neruda). Un cajón desastre de ideas y pensamientos duros.

M duerme, su siesta es sagrada.

Ingredientes
Para un molde de 20x20 cm. Su equivalente circular es un molde de 22-23 cm. de diámetro.
  • 65 gr. de harina.
  • 1 cucharada sopera de Royal.
  • 1 cucharilla (escasa) de sal.
  • 2 huevos enteros.
  • 70 gr. de azúcar.
  • 25 gr. de mantequilla derretida.
  • 80 ml de leche entera.
  • 15 ml de esencia de vainilla.
  • 3 manzanas grandes, aproximadamente.
  • 3 peras grandes, aproximadamente.

(1) Precalentamos el horno a 200º C. Tamizamos la harina con la levadura y la sal. Reservamos. En un cuenco batimos los huevos con el azúcar hasta blanquear, echamos la mantequilla derretida, la leche y la vainilla. Seguimos batiendo enérgicamente.

(2) Añadimos, poco a poco la mezcla de harina y batimos de nuevo. Es una pasta de consistencia líquida, como para crêpes. Dividimos la masa en dos cuencos, en uno echaremos manzanas y en otro peras.

(3) Pelamos y retiramos el corazón a las manzanas. Las cortamos en gajos muy finos, echándolas a medida que las cortamos sobre la pasta. Hacemos este proceso hasta que parezca que sólo hay manzana, la pasta casi ni debe notarse. Sólo manzanas. Repetimos el proceso con la pasta para las peras.
Al hornear, aunque parezca que no hay masa, crecerá y ligará suficientemente el pastel.

(4) Engrasamos y enharinamos un molde (he empleado uno de 20x20 cm2) y vertemos la pasta con las manzanas. Sobre ella echamos la pasta con las peras.
Horneamos durante unos 30-35 minutos a 200º C.

Puede hacerse con otro tipo de frutas, para mí las manzanas y las peras son la mejor combinación. Me apasionan este tipo de postres con un aire tan casero, sano y gustoso.

domingo 18 de noviembre de 2007

Espárragos con jamón y queso en salsa del piquillo

Rico, rico

Flash

El fin de semana pasado (cómo pasa el tiempo, hace más de 8 días) me encuentro en casa de mis padres y descubro el libro de recetas de Karlos Arguiñano que le regalamos a mi madre hace unos años. Se acumulan libros de cocina y al final casi siempre nos limitamos a hacer un par de recetas de cada uno. Bien, ojeando descubro una preparación de unos espárragos en salsa del piquillo, de ahí surgió la idea de emplear “mi salsa del piquillo”, añadiendo un poco de ajo y pimiento verde, con unos pimientos envueltos en jamón y queso. Incluso algunos los he envuelto en salmón.

Cogí la idea, le añadí queso fundente y mi receta de salsa del piquillo. Lo demás creo recordar que era muy parecido. Hasta ahora, la salsa la había empleado para recetas con pescado, ésta puede ser una buena comida de transición para aventurarme con la salsa en preparaciones de verduras o carnes magras, pechugas, por ejemplo.

Flash 1: solo en cama

En casa de “los padres de ella” el tiempo (time) es impredecible. Nunca sé de cuánto podré “disponer”, para empezar y no dejar las historias a medias me plantearé hacer pequeñas anotaciones en esos intervalos “libres”. Empiezo ahora, a las 1:55 de la madrugada de sábado, después de haber pasado un día sin pausa y lleno de compromisos, cenado, ido al cine con M (a la sesión que menos me gusta por el peligro a dormirme) y preparado unos pocos ejercicios que no había podido planificar la densa semana pasada.

Seré breve, estoy cabeceando y no quisiera escribir ensoñaciones o historias irreales. Estoy solo porque aquí así lo hacemos, dormimos en habitaciones separadas y hoy (incluso) en diferentes pisos, M lo hace en un piso inferior. Esto tiene sus ventajas, en Santiago me es imposible poder leer algo en cama, escribir o, como no, escuchar un poco la radio… M siempre apaga las luces pronto, y más cuando cojo un libro, hasta parece que lo hace de un modo voluntario. Para evitar que me culpe de sus desvelos, me levanto como un resorte en dirección al estudio. Allí no estoy tan cómodo, estaré sentado, y sé que acabaré por acostarme más tarde… pero puedo leer, escribir o, simplemente, pensar.

En este instante el sueño ya empieza de nuevo a apoderarse de mí. Un flash es muy poca cosa.

Flash 2: escucho ruidos

Ya llevo unas tres horas despierto y en pie, con el ordenador delante y preparando un buen bloque de ejercicios. Ya he pasado la fase de espera y de aguantar las ganas de ir al baño principal, ocupado durante más de media hora por la S; el baño de su habitación está allí, en su habitación.

Escucho voces y griteríos que provienen del piso inferior. Balbuceos a 5000*1024 dB pronunciados por adultos, ya debe haber llegado la nieta. “Mira que ricura”, “Cuchi, cuchi, cuchi,…”,… No sé si se nota, pero estoy bastante de acuerdo con Oscar Wilde: la juventud (en este caso niñez) es la única enfermedad que se cura con los años. Es algo superior a mí, esas actitudes presuntamente adultas ante un bebé-crío-niño, los tratamos como juguetes, seres sin capacidad para pensar.

Cuando llega “la nieta”, la S empieza a hacer aspavientos y gesticulaciones (¡qué malo soy!) que hacen que florezcan unas leves sonrisas… en mí, el ridículo y el espectáculo así lo merecen. Mientras tanto, la niña ni caso, ahora ya anda y está en fase de descubrimiento táctil. A ver si hay suerte y se acerca a ese ¿jarrón? que “tanto” me gusta…

Tendré que hacer la cama ¡ya!, en poco tiempo subirá M a decirme que baje, antes de que se vayan, como todos los fines de semana, a comer a casa de “su” (de ella) madre. (…) Demasiado tarde. Hace unos cinco minutos, mientras yo permanecía echado en cama y todavía en pijama, escribiendo, un grupo de gente entra en la habitación. Confróntese: M, F y la nieta, lo demás puro disimulo. He vuelto a oír voces en el otro piso, esta vez más intensas, espero que haya sido el jarrón.

Voy a correr ¡ya!, ¡la S está cantando!

Salsa de pimientos del piquillo
Esta vez he añadido un poco de pimiento verde y ajo para reforzar el sabor de la salsa. Puede hacerse sin ello. Tampoco la he batido del todo, he querido que quedase un poco menos lisa y poder encontrar alguna partícula sólida.
  • 125 gr. de cebolla picada.
  • Un trocito de pimiento picado fino, ¼ aproximadamente.
  • Un diente de ajo picado fino.
  • 125 gr. de pimientos del piquillo troceados.
  • 20 gr. de harina.
  • 500 ml de caldo de pescado (fumet).
(1) Preparamos un caldo de pescado. Una forma rápida y perfectamente válida es emplear un trocito de pastilla de caldo de pescado concentrado. Si usamos una pastilla de caldo de pescado, debe tenerse cuidado en que no quede demasiado fuerte y, sobre todo, no le echemos sal a la salsa, pues la propia pastilla ya la incorpora.
Los caldos de pescado pueden hacerse con casi cualquier pescado, pero siempre blanco. Un pescado azul no da lugar a un buen caldo. También debe ir eliminándose la espuma que se forma en la superficie, son impurezas que le dan mal sabor al fumet.

Con un hervor es más que suficiente, no pretendemos cocer el pescado sólo darle sabor al caldo.
Si lo preparo con pescado suelo añadirle un trozo de puerro, zanahoria, una hojita de laurel, un trozo de cebolla y una ramita de perejil.
Colamos el pescado y las verduras. Reservamos.

(2) Rehogamos la cebolla con el diente de ajo troceadito y el trozo de pimiento verde. Cuando esté a medio hacer, casi hecho, incorporamos los pimientos del piquillo troceados. Cuando esté dorada la cebolla y el pimiento verde, echamos la harina, removiendo para que no se pegue y dejando que se cocine un poco, así evitamos que la salsa no sepa a harina y conseguiremos que no se formen grumos.

(3) Inmediatamente, mojamos con el fumet, dejamos hervir, bajamos el fuego y, removiendo de vez en cuando, lo reducimos hasta tener la consistencia deseada, tampoco demasiado espesa. Se tritura la salsa en una batidora y se reserva.
Puede guardarse en la nevera varios días hasta el momento de usar. Da mucho juego con variedad de pescados.

Rollitos de espárragos
  • 4 espárragos blancos gruesos y escurridos.
  • 8 lonchas de jamón cocido.
  • 8 lonchas de queso fundente (para sándwich).
  • 1 huevo batido para rebozar.
  • Harina para rebozar.
(1) Estiramos las lonchas de jamón, ponemos el queso encima, de forma que sólo cubra parte de la superficie, dejando un espacio en los bordes. Ponemos mitad del espárrago escurrido y seco, enrollamos, evitando que el queso llegue a las bordes y cerrándolos con el jamón. Es importante que el queso esté bien encerrado para que a la hora de dorarlo no entre en contacto con el aceite.
Repetimos el proceso hasta que hayamos acabado todo el jamón.

(2) Pasamos los rollitos por harina y huevo. Doramos en la sartén, girándolos para que se hagan por todas partes.
Vertemos en una tartera con la salsa del piquillo, volteándolos para que se impregnen bien.

(3) Cocinamos los rollitos durante unos 4-5 minutos en la salsa del piquillo. Servimos calientes y disfrutamos.
Es bueno tener a mano un buen pan, no dejaréis de mojar en la salsa.

Es una idea, podría hacerse con otra legumbre, pescado o incluso carne. Rico, rico.

viernes 16 de noviembre de 2007

Flan de coco y leche condensada

Flan de coco y leche condensadaAquellos maravillosos años y el principio de una gran amistad

Coco ua ua

Probadlo. No lo repetiré demasiado para no parecer pesado, pero si os gusta el coco, aunque sólo sea un poco, os encantará. Se parece a otra versión del mismo flan que hacía hace años, ahora con coco rallado. El coco, por su levedad y poca densidad, hace que se formen dos capas: una capa de flan de leche condensada que quedará en la parte superior (o inferior, según se vea) y una más fina capa de bizcocho de coco que contrasta a las perfección con el resto. No words.

Sólo unos minutos esta misma noche y mañana podréis disfrutar de una verdadera sobremesa en familia, justo después de ese plato típico de los sábados y en compañía de los suegros. Este fin me toca “cruz”, la semana que viene “cara”. Espero.

Flan de coco y leche condensadaCoco, coco, ua

He crecido con ese famoso dúo formando parte de la banda sonora de mi primera infancia.

Conozco muy pocos repertorios con menor riqueza musical, además de las letras (¿alguien me podría explicar que significa “coco ua-ua” aparte de ser una onomatopeya?, ni sé escribirlo). El famoso “Amigo Félix” era la primera canción escogida por aquellos que empezaban con algún instrumento musical: ¡dos notas! (mi-sol, mi-sol, mi-sol, mi-sol, mi-sol, miiiii) Ni la segunda o tercera voces de “el canto del cucú” (“En el pinar del bosque…”) tiene menos matices. Pero enganchaban. Eran como “el gordo y el flaco”, “el chico y la niña”.

Parchís y su “Comando G”, son otro grupo que también forma parte de esa banda sonora. Esos trajes con capas, esa coreografía de movimientos laterales juntando las piernas en el centro, el chico que llevaba la voz cantante (¡me parecía tan mayor! Como “Javi y Pancho” de Verano azul, eran mayores; hasta el capítulo en que vimos llorar a Javi, por supuesto),…Todos los grupos de niños de aquella época tenían “el jefe” y el niño “rubio pequeño” que se situaba en el fondo.

Flan de coco y leche condensada
“De todos los blogs, cafés y bares del mundo aparece en el mío”

Aún lo estoy esperando. Quién no tiene, como secreto mejor guardado en un escondrijo de su cerebro a dónde nadie pueda llegar, el recuerdo de “ese” alguien que no ve hace muchos años y desearía saber qué ha sido de él/ella. La mayoría de las veces esos encuentros no suceden nunca, mejor que así sea [*], pero siempre tendremos esa mezcla de curiosidad y melancolía de unos tiempos que no volverán. En mí sigue sin ocurrir, pese a las distancias y los viajes. Para mí sólo es un sueño no hecho realidad, que fluye en los malos momentos, esos en los que te arrepientes de haber cogido el avión y no haberte quedado en Casablanca.

Porque Rick estaba equivocado, siempre te arrepentirías, tanto si has cogido (como yo) o no el avión. Cualquier opción es mala, lo difícil es escoger la menos mala.

Ilsa, no te has equivocado, acabarías tirándole los trastos a la cabeza a Rick, mientras él se dedica al juego, las mujeres y la bebida. Cierto es que Victor Laszlo es un soso, que has acabado con 6 hijos, un monovolumen, cocinando para él y esperándolo pacientemente todos los días a que llegue del trabajo. Perdón, rectifico, sí, te has equivocado, deberías haberte ido con Rick. Aunque tu vida fuese un poco perra, no te aburrirías, estarías con quién realmente amas y cada día sería diferente al anterior. Lo siento, la próxima vez no cojas el avión…


[*] El desengaño podría ser mayúsculo. Pienso en Natalie Wood y ese instante de decepción tras el encuentro final con Warren Beatty en “Esplendor en la hierba”. Durante mucho tiempo usé como seudónimo “Deanie Loomis” o “Wilma Dean Loomis” en homenaje al personaje de Natalie.
Volveré a decirlo, no me cansaré de ello, por si hay algún despistado o rezagado, por si alguien quiere pensar en ello: “Aunque nada pueda hacer volver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no debemos afligirnos, pues encontraremos fuerza en el recuerdo…”

Flan de coco y leche condensadaIngredientes
  • Con 4 huevos me ha dado para hacer tres “flaneras” pequeñas y un molde de cake mediano.
  • 95 gr. de coco rallado [125 gr., una bolsita], cuanto más cantidad más grande será la capa.
  • 375 ml de leche entera [500 ml]
  • 280 gr. de leche condensada [370 gr.]
  • 3 huevos [4 unidades], separadas las yemas de las claras.
  • Un chorrito de limón para levantar las claras.
Para el caramelo
  • Azúcar
  • Agua, un par de cucharadas

(1) Precalentamos el horno a unos 165º C, cubriendo la/las bandejas con agua, preparándolo así para el baño María. Separamos las yemas de las claras. En un cuenco batimos la leche condensada con la leche y las yemas, batiendo lo justo para que se deshagan las yemas pero intentando que no coja demasiado aire. Añadimos el coco rallado y seguimos batiendo.

(2) Preparamos un caramelo con el azúcar y un poco de agua. Aunque hoy en día hay mucha gente que ya no emplea agua, sobre todo a raíz de cocinas de inducción, yo prefiero añadirle un poco de agua, así es mucho más difícil que se queme. Incluso podemos añadirla después de que el caramelo empiece a endurecerse. También podemos usar caramelo ya preparado.
Antes de que se endurezca cubrimos los moldes por el fondo y por el lateral. Podemos usar varios moldes pequeños o un gran molde grande.

(3) Levantamos las claras a punto de nieve firme con un poquito de limón y añadimos a la mezcla anterior con cuidado. Sin batir demasiado. Vertemos sobre los moldes caramelizados e introducimos al baño María en el horno precalentado a unos 155-170ºC durante unos 40-60 minutos.

El coco subirá a la superficie, formando una capa que quedará en la parte inferior del flan (superior mientras se hornea). Una combinación maravillosa.
Los he puesto inicialmente a 165º C, cuando empezaba a tostarse el coco le he puesto un poco de papel de aluminio y he bajado la temperatura hasta 150º C. Lo habré dejado durante una hora, aproximadamente, apagando el horno y dejándolo unos 15 minutos más.

(4) Retiramos del horno, dejamos enfriar y llevamos al frigorífico, mejor de un día para otro.

No lo dudéis, hacedlo. Sé que no os fallará, es fácil, y que os encantará. Mi catadora oficial le ha dado un sobresaliente (porque no hay MH).


¿Quién diría que lo sencillo y casero no está rico y resulta apetitoso? Éste es un ejemplo.

Buen fin de semana.

Louis, I think this is the beginning of a beautiful friendship…

jueves 15 de noviembre de 2007

Magdalenas Grand Marnier con trozos de chocolate

Magdalenas Grand Marnier con trozos de chocolateSigo vivo

De milagro

Y pido perdón por no aparecer. Y pido perdón por no responder. Y pido perdón por no leer el correo. Y pido perdón…

Puedo prometer y prometo que mañana todo volverá a ser igual, mañana M trabaja por la tarde ;-) (es broma). Iré al cine desesperadamente y haré una tarta, o dos. Por la mañana leeré el correo en las pausas, responderé un correo de hace dos días de Loli (mi hermana), al mediodía cocinaré y por la tarde intentaré ir al cine. Ahora es demasiado tarde, pero me sentía en deuda con vosotros por vuestra generosidad y simpatía, que rima con empatía.

Parece que fue ayer la última vez que hice unas magdalenas. Pues no fue ayer, ni la semana pasada, fue hace un mes. Nada más rápido para hacer (y escribir) que unas magdalenas, el segundo mejor recurso después de unas galletas. Todavía tengo muchísimas recetas en el tintero y alguna en la tarjeta de memoria. Éstas están de muerte viva, sobre todo recién hechas y/o calentitas.

Amig@s, tengo tanto “mono” de postres caseros que me va a dar algo, una dependencia absoluta. Los necesito. Hoy, mientras preparaba la comida y la cena, también me he hecho unos donuts en el horno y alguna cosita más. Dos días sin un postre que no hubiese que desempaquetar ha sido demasiado y una rareza en nuestra casa. Empiezo a pensar que soy adicto al azúcar, lo digo con verdadera seriedad, más o menos.

El barómetro

Tengo una serie de elementos de media de mi nivel de estrés y ocupación que resultan infalibles. Antes utilizaba mi frecuencia de afeitado: si me afeitaba cada dos o tres días es que tenía mucho tiempo; si lo hacía una vez por semana, como últimamente, estaba bastante ocupado; si como hoy llevo semana y media sin afeitarme es que no tengo ningún tiempo. Por el momento, mañana seguiré sin afeitarme, aunque me diga M que rasco… “¡Pepe, rascas!”

Bien, ahora tengo algún nuevo parámetro que me sirve para medir mi nivel de ocupación, el blog. Si en tres días no hay una receta nueva es que la cosa está muy malita, nos hemos ido de puente, es fin de semana, tengo que preparar o corregir exámenes o M se ha apoderado de mí.

M se ha apoderado de mí estas tres tardes, ni un segundo libre, ni tiempo he tenido para cocinar (casi). He tenido que hacer comidas muy rápidas, de un par de horitas, sólo ;-). Entonces, de postre ni hablamos ¿no? Aún me parece un milagro que haya podido preparar estas magdalenas, las habas con almejas de hoy y los postres preparados con nocturnidad y alevosía, ella ya está durmiendo.

Sigue buscando

Está obsesionada con comprar ya el nuevo coche. Todas las tardes de concesionario en concesionario. Hoy han sido tres, mañana estaré libre y el viernes seguiremos toda la tarde, hasta que el cuerpo aguante. Después vendrá la decisión, poner todos los papeles sobre la mesa, presupuestos, prestaciones, modelos…, escoger y esperar unos meses a tener un nuevo “miembro” en la familia. Tiene punta de que será muy “mono”… volumen. Ahora entiendo por qué nunca me han gustado los coches, ni los de juguete. De peque era de los que preferían el Tente.


Las gomis

Las gomis, mi perdición. Aquellos que también son adictos saben de qué hablo. Desconozco la situación de las tiendas de ropa, de las zapaterías, de los bares y restaurantes, pero me conozco la situación de TODAS las tiendas de gominolas en varios kilómetros a la redonda, en los cines y sus proximidades. Creo que me conocen en casi todas las tiendas de gominolas, aunque tengo motivos para no entrar en algunas.

Mis preferidas: Candy, en la Calle República de Salvador; la que está cerca de los Cines Valle Inclán, recurso de urgencia antes de entrar; o las tres que hay en Área Central, sobre todo la otra tienda de Candy.

He intentado varias veces “dejarlo” pero es muy superior a mis fuerzas, en cuanto paso al lado de una de esas “tiendas del pecado” no puedo evitar entrar y comprar algo, aunque sea sólo unas regalices. Ahora me he aficionado a las Coca Colas grandes, mejor con azúcar, a las que son blanditas sin azúcar y a las regalices bicolor de tamaño industrial.

Magdalenas Grand Marnier con trozos de chocolate
Bueno… me voy a tomar una regaliz, que M me ha comprado ¡una caja!, con regalices de dos colores, rojas y blancas por el medio. Como dicen los lunis, “¡buenas noches, hasta mañana!, los niños y los lunis nos vamos a la cama…” que hay que madrugar para ir a trabajar.


Ingredientes
Entre 13-15 magdalenas, algunas menos en moldes de muffins.
  • 2 huevos grandes, mínimo de 100 gr. Lo usual es emplear la misma cantidad huevos, azúcar, mantequilla y harina.
  • 100 gr. de mantequilla derretida pero fría.
  • 100 gr. de harina.
  • 100 gr. de azúcar.
  • 4 gr. de levadura química (Royal).
  • 6 gr. de ralladura de naranja.
  • 10 ml de Grand Marnier o Curaçao. Un licor de naranja.
  • Una pizca de sal.
  • 80 gr. de chocolate negro troceado.
(1) Derretimos la mantequilla en un cazo a fuego medio, hasta que adquiera un ligero tono a color avellana, sin quemarse, o, si tenemos un poco de prisa, en el microondas. Dejamos templar.

(2) Con las yemas de los dedos mezclamos la ralladura de naranja con el azúcar hasta que empiece a humedecerse y coja aroma. Batimos el azúcar con los huevos hasta que queden espumosos. Echamos la mantequilla fría y el licor, mezclamos. Tamizamos la harina con la levadura química y la pizca de sal, vertemos sobre la mezcla con cuidado y poco a poco.
Dejamos reposar varias horas en el frigorífico, mejor de un día para otro.

(3)Al día siguiente, precalentamos el horno a unos 220-230º C, retiramos la masa del frigorífico, troceamos el chocolate y se lo añadimos con cuidado a la masa, sin mezclar demasiado. Untamos los moldes para magdalenas con mantequilla, siempre que no sean de silicona, en cuyo caso no será necesario. Nota: me he acordado, ¿habéis visto los nuevos moldes que he comprado en Lidl? ;-)

(4) Rellenamos los moldes hasta ¾ de su volumen, aproximadamente, y cocinamos en el horno precalentado a 220-230º C, hasta que se hayan hinchado suficientemente y empiecen a tostase por los bordes, unos 7-12 minutos. El tiempo de cocción dependerá del tamaño de las magdalenas y del horno.
Esta vez las he puesto unos 10-12 minutos, bajando el fuego a los 7 minutos hasta unos 190º C, pues tenía la impresión de que no se estaban haciendo por dentro.

Magdalenas Grand Marnier con trozos de chocolate
(4) Desmoldamos y degustamos. Podemos ir preparándolas según las vayamos necesitando, pues cuando están realmente ricas es recién hechas.

Magdalenas Grand Marnier con trozos de chocolate
Si las queremos tomar al día siguiente o algunas horas después recomendaría calentarlas unos segundos (10 aprox.) en el microondas, teniendo cuidado de que no se queme el chocolate. Así quedan como recién hechas, casi ni se nota la diferencia.
Magdalenas Grand Marnier con trozos de chocolate

lunes 12 de noviembre de 2007

Tequeños

Qué sesos

Quesos

Los he hecho con variedad de masas: restos de hojaldre, masa de cañitas y empanadillas o ésta que presento. Lo más importante es que sea una (rica) masa que pueda freírse fácilmente. De todas las masas con las que los he hecho creo que me quedo con el hojaldre, espolvoreado con azúcar glasé en el momento de estirarla, queda muy crujiente. Con las otras masas los resultados son también muy buenos. De hojaldre:

No recuerdo el origen de esta receta, sólo que cierto día apareció en una libreta de recetas llena borrones y anotaciones hechas a mano. He visto muchas otras, parecidas, cuyas diferencias son sutiles. La “gracia” reside en un buen queso fundente y cremoso que en combinación con la masa forman en la boca unos sabores memorables (los siento, pero me vuelven loco los quesos). Me gusta que la masa quede fina, aunque esta vez no lo haya hecho suficientemente.

Venezuela

Típicamente venezolanos. No conozco el país ni su cocina, pero tengo la impresión que tampoco tendrán una receta única y que cada cual tendrá la suya, la que les han dejado sus madres y abuelas. Si pasa por aquí alguno, aunque creo que estos días estarán un poco enfadados ;-), podría aportarnos su receta particular y así añadir nuevas versiones a nuestro libro de recetas.

Qué sexos

Cuando hice los tequeños y la foto no era mi intención, no de un modo totalmente intencionado, conseguir esa apariencia fálica, quizás sea mi mente “calenturienta” la que en estos momentos esté viendo algo que no el resto de los mortales no ven. ¿Será el exceso de canela en el arroz con leche? No hay nubes en el horizonte, por lo que no podré comprobar si esa propiedad también se aplica a las formas de las nubes, a los perfiles de los árboles o a los posos de café, así sabría si realmente tengo un problema de exceso de canela.

Ingredientes afrodisíacos: la canela, ostras, la semilla del aguacate, la manzana (fruta prohibida), miel (luna de miel), el jengibre, el chocolate,… ¡caramba!, muchas de mis comidas preferidas. Ahora ya sé el porqué y por qué me resultan tan adictivos el chocolate o las galletas que llevan jengibre.

Aparecen dos rombos, para cama aquellos que no cumplan la edad, y si no la tienes también eres libre de leer esta tontería que voy a contar. Vive la vida, sin tabúes ni cortapisas, se ha acabado “el pecado original”, pecado es hacer algo que piensas que no deberías hacer, algo hecho con mala intención. Lo demás, como mucho, es negligencia.

El sexo y la cocina tienen mucho que ver, hay muchos elementos comunes, aparte de considerarse el origen de dos “pecados capitales”. Ejemplos: últimamente much@s están sustituyendo sus moldes tradicionales por unos nuevos “moldes de silicona”; si no sube lo suficiente es por “baja temperatura”; los hay que emplean “levadura química” para que crezca; te pasas horas preparando la comida y con los preliminares para acabar en unos minutos; los fumadores siempre acaban fumándose un pitillo; si se hace con amor o cariño queda mucho mejor; la rutina es muy mala compañera; cuando de joven cometes excesos en soledad, después no puedes evitar sentirte culpable…

Sólo quisiera aportar un mensaje a los jóvenes del mundo y acabar con un mito de la infancia: ¡“no se seca la médula”! ;-) ¿o sí?

Ingredientes
  • 120 ml de agua [60 ml]
  • 1 huevo + 1 yema [1 yema + 20 gr. de clara]
  • 1 cucharilla de sal [½ cucharilla]
  • 2 cucharillas de azúcar (opcional) [1 cucharilla]. A mí me encanta el contraste de la sal del queso y la masa con el azúcar.
  • 330 gr. de harina [166 gr.]
  • 1 cucharilla de levadura química (Royal) [½ cucharilla]
  • Queso cremoso cortado en bastoncitos. Yo uso uno del país o incluso un brie.
(1) Mezclamos la harina tamizada con la levadura química y la sal. Reservamos. Batimos el huevo y la yema con el azúcar y el agua. Añadimos poco a poco la harina, hasta formar una masa homogénea. La masa no debe quedar demasiado dura, algo blandita.
Podemos dejarla reposar en la nevera antes o después de armar los tequeños.

(2) Estiramos la masa sobre una superficie ligeramente enharinada hasta que quede relativamente fina. Cortamos en tiras de unos 5 cm., formamos palitos de queso y los enrollamos en la masa.
El queso debe estar bien sellado, ayudado de agua si fuese necesario. Si no estuviese bien cerrado se saldría en queso al freírlos, manchando el aceite y quedando una perfecta masa hueca.
Podemos dejarlos reposar durante una media horita o congelarlos para freírlos cuando gustemos. Yo hago bastantes para congelarlos y así freírlos cuando me (nos) apetezcan.

(3) Los freímos en aceite suave, mejor de girasol, a temperatura media-alta, hasta que tenga un tono dorado. Si bien son un plato salado, opcionalmente podemos espolvorearlos con azúcar glasé. Los prefiero con ese toque dulce.

Pueden congelarse sin cocinar y retirarlos momentos antes de hacerlos. Acostumbro a preparar bastantes, congelarlos y así poder disponer de ellos cuando tenga un antojo (¿me he repetido?, mejor repetirse que olvidarse).

Viscoso pero sabroso…. ¿Y qué no lo es?

Tarta banoffe con crema de mascarpone

Hoy tengo mucho que contar

Gracias por el caramelo

Ya llevo bastante más de doscientas recetas publicadas y todavía me faltan muchos clásicos, un tiramisú, por ejemplo, o este típico postre inglés: el banoffe (banoffi o banoffy), que no es más de un juego de palabras de banana y toffee. Ya podemos suponer que dos ingredientes lleva.

BanoffeEl banoffe tiene un aire, sólo un aire, con los millionaire’s shortbread. Ambos disponen de una capa de galleta o masa sablée, a elección, y una capa de toffee/caramelo o dulce de leche, también a elección. En las restantes capas está la diferencia: una capa de plátano, que unas veces se mezcla dentro de la capa de caramelo o nata, y una cobertura de nata montada. Opcionalmente, también se suele espolvorear con cacao en polvo.

Esta personal versión hace un par de cambios en esas dos últimas capas. El plátano lo he dejado macerando en amaretto y la capa superior está compuesta de mascarpone y nata, como si de un tiramisú se tratase. Más elaborado pero, para mi gusto, más rico. Siempre podremos jugar con las capas, dependiendo del tiempo y paciencia que tengamos. Para mi gusto, la capa de caramelo no debe ser demasiado gruesa para que no camufle el resto de sabores.
La tarta pequeña no la he introducido en la nevera para que el relleno fluyese libremente al retirar el aro.

BanoffeCasi el año que yo nací

Un poco de historia. Como en muchos de esos postres de creación relativamente reciente, existen infinidad de historias sobre su nacimiento y curiosa receta. No creo que haya “una verdadera” receta y sí versiones muy parecidas sobre la idea original de formar un postre de base crujiente, caramelo, plátano y nata.

Parece claro que el postre nació en un restaurante inglés: “El monje hambriento” (The Hungry Monk), aunque tampoco pondría la mano en el fuego por ello. Sobre la autoría cada cual querrá aportar su granito de arena… no pondré ningún granito más en el montoncito de nadie. También en algún lugar he leído que era uno de los postres preferidos de Diana de Gales y de, mi poco apreciada, “Dama de hierro”. Mientras escribo no tengo Internet para poder corroborar o confundir este hecho, a veces Internet confunde más que ayuda.

Es mi segunda infidelidad después de millionaire’s shortbread al libro de TD, “Pasión por el caramelo”. Pero bueno, los libros en el fondo están para eso: coger ideas, darles la vuelta y que queden con estaban. Ya lo decían en el Gatopardo: “hay que hacer una revolución para que todo vuelva a quedar como estaba”.

Sólo diría que lo hagáis cómo más os apetezca o guste. La imaginación al poder, la idea está servida.

Te quiero, no te quiero, te quiero…


No me digas que fue un sueño. Te vuelvo a ver confusa y a veces cruel, vuelves a hacer y decir las cosas con cierto toque “maligno”, con palabras que atacan directamente al corazón de los que quiero. O a mí mismo. Ese rencor hacia gente que no merece esa actitud negativa por tu parte acabará por dañarte.

¿Por qué? En el caso de estar dolido con algo debería ser yo, y no lo estoy, todo tiene sus razones y motivaciones.


Martiño

Martín. Hoy es San Martiño (Martín) y ése es mi hermano, Martinsiño, como dice él, con ese diminutivo cariñoso que ha añadido mamá a nuestros nombres: Martinsiño, Pepinho,…

Os lo quería presentar, sólo un momento, porque estoy muy feliz con la familia que tengo. Martinsiño es el menor, al que la transición ya casi no afectó lo más mínimo, quedando liberado de todos los problemas sociales que tuvimos que vivir Loli, la mayor, o yo mismo (Fran ya no cuenta). Unos años de diferencia han sido suficientes.

Lo ha tenido más fácil, diría, pero eso no lo convierte en culpable de nada, más bien en una persona sin complejos, que sabe disfrutar de la vida y la aborda con decisión, como la de irse a trabajar a Terrassa (allí trabaja como aparejador), aunque ya tiene “morriña” o saudade, como decía Rosalía. Deseo que pronto esté de vuelta, si bien es probable que lo vea tan poco como ahora, por lo menos sabré que podré verlo y que estará cerca de mis padres.

Es una buenísima persona, es lo mejor que puede decirse. Lo recuerdo muy ingenuo, creyó en los Reyes Magos hasta casi llegar a la época del instituto. De la familia ha heredado parte de la personalidad: generoso, tenaz, terco (aunque no tanto como papá), perfeccionista (no tanto como yo), tolerante y con carácter. En cuanto lo conoces se deja querer, es jovial y agradable. Siento desilusionar a aquell@s que tengas hij@s en edad de merecer… tiene pareja y está muy unido a ella.

No tengo muchas fotos a mano, sólo un par en el ordenador. Una foto de pequeño que tiene estampada en la tarjeta de crédito (está orgulloso con su imagen) y otra que le hice con la cámara de video, oculto en la distancia, en Ferrol el día de mi boda, mayo 2002 (he tenido que ver la fecha del archivo ;-)). Desde esa fecha ha pasado por todo tipo de looks: pelo-pincho, largo o corto.

Aunque nos llevamos unos cuantos años, siempre has sido (y serás) mi mejor amigo y compañero de juegos. Íbamos todos los fines de semana a jugar juntos a todo tipo de deportes: baloncesto, tenis, fútbol-sala, ping-pong,… Compartimos durante mucho tiempo el gusto por el deporte de masas, ya olvidado, así recuerdo aquel día que volvimos empapados de ver al Celta, ni yo tenía cané ni tú edad para tenerlo, había que coger un tren y llovía a cántaros; aquel otro día que estuvimos en San Lázaro viendo el famoso gol de Ronaldo. Compartimos muchos momentos, disfrutaba mucho más de tu compañía que la que cualquier otro compañero de mi edad pudiese proporcionarme.

Al principio tenía que pagarte unas monedas (menor de 7 años) para convencerte que ejercieras de portero o practicaras deporte, después salió de ti, hasta tal punto que corres con relativa frecuencia. Descubriste que el placer de practicar deporte es superior a verlo. También estaban aquellas tardes/noches que te ayudaba en tus estudios, sobre todo con matemáticas y física…

Que yo tuviese novia era una ventaja y un problema. Dejamos de vernos, yo pasaba demasiado tiempo en Ferrol y tú empezabas la carrera, sólo compartimos piso unos meses en A Coruña cuando trabajé allí. Cuando tienes novia, toda la vida gira en torno a ella y eso dificulta las cosas.

Ahora has encontrado el equilibrio y, quizás, tu pareja definitiva. Se ve que os compenetráis, que tu personalidad y la de ella se complementan, que estás menos difuso, más centrado y que eres feliz.

Lo mejor que se puede decir de mi hermano es que es, y será, mi mejor amigo.

Ingredientes
Los ingredientes, salvo que se diga lo contrario, están pensados para un molde de 20 cm. Para un de 23 cm., por ejemplo, habría que multiplicar por 1,32, aproximadamente. El relleno puede ser más que suficiente para un molde de 23 cm., siempre que nos guste poco cargado.

Base
Para un molde de unos 20 centímetros.
  • 250 gr. de galletas Digestive, u otras galletas de mantequilla.
  • 100 gr. de mantequilla derretida
  • Opcional: un par de galletas Oreo o un poco de chocolate troceado.
Puede emplearse una masa sablée prehorneada, tal y como he hecho en la receta de los millionaire’s shortbread
(1) Trituramos las galletas con una batidora (si tiene cuchillas trituradoras) o similar. Derretimos la mantequilla en el microondas, unos segundos, o en un cazo a fuego bajo. Mezclamos la mantequilla con las galletas y extendemos por la base, cubriendo los laterales del molde. Para un molde de 20 cm., subiremos unos 4 cm. por los laterales.

También podríamos hacer pequeñas tartas individuales en aros. Con lo que me ha sobrado he hecho una pequeña tarta que es la que puede verse en las fotos.

(2) Llevamos al frigorífico mientras preparamos el relleno.


Capa de caramelo
Cantidad para un molde de 20 cm., entre corchetes para uno de unos 23 cm. Personalmente la prefiero no demasiado gruesa, con la sobrante podemos hacer pequeñas tartas o unos caramelos. A mí me ha sobrado, así que la cantidad inicial podría llegar para una tarta de 23 cm.
  • 100 gr. de mantequilla [132 gr.]
  • 100 gr. de azúcar moreno [132 gr.]
  • 400 gr. de leche condensada [530 gr]
Puede emplearse dulce de leche comprado o elaborado en casa. Para mi gusto, no debe abusarse de espesor de esta capa para que no enmascare el sabor de la cobertura y del plátano. Si usamos dulce de leche debe ponerse antes el plátano para que se impregne de su sabor.(1) Ponemos la mantequilla y el azúcar en un cazo al fuego a fuego bajo, removiendo constantemente hasta que se disuelva el azúcar. Añadimos la leche condensada, subimos el fuego hasta que hierva, removiendo bien toda la superficie para que no se pegue.
Dejamos cocer hasta que espese, se separe ligeramente de las paredes y tenga un aspecto caramelizado. Al enfriar se solidificará más, por lo que debemos ajustar la consistencia deseada teniendo en cuenta ese hecho.

(2) Vertemos sobre la base de galleta y llevamos al frigorífico mientras preparamos el resto para que coja algo consistencia.

Capa de plátano
Si empleamos dulce de leche, esta capa la pondremos en sobre la base, para que al verter el dulce impregne los trozos de plátano.
  • 3 ó 4 plátanos pequeños cortados transversalmente en trozos no demasiado gruesos.
  • Amaretto (ron, …) para macerar los plátanos
(1) Dejamos los plátanos macerando en un poco de Amaretto, mientras preparamos la cobertura de mascarpone.


Cobertura
Me ha sobrado cobertura para el molde de 20 cm, con lo sobrante he hecho una mini tarta. También podría ponerse toda la cantidad, es una capa suave, pero me desbordaba la tarta, el molde era muy bajo.
  • 2 hojas de gelatina, que debemos dejar a hidratar. [3 hojas]
  • 45 gr. de azúcar [68 gr.]
  • 18 gr. de agua [27 gr.]
  • 2 yemas de huevo [3 yemas]
  • 165 gr. de mascarpone a temperatura ambiente [248 gr.]
  • 120 gr. de nata para montar (35% M. G.) [180 gr]
  • Cacao para espolvorear.
Puede emplearse, simplemente, unos 300 ml. de nata montada, azucararla mientras la montamos y espolvorearla con cacao en polvo. En ese caso debe cubrirse, tanto con el plátano como con la nata, en el momento de servir para evitar que se baje. Ése es el modo clásico y rápido.(1) Dejamos la gelatina hidratándose en agua fría, harán falta entre 5 y 10 minutos. (Este fragmento lo he editado y modificado, 25/2/2009, para facilitar la incorporación de la gelatina y el montaje: muy similar al procedimiento y receta del Tiramisú). Mientras tanto batimos el mascarpone con la nata fría y un poco de azúcar, hasta que quede medio montado, sin pasarse para que no se corte y tengamos manteca. Reservamos.

Preparamos el sabayón: hacemos un jarabe mezclando el azúcar y el agua en un cuenco. Mientras hierve vamos montando las yemas. A medio montar añadimos un chorrito de amaretto caliente y seguimos montando a alta velocidad. Cuando esté a casi montada y el jarabe haya hervido durante un minuto (habrá alcanzado los 120º C) lo vertemos en forma de hilo mientras seguimos montando a alta velocidad. Fundimos la gelatina durante unos segundos en el microondas (debemos hacerlo justo antes de empezar a levantar las yemas si no tenemos ayuda) y la vertemos a continuación del jarabe. Seguimos montando durante unos minutos, las yemas deben quedar bien montadas y blanquecinas, como una nata montada.

(2) Añadimos el sabayón delicadamente y de modo envolvente sobre la nata montada con el mascarpone. Desde el centro y de abajo hacia arriba.
Retiramos del frigorífico la tarta, la cubrimos con la capa de plátano y la cobertura del mascarpone. Llevamos al frigorífico unas horas, hasta que haya cuajado.

(3) Espolvoreamos con cacao polvo, cortamos y disfrutamos.Resumiendo, versión más rápida: base de galleta, capa plátano, dulce de leche (poco) y nata montada con cacao en polvo. Con dulce de leche queda mucho más suelta, por lo que no debemos pasarnos, y echar el plátano y la nata en el momento de comer, para que el plátano no se oxide y la nata no se baje.
En el libro de “Pasión por el chocolate” se incluye una capa de chocolate entre la nata y el plátano.
BanoffeeBanoffee

viernes 9 de noviembre de 2007

Blinis – Hotcakes de ricotta y naranja

Blinis

Hotcakes de ricotta y naranja
Rápido, fácil y rico

Ya estoy aquí de nuevo. Dos entradas y tres recetas en un día no está mal, ¿verdad? El único ¿problema? es que las tres tienen cierto parecido, sólo aparentemente, los sabores son diferentes y los gustos también.

Esta receta de blinis está inicialmente pensada más para rellenos salados: salmón, maíz, jamón cocido (frito previamente), jamón serrano, etc. que para tomar de un modo dulce. Para su adaptación a unos blinis dulces llegaría (opcionalmente) con añadirle un poco de azúcar o, simplemente, tomarlos con algún sirope, mermelada o miel. Los blinis son tan fáciles y rápidos de hacer que ni siquiera es necesario tener una balanza, llega con un yogurt griego.

Para los hotcakes necesitaremos un batidor eléctrico (mejor) pero también es muy fácil e inmediata. Además, el aroma a naranja le queda estupendo. Yo los acompañaría con unas bayas: frambuesas, moras, fresas o incluso uvas.

Ya estoy aquí

Ya hemos ido de compras, en busca del “auto de papá”. Sigo prefiriendo la compra de libros, que son más entretenidos y más baratos. Menudo dilema con la elección, únicamente hemos visitado dos concesionarios y ya tenemos muchas dudas, y eso que sólo hemos mirado monovolúmenes. Sigue buscando.

Los comerciales se las saben todas, “por ser tú”. Entonces, ¿al resto los engañas? Como para fiarse, “por ser tú”.

Recuerdo a ese comercial, pesado a más no poder (ese de patillas), del “grupo gallego del cable” (R).Venía todas las semanas y todas las semanas le decía que no, que no veíamos la tele y que estábamos muy contentos con nuestro “detergente”. No admitía un “no” por respuesta. Tenía una capacidad para enrollarse como una persiana y me daba la impresión de que sería capaz de vender paraguas en Sevilla en pleno agosto… pero seguimos con nuestro “Colon”, lo deja todo muy blanco.

Bueno, hay que cenar y preparar las cosas de fin de semana, que de momento no tenemos camión.

Blini o Blintz


Blini es un plato de origen ruso o eslavo. Tampoco son unas tortitas en sentido estricto, son una especie de crêpes o “tortitas”, cuya masa tradicional está basada en los mismos ingredientes (leche/agua, harina y huevos). Siendo bastante impreciso o riguroso diría que es un plato tradicional ruso, si bien su uso también se extiende a la cocina tradicional judía (blintz).

Pueden presentarse tanto finas como crêpes o más gruesas, como unas tortitas. A su vez existen versiones “saladas” (lo más usual): con caviar (típicamente ruso), queso, pollo,… o como plato “dulce”: mermeladas, miel, manzanas…:


Esta versión es una muy rápida, fácil y riquísima, para esos apresurados momentos en los que queremos un postre o un primer plato, tanto salado como dulce. Su versión dulce podría llevar un poco de azúcar.

Ingredientes
  • 125 gr. de yogurt griego cremoso, una unidad (puede ser azucarado).
  • 1 huevo.
  • 10-12 gr. levadura química Royal.
  • 70 gr. de harina (la medida del yogurt).
  • Ralladura de limón (opcional).
  • Sal, media cucharilla, aprox.
  • 5 ml. de agua de azahar (opcional).
(1) Echamos el huevo, el yogurt en un cuenco y batimos. Añadimos la harina mezclada con la levadura química y la sal, la ralladura de limón y el agua de azahar. Mezclamos y batimos hasta que no se formen grumos. Dejamos reposar en el frigorífico durante una hora, aproximadamente. Si tenemos prisa, ni siquiera es necesario el reposo, aunque ayuda.

(2) Calentamos una sartén antiadherente al fuego, esparcimos un poco de mantequilla y los cocinamos hasta que salgan burbujitas por la superficie. Le damos la vuelta y cocinamos por el otro lado.

Muy fácil. Podemos añadir algún relleno a la masa: embutidos, manzanas, frambuesas, fresas, chorizo (¿es un embutido?, sí), salmón,…

Los rusos, una vez preparados, suelen poner un poco de queso crema, salmón y caviar. Si no da el presupuesto pondremos huevas de pescado, algo es algo.

Hotcakes de ricotta y naranja

Por rizar el rizo, unos hotcakes son unas tortitas que se hacen con maicena y no con harina de trigo. Por lo demás, ninguna diferencia y según los diccionarios consultados pancakes y hotcakes son realmente sinónimos. Siempre había pensado que la diferencia radicaba en el tamaño, éstos más pequeños.

Ingredientes
  • 2 huevos, separadas las yemas de las claras.
  • 75 gr. de ricotta
  • 30 ml de zumo de naranja
  • Ralladura de ¼ de naranja grande o ½ de naranja pequeña
  • 50 gr. de maicena
  • ½ cucharilla de levadura química (Royal)
  • Una pizca de sal
  • Mantequilla para engrasar la plancha o sartén.

(1) Separamos las yemas de las claras. En un cuenco batimos las yemas con la ricotta, el zumo, la ralladura, la maicena mezclada con el Royal y la sal. Mezclamos bien con ayuda de un batidor.

(2) Levantamos las claras a punto de nieve, hasta que formen picos, mejor con un batidor eléctrico. Añadimos las claras montadas a la mezcla anterior, cuidando que no se bajen.

(3) Engrasamos una plancha o sartén antiadherente con mantequilla y, una vez caliente, echamos la masa con una cuchara. Dejamos que se haga por un lado y en el momento que veamos que la superficie permite girarla con ayuda de una espumadera, la giramos y cocinamos por el otro lado.
El ligero contraste entre la ricotta y el naranja es delicioso.
Acompáñese de mermelada, sirope de arce, miel, nata, jarabe de chocolate,… Cualquier opción es buena. Puede guardarse en la nevera hasta el momento de hacerlas.

¡Buen fin de semana! Si todo va bien, veré a mis papás y hermanos. M verá a sus suegros, nada puede ser perfecto ¿no?

Torta de manzana

Torta de manzanaNada es lo que parece

No son tortitas

… o no exactamente. La primera receta del día es la que menos se parece a una tortita, las restantes lo son pero en alguna de sus variantes, por así decirlo, cambia la forma pero no el contenido. Dos nombres para casi el mismo producto.
Tres recetas rápidas y sencillas, sobre todo la segunda, unas delicias para esos momentos de “mono dulce”, o no tan dulces, como veremos.

Torta de manzanan-ésima

Lo he dicho tantas veces que creo que os vais a cansar de oírme: me encantan las tortitas, no sé si se nota. Ayer hice una nueva tarta, sin modestia aparte, muy original e impresionantemente interesante; no diré “rica” pues sólo he rebañado los bordes de la cuchara y los pucheros antes de dejarlos en el fregadero, pero estaba buenísima. Me parecía excesivo publicar dos tartas seguidas y más si esta semana no he “fotografiado” nada salado. Así que me veo con unas tortitas rápidas, muy rápidas, ricas, muy ricas y diferentes, algo diferentes.
Las pondré en dos entradas diferentes porque creo que ésta es la más distinta a las demás. Las otras, por su sencillez y parecido visual, creo que casan a la perfección.

El arte de sentirte mejor

Como M lleva unos días de buen ánimo, buena comida y cómoda en el trabajo, repercute muy positivamente en mi estado de ánimo. Se vuelve algo más tolerante, más permisiva, aunque siga teniendo esos momentos (inevitables) de cambios de humor por no se sabe qué.

Sin saber el porqué, mi ánimo ha mejorado, espero que ese cambio sea real y no sea fruto de un alto nivel de ocupación que haya ocultado los verdaderos problemas. Mi madre me llama con mucha más frecuencia, aunque sea sólo para preguntar cómo me encuentro, eso también anima. Con Martín sigo sin hablar pero espero verlo el fin de semana (San Martiño), tal vez os lo presente este lunes.

En el auto de papá

Sin noticias del seguro. Todavía no sabemos qué harán con ese estropicio, una croqueta, probablemente. Dos duros y santas pascuas. Para eso sirven los seguros, para hacerte creer que estás seguro y después te quedes sin coche y con dos duros, euros, perdón.

Hoy, si tenemos tiempo, empezaremos la búsqueda de un nuevo coche. Nos hemos juntado dos personas que no tenemos ni idea de ese tema. Esperemos que no nos den gato por liebre. Lo que sí tenemos claro es que debe ser grande y con prestaciones, nuestros viajes de fin de semana cada vez se parecen más a “hoy nos vamos de excursión”…. y eso que no tenemos hijos.

Por si acaso. Por si acaso llueve, unos paraguas y un chubasquero; por si acaso salimos por la noche, ropa para tal fin; por si acaso tengo tiempo para leer, 4 libros (¿para dos días?); por si acaso... Fijos son la ropa de deporte, las dos mudas (de todo), chaqueta, cazadoras, películas, portátil,… y el maletero lleno (el Golf de M lo tiene grande).

De vuelta ya necesitamos los asientos traseros, sobre todo si vamos a casa de mis padres: compras de supermercado, los productos caseros que nos puedan dar (miel, fruta,…), ropa (de compras) y un largo etcétera.

Bien pensado creo que va a tener que ser ¡un camión!

Torta de manzana
Ésta es originaria de la zona de Lyon, típicamente se suele hacer con manzanas y tiene cierto parecido con la receta de los crêpes.
  • 1 huevo, separada la yema de la clara.
  • 50 gr. de azúcar
  • 75 gr. de leche
  • 30 gr. de mantequilla derretida.
  • 75 gr. de harina
  • Ralladura de limón
  • 1 manzana grande rallada (reineta, golden, …)
  • Una cucharada de agua de azahar (opcional)
(1) Batimos la yema de huevo con el azúcar hasta espumar. Añadimos la leche y la mantequilla derretida pero no caliente. La harina con una pizca de sal, poco a poco. Echamos la ralladura de limón y el agua de azahar (opcional).

(2) Levantamos la clara en punto de nieve y la añadimos con cuidado de forma envolvente. Rallamos la manzana en el último momento para que no se oxide (oscurezca) y la añadimos con cuidado a la mezcla.

(3) En este punto pueden hacerse como unas tortitas o como una torta de manzana. En realidad la receta es de una torta pero a mí me gusta hacerla tanto como torta como tortitas.
Calentamos una sartén antiadherente con mantequilla y procedemos a cocinarla como una tortilla, dándole la vuelta a media cocción. Es importante que la sartén esté bien caliente cuando se añade la masa, así evitaremos que no se pegue. Le daremos la vuelta con ayuda de un plato y dejaremos que se tueste un poco por cada lado. Si la hacemos gruesa, removeremos algo la masa para que se haga por dentro, bajando el fuego una vez veamos que no se haya pegado.


Espolvoreamos con azúcar glasé y disfrutamos, M me ha pedido que las repita.

jueves 8 de noviembre de 2007

Tarta de queso ricotta y sirope de lavanda

Tarta de queso ricotta y sirope de lavanda“Lavanda” del patio = “Espliego” del patio

La banda aparte

Si hay algún aficionado al cine sabrá de qué hablo… ;-), pero no es el tema que nos ocupa. Ahora trataré, trataré de explicar esta (para mí) deliciosa tarta de queso ricotta que incorpora un sirope de lavanda elaborado de un modo casero. Es una receta del un relativamente famoso cocinero británico: Frank Bordoni. En dos capas, un bizcocho ultra-esponjoso con almendra y la capa de queso aromatizado con el sirope de espliego, una combinación deliciosa.

Podríamos pensar que es una combinación “peligrosa” o que el aroma del espliego puede ser demasiado fuerte. Pues nada de eso es cierto, las flores de lavanda, además de para aromatizar perfumes y champús ;-), se emplean mucho en cocina, especialmente repostería. Recuerdo unos macarons de Pierre Hermé, una delicatessen cuyo nombre es: “Macarons helados con sorbete de chocolate y flores de espliego” (me recuerda a mi tesina: “Implementación VLSI de una arquitectura CORDIC para el cálculo del ángulo y rotación”, más corto imposible), unos sablées o un ganache aromatizado con flores de lavanda. Además, como infusión, es digestiva, antiespasmódica y… eStimUlaNTe.

El aroma a lavanda es muy sutil, casi imperceptible (lo justo) y sólo si, como yo, espolvoreáis con las flores obtendréis un refuerzo al aroma a espliego proporcionado por el sirope (¿por qué no llamarle “jarabe”?).

Tarta de queso ricotta y sirope de lavandaMenuda semanita. Tengo una buena cantidad de libros que leer (y todavía no he empezado), así como empezar a planificar exámenes… Pido disculpas por parecer (espero no serlo) maleducado al no responder a los (agradables) comentarios, suelo leerlos, pero por muy breve que sea mi comentario siempre lleva su tiempo. No me conformo con un simple “gracias”, casi todos me llevan a una reflexión. Perdón.

Tarta de queso ricotta y sirope de lavandaLa película del otro día

Sábado. Poco que ver en Vilagarcía, la cartelera escasea de buenos títulos y los “más interesantes” ya los hemos ido a ver. Sólo tenemos dos opciones: una presunta comedia que sigue el carro de otra que lo era (¿?) y una historia de amor camuflada en un cuento de hadas. “Pito, pito, gorgorito… “. Toca “a” pero decidimos, yo el primero, ir a “b”.

¡Sorpresa!, la “historia de amor camuflada en un cuento de hadas” es (sorprendentemente) estupenda. Además, me recuerda vagamente a una película de mi juventud: “La princesa prometida”. Que mejor forma de recordarla, de pasar un buen rato en el cine y de sentirse mejor persona durante la media hora posterior a su proyección. ¡Viva el cine y viva el amor (de película)!.

Kepchup

¿Kep chup hoy? Me he levantado tempranup, a las 7, y por primera vez en muchup tiempo casi me quedo dormichup, supongo que sería por habermuch acostado a las tres, preparando unchup ejercicios. Cochup al trabajo, unas horas de clases y, de vuelta a casa, chup, dos horas de carrerup (al sol). Eso si que es relajantep.

Ya en casa, preparación de la comiduch, M llegup a las 3:30, lavar cacharrup (no acabo de adaptarme al lavavajillup) y vez en el dentista a las cinco y media. De vuelta, comprup productos para la comida de mañana y la ideap de una (¿ingeniosa?) tarta que tengo en mente para este fin de semanach.

En casa, ya tarde, organizo material y, ya con M (¡se ha apuntado a clase de bolillup!), preparup la cena. Más preparar y… tardep escribo una receta en el blog, ésta. Es tarde.

Bueno, perdonad, pero mech estoy ahoganduch, chup, chup,…

Tarta de queso ricotta y sirope de lavandaSirope de lavanda
  • 200 gr. de azúcar
  • 125 ml de agua.
  • 2 cucharadas de flores de lavanda secas. Dependiendo de la intensidad requerida.
  • 1 cucharilla de sirope de arce o miel (suave).Opcional, evita la cristalización del azúcar. Esta vez no se lo he puesto, le he echado un chorrito de limón.

(1) Mezclamos todos los ingredientes en un cazo y llevamos fuego, removiendo constantemente hasta que se disuelva el azúcar y tenga una consistencia densa. Retiramos del fuego y dejamos enfriar totalmente durante una media hora. Llevamos al frigorífico hasta el momento de usar.
Ideal para añadir a una limonada, helado o tarta de ricotta

Base de bizcocho con almendra Para un molde de 23 cm. de diámetro Es recomendable haber preparado los ingredientes del relleno antes de elaborar la base. Así, nada más haber horneado la base podremos seguir de inmediato con la cocción de la tarta de queso.
  • 3 huevos enteros
  • 20 gr. de almendra molida
  • 20 gr. de azúcar polvo
  • 3 claras de huevo (unos 120 gr.)
  • 12 gr. de azúcar glasé (polvo ;-))
  • 25 gr. de mantequilla derretida
  • 25 gr. de harina normal
(1) Precalentamos el horno a 220 º C. Batimos los tres huevos con el azúcar polvo (20 gr.) y la almendra molida hasta que quede espumoso y suave. Mejor empléese un batidor (levanta-claras).

(2) En otro cuenco levantamos las claras a punto de nieve con chorrito de limón. A medio montar vamos echando los 12 gr. de azúcar polvo.
En realidad debería hacerse con una azúcar algo más grueso que “polvo” y menos que ”grano”, así también está perfecto. Debe quedar firme. Empléese un batidor. Reservamos.

(3) Añadimos la mantequilla derretida y no caliente a la mezcla de huevos, echamos la harina tamizada en forma de lluvia. Mezclamos con cuidado. Por último, incorporamos las claras montadas de un modo envolvente y con cuidado, intentando evitar que se bajen. Lo ideal es emplear una espátula de plástico.

(4) Echamos sobre el molde (desmoldable) engrasado de 23 cm. y horneamos durante unos 5 a 10 minutos (la receta dice 5 minutos), no más, lo justo hasta que veamos que empieza a tener color. Téngase en cuenta que volverá a ir al horno con el relleno de queso.
Precalentamos (bajamos ;-)) la temperatura del horno hasta 180 ºC, temperatura de cocción de la tarta de queso. Yo es el único cambio significativo que he hecho, la tarta de queso la he horneado a unos 155-160º C durante más tiempo, por lo que he bajado la temperatura hasta unos 160º C.

Tarta de queso ricotta y sirope de lavandaRelleno
Para un molde de 23 cm. de diámetro
  • 500 gr. de queso ricotta
  • Ralladura de 1 limón grande.
  • Zumo de 1 limón grande (ese mismo).
  • 50 gr. de mantequilla derretida
  • 3 huevos, separadas las claras de las yemas.
  • 175 ml de sirope de lavanda (ver receta)
  • 2 cucharadas soperas de maicena.
  • Un puñado de semilla de lavanda secas para espolvorear (opcional)
  • Azúcar glasé para espolvorear.

(1) En una tartera o cuenco grande reblandecemos el queso ricotta, ayudándonos de una espátula. Cuando esté manejable y blandito añadimos el zumo y la ralladura de limón, la mantequilla derretida, las yemas una a una, el sirope de lavanda y la maicena tamizada. Removemos con cuidado hasta que no se formen grumos.

(2) Montamos las claras a punto de nieve con ayuda de un chorrito de limón. Una vez montadas las añadimos con cuidado a la mezcla anterior, de forma envolvente y sin remover en exceso, lo justo como para que quede mezclado.
Debo admitir que en primera instancia era bastante receloso de emplear esta técnica en una tarta de queso. Tenía miedo de que la tarta se bajase demasiado una vez horneada. No fue así, aunque se produjeron unas grietas superficiales, el incorporar las claras a punto de nieve dio lugar a una tarta de queso muy esponjosa y suave.

(3) Vertemos sobre la base cocinada (debemos asegurarnos que los laterales están engrasados para evitar que se pegue en el lateral de la tarta de queso) e introducimos en horno precalentado a 180 ºC durante unos 30 minutos. Dejaremos enfriar la tarta dentro del horno sin abrir la puerta en ningún momento, así conseguiremos que se haga perfectamente por dentro y no se baje demasiado. Mejor empezar a cocinarla por la noche y dejarla enfriar de un día para otro.
Como he dicho, este punto es el único que he cambiado. He horneado durante una hora al baño María, aproximadamente a unos 150º C o algo más. En ningún caso he abierto la puerta.
Llevamos al frigorífico para que esté fría antes de degustarla. La espolvorearemos con azúcar polvo y, opcionalmente, con unas flores de lavanda seca…

A mi me ha parecido deliciosa, esponjosa y “viciosa”. M ha tenido cierta reticencia con las semillas que cubrían la tarta. Como sabe que mi madre emplea la lavanda para aromatizar los armarios, me ha dicho que prefería no probar las “flores”. Yo sí y, no sólo no me arrepiento, ¡me han encantado!

Besos.

martes 6 de noviembre de 2007

Far bretón con manzanas o ciruelas (Farz fourn)

Far bretón con manzanas o ciruelas (Farz fourn)So far

Después de la primera versión, atractiva pero tal vez sin un sabor suficientemente fuerte (ya sabéis que disfruto con los sabores dulces y marcados), me quedaba pendiente llevar el postre un poco más allá. Hacer un pastel más “rústico”, típicamente casero y con más sabor (mantequilla, ron, azúcar). Pensé que la mejor forma era buscar una receta un poco más lejos, sólo un poco, en el mismo corazón de la bretaña francesa.

Allí fui, buscando recetas de Farz fourn, así se dice en bretón, porque hasta la mismísima receta de Pierre Hermé la veía muy ligera y parecida a mi anterior versión. Allí me encontré esta receta, que no sabe de temperaturas medias ni buenas presentaciones pero mucho de grandes sabores y placeres para el paladar.

Far bretón con manzanas o ciruelas (Farz fourn)Sigue siendo una especie de pudin, que quede claro, pero que gana mucho con otras versiones, y más si le añadimos unas manzanas caramelizadas. Para mi gusto, rústico y brutal, un placer.

Resulta curioso como “casi” con los mismo ingredientes y tan pocas modificaciones, para un litro de leche: 75 gr. más de azúcar, media taza más de ron, 30 gr. más de harina y mantequilla, puede cambiar tanto un postre. Para empezar, la apariencia, más tostada y rústica; la temperatura mucho más alta que lo hace “subir y bajar” (¿qué dirían los grandes reposteros?); pero amig@s, me quedo con éste.

Far bretón con manzanas o ciruelas (Farz fourn)Tan cerca

Me siento muy cercano a la Bretaña, nos unen raíces celtas y tenemos un corazón salado, como el atlántico. Ellos también tienen su “Finisterre”, sus filloas bretonas (Crêpes bretonas), su gaita y sus lluvias, y sus lluvias, como nosotros. Bretaña es una Galicia francesa, mar y tierra.

Tan distintos y tan iguales. Todos. Sólo cuando en los mensajes ponéis cosas como “México”, “Venezuela”, “Argentina”,… es cuando veo las distancias y os imagino en lugares fascinantes y distintos. Tan lejos pero tan cerca y, sobre todo, tan iguales. El idioma ayuda pero no es sólo eso: todos lloramos y reímos, nos emocionamos, disfrutamos, deseamos ser felices,...

La mayor ignorancia nace de esos que se apropian de palabras como “América” por “USA”, que tienen un chovinismo que les impide apreciar otras gentes o culturas. Nunca he disfrutado tanto en la cocina como desde que he empezado a adaptar o utilizar ideas de otras culturas o países, tan lejanos y tan cercanos.

Far bretón con manzanas o ciruelas (Farz fourn)Tenemosquehablar

¡Qué miedo! Las palabras mágicas. Qué he hecho mal, o peor, qué quieres que haga o de qué me quieres convencer. A veces significa el principio del fin, otras el fin del principio y, muchas más, nada de nada, sólo hablar.

En estos momentos de nuestras vidas “tenemos que hablar” es sobre el “tema”: ¿cuándo? Lo siento, de corazón, pero mi reloj interno no me lo pide, no tengo esa necesidad. Te entiendo y respeto (palabra horrorosa dónde las haya), pero cuando dos objetivos se separan, creo que hay que tomar las decisiones que tengan vuelta atrás. Ya sabes de qué hablo. Claudicar definitivamente podría significar “el fin”.

El tiempo. Cansado ya estoy de hablar de él. Entre las clases, el estudio, las labores, los compromisos,… mis momentos de ocio se limitan a esas escapadas de dos horas, porque sin ellas ya no tendría nada. Bien, ya he sacrificado mucho (voluntariamente), me estaré volviendo un egoísta, pero ahora no puedo más. Sería como sacrificar mi vida de un modo definitivo. Ya hablaremos de Kevin.

Far bretón con manzanas o ciruelas (Farz fourn)Ingredientes
Entre corchetes las cantidades para dos y tres huevos.
  • 4 huevos grandes (si son pequeños añadimos unos más) [2 unidades] [3 unidades]
  • 200 gr. de azúcar [100 gr] [150 gr.]
  • 15 ml de extracto de vainilla [8 ml] [10 ml]
  • 280 gr. de harina [140 gr.] [210 gr]
  • 130 gr. de mantequilla [65 gr.] [97 gr]
  • 1 litro de leche [500 ml] [750 ml]
  • 1 vaso (colmado) de ron. A gusto. Para la mitad le he echado unos 100 ml (con algo de Kirsh) y ha quedado suave. [½ vaso] [¾ vaso]
Con manzanas caramelizadas
  • 3 manzanas reinetas
  • 60 gr. de mantequilla
  • 100 gr. de azúcar (puede ser moreno)
  • Flambear con calvados, ron o coñac.
Con ciruelas pasas
  • Ciruelas pasas
  • Ron
Jarabe para el glaseado
  • 1 parte de agua
  • 3 partes de azúcar
Caramelización de las manzanas (mi versión preferida, ¿hay algo más bretón que unas manzanas?)
(1) En una sartén echamos la mantequilla y el azúcar. Mientras esperamos a que se derrita a fuego suave, cortamos las manzanas en gajos y las vamos echando en la sartén.
Dejamos que se cuezan, hasta que estén blanditas pero no deshechas.

(2) Apagamos la campana extractora y flambeamos con calvados, ron o coñac. Mejor calvados. Reservamos.

Maceración de las ciruelas
(1) Ponemos las ciruelas en una taza con ron (abundante) a macerar, hasta que hayan absorbido parte. Un par de horitas.

(2) Escurrimos las ciruelas y reservamos el ron que haya sobrado, para añadirlo al pastel.

Far bretón con manzanas o ciruelas (Farz fourn)Preparación
(3) En un molde de unos 23 a 30 cm. de diámetro (para la mitad he usado uno de 20x20 = 400 cm2, por lo que con uno de unos 30 cm. y todos los ingredientes conseguiremos la misma altura), engrasamos y enharinamos la superficie. Sobre la base pondremos las manzanas o las ciruelas, dependiendo de la opción escogida, intentado cubrir casi todo la superficie.

(4) Batimos los huevos con el azúcar y el ron. Reservamos. Antes de añadir la mezcla tendremos que volver a batirlos ligeramente para que no dejen poso.

(5) Precalentamos el horno a 250-270º C, al máximo. En una tartera ponemos a calentar la leche con la vainilla. Cuando esté caliente echamos la harina de golpe y removemos hasta que haya espesado y tenga la consistencia de una bechamel.
Con este sistema es más que probable que se produzcan grumos en la harina debido a la diferencia de temperatura, la receta original no pone ningún pero a este hecho (aparecen grumos). Si queremos un masa lisa y homogénea, tendremos que disolver la harina en leche fría (no toda) y calentar la restante. Una vez caliente la verteremos sobre la mezcla de la harina y la llevaremos al fuego, removiendo hasta que haya espesado. También se podría pasar por la batidora.

(6) Una vez haya espesado echamos la mezcla de huevos, azúcar y ron. Mezclamos hasta que quede uniforme y vertemos sobre el molde.

(7) Esparcimos la mantequilla troceada en tiras finas por la superficie de la masa e introducimos en el horno precalentado (250-270 ºC) durante 10 minutos, aproximadamente. Pasado ese tiempo bajamos la temperatura hasta unos 180-200 º C y dejamos cocer entre 40 y 50 minutos. Si vemos que se quema la superficie pondremos un trozo de papel de aluminio.
Apagamos el horno y dejamos templar un rato.

(8) Retiramos del horno y dejamos templar. Mientras tanto preparamos un jarabe a punto de hebra fuerte. Ponemos al fuego 3 partes de azúcar por una de agua (60 gr-20 gr.), sin remover ni introducir ninguna cuchara u objeto, sólo emplearemos un pincel para retirar los cristales que se formen en el borde del cazo.
Cuando el caramelo haya alcanzado el punto de hebra pintamos la superficie del pastel y, si queremos, echamos un poco de jarabe por ella.

Llevamos al frigorífico para que se afiancen los sabores. Mejor, para mi gusto, fría y de un día para otro.

El placer de las cosas sencillas y caseras.

Far bretón con manzanas o ciruelas (Farz fourn)

lunes 5 de noviembre de 2007

Galletas de melaza (y especias)

Galletas de melazaEspecias

La melaza es uno de esos ingredientes que, aún siendo dulces, tienen cierto amargor que resulta poco agradable al paladar si se toma sola. Sin embargo, resulta curioso como combinada con azúcar y otras especias, principalmente jengibre, se obtiene un sabor altamente adictivo y delicioso. Me encanta la combinación, como muestra las galletas de jengibre.

En estas galletas se da una vuelta de tuerca más, combinándolas con mayor variedad de especias que proporcionan una amalgama perfecta con un ligerísimo gusto picante, sólo perceptible después de comerlas. Tan sutil que resulta indetectable en el momento de tomarlas.

Galletas de melazaAllspice

Jamaica, pimienta. Un nombre poco agraciado y bastante confuso. No es pimienta, aunque su forma de bola, dos o tres veces más grandes que la pimienta, y color lo parezcan. Su aroma recuerda a la canela o al clavo, recuerda, es un sabor totalmente distinto.

Más apropiado resulta su nombre en inglés “allspice”, que hace referencia a su facilidad para combinarla con otras, así como un sabor que podría considerarse una combinación de muchos otros pero de un modo difuso. Su uso está muy extendido y se emplea tanto en platos dulces (ejemplos son estas galletas, apple pie o la tarta Jamaica) como salados.


¿Dónde conseguirla? En “el imperio”, que yo sepa, sólo he podido conseguirla en grano en el rincón del Gourmet del CI. Para molerla he empelado un molinillo de café. En el viaje a Egipto me he provisto de una bolsita de ella, a precio mucho más económico y más aromática. Para su conservación, y evitar que pierda sus propiedades, guárdese en un recipiente hermético de cristal.

Recomendación. La precisión es un grado cuando hablamos de cantidades tan pequeñas. Para medir cucharillas, medias cucharas, medias cucharillas,… lo mejor es poder hacerse con unos medidores. Yo tengo dos juegos de medidores, uno comprado en Suecia y otro en el hipermercado (publicidad gratuita) “que por no estar en la playa hay que ir al campo”. Sé que también se pueden comprar, así lo han dicho en el blog, en ese escaso y famosísimo gran hipermercado en el que venden “Tente” a tamaño natural, las instrucciones están en un post-it y en el que las piezas, a veces, encajan y no sobran ni faltan (“Eso no se tira…”).

En casi todas las recetas, cuando hablo de cucharillas o cucharas, me refiero a ese tipo de medidas. Una cucharadilla es de un modo aproximado equivalente a 5 ml de volumen y una cucharada a 15 ml. “Desde que las tengo no he dejado de usarlas”.


Clo(i)ro

Bo(i)ro. Menuda (mala) fama le están dando. Ni sucedió exactamente en “mi pueblo”, que se lo pregunten a los habitantes de esa parroquia costera perteneciente al ayuntamiento. El sensacionalismo atrae a las masas y a esa nube de micrófonos que pretenden ganar audiencia a base de unas palabras muy medidas, o mejor, poco medidas y desmesuradas. Se trata de encontrar el adjetivo adecuado tanto antes como después del sustantivo. No me interesa el sensacionalismo ni la mala fama. De ”Dogvilles” está lleno el mundo.

Cuando, hace ya muchos años, desapareció un joven en los montes del Barbanza, recuerdo vagamente lo que algunas de las noticias decían: “…en un pequeño pueblo de la Galicia profunda…”. Ya años después, con la muerte (voluntaria) de Ramón Sanpedro se decía algo así: “…y en Boiro quiso pasar sus últimos momentos mirando al mar, que tanto le había quitado, en busca de la paz y tranquilidad….”. Ahora prefiero no oírlo. Resulta curioso como gran parte del periodismo adapta los enclaves a las noticias, no al revés.


Estaría bien empleado si aprendiésemos la lección, si las noticias nos hiciesen reflexionar sólo un poco. Nada de nada. Se olvidan del fondo y se centran en la forma.
¿Qué subyace después de estas desgracias? ¿Dónde reside el problema? Muy sencillo, en la fama, en la obsesión por el dinero (fácil), la búsqueda de notoriedad. Estamos construyendo una sociedad poco solidaria, llena de falsos ídolos deseosos de vender cualquier producto, verdaderas marcas comerciales que se convierten en iconos de lo insustancial y nimio.

Lo dejo, era sólo un pequeño comentario. En general, el periodismo y yo nunca hemos hecho buenas migas, principalmente por aquellos a los que se le llena la boca con la palabra: “objetividad”. Amigos, la objetividad no existe.


Una imagen vale más que mil palabras… sólo un poco

Por lo menos hemos hablado un poco. Como anochece tempranito, entre 6:40 a 7:00 de la tarde, hemos ido al cine antes de ir a tomar algo. El paseo de la tarde también ha sido reconfortante y el entorno ha ayudado a que fluyesen las palabras. Sólo un poco.


Desde el mirador de “As lúas” y “Lobeira” la vista de la ría es espectacular. A Illa se distingue en la distancia, aparentemente lejos, pues llegar allí corriendo no me lleva más de una hora de ida y menos de una hora de vuelta. Sólo un poco.


El domingo, “el faro”. Hablamos, sólo un poco.

Se puede ser sincero, sólo un poco, en días como estos. Hablas de los miedos, sólo un poco, de las verdades. Pero en este estado, la tranquilidad del momento, uno no quiere herir, ni sólo un poco. Porque las verdades hieren, sólo un poco. Qué es lo que realmente deseo puede ofender, sólo un poco. No estoy decidido, sólo un poco. No quiero hacerte daño, ni un poco.

Ahora no tengo fuerzas para hablar de ello, ni un poco. “Tenemos que hablar…” en otro momento, sólo un poco.


Ingredientes
  • 100 gr. de manteca a temperatura ambiente, mejor vegetal. [50 gr.]
  • 60 gr. de mantequilla. [30 gr.]
  • 220 gr. de azúcar moreno. [110 gr.]
  • 120 ml de melaza. [60 ml]
  • 1 huevo grande [30 gr.]
  • 290 gr. de harina [145 gr.]
  • 2 cucharillas de bicarbonato [1 cucharilla]
  • 1 cucharilla de crémor tártaro. Opcional [½ cucharilla]
  • 1 cucharilla de canela [½ cucharilla]
  • ¾ [=½ + ¼] de cucharilla de jengibre [0,37 cucharilla = 1/3 aprox.]
  • ½ cucharilla de clavo molido [¼ de cucharilla]
  • ½ cucharilla de pimienta de jamaica molida [¼ de cucharilla]
  • ¼ de cucharilla de pimentón picante (pimienta cayena) en polvo [una pizca]
  • ½ cucharilla de sal [¼ de cucharilla]
  • Azúcar grano para rebozar.
(1) Precalentamos el horno a unos 190 º C (si no vamos a dejar reposar la masa). Tamizamos la harina y le añadimos todas las especias: el bicarbonato, crémor, la canela, el jengibre, clavo, pimienta de Jamaica, pimentón picante y sal (¿me ha quedado alguna?). Reservamos.

(2) En un cuenco batimos la manteca con la mantequilla y el azúcar hasta que quede pálido. Añadimos el huevo y la melaza, seguimos batiendo hasta que quede ligeramente homogéneo. Por último añadimos la mezcla de la harina.
La masa puede dejarse reposar en el frigorífico, así podremos formar las galletas más fácilmente y suelen quedar mejor. Yo he hecho unas pocas de inmediato y otras las he dejado reposar.


(3) Echamos azúcar blanco grano en un plato, formamos bolas con la masa y las rebozamos en el azúcar. Ponemos sobre una bandeja con papel de hornear o silicona, separadas suficientemente, y horneamos durante unos 10-15 minutos hasta que veamos (si nos llega la vista para ello) que empiezan a tostarse.
Cuanto más tiempo más crujientes.

Las guardamos para tomar cuando deseemos:


Me recuerdan mucho a las de jengibre. Sólo recuerdan, porque éstas tienen más contrastes de sabores y aromas. Ambas son muy adictivas, tienen “algo” que hace que no se pueda parar. Han dejado de existir en muy poco tiempo.

viernes 2 de noviembre de 2007

Millionaire's shortbread (Barritas de caramelo y chocolate)

Imagina

...que tienes tiempo y ganas, es fácil si lo intentas… Imagínate que son unas de las mejores, o las mejores, barras/galletas que jamás hayas probado. No lo dudes, no esperes.

Puedes pensar que soy un soñador, pero no soy el único, espero que algún día te unas a nosotros y el mundo sea Uno (que no igual).

La infidelidad del primer día

Recién comprado mi nuevo libro: “Pasión por el caramelo”, de Trish Deseine y ya empiezo dándole calabazas. Esta receta aparece en ese libro pero en otra de sus versiones, su lectura únicamente me ha servido para recordar que tenía otra, para mí mejor. Prefiero un “caramelo” a un “dulce de leche”, lo bueno si breve… más tiempo para disfrutar.

No es que la receta del libro no me gustase (tienen un pinta estupenda), pero los elabora con un dulce de leche que prepara al fuego con leche condensada durante ¡3 horas! También podríais hacer el relleno (lo haré) con la receta del brigadeiro de chocolate, pero no serían estos “millonarios”.
Si no queréis usar mantequilla podéis hacer el “caramelo” tal y cómo lo he hecho para los “brigadeiros”, de modo similar a cómo lo hace en el libro mi querida TD. Probad “mi” receta, un día es un día, y ese día será inolvidable, o eso espero.

Son cuadrados de masa sablée cubiertos de caramelo y luego chocolate, que deben su nombre a la riqueza de sus capas (…)”, eso dice el libro. Los mejores, incluidas galletas, que (casi) nunca he probado, se funden en la boca y crean una textura increíble en combinación con la base y el chocolate. Como en muchos casos su origen no está nada claro, no del todo, pues se supone que por llevar esa base de pasta sablée (1-2-3 o masa quebrada), shortbread en inglés, son de origen escocés, en dónde se han convertido en una tradición.

Pondré mi opción, de versiones está lleno el mundo. Entre otras opciones: un relleno de dulce de leche, una base de masa quebrada sencilla, cobertura con dos chocolates, relleno de toffee, mantequilla de cacahuete, con uvas pasas,… Lo importante es tener una base quebradiza, un relleno caramelizado y una cobertura de chocolate, que puede ser con leche.

1 ºC

Este tiempo no hay quién lo entienda. Esta mañana, camino del trabajo, el termómetro marcaba 1º C, extraño en esta zona y más para esta época del año. Raras veces bajamos de 5º C. Ya al mediodía y mientras corría, los termómetros de las farmacias marcaban más de 20 º C a la sombra. No llueve y hace un sol de justicia, no hay más que oír los comentarios: “al sol se está de maravilla”; claro, al sol y durante una horita, nada más.

Ante esta situación resulta muy difícil no sentirse tentado en pasar lo que resta del “puente” en “A illa”. Allí iremos, M ya sueña incluso con la playa, me parece excesivo.

Speak, Spoke, Spoken

Hablar. Llevo unos días intentando no darle vueltas a las cosas, no pensando. Nada es importante, nada es suficientemente importante. Llevo unos días engañándome a mí mismo. ¡Sí es importante!, que solución tan patética, el pasota calzonazos ;-). Todo importa, eso es lo que he aprendido de pequeño. Los detalles forman un todo, marcan matices, son los rasgos que diferencian a las personas, más allá de su color de piel o su forma de andar. Ser o no generoso, ceder o no el paso, ser amable, mirar la naturaleza con otros ojos; esos detalles son los que importan y nos hacen diferentes.

El mejor momento para hablar puede ser un fin de semana. En A Illa los encuentros son más intensos y las escapadas menos factible. Hablas o hablas. Ya veremos como va la cosa, de momento tengo que dejarlo [prisas], no quiero que M esté esperando por mí ni tenga motivos (más claudicaciones) para enfadarse.

Imagina

Imagine there's no Heaven
It's easy if you try
No hell below us
Above us only sky
Imagine all the people
Living for today

Imagine there's no countries
It isn't hard to do
Nothing to kill or die for
And no religion too
Imagine all the people
Living life in peace

You may say that I'm a dreamer
But I'm not the only one
I hope someday you'll join us
And the world will be as one

Imagine no possessions
I wonder if you can
No need for greed or hunger
A brotherhood of man
Imagine all the people
Sharing all the world

You may say that I'm a dreamer
But I'm not the only one
I hope someday you'll join us
And the world will live as one

Base (pasta sablée de almendra con cacao)
Las cantidades entre corchetes, aproximadamente, son las que he empleado para un molde de 20x20. Las otras podrían usarse para uno de 23x23. En cualquier caso, la receta base es muy sencilla: una parte de azúcar, dos de mantequilla y tres de harina, del cual se puede sustituir un 20% por almendra molida.
  • 60 gr. de azúcar [50 gr.]
  • 120 gr. de mantequilla fría y cortada en trozos [100 gr.]
  • 145 gr. de harina [120 gr.]
  • 35 gr. de almendra molida [30 gr.]
  • 2 galletas Oreo trituradas, no excesivamente, para poder encontrar los trocitos (opcional).
  • Una cucharilla de cacao en polvo
(1) La receta “clásica” no lleva ni almendra ni cacao pero, para mi gusto, le da un toque excepcional y diferenciador. Tamizamos la harina con el azúcar y la almendra, le añadimos las galletas Oreo trituradas y una cucharilla de cacao en polvo. Mezclamos.

(2) Echamos la mantequilla bien fría y cortada en pequeños cubitos. Con ayuda de las yemas de los dedos (¡o unos cuchillos!) trabajamos en pequeñas porciones, desmenuzando la masa hasta que tenga la textura del pan rallado.
Amasamos rápidamente, formamos una bola y la envolvemos en film transparente. Llevamos al frigorífico por espacio de un mínimo de 30 minutos.

(3) Pasado el tiempo, precalentamos el horno a unos 180 º C. Engrasamos y enharinamos el molde, mejor cuadrado, de 20x20 ó 23x23, dependiendo de la cantidad de masa. Estiramos la masa entre dos bolsas de congelación y cubrimos la parte inferior del molde.


(4) Pinchamos la superficie con un tenedor para que no suba. Mejor es cocinarla durante unos 20 minutos cubierta de papel de hornear y con unos garbanzos para que ejerzan de presión, para después seguir horneándola hasta que esté hecha.
Se cocina durante unos 30-40 minutos, hasta que tenga un ligero todo dorado. Téngase en cuenta que la masa se endurece al enfriar.

Truco: si no tenéis tiempo ni ganas, una forma rápida y sencilla de hacer esta delicia es emplear una base de galleta (al estilo de las tartas de queso) de tipo sablée o shortbread (hoy mismo he visto unas Walkers de oferta en el Hipercor por 1,95 euros ;-), también unas bretonas), las de toda la vida. Unos 200 gr. de galleta triturada por 30 gr. de mantequilla derretida, se mezcla y se lleva al frigorífico por espacio de un mínimo de media hora.

Relleno de caramelo
Son las cantidades para un (mi) molde de 20x20; para un molde de 23x23 habría que multiplicar las cantidades por 1,33 (¡qué aproximación!, es la razón entre las áreas) para conseguir el mismo grosor.
  • 300 gr. de leche condensada
  • 23 ml de Golden Syrup, sirope de arce o miel con poco sabor (¡sólo uno de ellos!), en este orden, empleando el siguiente si no se puede conseguir el anterior. Por su contenido en jarabe de glucosa, su función es evitar la cristalización del azúcar y que se endurezca demasiado el relleno una vez frío. He usado sirope de arce que se puede conseguir en varios hipermercados (CI, Alcampo,…). También se puede usar una miel suave.
  • 100 gr. de mantequilla.
  • 100 gr. de azúcar.
(1) En teoría habría que derretir el azúcar con la mantequilla y el sirope, sin embargo, he derretido todo junto y no he tenido ningún inconveniente. Echamos todos los productos en un cazo y lo llevamos al fuego, removiendo constantemente hasta que se separe del fondo del cazo y tenga un ligero todo acaramelado. Durante unos 5 ó 10 minutos, no más, cuanto más tiempo de cocción más se oscurece y endurece.

Truco: si seguís sin tener tiempo o ganas, el relleno puede hacerse con dulce de leche, que hoy en día ya puede comprarse ya elaborado en muchos supermercados.

El relleno puede hacerse con la receta del brigadeiro.

Cobertura de chocolate
  • 180-200 gr. de chocolate de negro o de cobertura de chocolate negro. En algún lugar he leído que “el tradicional” se hace con chocolate con leche, por su bajo nivel de manteca de cacao añadiría un poco de mantequilla para facilitar que se derrita. Puede sustituirse la mitad del chocolate por chocolate blanco, todo ello según nos guste o inspiración personal.
  • Opcional: chocolate blanco para poder hacer decoración.

Derretimos el chocolate en el microondas o al baño María. Si se hace en el microondas los dejaremos unos segundos, removeremos con una espátula y lo volveremos a llevar al microondas hasta que se derrita con facilidad al removerlo con la espátula.

Para conseguir esa decoración que muestro he apartado un poco de chocolate negro y lo he derretido con chocolate blanco y un poco de mantequilla. Una vez derretido, he rellenado un manga pastelera (hecha con una… ¡bolsa de congelación!) y formado tiras paralelas, sin demasiada precisión, sobre la tarta. Todavía templado he usado un palillo que he pasado perpendicularmente a las tiras y en sentidos alternos… así queda.

Dejamos enfriar y a disfrutar.

Creo que es mejor, salvo en verano, que el chocolate se deje endurecer fuera del frigorífico. Dentro del frigorífico coge humedad y acaba por tener un aspecto poco agradable, no homogéneo y con unas ligeras manchas que pueden percibirse si uno les presta un poco de atención. Mejor dejadlo fuera del frigorífico.

Una vez endurecido podría introducirse en la nevera, aunque sigo sin ser partidario de ello. Para cortar las barritas calentaremos el cuchillo en un chorrito de agua caliente, el chocolate no se quebrará y será mas limpio…

Unas increíbles ¿galletas?, porque no sabría cómo llamarlas.

jueves 1 de noviembre de 2007

Conejo en salsa de perdiz

Conejo en salsa de perdizHabía una vez un niño…

Después dirán algun@s que no pongo platos salados… y al final todos nos perdemos por los dulces.

Este plato es de esos que tienen historia y que te marcan desde que eres pequeño. Es un plato que por el simple hecho de hablar de él ya me llena de recuerdos. Esos recuerdos son de infancia en colegio interno y de comida de domingos en casa de mis padres.

Codorniz en salsa de perdizLa receta es de mi tía Mercedes de Vigo (siempre la hemos llamado así, para diferenciarla de la tía Mercedes de Cabo de Cruz), una experta cocinera, acostumbrada a cocinar para las muchas visitas que se le presentaban. Famosos son su rollo de carne, su licor de café, cañitas, empanadillas,… una gran cocinera que nunca ha querido ocultar ningún secreto de su saber culinario.

El plato puede hacerse con mucho tipo de carnes: conejo, aves (codornices, perdices, pichones,…) o incluso pollo. De todas las modalidades creo que la sigo prefiriendo con conejo que, como sabéis, además es una carne bastante magra.

…que soñaba siempre

Este plato fue durante mi infancia “mi plato preferido”, sigue siendo uno de los que más me gustan, si bien mis gustos se han vuelto menos expeditivos y “disfrutan con todo tipo de comidas”. Por aquel entonces mi paladar ya era muy dulce pero también carnívoro, y eso que ahora casi ni pruebo la carne.

Es de los pocos platos de carne que me siguen cautivando, y cuyo aroma me trae recuerdos… Desde que no estoy tanto en casa de mis padres creo que ya no lo hacen con tanta frecuencia pero, de vez en cuando, cuando mi padre tiene la suerte (¿y los animales?) de traer alguna pieza de cacería no dudo que se siga preparando de este modo.

Fue por aquel entonces, tendría unos 9-13 años, cuando estuve estudiando fuera durante un período de tres años. En aquellos años las carreteras gallegas no eran ni la mitad de buenas que ahora, imaginad cómo estaban ;-), e ir a Boiro un domingo cada 15 días era una odisea que mi “mareadizo” organismo no era capaz de soportar… Pese a todo, al llegar a casa siempre me esperaba un buen conejo en salsa de perdiz, un verdadero manjar. En el colegio no tenía la oportunidad de disfrutar de comidas que lo pareciesen y las carnes eran un bien escaso.

El sufrimiento que implicaba tener que padecer esos viajes para estar una par de horitas en casa acabó por hacer que fuese mucho menos. Fue duro para un crío de aquella edad, pienso que también para mis padres, especialmente para mi madre. Por suerte estaba el “pequeño”, Martín.

Ya de vuelta, después de aquellos tres años, aunque pasaba las vacaciones en casa, todo había cambiado. Mis amigos habían “madurado” demasiado rápido y, en esa fase tan crítica, nuestras vidas habían seguido caminos muy diferentes. Me había vuelto más introvertido, si cabe, y ellos demasiado extrovertidos. Había muy pocas cosas que nos unían, sólo los recuerdos. Desde aquellos días no he vuelto a hablar con ellos, sólo saludos.

Los cambios habían sido tan grandes que fue en ese momento cuando tuve que volver a nacer a una nueva vida, empecé a ver las cosas desde otro prisma… el mundo no era tal y cómo me habían enseñado, era más hermoso y cruel. Había mucho por descubrir, amores y desamores, miradas, amistades,… que mi extrema timidez hizo que se viviesen sólo en mi imaginación… M me arrancó, ya en la madurez, de ese mundo de ensueño en el que los amores eran platónicos y todo el mundo era bueno…

Ingredientes
Mejor es preparar el adobo el día antes para que vaya cogiendo sabor durante toda la noche. Estará más jugoso. Esta semana lo he preparado por la mañana y no he notado la diferencia.
  • Conejo cortado en trozos medianos a grandes (ver foto)
  • Una hoja de laurel
  • 10-12 granos de pimienta negra, dependiendo de la cantidad de carne.
  • ½ cebolla grande o una pequeña.
  • 1 cabeza de dientes de ajo entera.
  • 1 sobre de azafrán (colorante alimentario “El Pote”).
  • Opcional: unas hebras de azafrán natural.
  • 2 vasos de aceite de oliva.
  • 1 vaso de vino blanco (mejor Albariño, no empleéis uno de mala calidad)
  • 1 vaso de vinagre. Mejor de Jerez. Si no os gusta demasiado el vinagre podéis echarle un poco menos.
  • Harina para dorar el conejo.
  • Sal
  • Cariño y tiempo.
(1) Preparamos una tartera en la que echamos la pimienta negra, la cabeza de ajo entera, a la que hemos retirado sólo la primera capa de piel externa, media cebolla grande o una pequeña cortada en dos o tres trozos y una hoja de laurel. Echamos el sobre de azafrán.

(2) Doramos el conejo. Ponemos una sartén al fuego con aceite de oliva. Si lo vamos a dejar en adobo no lo salaremos todavía, para evitar que se endurezca y seque, en caso contrario podemos echarle un poco de sal. Pasamos el conejo por harina, retirando el exceso, y lo doramos en la sartén hasta que tenga un tono.
A medida que lo vamos dorando lo echamos en la tartera con el resto de ingredientes. Procedemos hasta dorar todos los trozos.

(3) Escurrimos el aceite para retirar las impurezas y medimos 2 vasos. Necesitaremos más del empleado. Lo echamos en la tartera. Usando el mismo vaso medimos una parte de buen vino blanco y lo vertemos sobre el conejo. Por último, medimos una parte de vinagre (o menos, según gustos) y lo añadimos al resto de ingredientes. Le damos un “meneíto”, tapamos y dejamos reposar toda la noche.

(4) Al día siguiente lo salamos y cocinamos a fuego medio hasta que esté blandito. Al principio a fuego fuerte para que coja calor, después bajamos el fuego para que se haga lentamente. De vez en cuando removemos un poco la tartera para que se reparta la salsa.
Estará en aproximadamente una hora o más. A mí me gusta cuando está muy blandito, casi deshecho.
(5) Freímos unas patatas cortadas en cubitos y las echamos en la tartera sobre la salsa. Dejamos que se impregnen bien y servimos. Todo está buenísimo, las patatas incluidas.

Es increíble que se le pueda tener cariño a un plato.

Trenzas de chocolate y avellana

Muchas vidas…

¿Dónde están los huevos?

En el frigorífico. Lleno de huevos, algunos caseros y otros de granja, ávidos de formar parte de un flan u otro postre… ñan, ñan… Sólo me falta el tiempo para hacerlos y comerlos.

Unas sencillas trenzas que, por llevar, ni llevan huevo. Si queréis, podríais añadirle algo de huevo, 30 gr. aprox., reduciendo la cantidad de mantequilla (algo) y disminuyendo la cantidad de leche. Así ya están estupendísimas (menuda costumbre la poner el sufijo superlativo ;-), y eso que no me gusta hacerlo). Por tiempo, sólo necesita reposo, el suficiente como para que crezca y queden esponjosas (importante). El amasado es rápido y sin ninguna complicación.


La receta prácticamente no requiere ningún cambio. Es sabido que en la mayoría de las recetas de panes y bollos las cantidades de harina suelen ser “a ojo”, “la que admita”, se suele decir. Pero claro, uno nunca sabe si debe quedar muy suelta, suelta o tirando a densa… Ésta es la receta con las cantidades de leche y harina necesarias, ni una gota más. Si no tenemos azúcar vainillado podemos usar esencia de vainilla pero, como es líquida, cuidadito con la cantidad de leche. Debemos trabajar la masa lo suficiente como para que no se adhiera a las manos y quede lisa, unos 5 minutos. El buen resultado está asegurado.

El relleno es una opción, podrían usarse nueces, pasas o incluso algo salado: queso, chorizo o jamón.

Me muero por tus huesitos

¡No haré huesos de santo!, sí buñuelos ;-). Cuando uno hace huesos de santo tengo la impresión de que el esfuerzo no ha valido del todo la pena. ¡Son tan poca cosa! Resultan poco económicos, exceptuando que hagamos “trampas” haciendo el mazapán con un poco de “patata”; debemos esperar tiempos de reposo y secado; tener el máximo cuidado para que queden bonitos; preparar relleno; darle colores; y después de tanto tiempo... ¡has hecho sólo una decena! Mejor unos buñuelos, cumplo con la tradición, me gustan más y… ¡santas Pascuas!

…+2

Iba a hablar de lo “bueno” que había sido el día (hasta ahora), de mis planes para el día “libre” de mañana: paseos por los alrededores de Santiago mientras recogería castañas y, si el tiempo lo permitía, tal vez cine.

He cambiado de opinión de vuelta del trabajo. He pensado que sería una frivolidad por mi parte centrarme en mis “miserias” cuando hay otras personas que las padecen de manera justificada y en mucha mayor medida. Relativizar.

+2. No lo sabía, esa noticia me llenó de emoción, como haber descubierto una isla en un mar de lágrimas.

Hoy todas las televisiones (que todavía no he visto) con mayor o menor dosis de sensacionalismo, con mayor falsa sensibilidad política, harán uso de las desgracias de otros con distintos fines, básicamente económicos o políticos. Habrá quién diga que la sentencia les parece justa, quién dirá que injusta,… los únicos que conocerán la única medida de la justicia serán las conciencias de los implicados, aquellos que la posean, el resto meras especulaciones.

+2. No sé de justicia, ni juzgar puedo, ni debo, no me veo capaz de ello, pero hay un elemento que me ha emocionado: haber dictado condena por la muerte de las ilusiones y deseos futuros, condena por acabar con las esperanzas, sobre todo porque eran “proyectos de vida”. Proyectos en los que de modo voluntario (palabra clave) habían puesto su vida dos parejas. Porque habían matado sus ilusiones y sus deseos, habían cuartado su libertad de elección. Ante ello sólo cabe el silencio…

Ingredientes
  • 167 ml de leche entera (la cantidad exacta que he necesitado)
  • 8 gr. de levadura seca de panadería (algo más de un sobre) o 16 gr. de levadura fresca, aproximadamente.
  • 300 gr. de harina de panadería.
  • 1 cucharilla de sal, aprox.
  • 40-45 gr. de azúcar en polvo.
  • 10 gr. de azúcar vainillado
  • ½ cucharilla de canela en polvo (opcional).
  • 50 gr. de mantequilla reblandecida.
  • Huevo batido para pintar antes de hornear.
  • Un caramelo para pintar después de hornear (3 parte azúcar y 1 parte de agua)
Relleno
  • 50 gr. de mantequilla derretida.
  • 50 gr. de avellana molida
  • 20 gr. de azúcar en polvo.
  • Chocolate finamente troceado, el suficiente para cubrir toda la superficie
(1) Mezclamos la leche a temperatura ambiente o incluso ligeramente templada (poco) con la levadura. Removemos hasta que se haya disuelto y dejamos reposar unos 10 minutos.

(2) Mezclamos la harina con la sal, los azúcares y la canela. Añadimos la mezcla de la leche, amasamos algo y echamos la mantequilla reblandecida. Amasamos durante unos minutos hasta que no se pegue a las manos y forme una masa lisa y homogénea. Dejamos reposar la masa en lugar templado hasta que doble su volumen (una hora, aprox.), el tiempo dependerá de la temperatura ambiente. Si tenemos prisa podríamos prescindir de este primer reposo.

(3) Pasado ese tiempo dividimos la masa en dos partes iguales (podría hacerse en una única pero puede ser demasiado grande y difícil de estirar) y la estiramos en dos rectángulos relativamente finos.
Mezclamos todos los ingredientes del relleno menos el chocolate y los esparcimos por toda la superficie. Esparcimos el chocolate, presionando un poco para que se impregne de la mantequilla.

(4) Doblamos la masa sobre sí misma en tres, como si de una vuelta simple de hojaldre se tratara y dejando en relleno en el interior. Ahora sólo falta formar las tiras para las trenzas…
Cortamos en tres partes cada bloque, y éstos en tres tiras cada uno para formar las trenzas, mejor es no cortar del todo estas 3 tiras para que las trenzas no se deshagan. Formamos las trenzas con los grupos de 3 tiras, girando ligeramente los extremos para que queden en la parte inferior y le den volumen. Dejamos reposar en una bandeja con papel de hornear hasta que haya doblado de nuevo su volumen.

(5) Pasado el tiempo precalentamos el horno a unos 210-220º C, dependiendo del tamaño, pintamos con huevo batido (podemos espolvorear con azúcar) y las introducimos en el horno durante unos 10-15 minutos, dependiendo del tamaño de las trenzas.
Nada más salir, todavía calientes, pintamos con el jarabe para darle brillo y sabor. Tomamos calientes o templadas, a mi es cómo más me gustan, recién hechas.

Me encantan los bollos.