AnónimosActuaré de modo muy precipitado, no sé ni cuánto tiempo tengo antes del irnos, y menos antes de que alguien pueda enfadarse (quien sea). Lo siento de corazón, hubiese deseado que durante estas fechas todo hubiese sido de otro modo, empezando por responder a las muestras de afecto ¿y cariño? Todavía tengo tiempo para remediarlo, en teoría todavía estoy de vacaciones. En teoría.
También era mi intención agradecer de modo individual y personalizado a cada uno de los nombre que han puesto un comentario, por breve que hubiese sido. Hasta a aquel voluntario tiro en la cabeza. Pero de intenciones no se vive. Las intenciones son para los que hacen política y yo no la practico, no profesionalmente.No sé si tengo correos, tengo pánico a leerlos, tengo miedo que la lista sea larga y me sienta más culpable todavía, que esté vacía y me sienta olvidado.
Estos días he tenido que multiplicarme. ¡Quería haber hecho tantas cosas! Ha sido un monólogo de papeles amontonados y promesas incumplidas. Lo siento.No es exactamente un villancico, creo haberlos olvidado todos, hasta el “campana sobre campana”, ni mi canción preferida de The Pogues pero es de las mejores canciones navideñas que conozco y no caiga en los tópicos de siempre… Fairytale of New York (en directo). Estés dónde estés, ¡FELIZ NAVIDAD!.

Estos días, entre muchas otras cosas, he estado (y sigo) haciendo limpieza en el estudio y en “la habitación desastre después de la mudanza”. La tarea es más dura de lo que pudiera parecer. Con las grandes cajas no hay problema, aquellas que durante cierto tiempo ni se han echado en falta… ¡a la basura! El principal problema es esa lista interminable de pequeños papeles escritos a mano o impresos. Alguno podría ser importante, lo mejor es no arriesgarse y revisarlos uno a uno.
Los del estudio han ido creciendo poco a poco, acumulados entre notas de todo tipo, recetas escritas en post-it incluidas. Hoy, para mi sorpresa, he descubierto una carta manuscrita que no llegué a enviar pero que sí lo pretendía ¿falta de tiempo? Quizás, o tal vez una negligencia más por mi parte.
Cuando escribí esa carta todavía no existía este blog, pero pueden descubrirse muy solapadamente (o no tanto) los males que todavía me atormentan…
Como las palabras no son comprometedoras, sólo palabras repetitivas, me atrevo a volver a reeditarla, aún a costa de una acusación o un ataque a mi intimidad. Los destinatarios eran conocidos (y lo siguen siendo) pero está encabezada con un sencillo: “A todos”

Santiago, 11 de octubre de 2005
A todos,
Me apetecía. Esto no es una alarma ni nada que se le parezca. Creo que ya se me había olvidado qué es una carta (en papel). Lo necesitaba. Más que una carta es una nota breve y confusa, mi cesta de la compra del día. Ni tiempo se tiene para recordar. Hoy mi cabeza se lo ha permitido y eso sí que me gusta.
Hoy me he acordado de cuándo los jerséis y los pantalones “picaban”, porque sí que picaban, y necesitaba contárselo a alguien, aunque ya conociese la historia.
Me he acordado de cuándo la escuela se llamaba “grupo” (escolar); las lombrices se destruían a la luz de una vela, la misma que se empleaba para iluminarlos en los frecuentes apagones de invierno (dos cortes era el aviso para decirnos que tardarían en reponer la avería); las “calcamunías” chupaban la sangre y… se escribían cartas, aunque nunca llegasen a tiempo.
La ropa se lavaba en “a fonte de Bao”, se tendía en los caminos sin importar la distancia. La terraza se llamaba “asotea”, por eso del seseo, y decir “coño” (perdón) era pecado, por lo menos tres avemarías. Los tacos se llamaban “pecados” y los pecados eran…¡¡mortales!!
Uno nunca sabe a dónde va ni dónde se ha metido y, lo peor, cómo salir. Las palabras han cambiado mucho, unas se han comido a las otras. La “A”, de abrazos, se ha comido a la “B”, de besos; la “C”, de compra, se ha comido a la “CH” (¡que era una letra!), de charla; y la “D”, de dinero, se ha comido a la “F” de…
“Eran otros tiempos”. Cuando el tiempo no volaba y se quedaba con uno, los veranos eran eternos y los pantalones seguían picando, porque sí que picaban.
Me lo ha dicho Obaba: “Cualquier sitio es bueno para vivir si uno está a gusto”. Vosotros diréis.
Esta nota nunca ha sido escrita.
Me acuerdo mucho de vosotros. Os quiero.
Pepinho
(firma)
P.D.: ayer volví a escuchar a Franco Battiato y hoy he vuelto a escribir.
Resulta curioso, mi intención era haberla enviado. Sólo necesitaba el tiempo para: comprar un sobre, introducir en papel en él, pasar la lengua por el borde en forma triangular y acercarme a la oficina de correos, que en mi caso no queda demasiado lejos. Pero no lo hice. Me la guardé por el motivo que hubiese sido. Quizás la respuesta al motivo es el pequeño otro papel anexo al anterior con una brevísima redacción inconclusa, sólo iniciada:Santiago, 12 de octubre del 2005
Eso fue ayer,
Hoy ya todo ha cambiado. Ya sé que he perdido a un hermano (¿definitivamente?). No puedo permitir que te (nos/os) hagan sufrir así.
(….)

Atrapado en el coche. Hace más de media hora los impulsos eran más primitivos o, mejor, humanos. La autodestrucción es un acto humano, no hay otro ser suficientemente desesperado como para acometer tales locuras.
Olvídate de mí, para todo, para lo bueno y para lo malo, más común últimamente. Sólo tengo dos manos, no tengo más, ni más vidas, si las tuviese tampoco te llegarían. Los niños, cuanto más tienen, más quieren.
El arrepentimiento llega cada vez más tarde, ya cansado de “lo de siempre”. Sin, como me enseñaron en la infancia, “propósito de la enmienda”.
Me entra el sueño. Son las cuatro de la tarde, no he comido y sigo encerrado, solo, ahora con sueño. Suena el teléfono, ¿lo cogeré? No tengo otro remedio… Mañana volveremos a las andadas.

Biscotes de chocolate blanco y negro
- 125 gr. de harina.
- Dos pizcas generosas de levadura química.
- Un pizca de sal.
- 105 gr. de chocolate blanco.
- 15 gr. de mantequilla.
- 25 gr. de azúcar moreno o mascabado.
- Ralladura de limón.
- Un huevo grande (~60 gr.)
- 5 ml. de extracto de vainilla.
- 55 gr. de almendras enteras.
- 55 gr. de chocolate negro al 70% troceado.
- c. s. de chocolate negro al 70% para fundir.
En otro cuenco trabajamos el azúcar moreno con el limón, añadimos el huevo y la vainilla. Batimos bien. Añadimos la mezcla de la harina y, por último el chocolate fundido, poco a poco y removiendo mientras lo vertemos. Vertemos las almendras (podrían ser nueces) y el chocolate negro troceado.
(2) Sobre una bandeja cubierta de papel vegetal formamos un rollo con la masa, de modo que quede en diagonal sobre la misma. Introducimos en el horno precalentado y horneamos durante unos 20 min., hasta que tenga un tono ligeramente tostado.
Una vez horneado retiramos la bandeja del horno (¡venga ya!) y la dejamos enfriar totalmente antes de cortar, un mínimo de una media hora. Mejor durante más tiempo. Si los cortamos cuando el chocolate esté todavía caliente el corte no quedará demasiado limpio o se romperían.
Pasado el tiempo cortamos los biscotes del tamaño deseado, unos 2-3 cm. de espesor, los giramos y los depositamos sobre la misma bandeja.
(3) Precalentamos el horno a 160º C, aprox., y horneamos durante unos 20 minutos más, dependiendo de cuán crujientes nos gusten. Yo prefiero darle unos 15 minutos por cada lado con un reposo intermedio para que queden más crujientes, y más por ser de chocolate.
Los dejamos enfriar, los ponemos sobre una rejilla y los decoramos a nuestro gusto con chocolate negro fundido. Los guardamos en un recipiente hermético de galletas hasta el momento de consumir.
¡Fiesta!



















































