martes 10 de noviembre de 2009

Bizcocho de calabaza y zanahoria

Bizcocho de calabaza y zanahoriaUn mundo ideal… con gotas de lluvia

En mis trece
… ¿ya es mañana? ¡Qué rápido pasa! “Ayer” decía que publicaría otra receta de calabaza (lo siento para aquellos a los que no le guste), sencillísima (lo que más pereza puede dar es preparar el puré de calabaza) y riquísima, por lo menos para mis gustos, que, como me gusta decir, “cada cual tiene los suyos”. Mirad, hasta estaba Teo conmigo mientras lo hacía.

Bizcocho de calabaza y zanahoria Estoy seguro, casi seguro (no se puede estar seguro de nada), que ya he hablado del tema de las cucharillas de té. Me gusta presentar las medidas por peso, incluso los huevos, pues la diferencia de usar dos huevos grandes a unos pequeños puede estar en unos 40 gr. (o más), y eso es mucho en repostería. Con las especias, sales, levaduras químicas,… hago una excepción. ¿Por qué?, porque en muchos casos estamos hablando de cantidades de 2-3 gr. y con la precisión de las balanzas de cocina (+- 1gr.) el margen de error es muy grande, próximo al 50%, que podría hacer que nos quedase un poco fuerte, salado o sin sustancia.
Como no todo el mundo puede tener una balanza de precisión, desde que he comprado las cucharillas medidoras (una cucharilla de té ~4,9 ml) las uso para intentar precisar algo más estas cantidades y no equivocarme la próxima vez que prepare un postre/plato. Las especias usadas en este bizcocho son la combinación que más me gusta combinar con la calabaza: canela, jengibre molido, una pizca de clavo y, si puede ser, un poco de pimienta de Jamaica. Por lo demás, cada cual puede escoger la mezcla que más le guste o traerse del extranjero las llamadas “especias de calabaza”.

¿Os gustan los bizcochos/pasteles de zanahoria? Pues a por ello, que con la calabaza todavía mejor (o casi). Por temas de tiempo no le he puesto ninguna cobertura, sólo algo de azúcar glasé. Si se tiene algo de tiempo puede ponerse una ligerísima capa de alguna de esas combinaciones que se emplean para las de zanahoria.

Bizcocho de calabaza y zanahoriaLa verdad sobre perros y hombres
Cuando te suceden estas pequeñas injusticias, porque si las ves desde fuera pueden parecerlo, te planteas grandes dudas sobre la verdadera condición del ser humano y la sociedad tan irreal en la que vivimos. Lo peor que le pueden pasar a las injusticias del día a día es que nos acostumbremos a ellas y las tildemos de simples “daños colaterales”.

Debajo de la realidad que se nos muestra en los medios está la verdadera realidad, la de millones de personas que no tienen medios para sobrevivir o están bajo el sometimiento absoluto de un estado opresor. Eso no implica que mi indignación sea injustificada, más bien la realza, pues ningún estado de los que se llaman “democráticos” está libre de basura, sólo que no la hacen pública.

Bizcocho de calabaza y zanahoriaNo hay día que no sienta vergüenza de ser hombre, consumidor y depredador. Me han dicho que no hay petróleo en Somalia, o si lo hay no hay posibilidad de echarle mano. También me han dicho que no hay mujeres en El Congo, o si las hay no valen nada. Me he enterado que no hay medicamentos, o si los hay son falsos y de multinacionales extranjeras que comercializan sin escrúpulos con la vida de millones de personas. Pero heme aquí, en mi burbuja de plástico, preocupándome por la memez de un estúpido agente de la inseguridad que ha hecho uso del abuso de poder bajo la ceguera de las autoridades que lo alientan.

Me pregunto qué podría esperarse de una democracia orgullosa de una falsa Transición, en la que los verdugos de la dictadura pasaron a formar parte del grueso político-democrático. Impensable, ¿qué pensaríais si Rudolf Hess hubiese formado parte activa de la política en la reconstrucción alemana? Sé que muchos de los que lean esto dirán que no son comparables, sí, los que no saben ni conocen el significado de la palabra “fusilar”. Se conjuga así: yo fusilo, tú fusilas, él fusila, nosotros fusilamos, vosotros fusiláis, ellos fusilan…
En España nunca se ha perdido del todo ese modo caciquesco de hacer política, incluso durante mucho tiempo se ha llegado a considerar algo relativamente “normal”. Mexan por nós e temos que dicir que chove.

Bizcocho de calabaza y zanahoriaRaindrops keep falling on my head
Quién diga que en Galicia “no hace tan mal tiempo” es que no ha vivido aquí o en su vida no ha salido de Galicia. Cierto es que cuando llueve durante dos días seguidos solemos decir: “¡menuda semana!” o cuando llevamos cuatro o cinco días soportando la lluvia nos apresuramos a comentar: “¡menudo mes!”. También sucede que cuando hace mal tiempo en “España” a nosotros nos toca el anticiclón en pleno golfo de Vizcacha, hecho que por desgracia eso sucede muy pocas veces.

Pero no, aquí cuando llueve no para o, si lo hace, es sólo para que vayamos a comprar el pan. Cuando era más chico me daba igual, hasta me gustaba. Iba al cine, me quedaba en casa leyendo, dibujando o viendo una película. Todo me hechizaba, mirar caer las gotas de lluvia por los cristales, caminar bajo la lluvia, pasear por la playa con temporal... Ahora mucho ha cambiado, el ratito que puedo salir a correr resulta insoportable, calado hasta lo huesecillos del oído y con las manos tan tiesas que soy incapaz de subirme la cremallera. Por suerte, el pantalón de deporte no tiene cremallera… Con Teo la lluvia es todavía peor, él quiere salir a que le dé el aire, la casa se le queda pequeña.

Bizcocho de calabaza y zanahoria(…)

Jueves, casi viernes. Rectifico, la lluvia en Santiago no está tan mal, hasta es hermosa. Hoy no he tenido más remido que salir a correr a las diez y media de la noche entre la lluvia, ahora orvallo. Al principio me pareció desagradable, pero en cuanto pasé por la zona vieja todo cambió. Nuestros antepasados eran lo suficientemente inteligentes y, sobre todo, poco avaros como para construir las casas con soportales, como Bolonia.

La lluvia era cada vez más menuda. El suelo de las calles, casi desiertas para ser jueves por la noche, reflejaba la luz de las farolas. Sólo en la Plaza de Platerías el equipo de rodaje de “The Way” iba y venía trayendo material al improvisado estudio de rodaje que habían montado en la Oficina del Peregrino. Al terminar, los taxis circulaban llevando a los miembros del rodaje.

Hace unos cinco años, no puedo precisarlo con exactitud (aunque tenga un recorte de periódico al que ahora mismo me da mucha pereza alcanzar), mientras paseaba solo por la Alameda una tarde de primavera, me encontré con Martin Sheen. No soy mitómano ni acostumbro a pedir autógrafos, pero estos encuentros casuales e inesperados me parecen emocionantes. Los de los aeropuertos son vergonzosamente distantes y pudorosos.
Lo abordé de inmediato, ésa es la palabra, “abordar”. Él miraba al cielo y al horizonte, recién había cruzado el paso de peatones que separa el casco antiguo del parque. Entonces sí que era mitómano “cinético”, en eterno movimiento del cine a casa. Martin Sheen, fue muy agradable y cordial aguantando a un pesado cómo yo. Empecé preguntándole por su origen gallego, que él reafirmó con cierto orgullo (mayor era el mío); después, como cualquier estúpido periodista de pocas luces, le comenté cuánto me gustaban “BadLands” o “Apocalypse Now”. Muy atento, se mostró receptivo y respondió a mis comentarios. Por entonces aún coleaba la guerra de Irak, me firmo un papel y al lado escribió: “Peace”, esto es, “Bush, deja de hacer guerras preventivas”.
En lo que a mí respecta, puedo asegurar que no fue un cumplido, “Malas tierras” y “Apocalypse Now” están entre mis películas preferidas. Curioseando en una mini biografía he podido leer esta frase suya: “I love being Spanish as much as I love being Irish, and I really love being Irish” (es hijo de padre de la zona de Santaigo y madre irlandesa). En su DNI todavía sigue figurando su nombre español: Ramón Estévez.

Otro encuentro de los llamados curiosos fue encontrarme con Santiago Segura en pleno Piccadilly Circus un fin de año. En otras circunstancias no lo hubiera parado, ésta, por curiosa, le hice una foto. Son muchos: un casi-accidente en una rotonda con/contra Luis Tosar, una grabación de un corto a 200 m. de mi casa con Óscar Jaenada, un James Brown en silla de ruedas, una Beyoncé (bajita, no me creo que mida 1,68) en Rockefeller Center…

Bizcocho de calabaza y zanahoria(…)

Ayer jueves fue otro de esos días de lluvia por todos lados, de la que moja y empapa por fuera y por dentro. El miércoles me había acostado tarde, no recuerdo la hora exacta, y me levanté en cuanto Teo empezó a hacer los primeros ruidos de atención. Eran las 6:40 de la madrugada. Jugué con él mientras esperaba a que llegase el tiempo de su desayuno. Antes, una ducha rápida mientras Teo jugaba por el suelo del baño con un tubo de pasta de dientes y un cepillo.

A las siete y media le di el biberón y se despidió de María mientras Myr entraba por la puerta. Salí a trabajar a las ocho y cinco. Como todos los jueves, volví a la una, le calenté la comida que había preparado la noche anterior y salimos de inmediato a comprar pescado para preparar la comida a María. Como los jueves trabaja por la tarde, llega antes que normalmente, a eso de las tres menos cuarto. Había acabado de hacer la comida justo cuando María entraba por la puerta. Salí a correr poco más de una hora, el tiempo que ella estuvo en casa. Cuando volví Teo dormía la siesta y ella salió al trabajo. Me duche de nuevo y salí con Teo a pasear bajo la lluvia, aprovechando para hacer la compra. Fuimos a dejar y recoger unas fotos, entramos en la tienda de gominolas a comprar bolas de chicle y, como llovía, decidimos (decidí) entrar en algún local a pasar el rato mientras esperábamos. A las ocho de la tarde volvimos a casa, jugamos un ratito y le preparé el baño. Entonces llegó María para darle unos besos e irse a clases de aerobic. Lo bañé, le di la cena y lo acosté casi dormido. “Que descanses, dulces sueños”.

Cansado. Tenía que preparar las lentejas que me había pedido María (y le encantan) para el viernes. Cuando acabé sonó la llave de la puerta. Era M que volvía de clases. Yo también necesitaba algún tipo de vía de escape de la rutina, me apunté a clases de gaita, pero, como el primer día me adelantaron una hora el horario, ya no pude volver más. Tampoco importa tanto, hubiese preferido unas clases de piano... Cansado, salí a correr un poco entre el orvallo, eran las 10:30 de la noche. En las piedras mojadas se reflejaba la luz de las farolas. Volví a casa, me duché (otra vez), preparé unos apuntes y ejercicios y me acosté a las dos de la madrugada. Hoy toca más…

Bizcocho de calabaza y zanahoria(…)

El domingo, hace más de una semana, salí a correr bajo la lluvia, como no. Me calé hasta los huesos, encerrado en el barro de una carretera cortada por las obras de un nuevo polígono. Malditos polígonos, sean regulares o irregulares. Como todos los domingos, de vuelta paré a comprar el pan en el OpenC, una baguete y una chapata. La barra que lleva aceitunas ya nos ha aburrido. Los dependientes que no me conocían me miraban un poco extrañados, viendo a un hombre empapado y algo embarrado entrando con prisas en el local. ¿Es que no hay vergüenza ni decoro hoy en día? ;-)

Por arte de magia, cuando iba a pagar ya estaba lo suficientemente seco como para acudir al rincón de los libros antes de ponerme a la cola. Sólo echarle un vistazo sin intención de comprar, un guarrón, eso, o cómo se llame al que se pone a leer libros y prensa sin comprar absolutamente nada. Yo no soy tan descarado, la prensa ni la toco. Ojeando un libro de cocina me sorprendió ver en el interior dos recetas que tenían una similitud exagerada con dos recetas que he publicado en el blog. Pensar que uno de los panaderos más prestigiosos del país y parte del extranjero había tenido una idea igual a la mía me causaba cierto orgullo pero, a la vez, cierto reparo por lo que podrían llegar a pensar. Por suerte, el libro había sido publicado en octubre y mi receta lo fue en septiembre. La única diferencia eran unos piñones que había puesto para decorar las espirales. Cuando por la tarde se lo enseñé a María se quedó muy sorprendida con los parecidos de las recetas. Coincidencias que demuestran que en cocina está casi todo hecho, publicado o no.

(…)

Este sábado seguía lloviendo. No es que me guste demasiado, pero pensamos que lo mejor (y lo único) que podíamos hacer para no mojarnos era ir a Área Central. Dimos unas vueltas y, como si siguiese con mi costumbre de ir un par de veces por semana al cine, le eché un vistazo a la cartelera. Me resultó curioso ver en la cartelera una bio-ficción de la celebérrima cocinera Julia Child con la cara de Meryl Streep. Habrá que verla antes de que salga en DVD… ¿será posible?

Bizcocho de calabaza y zanahoriaBizcocho de calabaza y zanahoria
  • 135 gr de harina de repostería.
  • 1 cucharilla de té de levadura química (Royal=impulsor)
  • ½ de cucharilla de té de bicarbonato sódico.
  • 2 pizcas de sal.
  • ½ de cucharilla de té de canela molida.
  • ¼ de cucharilla de té de jengibre en polvo.
  • 2 pizcas de clavo molido.
  • 1/8 de cucharilla de té de pimienta de Jamaica (opcional)
  • 105 gr. de azúcar.
  • 55 gr. de azúcar moreno.
  • 40 gr. de mantequilla a temperatura ambiente.
  • 2 huevos no grandes (100 gr.)
  • 215 gr. de puré de calabaza.
  • 110 gr. de zanahoria rallada.
(1) Precalentamos el horno a 175º C y cubrimos un molde de 20x20 cm2 con papel de hornear para que no se pegue el bizcocho. Mezclamos la harina, la levadura, el gasificante (bicarbonato), la sal y las especias. Reservamos la mezcla.
En una olla o cuenco grande y con una cuchara de madera, batimos los azúcares con la mantequilla a temperatura ambiente hasta que quede totalmente incorporada, espumosa y sin grumos. Añadimos los huevos, batimos, y el puré junto con la zanahoria rallada. Batimos bien, hasta formar una masa aireada y sin grumos. Por último, añadimos la mezcla de harina, mezclando bien.

(2) Rellenamos el molde con la masa e introducimos el horno a 175º C durante unos 24-32 minutos, hasta que al pinchar con un palillo en el centro del bizcocho salga limpio. Dejamos enfriar antes de cortar. Podemos espolvorearla con un poco de azúcar glacé.
Aguanta muy bien varios días. A mí me gusta reservarlos en el frigorífico.

sábado 31 de octubre de 2009

Pastel de calabaza y naranja

Pastel de calabaza y naranjaSam Lawry

... en Todos los Santos
Samhain. “En estas fechas tan señaladas…” toca calabaza.
Estamos en época de calabaza, en la que nos dan calabazas por todos lados. Yo toda mi vida he estado en época de calabazas, aunque para que te den calabazas tendría que haber hecho, por lo menos, alguna insinuación y yo pocas o ninguna he hecho.

Pastel de calabaza y naranjaEstoy usando mucha calabaza últimamente, básicamente para los purés de Teo y para los postres. Mañana mismo (“mañana” es indeterminado) pondré otra receta diferente que (también) me ha encantado. Ésta es más un pastel de calabaza al estilo tradicional con algunos cambios: un poco de queso, leche evaporada+azúcar y aroma de naranja. Estoy seguro que gustará mucho a aquell@s a los que les guste el pastel tradicional que ya he publicado en el blog. Si no tenemos concentrado de naranja podemos sustituirlo por leche evaporada y añadir un poco de ralladura. Con el queso pasa más de lo mismo, puede usarse sólo el puré de calabaza si se desea, sustituyéndolo por puré. Aún así, el queso le da un cuerpo y textura que no tendría si sólo llevase calabaza.

En cuanto a la preparación del puré de calabaza, lo sigo prefiriendo hacer en el horno, pues desprende el exceso de agua con mayor facilidad que si se hace al vapor. Siempre lo aprieto con las manos o una cuchara y dejo escurrir en un colador toda la noche para que suelte el agua.

Pastel de calabaza y naranjaCuando el pastel se hornea durante más de 40 minutos no acostumbro a hacer un prehorneado de la base masa quebrada o dulce, simplemente aumento la temperatura del horno durante los primeros diez minutos para que se haga. Mediante esta técnica evitamos el trabajo añadido de precocer la masa antes de rellenarla. Esta vez, como la tarta debe cocerse a temperatura medio-baja para que se mantenga lisa y se haga por igual, he cocinado con antelación la base durante unos 15 minutos, así evitamos que la tarta pueda quebrarse con el cambio de temperatura. Todo es cuestión de gustos. Como estaba a otras cosas (T) me he despistado con el tiempo que he precocinado la base y me he pasado un poco.
Rica.

Pastel de calabaza y naranja
Brazil!
Sólo soñar despierto me aleja de esta asquerosa realidad, de la opresión de la burocracia del estado, de los recursos y denuncias, de la incompetencia, del estado policial en el que vivimos bajo la supuesta bandera de la democracia y la libertad de expresión, que no de pensamiento. Podemos expresarnos con libertad pero no podemos ejercer nuestros derechos con fluidez y coherencia. Nos ahogan entre papeles y recursos. Es inocente el que tiene un buen abogado, la verdad poco importa. Se ejerce el corporativismo, la falacia y el perjurio sin conciencia. Los cuerpos del estado no sirven al estado, se sirven de él y se aprovechan de los mal llamados “vacíos legales” y las resoluciones eternas. Ante sus mentiras poco podemos hacer, su palabra “vale por dos”, es lo que llaman: “presunción de veracidad”, que se devora a la de “presunción de inocencia” (Art. 24 de la Constitución Española). “Todos somos iguales, pero hay unos más iguales que otros..” (G. O.)


Pastel de calabaza y naranja
Es la lucha por la supervivencia la que hace milagros. Por qué vivir, luchar… por DIGNIDAD, para que la sangre de tu sangre pueda creer en la JUSTICIA, exista o no. Para poder CREER.

Sólo hay algo que asusta a la burocracia del Ministerio de Información (MI): la publicidad, el miedo al cuarto poder. Publiquen una noticia y sus quejas serán escuchadas, por lo demás todo es pura IMPOTENCIA.
El Ministerio de Información me ha informado que el país es democrático y nada corrupto, que no hay malversación de fondos ni apropiaciones indebidas. El abuso de autoridad no existe, es lo que llaman: “poner la cosas en su sitio”.

Ante tal deshumanización, la letra pequeña frente al sentido común, hay que estar un poco loco para poder sobrevivir cuerdo. El refugio de los cuerdos es el soñar, en Brasil, en algo a lo que agarrarse. A los estados les asusta Internet porque no tienen control sobre él, las opiniones fluyen sin control ni censura (por el momento) y hasta ahora siempre habían sido ellos los encargados de crear opinión con el control que ejercían sobre los medios de comunicación. Ahora somos nosotros los que publicamos las noticias y las generamos. Eso debe escocer…

Pastel de calabaza y naranja¿Quién vigila al vigilante? ¿Somos iguales? ¡A la mierda!
Ayer (lunes) fue uno de esos días (otro más) para olvidar. Verme sometido por la mentira, falsedad, incompetencia, INDEFENSIÓN y abuso de la autoridad, está dentro del control y sometimiento que el estado ejerce sobre nosotros. IMPOTENCIA.

Me dirigía al trabajo en coche como cualquier lunes. Subiendo por una vía de dos carriles en el sentido de mi marcha adelanté a un camión a unos 100 Km/h, instintivamente había mirado el cuentaquilómetros ante una visión lejana que se aproximaba. Todo normal, volví al carril derecho y seguí la marcha. Mientras lo hacía pude ver a lo lejos, en sentido contrario de la marcha, a una patrulla de Guardia de Tráfico. Todo (a)normal, nos cruzamos y seguí la marcha. Yo circulaba por el carril de la derecha y estaba separado de ellos por uno central. Un encuentro fugaz, una percepción equivalente a ver desde el arcén cómo un coche circula a casi 200 Km/h (100+100) por el carril opuesto.

Pastel de calabaza y naranjaUnos cuatro kilómetros después (4-5 minutos) llamé a María para que recordase a Myr qué comida tenía que darle a Teo y dónde estaba. Se me había olvidado indicárselo. En realidad, la llamé y me devolvió ella la llamada. Mientras todavía hablaba con María, ya casi entrando en la localidad en la que trabajo (exactamente 5 kilómetros después) veo por el retrovisor a una patrulla de Tráfico con las luces encendidas. Al llegar a la rotonda me indica que me aparte a la derecha y estacione, cuelgo el manos libres y le digo a María. “Tengo que colgar, no sé qué quiere la policía”.

Pastel de calabaza y naranjaSe me acerca un agente de Tráfico con gafas de sol y me dice: “deme su permiso de conducir”. Me bajo del coche, abro la puerta corredera, busco el bolso, levanto el primer cierre, la cremallera y se lo doy. Hace un tiempo que lo llevo en la bolsa de mano por si tengo que usar el coche de María. Nada más dárselo me insinúa: “No nos ha visto, ¿verdad?”. “Sí, nos hemos cruzado en la vía de doble carril”, dije. “Lo voy a denunciar por hablar con el móvil”. ALUCINÉ. Tengo manos libres y la única forma de llamar con el vehículo en marcha es a través de él.

- “¡Pero si tengo manos libres!, ¡pero si el móvil está en la bolsa de mano, en el asiento trasero!”. Impotente y abochornado.
- “No me tome el pelo, hablaba por el móvil cuando nos cruzamos. ¿Cree usted que íbamos a dar la vuelta por nada?”.
- “Me habría estado mesando los cabellos, o posando las gafas (sucias) porque me molestaban los reflejos del sol, rascándome la oreja o, lo más probable, apoyado en el apoyabrazos”.
- “Yo sé lo que he visto”.

Impotente, me dirigí al otro agente para preguntarle y que pudiese corroborar la VERDAD. “¿y usted? ¿Qué ha visto?”.
- “Yo no he visto nada, iba atento a la conducción”. Este agente permanecía sin casi pestañear, mirando al frente, sentado en el asiento del coche y como intentando no intervenir para no boicotear falsa percepción de su compañero. Prefiero pensar que había sido una “mala percepción”, una mentira sería un delito propio de tiempos (no tan pasados) que prefiero olvidar.
- “Mañana ustedes dicen que no llevaba el cinturón de seguridad y ¿cómo podría defenderme? Y si se les da por decir que llevo drogas…” Im-po-ten-te.

Ante tal bochorno busqué el móvil dentro del bolso lleno de cables, una caja de dvd, la cartera o mis (mini)libretas de anotaciones con recetas… les enseñé el móvil para que consultasen las llamadas. No quisieron mirarlas. Les dije: “Inspeccionen el coche, revisen las llamadas del móvil, hagan las comprobaciones oportunas”. Yo ya lloraba de impotencia, incapaz de soportar la actitud PREPOTENTE y CHULESCA del agente, cada vez menos receptivo a medida que le iba dando razones de peso y mi indignación iba en aumento. Incapaz de dar luz a lo obvio. Piensa el ladrón que todos somos de su condición o, mejor, cuando se trata a diario con infractores mentirosos se generaliza olvidándose de uno de los derechos establecidos en la Constitución Española: la presunción de inocencia.

- “Yo sé lo qué é visto, me llega con eso. ¿Me está llamando estúpido? No me da la gana de inspeccionar el vehículo ni me hace falta.”. Me dijo el agente, creo que ya desconfiando de su vista o no queriendo conseguir pruebas que lo inculpasen, perdón, no me inculpasen.
- “Eso lo está diciendo usted. Díganme mis derechos. ¡Qué puedo hacer!”. Ya no podía más, la impotencia me hacía caer las lágrimas.
Me entregó la denuncia, la guardé junto con el permiso de conducción dentro de la bolsa de mano y la dejé dónde estaba, un lugar inaccesible desde el asiento delantero del conductor. Encendí el coche y me dirigía al trabajo. En ese intervalo de tiempo volví a hablar con María, otra vez, a través del manos libres. Lloraba sin consuelo, mientras conducía con normalidad. Colgué el teléfono, aparqué el coche en la puerta del trabajo e intenté secar las lágrimas para que no se me notase demasiado.

No sirvió de nada que llevase manos libres totalmente operativo, en móvil en el bolso, que les solicitase investigasen mis llamadas, nada. ¿Qué presunto infractor seguiría hablando con el teléfono móvil después de ver una patrulla en la distancia? ¿Cómo podría haber estado hablando con María justo antes de la denuncia? ¿Y después? ¿Y mi indignación?
Ante las evidencias no vale nada, ni registro de llamadas, ni testigo (se trata de mi mujer),… Como les dije a los agentes, es un episodio propio de un ESTADO POLICIAL en dónde las fuerzas de seguridad tienen PODER ABSOLUTO para cumplir sus CAPRICHOS.

Después todavía falta la guinda del pastel. Todas las fuentes me adelantan que los recursos serán probablemente serán desestimados, que el agente no se retractará, que podría llegar a mentir si fuese necesario,… Pero no, soy débil y excesivamente sensible, que ese día salió a la luz con mayor facilidad por el cansancio. Pero pocos hechos me causan mayor INDIGNACIÓN que la INDEFENSIÓN y la OPRESIÓN. Lucharé mientras pueda, aún perdiendo dinero, porque lo más sencillo sería aceptar la multa pagando con la reducción, pero sería aceptar una culpabilidad que no tengo. Sería darle la razón al SISTEMA INJUSTO y corrupto. Llegaré hasta dónde pueda, porque el agente se base en una percepción, “le pareció haberme visto”, yo me baso en la CERTEZA y la VERDAD que no contradice a la suya, porque no es lo mismo “creer” o “parecer” que “SER”.

La Constitución dice que todos somos iguales, pero “hay unos más iguales que otros”.

Pastel de calabaza y naranjaIngredientes

Base de masa quebrada (o masa dulce)
  • 250 gr. de harina.
  • 150 gr. de mantequilla (del frigorífico).
  • 100 gr. de azúcar.
  • 1 huevo no grande
  • ½ vaina de vainilla o vainilla en polvo (opcional)

Relleno
  • 2 huevos medio-grandes.
  • 300 gr. de puré de calabaza.
  • 110 gr. de queso crema (puede sustituirse por puré de calabaza)
  • 130 gr. de azúcar.
  • 30 gr. de azúcar moreno.
  • 1 cucharilla de té de canela molida.
  • ½ cucharilla de té de sal.
  • ½ cucharilla de té de jengibre molido.
  • Una pizca de clavo molido.
  • Dos pizcas de pimienta de Jamaica (opcional).
  • 290 gr. de leche evaporada (o nata líquida).
  • 65 gr. de concentrado de naranja (si no se tiene sustitúyase por leche evaporada y un poco de ralladura de naranja)
(1) Preparamos la masa quebrada como normalmente. Mezclamos la harina con la mantequilla, el azúcar y la vainilla, trabajándola un poco hasta que tenga apariencia de pan rallado. Añadimos el huevo y mezclamos lo justo hasta formar una masa compacta. Envolvemos en película plástica de cocina e introducimos en el frigorífico hasta que se endurezca y sea fácil de trabajar.
Engrasamos y enharinamos un molde de 23 cm. (¿?) de diámetro. Retiramos la masa del frigorífico y la extendemos en medio de una bolsa de congelación abierta o algún tipo de papel antiadherente para que no se pegue al rodillo. No debe quedar demasiado gruesa para que se hornee con facilidad. La volvemos a introducir en el frigorífico para que gane consistencia mientras preparamos el relleno.

Nota: cuando una tarta va bastante tiempo al horno, como ésta, no es necesario hacer un prehorneado de la masa. Esta vez lo he hecho pero se me tostó un poco por los bordes. Si decidimos hacer un prehorneado lo haremos depositando papel vegetal y unos garbanzos a para que ejerzan presión sobre la tarta, y horneándola a unos 190º C durante unos 15 minutos, retirando en relleno de garbanzos durante los 5 últimos. Dejamos enfriar.
Como he dicho, el prehorneado no es necesario y llega con dejar la tarta a fuego más fuerte durante los primeros 10-15 minutos de horno.


(2) Relleno. Batimos los huevos con el puré y el queso. Por otro lado mezclamos los azúcares, las especias y la sal y se lo añadimos a la mezcla de huevo. Añadimos esta mezcla sobre la mezcla de huevos. Vertemos la leche evaporada (o nata si no tenemos), mezclamos bien y cubrimos la base, prehorneado o no.
Si hemos realizado un prehorneado de la base: introducimos la tarta en el horno precalentado a 165º C y dejamos cocer durante unos 40-45 min, aprox., hasta que haya cuajado. Al final del horneado podríamos comprobar el punto de cocción pinchando con un palillo.
Si no hemos realizado el prehorneado la introducimos en el horno precalentado a 200º C y pasados 10-15 minutos bajamos la temperatura hasta los 165º C. Retiramos la tarta pasados unos 40-50 minutos, aprox., dependiendo del tamaño.
Dejamos enfriar totalmente antes de introducir en el frigorífico. Yo la prefiero fría, incluso está mucho mejor pasados unos días (gana sabor).

miércoles 21 de octubre de 2009

Barritas de galleta de chocolate y crujiente de praliné

Barritas de galleta de chocolate y crujiente de pralinéNoches blancas y descalzos por el parque

Lost!
Acostumbro a empezar hablando de la receta. Bien, pues esta vez lo seguiré haciendo, como no. Hoy la luz del día ha conseguido mejorar ligeramente mi ánimo. Si pudiese, viviría las noches blancas y el sol de medianoche eternamente. En enero estaría en la Patagonia o en La Antártida y en julio en Alaska, parloteando con algún doctor y viendo a los renos cruzar las pocas vías.

El postre, ¿a alguien le importa? Para los interesados, yo entre ellos, allá voy. Son unas barritas (te has lucido, Pepinho), unas barritas (¡sigue así!, acabarás aburriendo al personal) de base de galleta de chocolate con una capa praliné crujiente con chocolate y cereales de arroz inflado (¡venga Perogrullo!, que lo estás bordando). Si las dos capas de modo independiente ya están para comérselas (¡sólo faltaría!), combinadas conforman una galleta de verdadero lujo [nota del autor: espero que la voz en off se calle de una puñetera vez].

Las he preparado para un molde de 20x20 cm2, aproximadamente. Para ese tamaño la cantidad de galleta necesaria es la equivalente a medio huevo (unos 25-30 gr.). Como eso de “partir los huevos” no me gusta nada, he hecho el doble (una unidad) y horneado la base con toda la galleta (cuestión de tiempo), aún a costa de que me quedase más gruesa. Recomendaría que se preparase toda la masa y se usase sólo la mitad como base para que no quede demasiado gruesa. Con la sobrante podremos preparar unas ricas galletas de chocolate.

El crujiente de praliné lo he hecho de arroz inflado, pues no se reblandece en absoluto al añadirle el praliné con el chocolate templado. Además, le da más cuerpo y textura de galleta. El uso de barquillos no siempre garantiza un crujir adecuado. La cantidad de arroz inflado es aproximada, no todas las marcas de cereales de arroz tienen la misma densidad ni tamaño.
Sin más, sólo decir que son unas galletas realmente sorprendentes de tendencias navideñas, o eso me ha parecido.

Barritas de galleta de chocolate y crujiente de pralinéPerdido
Me robaron el coche, lo busque y lo encontré en eBay. Pujé, pero sólo pude pagar el precio de tasación, perdí la puja y el coche. Me robaron la consola, la busqué en eBay y la encontré. La vendían a mitad de precio y me compré otra. Me desapareció la alegría, la busqué en eBay y la encontré. Una entrada de cine y unas maracas. Me desapareció mi mujer, la busqué en eBay y no la encontré, se había ido con otro que encontró en eBay. Fue venta directa, sin pujas. El pago contra reembolso, todavía tengo en mis manos la factura. No estoy dispuesto a pagar los vicios de nadie.

Perdí las llaves de casa, las busqué y no las encontré por ningún lado. Le pregunté a mi mujer, pero ya se había ido con el chico, 10 años más joven que ella, que consiguió en eBay. Miré debajo del felpudo, pero se lo había llevado mi mujer. Miré en todos los cajones y, ¡los cojones!, no estaba. La única copia se la había llevado mi mujer, mi ex-mujer. Estaba perdido. Busqué debajo de la alfombra, sucia, dentro del armario, en el bolso... nada. Me llevé la mano al bolsillo, allí estaban. Llamé al cerrajero para que cambiase la cerradura, no quería que mi mujer volviese a entrar, y menos con un paquete enviado desde Cuba.

Perdí la ilusión. La perdí en un bar de copas. No es que me guste frecuentarlos, me van más los locales sofisticados, menos iluminados y de luces rojas. Allí la conversación es más directa. La perdí por la mirada de una joven que no era para mí, ni la mirada ni la joven ¿o era EL joven? Vaya usted a saber. La perdí cuando me encontré solo, a-poyado en la barra y con una jarra de vino del país. ¿De qué país? No me lo pregunten, sólo recuerdo la primera copa.

Encontré a mi mujer, mi ex mujer, lo hice en eBay. Un cubano la había puesto en venta: “a estrenar”, “semi-nueva”. De regalo un juego de cuchillos. Pujé y perdí. Qué más daba, lo que me interesaba eran los cuchillos, de esos grandes de carnicero.

Perdí el tiempo. Lo perdí escribiendo estupideces. Busqué en eBay y lo encontré. Pujé y perdí de nuevo.

Barritas de galleta de chocolate y crujiente de pralinéMartes, casi lunes
Menudo día. ¡Tenía que ser martes y trece!, ¡si ya lo decía yo! Me lo ha tenido que recordar un alumno, como si no tuviese suficiente con la nochecita que nos han dado los dientes de la leche.
Menuda nochecita, Teo se ha despertado sólo dos horas después de haberme acostado, después de haber estado preparando apuntes para los alumnos. Y así hasta la hora de levantarme.
Debo de ser el tonto de la familia, el que se levanta por las noches, la estrella amiga de Bob Esponja. Ya me pasó ayer y me ha vuelto a pasar hoy. Lo peor es cuando sientes que te ha tocado sólo el trabajo sucio, preparar las papillas, levantarme por la noche,... Dejémoslo, que no estoy en condiciones de permanecer despierto ni de controlar mis instintos.

(..)

Es lunes. La corta semana pasada ha sido muy dura. Por las noches no he dormido y por el día no he podido dormir. María ha tenido reunión todas las tardes menos la del viernes, yo he tenido el jueves. Las tardes en compañía de Teo son lo mejor del día. Otra cosa es cuando “tengo que” o “tenemos que...”, esto es, ir de compras. A Teo le gustan los supermercados pero muy poco las tiendas de ropa, en eso coincidimos. También en nuestra afición por los juguetes y manosear objetos. Ya tengo excusa para comprar los juegos que me apetezcan. “¡Pero si pone a partir de 10 años!”. “Todo llegará, María, todo llegará”.

El día de hoy ha amanecido mucho más triste, no como la semana pasada, llena de sol. El martes fuimos Teo y yo de paseo por la zona vieja, a excitarnos mirando y persiguiendo palomas. Demasiada excitación (para él) y demasiada tortícolis (para mí).

Atardecer desde la Alameda:
Puesta de sol desde la Alameda, SantiagoEl miércoles cambié, acertadamente, la ruta por la Alameda (¿hay alguien que le llame “Paseo de la Herradura”?). Por la tarde nos tumbamos sin rubor en el césped, él y yo. En esta época del año la inclinación solar da lugar a una dispersión que enrojece los rayos, mostrando unas postales que me han hecho olvidar los malos ratos pasados durante la noche.
Sobre la hierba puede pasar casi una hora sin reclamar tu presencia, sólo de vez en cuando te echa una mirada con sonrisa incluida para cerciorarse de que sigues ahí. La tranquilidad de tirarte en la hierba sin sentirte un bicho raro ni preocuparte por manchar la “ropa de los domingos”.



(…)

Martes. Ya llueve. Orvalla, “chove miudiño, miudillo”. Echo de menos los rayos de sol y los paseos por la Alameda. ¿A dónde salir a pasear? ¿A un centro comercial? Ni por asomo, antes mojarme.



Teo ya gatea desde hace un par de semanas. Antes lo hacía a revolcones, apoyándose en la cabeza o empujándose únicamente con las piernas. Se levanta el solo y se apoya en la mesa de centro o el sofá. Quiere marcha.

Señor, ¿qué quieres que haga?
De lo más difícil de tener hijo/s es no ser lo suficientemente generos@ como para darle más de lo que no te cuesta dar. Es difícil ser buen/a padre/madre si no se ha sido un/a buen/a hij@, si lo sigues siendo (en cierto modo) y la madurez es sólo algo que le sucede a los frutos. Si ya lo sabía, pero había que tener esperanza y confiar en el cambio.

Si eres egoísta con tu trabajo no esperes que sea generos@ con su vida, si eres perezos@ tampoco hay motivos para pensar que dejará de serlo después. Es lo que hay.
“…Soy un soñador. Hay en mí tan poca vida real, los momentos como este, como el de ahora, son para mí tan raros que me es imposible no repetirlos en mis sueños. Voy a soñar con usted toda la noche, toda la semana, todo el año…”
F. Dostoievski, “Noches blancas”

Barritas de galleta de chocolate y crujiente de pralinéIngredientes
Capa de galleta de chocolate
155 gr. de harina [78 gr].
¾ cucharilla de té de levadura química (Royal) ó ½ de bicarbonato [¼ cucharilla]
½ cucharilla de té de sal fina [¼ de cucharilla de té]
120 gr. de mantequilla a temperatura ambiente [60 gr.]
85 gr. de azúcar normal (blanco grano) [43 gr]
90 gr. de azúcar moreno [45 gr.]
6 ml. de extracto de vainilla [3 ml.]
1 huevo grande (60 gr.) [30 gr.]
170 gr. de chocolate negro troceado.
65 gr. de nueces troceadas.

(1) Troceamos el chocolate y las nueces de modo que no queden demasiado pequeñas. Mezclamos la harina con la levadura química y la sal. Reservamos. Con una cuchara de madera batimos la mantequilla (a temperatura ambiente) con los azúcares y la vainilla.
Añadimos el huevo y mezclamos bien. Incorporamos la mezcla de harina, el chocolate y las nueces. Mezclamos al principio con la cuchara y después podemos hacerlo con las manos (siempre que no quede demasiado blanda).

(2) Forramos un molde de 20cmx20cm con papel vegetal de hornear y extendemos mitad de la masa de galleta sobre él. Con la restante haremos un cilindro para preparar unas galletas. Guardamos la masa en frigorífico hasta que se endurezca, unas horas o de un día para otro. La masa de galletas la podemos envolver en película de cocina durante varios días.

(3) Precalentamos el horno a 190º C. Horneamos la primera capa de galleta hasta que tenga un tono dorado por los bordes (sin que llegue a tostarse demasiado). Si para unas galletas con 10 minutos pueden ser más que suficientes, para toda la base he necesitado unos 20 min (ojo, yo la he hecho el doble de gruesa).
Para hornear las galletas se corta el cilindro en unidades de 1 ó 1,5 centímetros de grosor y se hornean durante unos 8-12 minutos, hasta que los bordes parezca que se empiezan a tostar. He dicho “parezcan”.
Dejamos enfriar totalmente antes de formar la segunda capa. Las galletas las guardaremos en un recipiente hermético durante varios días, si llegan.

Capa de praliné crujiente de chocolate con leche y arroz inflado
  • 100 gr. de azúcar.
  • 120 gr. de avellana (tostada)
  • 160 gr. de pasta de praliné elaborado con las proporciones anteriores.
  • 18-20 gr. de mantequilla.
  • 80 gr. de cobertura de chocolate con leche.
  • ~50 gr. de cereales de arroz inflado, preferiblemente de chocolate.
(1) Preparamos la pasta de praliné tal y como aparece en la receta de la pasta praliné (28, abril del 2009). Troceamos con un cuchillo de sierra la cobertura de chocolate con leche y lo fundimos al baño María o en un cazo de fondo grueso a fuego muy bajo, cuidando que no se queme y acabando de derretirlo fuera del fuego removiendo con una espátula de plástico. Añadimos la mantequilla troceada y mezclamos delicadamente con una espátula hasta que se haya fundido.

(2) Vertemos el praliné, removemos y añadimos la cantidad suficiente (c.s.) de arroz inflado, hasta que parezca que no admita más. Yo he necesitado unos 50gr., pero depende de la densidad del arroz utilizado.
Extendemos sobre la base de galleta e introducimos en el frigorífico durante unas horas (mejor de un día para otro), hasta que se haya endurecido. Recortamos las barritas y las conservamos en frío. Duran en perfecto estado varios días.

domingo 11 de octubre de 2009

Pimientos del piquillo rellenos de crema de tortilla con salsa del piquillo

Pimientos del piquillo rellenos de crema de tortilla con salsa del piquillo¡Nada!

Con fundamento
No hay mayor atrevimiento que la ignorancia, la mía. No es que hubiese osado como cualquier engreído a desdeñar a nadie, ni por asomo, no me atrevería a juzgar absolutamente a nadie. Pero en mi foro interno había un duendecillo que me decía que Karlos Arguiñano era un gran comunicador y empresario, pero no tenía una gran consideración de él como cocinero. El duendecillo ha cambiado de opinión, me ha dicho que no debo juzgar (ni interiormente) a nadie al que no le llegue ni a la suela de sus zapatos. Porque, sólo para empezar, la experiencia, práctica y dominio de la técnica es algo de lo que yo carezco. Asunto aparte sería el eterno debate de dónde acaba la opinión y dónde empieza el juicio, si alguien lo sabe que me envíe un “mesemese”, impuestos incluidos.

Pimientos del piquillo rellenos de crema de tortilla con salsa del piquillo Quizás Arguiñano no sea un buen repostero, ni domine las técnicas de amasado (he visto, alucinado, como ponía los garbanzos directamente sobre una masa quebrada que quería precocer –para una quiché– sin cubrirla previamente con algún tipo de papel apto para el horno [*]), pero es un grandísimo conocedor de las técnicas y preparaciones base (salsas, combinaciones,…), que armoniza a la perfección para enseñarnos un nuevo plato cada día. Además, veo como poco a poco nos facilita ideas (como ésta) que en muchos casos no habría imaginado, ayudando a ampliar nuestro menú semanal.
[*] No es el único. Ver a José Andrés, que siempre he tenido (y tengo) en gran consideración, preparar el Tiramisú ha sido una experiencia muy confusa. Al tensión creía al percibir cómo le faltaban 0,000001 nanosegundos para que se le cortase la nata no fue demasiado agradable.

Desde el nacimiento de Teo me ha tocado cocinar en su compañía, la de Arguiñano. Cuando empiezo a picar cebolla él ya tiene todos los ingredientes sobre la mesa de trabajo. Allá vamos los dos, en paralelo, yo buscando nuevas ideas y él buscando nuevas formas de cocinar platos tradicionales. Lo veo dominar las técnicas y las manos (a ciegas) mientras cuenta chistes, casi siempre de toques machistas o picantes, cuya gracia reside en la locura del Rey Jorge.

Pimientos del piquillo rellenos de crema de tortilla con salsa del piquillo Este plato está basado (exceptuando la salsa) en uno de esos platos que preparaba KA mientras yo hacía mis labores en la cocina. Lo de rellenar pimientos con tortilla no era nuevo para mí, pero lo de hacerlo a modo de puré me ha parecido una gran idea, hasta he pensado en aligerarla todavía más con una clara de huevo montada, por ejemplo. El único cambio que he hecho ha sido acompañarla de una salsa de piquillo a la que he añadido una reducción de chorrito de vino blanco antes de ligarla con el caldo. Él los acompañaba con una salsa verde, más atractiva cromáticamente pero (creo) una composición que me parece demasiado arriesgada. He apostado por una de mis salsas preferidas: una salsa de pimientos del piquillo.

Pimientos del piquillo rellenos de crema de tortilla con salsa del piquilloSpanish omelette
Explicar cómo se hace una tortilla de patatas puede resultar demasiado ridículo. Un plato muy fácil que cada cual lo concibe “a su modo”. Como se suele decir: “no hay dos tortillas iguales”. ¡Qué miedo!, ¡hablar de cómo se prepara una tortilla! No lo haré, sólo mencionaré mis gustos y preferencias a la hora de elaborar el plato.

Según el modo más popular y tradicional, la patata de la tortilla no debe freírse al modo que se hace con unas patatas fritas. Se recomienda freírlas a temperatura medio-baja, casi confitadas. Pues bien, yo no soy de esos, a mí me gusta FREÍR las patatas. No me gusta que al probarla no se distinga si la patata está cocida o frita. Por supuesto, también soy un detractor de las técnicas de la doble fritura que practican en muchos restaurantes para ahorrar tiempo.

En cuanto a los huevos, yo soy de los que “más vale que zozobren que no que zofalten”. Jugosa, con mucho huevo, nada de esos apelmazados amasijos de patata en los que el huevo sólo se intuye. Y, visto lo visto, la prefiero poco hecha pero no líquida (como en alguna famosa tortillería de la zona).

Pimientos del piquillo rellenos de crema de tortilla con salsa del piquillo ¿Con o sin cebolla? Entramos en terreno muy escabroso. En principio, no. Antaño la cebolla se usaba para mantenerla en buen estado durante varios días. Cualquier aditivo que pueda añadirse (chorizo, cebolla, pimiento,…) no es más que escaparse de la elaboración básica para darle nuevos sabores y adecuarla a nuestros gustos.
Cuando era pequeño aborrecía la tortilla con cebolla. Curiosamente, ahora que soy mayor (más mayor ;-)) y sabiendo que a María le gusta, la suelo hacer con cebolla… y me gusta, casi la prefiero. Aún así, la tortilla no debería llevar cebolla. ¿Y pimiento?, eso ya no sería una tortilla de patatas, sería una tortilla campesina, de hortalizas, etc.

¿Cuándo añadir la cebolla? Si deseamos freír la cebolla con la patata, añadirla con ella acabaría por tostarla (que a muchos gustará), por lo que yo preferiría incorporarla a medio freír. Sin embargo, yo no empleo ninguna de esas dos técnicas. Si tengo tiempo, la caramelizo aparte, consiguiendo unos sabores más dulzones y apetecibles. La añado a la tortilla cuando mezclo la patata con el huevo. Si tengo que añadir pimiento (como en ésta) lo puedo freír con las patatas o separadamente si no quiero darle sabor al aceite.

¿Cuántas vueltas? Para mí una única vuelta es más que suficiente. Como quiero prevenir la aparición del huevo crudo (no le gusta a M), me veo obligado a darle una segunda vuelta (u otra de propina).
Resumiendo, cada cual que la haga según sus gustos, si bien en esta receta recomendaría el uso de cebolla y pimiento verde para dar sabor y potenciar el de los pimientos del piquillo. Además, debe hacerse jugosa, poco hecha, para que al batirla quede mucho más cremosa.

Pimientos del piquillo rellenos de crema de tortilla con salsa del piquilloApatía
Algo me pasa, hoy no tengo ganas de escribir. Me siento apático, no deseo hacer nada, absolutamente nada. Ni “no hacer nada”, porque “no hacer nada” es hacer algo, ¡nada! Quisiera vaciar mi mente de tensiones.

La tarde ha sido un horror, tengo que dejar de levantarme a las cinco y media, así no podré aguantar ni una semana más. Debo organizarme de otro modo, ¿pero cómo?, ¿cuáles son mis prioridades? El que mucho abarca… acaba agotado. He dejado mi segundo día de “gaita” para resoplar en el sofá.

Dormir debe ser prioritario, pero lo estoy posponiendo demasiado. Dice el “querido” Dr. E. que el sueño no se recupera. Si así fuera habré perdido gran parte de mi vida, la que se vive con calma y plenitud.

(...)

Creo que es sábado (casi domingo) porque lo he visto en el calendario. Adiaba los domingos por la ropa limpia y las calles desiertas. No, no era un guarro, no del todo, era un niño juguetón al que le gustaba moverse y mancharse con total libertad.

DomingoLos pueblos están muertos en domingo. Por la mañana tocaba misa, ahora no, pero sigo viendo cómo la gente se dirige en pequeños grupos hacia la Iglesia, muchos por inercia y la mal llamada “tradición”. Después toca tapeo y “a ruta das tasas”. Bares llenos a rebosar mientras las mujeres concluyen su guerra con el cocido, la carne asada o un poco de marisco congelado en los días de celebración. Las pastelerías rebosan con colas que se ocupan parte de la acera, siempre hay alguien que cumple años. Dice la ciencia que la probabilidad de encontrar a alguien que haya nacido el mismo día que tú es muy grande, mayor que 1/20.
Estábamos en esas pastelerías y en los caramelos de naranja envueltos en papel celofán, los paraguas de chocolate y las lenguas de gato. Las madres siguen cocinado, ellos dan el paseo o, las que tienen más suerte, comen fuera.

Ya son las cinco de la tarde. Algunos todavía están con el postre, otros con la manzanilla que creen aligerará el pecado de la ingesta masiva de grasas. El miércoles se habrá ido la pesadez de estómago a la espera del próximo domingo.

Las calles están desiertas. Hasta las siete no empezaremos a ver a los estudiantes tirar de sus maletas, unos esperando el bus y otros bajándose de él acompañados por las primeras lluvias torrenciales. Todavía queda un trecho hasta llegar al piso de estudiantes.
El fin se semana se ha acabado a las 3 de la tarde. El hormigueo del lunes apareció con el postre y la pesadez estomacal. Mañana será lunes, por suerte será festivo. Un lunes que muchos (erróneamente) llamarán: “de puente”, cuando sólo es el primer Pilar…

(…) Sigo apático.

Pimientos del piquillo rellenos de crema de tortilla con salsa del piquilloIngredientes
  • 1 patata grande ó 2 pequeñas.
  • 1 pimiento verde grande ó 2 pequeños. Yo prefiero que sean de tipo “italiano”.
  • 1 cebolla pequeña.
  • 4 huevos grandes.
  • c. s. de pimientos del piquillo.
  • Salsa de pimientos del piquillo.
  • Un chorrito de vino blanco (opcional)
(1) Como los pimientos del piquillo “nunca vienen del todo cocinados” (Cfr. Arguiñano) los depositamos en una bandeja de horno con un chorrito de aceite de oliva, una pizca de sal y otra de azúcar (para contrarrestar la acidez del pimiento). Los horneamos durante unos 5-10 minutos.
Mientras tanto, preparamos una tortilla bien jugosa. Tal como he dicho en la introducción, explicar cómo se hace una tortilla podría resultar un poco ridículo por mi parte, “hacerme sentir ridículo”, he querido decir. Así, simplemente mencionaré cómo he hecho (y cómo me gusta).
Freímos las patatas en abundante aceite de oliva virgen. Aparte, confitamos la cebolla y el pimiento verde. Batimos los huevos “a punto de tortilla” ;-), y mezclamos las patatas escurridas en ellos, junto con la cebolla y el pimiento.
Preparamos la tortilla en una sartén antiadherente y bien caliente para que no se pegue. Le daremos una única vuelta para que quede bien jugosa.

(2) Toda la tortilla puede ser demasiada cantidad para rellenar los pimientos por lo que sólo batiremos media tortilla, salvo que seamos un gran familia. “Con 8 basta”.
Con una batidora eléctrica emulsionamos la tortilla hasta que quede cremosa y espumosa. Con ayuda de una manga pastelera o bolsa de congelación a la que le hemos practicado un pequeño agujero, rellenamos los pimientos prehorneados.
Preparamos la salsa del piquillo añadiendo un pequeño chorrito de vino antes de ligar la salsa con el fumet de pescado.
Emplatamos depositando un poco de salsa y pimientos o podemos cubrir los pimientos con la salsa y los horneamos unos minutos más. Para que tengan un poco de brillo pueden pintarse con un poco de aceite.

Facilísimos y resultones. Rico, rico,… Arguiñano les pondría una ramita de perejil.