Pilatos y el encantador de perrosCuando era pequeño, cerca de la Iglesia Parroquial de Boiro, existía un bar, ahora absorbido por el progreso y la especulación inmobiliaria, al que llamaban “El cacahuete”. En él nunca faltaba la “tapa”, por ponerle algún nombre, de cacahuetes (“arcahueses”). El propietario, que ejercía de camarero, tabernero y todo lo que viniese al caso, esparcía sobre la mesa un puñado de cacahuetes sin pelar cuyas cáscaras y pieles desperdigarían los clientes en el suelo entre el serrín que el dueño depositaba en época de lluvia. Creo no haber ido nunca, era demasiado pequeño para frecuentar esos garitos, pero sí recuerdo cómo con sólo hablar de ello sentía el crujir de las cáscaras y la piel desplazándose por las yemas de mis dedos.
A Gerardo le encantaban los cacahuetes salados. Los compraba pelados dentro pequeñas bolsitas que se comían en un abrir y cerrar de ojos. Durante aquella época de amistad mi hermano se había unido a esa afición y, por extensión, yo mismo (…)
He unido estas dos recetas porque se tratan de los mismos ingredientes, usando crema de cacahuete o Nutella en cada caso. Aparte de las evidentes diferencias de sabor, la textura también sufre un gran cambio en cada caso: las galletas de crema de cacahuete, también llamada mantequilla de cacahuete, conservan más la forma y se resecan menos con el paso de los días; las de Nutella © tienden a perder más su forma, quedando más planas, pero con el paso de los días pierden mayor porcentaje de humedad, quedando a su vez más crujientes. Por ello, aunque todo depende de los gustos personales, éstas últimas no deben hornearse en exceso si se quieren conservar varios días en un recipiente cerrado. Recordad: siempre se endurecen al enfriar, por lo que diez minutos de horneado podrían incluso ser suficientes para galletas no demasiado grandes.No tengo ninguna preferencia en especial, tal vez, por particulares y su gusto contrastado, me quede con las de crema de cacahuete, que nada tiene que ver con el cacahuete clásico. Es un sabor más suave y nada excesivo, incluso para aquellos a los que no les guste el cacahuete. Hoy en día es relativamente fácil encontrar la mantequilla de cacahuete en los supermercados, dada la cantidad de demanda de este producto por gente de procedencia americana, especialmente de Norteamérica. En su favor, diré que la crema de cacahuete tiene una amplia gama de vitaminas y propiedades beneficiosas para la salud, por el contrario, es bastante calórica. No se puede tener todo.
Las he hecho muchas veces, incluso en unas cuyas fotografías que presento como de “crema de cacahuete, parte de la misma fue sustituida por Nutella, ese día se me había terminado la crema. Como casi con todas estas galletas, un reposo en el frigorífico hace que queden mucho mejor tras el horneado, potenciando el efecto de los gasificantes y/o levadura química.Era mi intención empezar narrando las experiencias personales y reflexiones tomadas durante los días del viaje. Sin embargo, debido a las contradicciones que estoy padeciendo durante esta semana me he visto empujado e desahogarme y liberarme de una soga que durante estos días me ha oprimido y parece llegar a su fin. Sin más, espero que este sea el principio de una etapa más organizada que se vería reflejada en el devenir del propio blog. Dios proveerá.

Ser padre es con mucha diferencia lo más difícil a lo que me he enfrentado hasta hoy, dificilísimo. Tomar decisiones dolorosas son muchas veces falsas justificaciones para anteponer nuestros intereses a los del niño. ¿Dónde acaba el nivel de permisividad y empieza el de exigencia? ¿Somos los padres más egoístas que los niños? ¿Pensamos en ellos o en nosotros mismos?María está convencida de aplicar “El Método”, yo no. Por no estar convencido, ni me gusta en absoluto el “sistema”. Aunque no dudo de su eficacia, sigo pensando que “el fin no justifica los medios”. No me gustaría que mi hijo padeciese los mismos “métodos” que yo sufrí, ni cometer los mismos errores, pero ¿dónde está el límite de lo razonable? Imposible determinarlo. La educación del miedo no funciona, a la vista está. Me ha llenado de inseguridades, complejos y miedos que todavía perduran en el tiempo. Quizás por eso me opongo a estos sistemas de “aprendizaje”, aunque sea sólo para dormir.
Resulta curioso ver cómo aquellos que como María han tenido una educación más “permisiva” son los más exigentes como padres/madres, queriendo conservar ese estatus de control y autoridad con sus propios hijos. Aquellas generaciones paralelas que hemos tenido que padecer una educación más represiva, nos vemos en la necesidad de entender a nuestros hijos desde el punto de vista del cariño por encima de todo, de superar la barrera que muchos denominarían “malcriar” y ser víctimas de nuestras propias debilidades.
En cuanto a la aplicabilidad del método, en ningún caso debo demostrar a M mi debilidad o mi nulo convencimiento. Lo único que conseguiría es desanimarla y, en ese caso, el fracaso estaría totalmente asegurado. Debo apoyarla aunque no crea en el medio (¿?). Por lo menos hay alguien que está convencida y eso es lo más importante.Empezamos a aplicarlo durante la hora de siesta. A mí me ha sido imposible aguantar un sólo minuto sus lloros, con sólo acercarme y verle su cara llorosa y sus lamentos, he tenido que cogerlo ante el gesto de desaprobación de María. Soy débil, así lo he demostrado como profesor y como padre, un fracaso permanente y una claudicación ante las todas las demandas. De ahora en adelante tendrá que hacerlo María sola, yo no puedo.
Como detractor de este tipo de métodos drásticos también pienso injustificados muchos ataques que desde el desconocimiento se están dando en determinados sectores. Sin apoyarlo, no creo que este famoso método sea (tan) cruel como algunos piensan. Deja claro, y así se lo he enfatizado a María, que el niño siempre debe ser consciente de la presencia de los padres y su apoyo durante esos momentos, sólo que también debe percibir que en esos instantes antes del sueño sus lamentos no conseguirán el efecto que causan en otras circunstancias, como sí sucede cuando quiere que lo cojan en brazos o solicita comida. Hasta hoy, muchas veces antes de dormir era imposible calmarlo con ningún tipo de método tradicional: mecerlo, cogerlo en brazos,…
Sea como sea, para mí no es.

Nos habíamos olvidado que el niño también sufre, es el que más sufre en esta situación, mucho más que nosotros. Teóricamente se supone que nosotros sabemos qué estamos haciendo y a dónde queremos llegar. Para él es una incomprensible película de terror que se escapa de la protección que sus padres parecían haber profesado hasta ahora.Durante esos momentos de soledad Teo sufre unas situaciones de estrés que hoy han salido a la luz con claridad después de más de seis meses compartiendo su vida. La sensación de culpabilidad es tan grande, sintiéndolo llorar temeroso y solitario con los ojos enrojecidos en su cunita, que me he sentido como EL PEOR PADRE DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD. ¿No estaremos pensando más en nosotros que en el bebé? ¿No será que buscamos una organización horaria para facilitar NUESTRA vida y no la suya? ¿Cómo ha solucionado la humanidad esta problemática durante estos miles de años? No tiene ninguna lógica que el camino para la felicidad sea el sufrimiento, ninguna, pero en algo habrá que creer.
Todavía son las 10 de la mañana y las dos sesiones que hemos tenido que practicar durante la noche han causado una marca de culpabilidad permanente en mí. Me pregunto si también estaremos creando en él un trauma que perdurará en su subconsciente durante el resto de su vida. ¿Es lo correcto?
A las 4 de la mañana yo no he tenido la fuerza suficiente para dejarlo solo en su cuna sin mecerlo como hacía antes, tocándolo hasta que se quedase dormido. El cobarde de Pepe se quedó en cama implorando que los lloros cesaran y ese calvario cediese para que mis lágrimas también lo hicieran. Es María la que se ha levantado con los intervalos establecidos por el método, uno, tres, cinco y siete minutos. Después de unos cuarenta minutos de quejas que parecían no parar, el sueño llegó como debía hacerlo desde el primer momento. Sólo en ese instante vi una pequeña luz de esperanza.
Los lloros de la mañana no he podido evitarlos, lo he cogido mientras María seguía en cama. He cedido y, aún así, seguía quejándose, como reprochándome el haberlo dejado abandonado en su lucha contra el sueño. Ahí, en ese momento, sabía que me había equivocado cediendo, que ese ínfimo logro del primer intento afrontado con decisión lo estaba tirando por los suelos. Volví a dejarlo en la cuna con la esperanza de que pudiese comprender qué estaba sucediendo. Uno, tres,… No pasaron veinte minutos para que se volviese a quedar dormido. No saldré a correr hasta que lo vea sonreír y me abandone esa sensación de culpabilidad que me está martirizando.
Se ha despertado cansado, con ojos de agotamiento, pero sonriente al vernos. Eso reconforta (algo). Todo empieza…Ya he vuelto de correr, María me ha dicho que no le ha costado nada que durmiese la siesta, sólo unos cuatro minutos de de quejas. ¡Por favor!, ¡qué esto se acabe! No podré soportarlo ni un día más. Sólo María está convencida del todo, si por mí fuera me levantaría todas las noches a acunarlo antes de verle caer una lágrima más.
Ha sido el primer día de verdadera siesta, sin paseos en carrito ni sueños suaves. Ha dormido dos horas de un tirón, ¿agotamiento?, ¿comodidad? Después de haberse despertado estaba reluciente, sonriente y risueño como siempre ha sido. Por primera vez desde que ha nacido ha conseguido pasear despierto… Queda lo peor, la larga noche. Que Dios nos coja confesados…
Se ha acostado casi dormido. Eso es jugar con ventaja, no sirve como elemento de prueba, lo realmente difícil es acostarlo en la cuna cuando todavía está despierto. Esta la vez que lo hemos acostado mucho más temprano y a una hora programada, en eso sí estoy totalmente de acuerdo con el método: en los horarios, en crear costumbres y hábitos que pueda asimilar de modo automático. Por lo demás, sigo siendo el más débil.

Ha dormido más de 8 horas seguidas (se ha despertado a las cinco y media de la mañana desde las nueve de la noche) sin un sólo lamento. Lo cogí para que le diese el pecho, le dio el pecho, lo acostó despierto (yo sería incapaz de aguantarlo) y no escuchamos ni un sólo lamento. Se volvió a quedar dormido hasta las 9:30 de la mañana.Seguimos con la “terapia peligrosa”, como prefiero llamarla. El momento crítico ha sido acostarlo a las 11 para que tomase la siesta de después del desayuno. Se me hacía impensable imaginar que pudiese tener sueño después de haber dormido tanto, sabía que no se quedaría dormido a la primera pero… ¿lloraría?
Incapaz de intentarlo, ha sido de nuevo María la encargada de hacerlo. Lo ha dejado en la cama, al principio se quejaba un poco y a los pocos minutos se ha puesto a llorar, no como lo hacía antes, como lamentos menos intensos pero constantes. Para mí es IMPOSIBLE SOPORTARLO, he decidido salir. En ese instante, pasados unos 10 minutos, cesó en sus lamentos y ¡se ha quedado dormido como de costumbre!, con los puños cerrados y los brazos levantados.
La próxima semana ya no estará María para hacerlo por las mañanas ni después de la comida. Rezo, y eso que soy agnóstico, para que antes del domingo se estabilice del todo la situación. Yo sería incapaz de ponerlo en práctica. Veremos qué pasa.
Al mediodía he ido a correr, María me ha dicho que se ha comido todo el puré que le había preparado, unos 250 gr. A las dos y diez de la tarde le ha tocado, y otra vez terapia, ha tardado en dormirse unos doce o trece minutos. Han pasado dos horas y sigue dormido, creo que nunca hasta ahora había tenido sueños tan prolongados ni organizados. Tal vez sea el principio de un orden que era necesario, tanto para él como para nosotros.
Ha dormido dos horas y cuarto, se ha levantado feliz y sonriente, algo desconcertado pero con buen ánimo. Queda la noche y así hasta que todo parezca ir bien. Parezca.
¡NO PUEDO MÁS! Por favor…Lo peor de todo es que… funciona, no ha dicho ni “mu” a la hora de la siesta. Jueves, 30: ha dormido toda la noche, no se ha quejado, sólo durante la siesta de esta mañana. Creo que María lo ha acostado demasiado temprano, pensaba en la hora que podría dormir antes de levantarse definitivamente…
Ingredientes- 245 gr. de harina normal.
- ½ cucharilla de té de sal (~4-5 gr.)
- ½ cucharilla de té bicarbonato sódico (~3 gr.) [*]
- ½ cucharilla de té levadura química (Royal) (~3 gr.) [*]
- 115 gr. de mantequilla reblandecida, retirada con antelación del frigorífico.
- 110 gr. de azúcar.
- 115 gr. de azúcar moreno.
- 130 gr. de mantequilla de cacahuete (crema de cacahuete) o Nutella para la segunda versión.
- 1 huevo grande (60 gr.)
- 6-8 gr. de extracto de vainilla.
- 65 gr. de chocolate negro (al 70%) troceado.
(1) Mezclamos la harina con la sal, el bicarbonato y la levadura química. Por otro lado montamos la mantequilla con los azúcares y la crema de cacahuete/Nutella con ayuda de una cucharada de madera, hasta que quede bien mezclada y blanda. Añadimos el huevo y el extracto de vainilla, mezclamos y, por último, añadimos la mezcla de harina. Mezclamos con una cuchara de madera y acabamos de hacerlo con las manos.
Formamos un cilindro del ancho que deseemos las galletas, lo envolvemos en película de cocina y lo introducimos en el frigorífico hasta que se endurezca. Yo las preparo por la noche y horneo al día siguiente.
(2) Precalentamos el horno a 180º C. Cubrimos una bandeja con papel vegetal para hornear, cortamos las galletas de cerca de un centímetro de ancho y las depositamos en la bandeja, suficientemente separadas unas de otras para que no se peguen. Más separadas si se trata de la versión de Nutella.
Cocinamos con el horno precalentado durante unos 9-18 minutos, dependiendo del tamaño. Justo hasta que veamos que empieza a tomar un ligero color y a perder humedad. Debe tenerse en cuenta que al enfriarse se endurecen y más después de varios días en un recipiente. Las de Nutella se endurecen más, por lo que deben quedar más cruditas. Como todo, para gustos.


































