jueves 31 de mayo de 2007

Bacalao Ajoarriero

Bacalao AjoarrieroNo está el horno para bollos

Estoy como en el corte inglés: “la semana fantástica”. Tan fantástica que el tiempo brilla por su ausencia. Sin casi dormir, sin hacer lo que tengo que hacer y con el tiempo que se me echa encima. No volveré a meterme en cierto tipo de berenjenales, pero soy (casi) incapaz de decir que no. Si.
Curioso: “el tiempo se me echa encima”, más bien, “el tiempo pasa muy rápido”, algo así como 60 seg./minuto.
“No está el horno para bollos”. Literalmente: no tengo tiempo para hacer bollos. Lo quitaré de algún sitio, por ejemplo, horas de sueño o momentos de relax. Ya casi ni duermo, nunca lo he hecho, soy un insomne más.

Bacalao AjoarrieroEl bacalao

¿Por qué tantas veces acabo hablando de la infancia?, ¿me estaré haciendo mayor?, ¿será que añoro el pasado? Más bien pienso que se debe a que de un tiempo a esta parte ya no construyo recuerdos, se entra en una rutina de la que es difícil salir.
Bueno, el tema es que de pequeño no me gustaba el bacalao. No es que no me gustase el bacalao, me encanta el pescado, ¡no me gustaba la SAL del bacalao! Todo sal. A mis padres les encantaba. El bacalao casi ni se desalaba, un chorrito de agua y ya estaba. No sabía a nada, era como cuando me tragaba el océano Atlántico en mis primeros escarceos con la natación-buceo. “Pepinho, levanta la cabeza”, la natación “sin-cron-ni-za-da”, estilo perro, la controlaba a las mil maravillas. Ya algo “más mayor” ;-) el estilo libre te permitía ir a recuperar esos balones que llevaba el viento: “el gran héroe americano”.

Por suerte la tendencia del bacalao cambió con el tiempo. La sal ya no era sana y había que desalarlo suficientemente. Eso era otra cosa, ya sabía a pescado. Ahora, con los nuevos tiempos incluso muchas veces lo compramos fresco; casi lo prefiero, sobre todo si son cocochas. Era un tema de conservación.

Hoy es un día especial

Especialmente si te lo recuerdan. Me acordé ¿por casualidad? el otro día, por los pelos (casi) se me pasa. Eso ocurre por tener demasiadas cosas en la cabeza. Pones prioridades y, acordarse de un aniversario, no es para mí prioridad cero, ni uno, ni dos,… Ya me contaréis por qué es tan importante una fecha. ¿En que calendario? ¿en el gregoriano?.
En los cumpleaños de M, que no es el caso, llega a hacer listas mentales de quién y quién no le llama, como para olvidarse. Si llamas, prueba superada, si no llamas ya tienes una marca (negativa). Te borrará de la agenda para la siguiente felicitación.

No valoro esa capacidad (¿será porque no la tengo?). Hasta creo recordar que este año mi hermano Martín no me ha felicitado el cumpleaños y no ha pasado nada. Ni marcas en una agenda ni similares, tendría cosas mucho más importantes que hacer.

Otro hecho clave: cuando te llama alguien que no esperas. Hay dos posibilidades: a) que tenga una agenda con onomásticas o b) que se lo hayan dicho. Ejemplo, ayer fue el santo de mi cuñado “Fer”, bien, ni de lejos me hubiese acordado. Pero lo he llamado. Al llamar habrá pensado (seguro): “se lo ha dicho M” pero… ¿y si no llamas?, marca en la agenda.

El plato

Es un clásico de la cocina que tiene muchas variantes. Lo presento como siempre nos ha gustado. A lo largo del tiempo casi no le he hecho ninguna modificación, la única mejora, prácticamente, ha sido incorporar la pulpa del pimiento choricero.

(Edito, unas horas después)
¡Lo tengo! Como es un día especial me ha traído una sorpresa: ¡“Pasión por el chocolate” de Trish Deseine!
Un día pasé, pasamos, por el CI e hice el encargo pero, como mi móvil prefiero tenerlo apagado, se encargó ella de “supervisar” el pedido. No me había dicho que había llegado el libro, se lo tenía muy callado para dármelo hoy. Lo han conseguido en el CI de… Marbella.
El otro día miré en http://www.fnac.es y tampoco estaba pero no puede evitar comprar la “Larousse de los postres” de Pierre Hermé.
Ahora tengo un gran problema, no sé por dónde empezar, todas tienen muy buena pinta. La receta del pastel de chocolate la había traducido de Internet. Viva la “Pasión”, ¡aunque sea por el chocolate!
Bacalao Ajoarriero
Ingredientes
  • 1 cebolla picadita
  • 3 dientes de ajo
  • 1 pimiento verde, no demasiado grande (o algo menos)
  • 1 pimiento choricero seco
  • 4 pimientos del piquillo
  • ½ vaso de vino blanco (bueno)
  • Un poco de salsa de tomate (no sé, tal vez medio vaso)
  • 400-500 gr. de bacalao, desalado y desmigajado en cubos de un par de centímetros (a gusto, si lo queremos en trozos algo más grandes también podemos)
(1) Ponemos el bacalao en un bol con agua a desalar entre 24 y 48 horas antes, dependiendo del grosor del bacalao, cambiando el agua de vez en cuando. Pasado el tiempo lo escurrimos, secamos bien y troceamos finamente. Podemos desmigajarlo.
Como hay que desmigajarlo, el bacalao no tiene porque ser demasiado grueso, puede ser una pieza más fina y más económica.

(2) Una o dos horas antes ponemos el pimiento choricero a hidratar en agua. Escurrimos, secamos y quitamos la pulpa. Reservamos.

(3) Pochamos la cebolla picada, con el ajo y el pimiento verde, también finamente picados. Dejamos hacer a fuego lento.

(4) Cuando esté blanquecina la cebolla echamos la pulpa del pimiento choricero. Le damos unas vueltas para que no se pegue e incorporamos los pimientos del piquillo troceaditos. Damos otras vueltas y añadimos el vino. Dejamos reducir durante unos 5 minutos.

(5) Ya reducido el vino, echamos el bacalao, la sal si fuese necesaria (muy poca, esta vez no se la he echado), y la salsa de tomate. La salsa a gusto, pero no demasiada, enmascararía el sabor del sofrito y del bacalao. Dejamos cocinar un poquito, un poco. El bacalao desalado podría tomarse casi “crudo”, la salazón hace que el bacalao, además de conservarse, se seque.

Estupendo plato acompañado de unas patatas fritas, que pueden añadirse al final.
Para mi gusto el plato gana dejándolo reposar, así el bacalao coge un poco más de sabor del sofrito. Recomendable.
Bacalao Ajoarriero

martes 29 de mayo de 2007

Brownie de chocolate blanco

Whiteie

Si brownie es por su color, debería ser “whiteie”. Técnicamente tampoco creo que sean “blondies” pues, aunque no llevan chocolate negro, tampoco lo llevan blanco y sí acostumbran llevar azúcar moreno o, incluso, algo de cacao en polvo. Por el momento me quedo con “brownie de chocolate blanco” o “whiteie” ;-)

Me gusta tenerlo crudo

Me gusta crudo. Que el chocolate esté casi derretido y todavía caliente, con un poquito de helado, como diría un esnob, a la modé. Para gustos.

Black or White

Por fuera parece distinto, pero el sabor lo delata: es un brownie, sabe a chocolate y está buenísimo.

Así somos, nos fijamos sólo en el exterior. Blanco, negro, amarillo,.. . Sí, blanco=negro, misma sustancia. Lloramos, reímos, sentimos, nos ponemos tristes ante una desgracia o felices ante una buena noticia.

El postre me ha ayudado a flexionar sobre algunas ideas y recuerdos. No es el momento de hablar de África, lo haré en otro momento con más calma y tiempo. África si te coge no te suelta, te tendrá atrapado para toda la vida. Descubrir África es descubrirnos a nosotros mismos y ver lo que nos estamos apartando o abandonando de nuestra propia vida. Es una contradicción.

Unas de las fotos que más me gustan las he hecho allí, en pleno Masai Mara (“Tierra moteada”), en una tierra que no conoce futuro, pero tiene el pasado que ha visto crecer a la humanidad. Una pequeña muestra:



He evitado poner directamente alguna foto más impactante, podría quitar las ganas hablar de gastronomía durante mucho tiempo o, por lo menos, durante unos minutos. Pronto nos olvidamos, para eso tenemos muy poca memoria. Ha sido la buena acción del día, ya podemos volver a ser “malos”.

La buena acción de la semana

Los hay que curan sus “pecados” con una acción presuntamente altruista. Presuntamente porque ellos así lo creen, yo no. Una moneda, ¡que nos sobra!, a un vagabundo; un poco de papel reciclado, de pascuas en viernes; o alguna cesión, del tipo que sea, a alguna asociación benéfica, aunque las cosas no estén como para fiarse. ¡Altruismo!, RAE:

“Diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio.

Dar lo que nos sobra no es altruismo, como mucho es caridad (“Actitud solidaria con el sufrimiento ajeno”). No nos engañemos a nosotros mismos, no hemos hecho nada para cambiar el mundo, el mundo nos ha cambiado a nosotros.

Aunque no soy lo que se dice creyente (un poco de dosis religiosa en la infancia te convierte al agnosticismo) también soy un “pecador” (no es un chiste), pero no pretendo curar mis “pecados” con una moneda. La constancia es lo único que perdura. Sí, se puede cambiar el mundo.

Ingredientes
  • 227 gr. de chocolate blanco.
  • 85 gr. de mantequilla.
  • 2 huevos.
  • 60 gr. de azúcar.
  • 1 cucharada de esencia de vainilla/azúcar vainillado.
  • Una pizca de sal.
  • 130 gr. de harina.
  • Trozos de chocolate negro y/o nueces.
  • 175-180º durante unos 30 min.
Preparación

(1) Precalentamos el horno a unos (175-)180º C. Engrasamos con margarina un molde cuadrado de unos 21 centímetros y espolvoreamos con harina, retirando el exceso que pudiese quedar en la superficie.

(2) Troceamos con las manos, en fragmentos grandes, el chocolate blanco. En un bol echamos la mantequilla y la mitad del chocolate. Llevamos al microondas unos segundos. Cuando la mantequilla se haya derretido retiramos, echamos el resto del chocolate y removemos con ayuda de una espátula hasta que quede totalmente disuelto y homogéneo.

(3) Aquí he optado por batir los huevos con el azúcar para que cogiese un poco de aire. Si nos gusta más compacto no batiremos los huevos con fuerza, sólo un poco hasta romperlos.

(4) Añadimos a los huevos y el azúcar la esencia de vainilla o la vainilla líquida, mezclamos, echamos la mezcla de chocolate derretido y una pizca de sal. Echamos la harina tamizada y removemos hasta que quede totalmente homogénea. Vertemos los trozos de chocolate, removemos y cubrimos el molde.

(5) Llevamos al horno durante unos 25-35 minutos, dependiendo de cuan hecho nos gusten.
Retiramos y troceamos una vez frío. Si lo hacemos en caliente las perlas de chocolate, todavía derretido, mancharán el corte (no pasa nada). Cortándolo frío el corte será más “limpio”.

lunes 28 de mayo de 2007

Helado de cerezas y crema de coco

Al mal tiempo buena cara

No ha llegado el verano, está claro. Allá por San Juan. Pero ya empezamos a tener algunas ganas, yo por lo menos. Una vez lo tenga encima desearé que se acabe de una vez. Como el capitán Willard de Apocalypse Now:

When I was here I wanted to be there. When I was there, all I
could think of was getting back into the jungle

Siempre deseamos lo que no tenemos, o pensamos que no tenemos. Me acuerdo de las cosas bellas del verano pero cuando llega el calor, la masificación en las carreteras, en las playas,… deseo que vuelva el invierto y la rutina. Soy una contradicción, una espera permanente. La insatisfacción personalizada.

El helado

El helado representa el verano. Esa espera que no llega. Creo tomar más helados en primavera que durante agosto. ¿Por qué? Supongo que porque ahora lo deseo, después lo aborreceré. Hasta los propios proveedores de helados dejan de proveer al final del verano.

En primavera ya es verano en el CI, en verano ya es invierno y en invierno ya es primavera. Es otoño está hecho para que nos vayamos acostumbrando al cambio poco a poco.

Este helado es diferente, no lleva nata. Una buena solución si queremos uno no tan calórico. Con cada receta aprendo algo y en ésta he descubierto que hay dos tipos de leche de coco: la crema de coco, viene siendo leche de coco propiamente dicha, y la leche de coco, que es crema de coco diluida en agua para obtener una densidad muy similar a la de la leche (desnatada). Modestamente [*], recomendaría emplear crema de coco, así evitaríamos se formase hielo por el exceso de agua.

[*] En otro de mis 100 libros preferidos, “El túnel” de Ernesto Sábato, hay una frase muy reveladora sobre la modestia, perdón, falsa modestia. Dice algo así como: “… es fácil ser modesto cuando se es célebre; quiero decir parecer modesto.” [**] Después de mucho buscar, he localizado el párrafo al principio del libro, pág. 62. Sigue así: “… Aun cuando se imagina que no existe en absoluto (la vanidad), se la descubre de pronto en su forma más sutil: la vanidad de la modestia”. Esto ayuda a reflexionar y da ganas de eliminar la modestia en absoluto, cualquier tipo de modestia. Quiero decir con esto en en [*] no pretendía “parecer modesto”, más bien ser modesto. De helados sé poco, pero para evitar falsa modestia, diré que de otras algo más. Sólo un poco (más modestia).

[**] Nota de la nota: la versión del libro que tengo en mis manos es una que le regalé a María cuando nos conocimos y todavía no salíamos juntos. La protagonista del libro se llama María y tuve el descaro de subrayar algunas frases antes de regalárselo, sólo algunas: “Cap. VIII. Mientras volvía a casa profundamente deprimido, trataba de pensar con claridad”, “Cap. XI. Pasé una noche agitada. No pude dibujar ni pintar…” o, sobre todo, “Cap. XVI. Amaba desesperadamente a María (…) A medida que fueron pasando los días creció en mí una especie de locura (…) No importa lo que puedas hacerme. Si no pudiera amarte me moriría”. Inocencia descarada, porque era inocente, me sorprende mi descaro, pero es más que probable (modestamente) que ella me hubiese puesto las cosas muy claras con anterioridad, dudaría de mi atrevimiento si así no fuese.
Mi multisubrayado libro lo debo tener en casa de mis padres (y mía, porque lo sigue siendo).

Ingredientes
  • 500 gr. de yogurt griego
  • 130 gr. de azúcar
  • 1 cucharada de miel
  • 1 choro de amareto o licor Kirsh/extrato de almendra
  • 110 gr. de cerezas
  • 160 ml. de crema (leche) de coco
  • Un Chorrito de limón (opcional)
(1) Troceamos las cerezas en unos cuatro o seis trozos cada una. Reservamos.

(2) Mezclamos el yogurt, el azúcar, la miel, el licor y la crema de coco, hasta que el azúcar está completamente disuelto. Llevamos al frigorífico durante una hora.

(3) Si tenemos heladera, seguiremos las instrucciones del fabricante. En caso contrario, el mío, nos arriesgaremos a que cojan cristales y haremos lo posible para evitarlos siguiendo al paso 4.

(4) Introducimos en el congelador durante una media hora. Pasado ese tiempo, retiramos y removemos el helado para que no adquiera hielo. Repetimos esta operación unas cuantas veces.
Existen varios remedios caseros para evitar la cristalización. Un chorrito de ácido (limón o vinagre) o un poco de miel. Ninguno de ellos los evita en su totalidad pero ayudan a tener un mejor resultado. Lo ideal es tener una heladera o introducir un gnomo con escafandra en el congelador que bata el helado mientras se congela. Ninguna de ellas me ha sido posible.

(5) Congelamos y, cuando lo vayamos a tomar, lo retiramos una horita antes e introducimos en la nevera. Así reblandeceremos un poco el helado para poder formar las bolas con facilidad.

Podemos tomarlo con caramelo, chocolate o cómo guste.

domingo 27 de mayo de 2007

Chipirones al brandy

Calamares al brandyElecciones

Siempre hay que elegir. Elegir requiere decisión y mientras no lo hacemos, se siente un malestar que provoca insatisfacción. Fresa o chocolate, con o sin gas, con o sin alcohol, playa o montaña, a casa de tus padres o a la de los míos (esto es mucho más rápido y fácil de lo que se podría pensar), zanco o pechuga,… y eso que sólo son dos opciones. Imaginaos si tenemos muchas más.
Has elegido. Yo también. Ahora no debería haber vuelta atrás.

Chipirones al brandySigo allí

Vivo en Santiago desde hace bastante tiempo, con interrupciones, unos 15 años. Me gusta, es una ciudad pequeña, tranquila y, en general, bastante tolerante. Es una de las cosas que más me agrada de las, perdón, algunas ciudades (por eso “I Love NY”). Tener independencia, poder ir a tu aire, sin miedo a que nadie te mire o te juzgue. Ese es el problema de los pueblos. Allí todos “nos” conocemos, todos te miran y opinan, te juzgan, no puedes hacer nada sin sentirte observado.

Pero no, yo sigo siendo de allí, de mi pueblo. En los pueblos la gente te saluda en todo instante: en la panadería, mientras corres, en la calle,… te pasas el día saludando (con sinceridad). Las ciudades impersonales, se diluyen como el agua, son “colmenas”, ni se conocen los nombres de los vecinos que están puerta con puerta. Positivo y negativo.
En el pueblo tiempo circula más despacio, todo está más cerca.

Algo típico de (mi) pueblo, y supongo que de casi todos: haces un postre, te sobran verduras, pescados, etc. y empieza un reparto por todo el vecindario. Un día te llevo un bizcocho, otro día me das unos grelos o unos tomates.

Mi pueblo tiene mar, playa, montaña. Aunque no está lejos, menos de una hora, el mar es lo que más hecho de menos, sobre todo en invierno. Si me sentía un poco decaído o me apetecía un poco de tranquilidad me daba un paseo por la playa, en invierto desierta y dónde sólo se oye el viento y las olas. Cuando visito a mis padres es lo segundo que hago acercarme hasta la playa, la saludo y me voy.
Sigo empadronado, me da miedo perder ese cordón que me une con esa otra parte de mí.

El ron

Aquí tendremos que elegir si emplearemos brandy, como lo indica la receta y como siempre los había hecho, o ron, que por motivos eventuales he tenido que emplear hoy (ayer). No quedaba casi coñac, sólo un chorrito, M se había ido de compras y el tiempo se echaba encima. La llamo, pero todavía va a tardar un poco, el suficiente tiempo como para que cuando llegue tenga que esperar. Solución: buscar otro licor no demasiado fuerte y de características aromáticas similares: mi ron añejo para postres ;-). El resultado ha sido muy satisfactorio, a M le ha encantado.

Flambeando, entra ella por la puerta con la botella de brandy, demasiado tarde. Por esta vez ha sido mejor así. He tenido que evitar el proceso de elección. Si fuese una película (americana), habría llegado justo en el momento antes de echar el medio vaso (en mi caso) de ron. En cámara lenta y con un poco de música de tensión.
La próxima vez tendré 2 opciones y tendré que elegir.

Calamares al brandyIngredientes
Para 4 personas
  • 250 gr. de cebolla
  • 3 ó 4 dientes de ajo
  • ½ Kg. de chipirones (con los cuerpos enteros, como para rellenar)
  • 150 gr. de gambas peladas
  • 1 vaso de caldo de pescado. De algún pescado blanco o, en su ausencia, procedente de una pastilla de caldo.
  • 1 copa de brandy. Esta vez he usado ron y han salido muy buenos.
  • Aceite
  • Sal, muy poca
(1) En una sartén grande con aceite de oliva virgen, rehogamos el ajo picadito con la cebolla cortada en paisana fina. A fuego fuerte al principio y después a fuego suave, para que caramelice la cebolla. Debe quedar casi transparente.

(2) Pasamos los chipirones por harina y, en otra sartén aparte, los freímos con los tentáculos y las cabezas. Freímos pocos de cada vez, para que no se baje la temperatura y se frían, no que se cuezan.

(3) Una vez fritos, los llevamos a un plato y los rellenamos con las cabezas y los tentáculos, junto con 1 ó 2 gambas (o las que quepan).

(4) Ya rellenos, los pasamos a la sartén de la cebolla, añadimos las gambas que pudiesen haber sobrado y doramos un poco.

(5) Subimos la temperatura, añadimos el coñac (o ron) y flambeamos. Los mejor es apagar la campana extractora, así evitaremos algún que otro susto. Dejamos que se queme un poco el alcohol.

(6) Una vez apagado echamos el caldo de pescado y un una pizca de sal, muy poca. Los chipirones requieren muy poca sal, además, el caldo también suele incorporar una poca.

Removemos con frecuencia y dejamos reducir un poco. Si el caldo queda poco espeso podemos retirar un poco del agua del caldo y diluir en ella un poco de maicena o, incluso, emplear un poco de vino para diluir la maicena.

Buenísimos.

Chipirones al brandyEdito: he reflexionado (¡venga ya!) y prefiero ser libre en campo ajeno que cautivo en tierra madre.

sábado 26 de mayo de 2007

Brigadeiro (de chocolate)

Brasil, Brasil

El origen de este dulce es brasileño. El nombre es un homenaje (o no, ya contaré el porqué ;-)) al brigadier (“brigadeiro”) brasileño Eduardo Gomes, que tuvo cierta "notoriedad" allá por la primera parte del siglo XX. [Inciso: suena un poco mal eso de: “allá, en la primera mitad del siglo XX”, parece pasado. ¡Si el siglo XX fue ayer! No hace mucho, “Siglo XX” sonaba a “futuro” más que a pasado. Fin de inciso.]

Algunas “lenguas”, no diré si buenas o malas (estamos en jornada de reflexión ;-)), dicen que se le llama así porque este postre no lleva “huevos” y el militar había perdido uno en una revuelta (¿no sería en un revuelto?). Como decíamos en mi época de ¿jugar? al baloncesto: “las tres bes: “Balor”, “Balentía” y… “Buevos” (sic). Perdonad la licencia, si queréis.


“Estamos en guerra pero hay que reflexionar”

No creo que haya mucha gente que, a estas alturas, no tenga claro su voto o “no” voto. Creo que esta jornada viene bien para que, por unos instantes, nos dejen descansar, aunque sea sólo un poquito. Cambiarán de temas y hablaremos… (dejadme pensar)… (20 horas después)… ¿de fútbol? Lo importante es tenernos entretenidos y que no hablemos de cosas más serias.

No tengo nada claro, y van más de 10000000, si las campañas sirven para algo más que para empapelar las ciudades, gastar dinero y tener un poco ocupados a los telediarios. Por lo menos han dejado de hablar de “La Pantoja” (¿o siguen hablando?). Pienso que uno no cambia sus ideas en unos días por cuatro fases en un telediario.

Las claves

Tengo un poco de prisa, pero también es una receta rápida y muy sencilla.

Las ideas:

a) Ésta es una receta tradicional, la más conocida y sencilla, hay variantes que incluyen leche a partes iguales y yemas de huevo como espesante.

b) Si se quiere añadir algún aroma podría hacerse. Las de coco no llevan cacao y se añaden unas 4 cucharadas de coco cuando (había escrito “cunado”) se retira del fuego, antes de enfriar.

c) Al igual que las trufas, pueden bañarse en variedad de productos: perlas de chocolate, cacao en polvo, azúcar, coco rallado,…

d) También pueden hacerse en el microondas. Poniéndolos a temperatura máxima, removiendo y volviéndolos introducir varias veces, hasta que tengan la consistencia deseada.

e) Una vez fríos se endurecen un poco. Hay que encontrar el punto exacto, así conseguiremos que por fuera queden duritos pero que la leche se funda en la boca.

Ingredientes
Las cantidades de cacao dependen de si los queremos más tipo “dulce de leche” o más tipo trufa. El cacao tiende a pegarse en el fondo. Hay recetas que llevan yema de huevo, pero sólo lo he visto hacer en la versión que lleva leche. La receta “tradicional”, aunque en realidad sea del siglo XX, no llevan huevo.
  • 1 lata de leche condensada, unos 395 gr.
  • 1 (ó 2) cucharadas de mantequilla
  • 3 cucharadas de cacao en polvo.
  • Virutas de chocolate para cubrir.
(1) El una olla echamos todos los ingredientes menos las virutas y llevamos al fuego medio-bajo. Removemos con una espática constantemente, hasta que tenga algo de espesor y al dejar de remover unos segundos y girar el cazo, se separa del fondo del mismo. El “punto” es cuando no se pega.

(2) Dejamos de remover unos segundos para que se separe mejor y vertemos en un bol untado con un poco de mantequilla para que no se pegue (había escrito “peque”) la pasta. Dejamos enfriar. Una vez frío podemos llevar a la nevera.

(3) Hacemos bolitas al estilo de trufas. Para que no se peque a las manos, las untamos con mantequilla o incluso agua. Podemos mojar la cuchara en un poco de agua caliente.

Reflexionando, reflexionando, he llegado a una conclusión: que tal vez Orwell tuviese razón, “todos (los políticos) son iguales, pero hay unos más iguales que otros”.

jueves 24 de mayo de 2007

Cantuccini (Cantucci) de Piñones

Los biscochos

Los Cantucci o Cantuccini son unos bizcochos típicos de la ciudad de Prato, muy cerca de Florencia, pero pueden encontrarse en toda la Toscana. Aunque éstos no son los tradicionales, que se suelen hacer con almendra, me han parecido impresionantes. Así lo han sido.

Los más conocidos son los de almendra, pero pueden hacerse con otro tipo de frutos secos, piñones o avellanas, por ejemplo. Hay recetas que combinan almendras con piñones. Los piñones son uno de los ingredientes estrella de todo el mediterráneo y, por ello, de la cocina italiana (Cfr. un buen pesto).

Tienen la apariencia de un pan, pero no tienen nada que ver, en realidad son unos bizcochos (biscotti) con un fuerte aroma a limón y, os aseguro, que están estupendos.
Son muy buenos para tomar solos o con un buen café, té, desayuno,…


Te querré siempre

Viaggio in Italia, así era su título original. De eso quería hablar, de mi primer viaje a Italia, a la que querré siempre.
Fue hace…, estoy haciendo cálculos, probablemente unos 9 años. Mi vida empezaba a cambiar, dejaba de ser estudiante para hacer lo que todos (quieren) hacen: trabajar. Quería ser diferente pero no lo había conseguido, ya estaba dentro del círculo. Ya no podría salir.

Ese julio opté, y optamos, por irme con Lucía y M a la Toscana, a la casa de estudiantes en la que vivía Tiziana, una joven (muy buena) que había estado estudiando durante un año en la USC. La casa, una de esas pequeñas pero hermosas, estaba en Pisa. Tiziana compartía residencia con dos compañeras más, recuerdo una Siliciana a la que todos, por su carácter y expresión vehemente, tenían un cariño especial. Ese sería nuestro punto de partida, a partir de ahí la Toscaza y nuestras fuerzas pondrían los límites.

Si la Toscana es hermosa, más lo es cuando los campos interminables están secos y desprenden una fragancia única. Llena de pequeños pueblos, probablemente no tan conocidos como Florencia o Siena, pero tanto o más hermosos: Volterra, San Gimignano, Lucca (pueblo de Puccini) o, por supuesto, Siena… Inolvidable, el señor Stendhal tenía razón.

Sólo recuerdo una pasión, emoción y palpitar similar al ver la Mona Lisa. Al instante M se dio cuenta de que se me caían unas lágrimas, como ahora, con sólo pensarlo:


[La foto es muy mala, la ausencia de flash y el momento me impidieron hacer algo más recogido. Para buenas fotos de La Gioconda, debe verse la enciclopedia británica ;-)]

De ahí a Bolognia, en dónde vivía Patricia, en otra hermosa casa, haciendo parte del trabajo de doctorado (creo recordar) y de ahí a Venecia. No os creáis a aquellos que dicen que Venecia no vale la pena. Venecia en un sueño hecho realidad, una ciudad única llena de palacios, canales pero, a la vez, más irreal que cualquier sueño.
Italia, te querré siempre.

Ella

Sobre todas las cosas, me gustaba su dulzura, la suavidad de su voz. Se giraba y me miraba, me retorcía, sudores, rubor. No conocía el sexo, en ninguna de sus expresiones. Había algo, un placer inimaginable, un dolor, un sufrimiento del que no me podía despegar. La adolescencia no da para mucho más.
¿Cómo se le ocurre sentarse delante? Se giraba y la escuchaba.

Pasados esos años no he vuelto a saber más de ella. Un día, por casualidad, la volví a ver pero no supe que decirle, alguna trivialidad del tipo: ¿qué tal? o ¿a qué te dedicas? Es mejor así. No lo dudéis, los recuerdos son mentirosos, nos engañan y nos hacen creer que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. No os dejéis engañar. No permanentemente, sólo cuando la moral afloje y penséis: mi vida podría haber sido de otra manera.

“Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello, que en mi juventud me deslumbraba. Aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba de la gloria en las flores, no hay que afligirse. Porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo. “
William Wordsworth

La receta
  • 90 gr. de piñones [45 gr.]
  • 100 gr. de mantequilla [50 gr.]
  • 140 gr. de azúcar [70 gr.]
  • 10 gr. de azúcar vainillado [5 gr.] (Opcional, puede sustituirse por azúcar normal).
  • 2 huevos [1 huevo]
  • 2 cucharadas de zumo de limón [1 cucharada]
  • Ralladura de 1 limón grande [ralladura ½ limón], o más, al gusto.
  • 300 gr. de harina [150 gr.]
  • 1 ½ cucharilla de levadura química (Royal) [0,75 cucharilla]
  • Sal, algo así como media cucharilla.
  • También puede echar un chorrito de Amareto, sobre todo si son de almendra.

(1) Precalentamos el horno a 170º (ó 175). Tostamos los piñones en la bandeja del horno durante unos 6 minutos o hasta que estén ligeramente dorados. Reservamos y dejamos enfriar.

(2) En un bol o tartera batimos la mantequilla pomada con el azúcar hasta que esté ligero y cremoso. Añadimos los huevos, la ralladura de limón y el zumo. Mezclamos bien. No os preocupéis si se corta, la harina hará su cometido.

(3) En otro bol tamizamos la harina y la mezclamos con la sal y la levadura química. Vertemos sobre la mezcla de huevos y mezclamos bien. Echamos los piñones. Ésta es una masa pastosa que debemos trabajar poco. No es un pan.

(4) Echamos sobre una superficie enharinada, separamos la masa en dos partes iguales, formamos barras delgadas y anchas. Ponemos sobre papel de hornear. Si vemos que es una pasta demasiado pegajosa le podemos echar un poco de harina para que no se pegue a las manos, no más. Deben quedar lo suficientemente separadas unas de otras.

(5) Introducimos en el horno precalentado durante unos 20 minutos o más, hasta que quede ligeramente dorado. Retiramos del horno y transferimos a una rejilla. Dejamos enfriar unos pocos minutos.

(6) Sobre una mesa o tabla, cortamos en piezas de unos 2 centímetros y volvemos a poner la bandeja de horno durante otros 20-25 minutos a la misma temperatura, girándolos pasados 10 minutos. Yo los he dejado algo más y he subido unos grados durante unos minutos la temperatura, para que se tostasen un poco.
Si gustan poco hechos pueden ponerse la mitad de tiempo.

Retiramos y dejamos enfriar sobre una rejilla. Guardamos a temperatura ambiente en un recipiente hermético.

Probadlos y no os arrepentiréis.

miércoles 23 de mayo de 2007

Mejillones en salsa

Secretos de familia

Somos humanos. Cuando nos dicen aquello de “…pero no se lo digas a nadie”, nos desesperamos por encontrar a una persona a la que decírselo. No pienso que sea maldad, es condición “humana” el quitarnos todo aquello que llevamos encima y, por muy pequeña que sea esa responsabilidad, tenemos esa necesidad de contarlo.

“Circulen, no miren”, ¡han dado en el clavo!… “no miren”. En ese mismo instante giramos la cabeza y miramos por el rabillo del ojo. ¿Curiosidad?

150!

Quería celebrar la entrada de recetas número ciento cincuenta con una receta a la que le tuviese cariño. En realidad llevo más de 150 recetas escritas, puesto que algunas entradas tienen más de una pero, sí, es la entrada número 150 desde el principio del fin.

En estos próximos quince días, si quiero hacer lo que tengo que hacer, o hago lo que debería, o hago lo que no tengo en realidad que hacer, pues no tengo por qué hacerlo, en ese caso, creo que no tocará a entrada por día. Estaré muuuy ocupado. A ver si una receta cada dos días, por lo menos.

El origen

Ésta es una receta que, aunque no lo parezca, tiene su historia y es una de mis preferidas. Esperaba el momento oportuno, tal vez no lo sea, pero tenía unas ganas….

La receta es una de esas recetas “secreto” de un restaurante de “Pobra do Caramiñal”. La persona que se la “pasó” a mi familia “no se lo debía contar a nadie”, pero lo hizo, igual que estoy haciendo en estos momentos.

Pensaréis, ¿tanto por unos simples mejillones con salsa de tomate? Ese es el truco, ¡no son unos simples mejillones en salsa! Resulta muy difícil, por no decir imposible, expresar el aroma que le da a este plato dos ingredientes, principalmente: el laurel sofrito con la cebolla y el orégano. El vino debe ser de buena calidad, un Albariño es estupendo.

A lo mejor, la probáis y no os dice nada, pero por aquí, los que la han probado lo primero que han hecho es pedirme la receta. Lo admito, me la pidió la S, con mayúsculas, y le di evasivas. Sí, he sido un chico malo, pero no se tiene el mismo feeling con todo el mundo y menos con alguien a quién no les gusta (o “quiere”) tanto la cocina como a mí (hasta creo que la odia). Supongo que hay que hacerse merecedor, yo no lo soy, pero entre los que leen seguro que son mayoría.
Es tan sencilla que creo que la riqueza está en la sencillez y, sobre todo, en unos buenos ingredientes: orégano de casa, mejillones de la ría o un buen vino blanco.

Que os guste. Si no os gusta… otra vez será.

Ingredientes
  • 1 cebolla cortada muy fina
  • 1 ó 2 hojas de laurel
  • 1 cucharada de harina
  • Un poco de vino blanco, ½ vaso
  • Orégano seco de huerta, bastante. A gusto.
  • Salsa de tomate, 1 vaso, aprox.
  • Mejillones, cocidos al vapor

(1) Si vamos a emplear las conchas se limpian los mejillones por fuera, se echan en una tartera con un chorrito de vino blanco (sólo el necesario para que no se peque) y unas cuantas hojas de laurel. Ponemos a fuego fuerte y tapamos hasta que empiecen a abrirse. Cuando estén abiertos los retiramos del fuego inmediatamente y escurrimos para evitar que se sigan cocinando.
Si los hacemos de más el mejillón acaba por cocerse y reduce considerablemente su tamaño. Deben hacerse el tiempo justo, sólo abrirse.

(2) Retiramos las “barbas” de los mejillones sin separarlos de las conchas. Para ello juntamos las conchas y tiramos de las “barbas” hasta que se separen del cuerpo. Conseguiremos que el mejillón permanezca entero y sin despegarse de la concha.

(3) En una cazuela de barro o en una tartera ancha se calienta un poco de aceite de oliva virgen. Se echa la cebolla y la doramos con la(s) hoja(s) de laurel bien picada(s). Al principio a fuego fuerte, después lo bajamos y dejamos que se haga hasta que quede casi transparente. No debe quemarse.

(4) Cuando la cebolla esté bien doradita, se añade la cucharada de harina, dependiendo de la cantidad, más o menos llena. Se le da unas vueltas para cocinarla un poco, se añade el vino, que hará que espese el sofrito, y el orégano. Reducimos un poquito, unos segundos evitando que se pegue la harina. La cantidad de orégano, como todo, es a gusto del comensal, pero debe echarse una buena cantidad para que le dé sabor.

(5) Cuando se haya consumido un poco el vino, muy rápidamente, se añade la salsa de tomate. Así evitamos que se peque la harina. De inmediato echamos los mejillones cocidos al vapor y dejamos a fuego muy bajo un poco. Retiramos, dejamos unos minutos para coja sabor y los servimos como más nos guste: con las conchas, sin ellas, como pincho. Lo más fácil y gustoso: con las conchas, ya que, aunque no esté muy bien visto, está para chuparse los dedos. Podemos, y debemos, usar las manos.

Como los mejillones y la salsa de tomate son salados, no es necesario echar ni una pizca de sal. Por aquí, a veces, se les echa a los mejillones en invierno, cuando hay muchas lluvias y el agua marina (superficial) tiene muy baja proporción de sal. Es raro, pero se podría echar al cocer los mejillones al vapor.

No se lo digáis a nadie (que no se lo merezca).

martes 22 de mayo de 2007

Soufflé de licor de naranja-Soufflé de patata

Verde = azul + amarillo

Quería hacer mis pruebas con los suflés. Tenía una receta de soufflé de naranja con licor Grand Marnier y, a mayores, el fin de semana descubrí una idea con puré de patata que adapté a unas medidas encontradas en Internet + ajustes personales.

Para elaborar el soufflé de naranja me daba mucha pena abrir la botella de Grand Marnier, por lo que he optado por emplear otro licor de naranja: Coraçao. El problema, era ¡Curaçao BLEU!, ya os podéis imaginar de qué color es.

Nel blu dipinto di blu
felice di stare lassu

Un huevo de casa (amarillo) + Curaçao blue ha dado lugar a un soufflé verde que tendré que patentar…. ;-). Además, recién hecho, buenísimo. Repito, hay que tomarlo calentito y, si gustáis, con un chorrito de Curaçao.

Recomendaciones. Éstos son suflés calientes, por ello, deben tomarse nada más retirarse del horno por dos motivos: están más buenos y evitar que se bajen. Si se bajan pueden ponerse en el microondas unos segundos antes de tomarlos. En realidad, los suflés no debería salir del borde del recipiente pero los hace más estéticos (a mi gusto) pero también más fácil que se bajen. Tampoco tengo ramekin, por lo que lo he puesto y dejado en flaneras.

El salado
El soufflé de puré de patata ha sido estupendo para acompañar la carne. Una forma diferente. M sólo lo iba a probar (D) pero acabó tomándolo todo.

La banda sonora (intermedio)

Creo que ya no se le llama intermedio, se dice “publicidad”, “descanso”,… Hay palabras que ya han quedado en desuso; muchas porque los productos han desaparecido y otras porque han sido sustituidas por anglicismos o, simplemente por algún motivo que desconozco.

Ahora estoy un poco espeso, pero hablando de palabras de origen francés (soufflé), me he acordado de “fular”/”foulard”. La primera vez que la oí estaba en el instituto, para mí era una pañoleta. “Fular” era, como decirlo, más esnob. Por no hablar de los nombres eufemísticos que se le dan al “baño” (¿quién se baña en un restaurante?), a la profesora no se le pedía eso.

Otra palabra, esta vez italiana: rotonda. La primera vez que la oí fue viendo el tour de Francia, con Indurain al frente. Allí todo eran “rotondas”, antes se les llamaba “glorietas”, del francés, “gloriette”. Creo que fue aquel periodista el que ayudó a introducirla en el castellano. Ahora ya son sólo eso, rotondas.

Después de releer el mensaje de ayer he descubierto algo, que me he dejado la mayor parte de mi música preferida en el tintero. Antes de aventurarme en decir algo de lo que me arrepentiría ;-), haré una lista. Interminable supongo. Un momento, una música.

Soufflé de Grand Marnier/Coraçao

  • 286 ml de leche [143 ml]
  • Ralladura de ½ de naranja [¼]
  • 14 gr. de harina [7 gr.]
  • 14 gr. de maicena [7 gr.]
  • 14 gr. de mantequilla [7 gr.]
  • 4 yemas de huevo [2]
  • 4 claras de huevo [2]
  • 86 gr. de azúcar [43 gr.]
  • 30 ml. de Grand Marnier o Curaçao [15 ml]
(1) Calentamos la leche, la harina y la maicena batiendo constantemente. Hervimos durante 2 minutos.

(2) Retiramos del fuego, añadimos la mantequilla, el licor, la ralladura y las yemas. Removemos continuamente hasta que espese. Dejamos templar.

(3) Levantamos las claras a punto de nieve añadiendo el azúcar en dos tandas.

(4) Con ayuda de una espátula echamos las claras montadas sobre la masa con cuidado y de forma envolvente.

(5) Engrasamos los moldes con mantequilla, ralladura de naranja y azúcar. Rellenamos los moldes dejando un espacio hasta el borde con el soufflé.

(6) Hornear a 200º en horno precalentado por arriba y abajo durante unos 15-20 minutos o hasta obtener un tono dorado. Al final podemos bajar un poco la temperatura, para que se hagan también por dentro.

Si se bajan, pueden introducirse unos segundos, 5 ó 10, no más, cuidando de que no exploten.
Se toman calientes.



Soufflé de (puré de) patata

Ingredientes
  • 2 yemas de huevo
  • 3 claras
  • 300-350 gr. de patata cocida y pelada
  • Sal
  • 40 gr. de mantequilla derretida
  • 80 ml. de nata para montar
  • 50 gr. de parmesano, Grana Pagano
  • 80 gr. de queso crema
  • Pimienta y nuez moscada
Para el molde
  • Mantequilla, ralladura de naranja y azúcar
(1) Cocinar las patatas en agua con sal durante unos 20 minutos, hasta que estén cocinadas, escurrimos y hacemos un puré, todavía calientes. Añadimos la nata, la mantequilla, las yemas, los quesos, rectificamos la sal, y añadimos pimienta y nuez moscada a gusto.

(2) Preparamos un molde (taza) con mantequilla y espolvoreamos con pan rallado.

(3) Levantamos las claras con un chorrito de aceite hasta que queden bien montadas y echamos de forma envolvente sobre el puré. Una vez mezclado introducimos en los moldes.

(4) Ponemos en el horno al baño María durante unos 25 min. a unos 190ºC. No debemos abrir el horno mientras se hornea para evitar que se baje. Retiramos cuando tenga un tono marrón dorado.

Se toma caliente.

lunes 21 de mayo de 2007

Bollitos de ricotta y brandy

Banda sonora ¿original? (parte I)

Lo sé, ya había puesto unos bollitos de ricotta naranja y uvas pasas, estupendos, pero éstos son diferentes y, como no siempre “cualquier tiempo pasado fue mejor”, creo que están tan o más buenos. Diferencias: lleva levadura química, que los hace más esponjosos, ralladura de limón y un ¡¡¡¡licor!!!! Las fuentes son diferentes, los sabores también. ¿A quién quieres más, a papá o a mamá? No respondáis, por favor, no quiero poneros en un aprieto.

Suele pasar. Buscas y buscas un producto, la ricotta por ejemplo, y cuando lo encuentras ya no te acuerdas qué es lo que querías hacer con el/ella. Entonces buscas otras opciones que son igual de buenas (supongo).

La música

La música solía acompañarme todo el día, he dicho bien, solía. Acostumbraba a cantar mientras subía las escaleras de casa de mis padres, por la calle, en el colegio, instituto o facultad. Un día dejé de cantar, no sé el porqué.

Hace 15 días fue a casa de mis padres (solo) y mi madre me sorprendió, y se sorprendió, al volverme a oír cantando. “Pepinho ha vuelto a cantar”. No es que tenga buena voz, es como un estado de ánimo.
La música, de una manera u otra, ha acompañado la vida de cada uno de nosotros.

1. La guardería: Marie Claire

Las primera notas que recuerdo, además de las canciones que me cantaba mi madre (“Antón, Antón, Antón pirulero, cada cual, cada cual,…”, “Eva María se fue…”, etc.), son de la época de guardería. Allá, en etapa preescolar con las monjas: Sor María Candelaria, Sor… ni me acuerdo del resto.

Me viene a la cabeza aquella canción que no dejaba de cantar: “… y estaremos el su viña, trabajando, en la viña del Señor,… (…) Yo tengo un amigo que me ama, me ama, me ama…”.
Eso duró poco, pronto salió a la luz mi verdadera afición y uno de los (primeros) momentos más vergonzosos de mi vida: cuando, con la bata con mi nombre bordado en un bolsillo (“José María C.”, jarl!!, qué horror!), me pongo en las escaleras de la guardería cantando aquello de: “Marie Clarie, Marie Claire, un panty para cada mujer…” mientras levantaba la bata. La vergüenza fue tremenda cuando, mientras todos coreaban (así lo recuerdo) la canción, aparece tras de mí Sor María Candelaria. Todavía no lo he superado ;-)

También recuerdo la gramola del “Bar Bocacho con bolera” y su variedad de músicas.

2. Primaria, primer ciclo: don Diablo

No, era demasiado joven para que me gustase Miguel Bosé (en youtube), pero recuerdo esa canción y el “Viaje con nosotros” de La Orquesta Mondragón. Y a mi primer ¿amor? platónico con esas músicas merodeando.

3. Primaria, segundo ciclo: clásica

Todo empezó en una visita al "médico”. Mi madre tubo que oír una de las cosas más duras que nunca le han dicho, así me lo contó hace unos años. Tras una serie de pruebas de todo tipo (a mí), le dicen algo parecido a esto: “usted no sabe o no está capacitada para educar a su hijo”. En eso “la” médico se equivocó, véase. Pese a todo, hicieron caso al médico y me pusieron en un colegio interno.

Claro, los colegios internos los hay de dos tipos: laicos y religiosos. Adivinad a dónde me enviaron. El dinero no daba para más.

Allí, sólo música clásica. Mi voz empezaba a cambiar y no estaba como para formar parte de un coro de tiples. Por ello, pronto me puse manos a la obra y ese mismo año (6º EGB) estaba tocando en el coro. No diré el instrumento. Había tres opciones y me apunté a la más divertida. Después no me dejaron cambiar de instrumento y allí estaba yo, los domingos, visita de los padres (cada 15 días) y yo tocando el Xilófono y Metalófono en la Iglesia durante la misa, así durante 3 años! No me traumatizó, como teníamos que dar clase a los que quería aprender, tuvimos la suerte de tener a mano en la sala de música un harmonio/armonio e instrumentos de lo más variado.

Recuerdo el furor que todavía causaba “Rock&Rios“ entre Mozart y Beethoven. Esa época ha sido la más introspectiva y, probablemente, la que más me ha marcado en muchos aspectos. Pero a mí, raro que era, me gustaba Simon y Garfunkel, sobre todo cuando ponían música al “Padre nuestro”. Ahhh, “Chiquitita”, también.”

4. Instituto: la realidad

El mundo real es diferente y, más hermoso. El mundo de las ideas es muy oscuro, demasiado. En el mundo real la música clásica tenía cabida, pero uno no puede pasar de oír a Bach a Iron Maiden, aunque estén más cerca de lo que parecen.

El choque es frontal. Extrema timidez y el segundo amor (en primero). La música de los 80 dicen que es la mejor de la época Pop. No estoy muy convencido de ello pero sí que fue cuándo desperté a la música, a todo tipo de música. Mi grupo Pop preferido era “The Police”, mucho más cerca de Bach. Todos teníamos una canción preferida, yo tenía 10 ó 20, de The Police: “Every Breath you Take”, que al principio me sonó a Schweppes, o “Message in a Bottle”. Qué me decís de ese bajo, ni Bach ;-)
También recuerdo aquella canción de “Foreigner”: “I want to know what love is”, ahora se ve un poco cursi pero… me sigue gustando.

M, según me ha dicho, era de Pop hispano: El Norte, Los secretos, Duncan Dhu, … y mucho más. Lo siento, cuando ella escuchaba Hombre G, yo lo hacía con Leonard Cohen. Me parecían pijos y, con el paso del tiempo, me lo siguen pareciendo, perdón, tal vez no esté preparado para ello.

Todavía tengo aquel LP, “The Freewheeling” de Bob Dylan, que me compré por correo (estaba muy de mota la venta por catálogo) en Discoplay, que utilizaba mi hermano para realizar sus encargos. El problema es que ese disco me llegó bastante doblado y todavía sigue así, sin poder oírlo y sin devolución. Tuve que hacer una copia en cassette (pirata), aquello de la doble pletina:

Oh, where have you been, my blue-eyed son?
And where have you been, my darling young one?
I've stumbled on the side of twelve misty mountains,
I've walked and I've crawled on six crooked highways,
I've stepped in the middle of seven sad forests,
I've been out in front of a dozen dead oceans,
I've been ten thousand miles in the mouth of a graveyard,
And it's a hard, and it's a hard, it's a hard, and it's a hard,
And it's a hard rain's a-gonna fall.

Hasta Mahler y Muerte en Venecia todavía queda mucho…


Ingredientes
También he puesto la mitad y ¼ de ingredientes. 3 huevos podrían ser muchos, por lo menos para 2 personas.
  • 3 huevos, ligeramente batidos [1,5] [0,75]
  • 2 cucharadas de azúcar grano [1] [1/2]
  • 453 gr de ricotta, preferiblemente fresca. Retirando el suero. [227 gr.] [113 gr.]
  • 140 gr. de harina normal [70 gr.] [35 gr.]
  • 4 cucharillas de levadura en polvo [2] [1 cucharilla]
  • 4 cucharadas de brandy [2] [1 cucharada]. He usado ron.
  • 2 cucharillas de ralladura de limón [1] [1/2 cucharilla]
  • 1 cucharilla de esencia de vainilla o agua de azahar (opcional)
  • Sal
  • Aceite para freír
  • Azúcar glasé para espolvorear
(1) Mezclamos la harina con la levadura, el azúcar y la sal. Echamos el resto de ingredientes y batimos hasta obtener una pasta homogénea, sin grumos. Dejamos reposar durante, al menos, una hora.

(2) En una sartén profunda con abundante aceite, freímos a fuego medio-alto, sin que llegue a humear (a 80-190º). Con ayuda de dos cucharas formamos los buñuelos, moviendo con una espumadera para que se haga de modo uniforme.

(3) Para evitar que baje la temperatura se fríen 2 ó 3 de cada vez, dependiendo del tamaño de la sartén y la cantidad de aceite. Con ayuda de una espumadera, los retiramos y ponemos sobre papel de cocina para que absorba el aceite sobrante.

(4) Espolvoreamos con azúcar glasé y tomamos todavía templados.

¿A quién quieres más? Rico, rico.

¿Puedo saludar?

“Sí. Somos unas rosquillas o trenzas con harina de arroz y sésamo. Nos sentimos ignoradas desde el momento en que Pepe nos dejó olvidadas, todavía sin cocinar, el pasado viernes, mientras él se iba de fin de semana.

Unas veces nos ha hecho en forma de rosquilla, otras en forma de trenza, pero esta vez, por haberse olvidado, nos hemos quedado un poco secas y chafadas. Queremos reivindicarnos y pedirle a Pepinho más respeto por la comida. No se puede dejar la masa en la nevera más de 2 días así por así.”

Cómo estamos hechas
  • 300 gr. de harina normal
  • 2 cucharadas de harina de arroz
  • 50 gr. de aceite de girasol
  • 140 gr. de agua
  • ½ cucharilla de sal
  • ¼ de cucharilla de levadura rápida para pan
  • ½ de cucharilla de levadura química (Royal)
  • 1 cucharilla de esencia de vainilla o agua de azahar (opcional)
  • 20 gr. de semillas de sésamo
Jarabe (rebozado)
  • 120 gr. de azúcar grano
  • 85 gr. de agua
  • 20 gr. de harina
(1) Para hacernos, mezcla los ingredientes sólidos, hace un volcán y echa componentes líquidos. Amasa hasta formar una masa lisa. Y nos deja reposar 30 minutos, ¡no 3 días!.

(2) Nos estira la masa, hace unas tiras y nos damos la forma que le da la gana: lazos, rosquillas, etc.

(3) Nos fríe en aceite suave hasta tener un tono dorado. Siempre nos deja reposar en papel absorbente para que se escurra el exceso de aceite.

(4) Mientras descansamos, hace un jarabe y, cuando está espeso, nos da un baño al fuego.

(5) Nos sigue calentando al fuego hasta que parte del azúcar se cristaliza en la superficie, echa la harina y nos sigue friendo hasta que esté todo el azúcar cristalizado, sin quemarse. Las quemaduras nos sientan muy mal.

(6) Nos retira del fuego y nos deja descansar en contenedores de galletas.

Perdón, no volverá a pasar.

domingo 20 de mayo de 2007

Patatas a la riojana

Opciones (de fin de semana)

Ésta es una receta de José Andrés, tal y como la realizó en su día en TV. Desde ese día la he hecho varias veces, casi siempre como plato de acompañamiento. Debido a la fortaleza del plato, me gusta combinarlo con algo ligerito. Están estupendas, ¡qué no lo está!

Contrastes

Me gustan más los postres, a M lo salado, aunque ya la he “acostumbrado” a tener que picar de vez en cuando. Le encanta el chocolate, a mí todo tipo de postre. Por rachas.

¿Por qué suelo poner recetas de postres? Por varias razones, la primera y principal: porque es lo que más me gusta. Los postres los repito muy poco, salvo excepciones o peticiones expresas de M, y el blog me permite tener las recetas clasificadas. Por supuesto, hago platos salados a diario (¡hay que comer!) y repito poco, pero son recetas más difíciles de comentar. En muchos casos las cantidades suelen sen “al gusto” y, por ello, más compleja la concreción de las cantidades. Por ejemplo, ¿cuánto aceite para un sofrito?, ¿“unas cucharadas”?, a ojo.

En lo salado hay mucha libertad y las cantidades ni siquiera tienen que ser aproximadas. Por ejemplo, en este plato podríamos sustituir (pienso) el pimiento choricero por pimentón dulce y (vuelvo a pensar) no le vendría mal una reducción de medio vasito de vino blanco antes de echar el agua. ¿Por qué no un poco de perejil picado al final? Hay tantas variantes y posibilidades que en muchos casos lo mejor es que cada uno opte o se ajuste a sus gustos.

Intentaré poner platos de referencia y, a partir de ellos, echarle mano en esos días (no recuerdo el último) en que “no sabemos/no se nos ocurre qué hacer”. Hay tantos posibles platos que el problema surge con la elección, no con la falta de opciones.

Las opciones

Las opciones son un problema. Cuantas más opciones más quebraderos de cabeza. ¿Qué comer?, ¿a dónde ir de viaje?, ¿qué comprar?, ¿a dónde ir el fin de semana?, ¿qué vestir?… Si no tuviésemos tantas opciones tendríamos un problema menos. El dinero no hace la felicidad, todo lo contrario, provoca infelicidad. Demasiadas opciones. ¿Qué casa?, ¿qué coche?, ¿qué restaurante?,… y lo peor, suelen ser temas sin sustancia, banales. Más dinero, más facturas, más cuentas corrientes, más problemas.
También es cierto lo contrario. Es necesario lo básico, dónde comer o dónde dormir, lo demás (casi) sobra. La compañía es necesaria (?), alguien con quién hablar y compartir las alegrías y los problemas. A mí me llega un pedazo de papel y unas zapatillas de deporte.
Hace unos meses nos compramos una supertele (40’’, full-HD) y casi ni la he visto. Esa sensación ¿placentera? dura unos minutos, es una falsa sensación de felicidad.

Fin de semana

Nos hemos ido de fin de semana. Ha habido de todo, sol y fresquito, tranquilidad y prisas. Siempre hay alguien que quiere hacer de todo y “todo” no se puede. Siempre con prisas. ¿Demasiadas opciones?

Te levantas un sábado tranquilo. Sol. Lees un poco y se levanta M. Antes de ir a correr nos acercamos (¡a 100 m!) al mercado a ver si hay algún pescado interesante. Yo me voy, para no tener que comer a las “tantas”, M quiere ir pronto a la playa.

La tarde. Viento, pero con tantas playas siempre se encuentra alguna que esté protegida. Viento norte implica playas del “sur”, las del parque natural. Allí se está de maravilla:



Es increíble, por aquí un tiempo excelente y por el norte de Galicia… lluvia! , menuda, pero lluvia (“chove, chove, miudiño”).
Otro fin[,] de semana.

Ingredientes
Pongo la cantidad para “muchos”, como siempre aproximada. El resto de componentes a gusto. He empleado aproximadamente la mitad. Si no tenemos pimiento choricero podríamos emplear una cucharada de pimentón dulce, aunque siempre he usado pimiento choricero seco.
  • 1 cebolla grande picadita
  • 2 pimientos choriceros secos, que dejaremos hidratando en agua mineral
  • 5 dientes de ajo, 2 troceaditos y 3 majados. Al gusto
  • 2 chorizos poco curado, casi fresco. Al gusto
  • 6 patatas, mejor Mona Lisa
  • 2 hojas de laurel
  • Aceite de Oliva virgen extra
  • Sal
  • Agua mineral
(1) Hidratar el pimiento choricero mejor con agua mineral, pues después la emplearemos para el guiso, retirando las semillas y poniéndolo en un bol con agua caliente o fría. Con agua caliente aceleramos el proceso, si tenemos 1 horita antes de empezar el proceso lo dejamos en agua fría.

(2) En una tartera con aceite de oliva doramos la cebolla, bastante cantidad, con tres dientes de ajo majados y dos muy troceaditos. Dejamos que se haga a fuego medio-bajo.

(3) Pelamos las patatas, mejor Mona Lisa pues es una patata con mucha fécula que hará que el guiso tenga más cuerpo, o la variedad que más nos guste. Cortamos las patatas con un chasquido, no con corte limpio, así conseguimos que suelte fécula y espese la salsa durante la cocción.

(4) Echamos las patatas sobre el sofrito, le damos unas vueltas y salamos un poco. Poco, cuando echamos el agua volveremos a salar, así conseguimos que las patatas vayan cogiendo un poco de sal. Hay que tener en cuenta que el propio chorizo ya le va a proporcionar sal.

(5) Preparamos los chorizos, cortándolos en rodajas de centímetro o centímetro y medio. Los echamos sobre las patatas, con cuidado para no deshacer el chorizo. Dejamos cocinar un poco.

(6) Sobre un plato y con la ayuda de un cuchillo, retiramos el relleno del pimiento rehidratado y lo incorporamos a la tartera. Le damos unas vueltas, echamos el agua de rehidratar el pimiento y agua mineral, si fuese necesario, para cubrir las patata y un casi nada más. Rectificamos la sal (poco).

(7) Cocinamos a fuego medio hasta que estén hechas.

Es un plato muy energético, pero no os digo cómo sabe… si M se ha pasado por alto la D… Incluso puede funcionar como acompañamiento de otro plato.

viernes 18 de mayo de 2007

Madeleines de chocolate y limón

¡A este Pierre Hermé no lo suelto!

Cuando tenga algo de tiempo (externo), fuera del hogar, me acercaré por el famosísimo hipermercado o alguna buena librería a ver si encuentro algo de este chico, aunque los años pasan por todos. Menos por la Isabel P., por supuesto.

Ésta sigue siendo una receta del mismo libro, “Chocolate Desserts”, y que decir que lleva chocolate y una pizca de sal. Lo dicho, dicho está.
Estupendas! (y más fáciles todavía).

Lo que piensan (algunas) mujeres

Si llegas a casa, te encuentras a tu compañer@ trabajando (yo mismo, por poner un ejemplo), haciéndo(te) la comida, pero todavía no está preparada (del todo) y tienes que esperar un cuarto de hora…. ¿cuál sería la reacción de una mujer? No se puede generalizar (¡No!!!!) pero yo conozco a alguien que no ha reaccionado bien. ¡Dios! ¡No puedo hablar!

Madelaines de chocolate y limónMadelaines de chocolate y limón
Fue un error decirle lo del blog. Quería que alguien, en algún lugar del planeta, pudiese escucharme, sólo eso y, aunque no lo hiciese nadie, así querría pensarlo. Tengo muy pocos (verdaderos) amigos, soy demasiado introvertido. Mis (mejores) amigos son mi hermano, mi hermana, mi padre, mi madre y mi sobrino. Realmente tengo otro amigo, de los buenos aunque, al igual que yo, supongo que no será el mismo de hace…. ¡15 años! Tengo amigos de la infancia, pero ya no hay esa confianza ni relación como para contarles mis problemas y mi vida. Necesito un escape, un desahogo.

El blog es muy rápido y sencillo, me evado en unos minutos y me siento aliviado. Pero claro, ahora lo sabe más gente (que la conoce) y el desahogo me lo tengo que guardar, se queda en la superficie. Ella charla con sus amiga@s ¿y yo?, con un pedazo de papel. Antes era mi hermana quién me escuchaba, pero creo que no era justo para M ni para mi hermana. Se crean malentendidos y cuando uno se desahoga sólo cuenta lo negativo, es cuando lo necesitas. Supongo que ella hará lo mismo.
Hay una frase de mi padre que siempre he apoyado (aunque seamos “algo” diferentes ideológicamente): “medias verdades son también medias mentiras”. Una media verdad: no puedo, ni quiero, vivir “para” nadie, quiero vivir “con” alguien. Somos dos, no uno y un cuarto; no me llega con ir al cine de vez en cuando…

Weekend

Fin de semana. Nos vamos a una isla, tiene esa necesidad de escapar. Yo también, pero puedo escapar sin moverme del sitio. Ella necesita estar haciendo algo diferente. Todavía no sé si estaremos aquí mañana o pasado, dependerá del tiempo, supongo.
Buen fin de semana. Lo dejo, tengo que hacer la bolsa.

Ingredientes
Los aromas son los recomendados, mas pueden añadirse a gusto. El limón le queda fantástico.
  • 70 gr. de harina normal
  • 3+1/5 cucharadas de cacao en polvo (Valrhona, dicen que es la bomba. Me he conformado con Valor)
  • ½ cucharilla o algo más de levadura química
  • 90 gr. de azúcar
  • Un pizca de sal. Lo sabía, éste lo hace para realzar el sabor de chocolate. Además los postres ¡suelen estar sosos!, sí.
  • Ralladura de ¼ de limón grande, o más si gustáis. Le he echado ½.
  • 2 huevos grandes a temperatura ambiente.
  • 100 gr. de mantequilla sin sal a temperatura ambiente.
(1) Tamizamos la harina con el cacao en polvo y la levadura química. Reservamos.

(2) En una tartera o bol grande, echamos la sal, el azúcar y la ralladura de limón. Mezclamos con la punta de los dedos, hasta que esté unido, algo húmero y se haya aromatizado. Me ha parecido una idea muy interesante que copiaré de aquí en adelante.

(3) Batimos los huevos con el azúcar y limón hasta que esté la mezcla homogénea.

(4) Sin dejar de batir, echamos la mantequilla y seguimos batiendo la mezcla hasta que no tenga grumos. Si por algún motivo se corta, no pasa nada. Lo importante es que no queden grumos (grandes). Ya ligará con el cacao.

(5) Incorporamos la harina con cuidado, batiendo solamente hasta que la harina esté perfectamente incorporada y la mezcla lisa.

(6) Dejamos reposar en el frigorífico como mínimo 1 hora o, preferiblemente, toda la noche. Lo he dejado ayer noche y las he preparado hoy.

(7) Engrasamos y enharinamos los moldes de magdalenas, retirando la harina sobrante. Repartimos la masa entre los moldes. Esta cantidad es para unas 12 magdalenas o más.
Como la masa ha estado en el frigorífico y es pegajosa, lo mejor es mojar la cuchara en agua y la punta de los dedos para que no se pegue.

Los moldes que tengo son de silicona. He querido hacer una prueba con alguna magdalena sin margarina y harina en el molde. El resultado es el esperado, las que no tenían harina la superficie queda algo húmeda y sin secar del todo. En resumen, aunque el molde sea antiadherente y la masa lleve cacao, la harina ayuda a que la superficie se haga adecuadamente y tenga una costra que le dé un aspecto óptimo.

(8) Introducimos en horno precalentado a 180º durante unos 15 minutos, hasta que esté ligeramente abombado y recupere su forma frente a la presión.

Dejamos enfriar en una rejilla a temperatura ambiente. Podemos espolvorear con un poco de azúcar glasé.

Me voy de fin de semana. Me hace falta, aunque dudo que la mente deje de trabajar, y trabajar, y trabajar,…

jueves 17 de mayo de 2007

"Macarons" de chocolate

17 de maio, Día das Letras Galegas

"Deitado frente ao mar" de Celso Emilio Ferreiro

Lingoa proletaria do meu pobo,
eu fáloa porque sí, porque me gosta,
porque me peta e quero e dame a gaña;
porque me sai de dentro, alá do fondo
dunha tristura aceda que me abrangue
ao ver tantos patufos desleigados,
pequenos mequetrefes sin raíces
que ao pór a garabata xa non saben
afirmarse no amor dos devanceiros,
falar a fala nai,
a fala dos abós que temos mortos,
e ser, co rostro erguido,
mariñeiros, labregos do lingoaxe,
remo i arado, proa e rella sempre.

Eu fáloa porque sí, porque me gosta
e quero estar cos meus, coa xente miña,
perto dos homes bos que sofren longo
unha historia contada noutra lingoa.

Non falo pra os soberbios,
non falo pra os ruís e poderosos
non falo pra os finchados,
non falo pra os estúpidos,
non falo pra os valeiros,
que falo pra os que agoantan rexamente
mentiras e inxusticias de cotío;
pra os que súan e choran
un pranto cotidián de volvoretas,
de lume e vento sobre os ollos núos.
Eu non podo arredar as miñas verbas
de tódolos que sofren neste mundo.

E ti vives no mundo, terra miña,
berce da miña estirpe,
Galicia, doce mágoa das Españas,
deitada rente ao mar, ise camiño...


[Edito: he puesto otros Macarons de chocolate II muy recomendables]
[Edito de nuevo: he puesto unos Macarons de Frambuesa (Primera parte), todavía más recomendables y perfeccionados]

Pierre Hermé

En mi ignorancia, la primera vez que hice unas galletas (casi) de este tipo, buenísimas de sabor, por cierto, desconocía la importancia que se le da a la forma que deben tener. Ni siquiera le había prestado atención al horno, yo a lo mío, como si nada, por eso se me pasaron un poco, un par de minutos. De sabor, impecables.

El obtener el famoso “pie” de la galleta es un logro que resulta casi imposible conseguir tras la primera hornada, salvo que tengas muy claro lo que hay que hacer. Son muchas las variables: temperatura del horno, punto de levantar las claras, tiempo de secado, tiempo de horneado, etc. En éste mi primer (real) intento ha habido un amago, pero tenía mucho miedo y muy pocas claras para experimentar. Creo, o espero, que a la segunda sea la definitiva: el horno ligeramente más alto, a unos 165-170º y tener un poco más de paciencia, perder el miedo a que se rompan. Está vez las he retirado, diría, un par de minutos antes.

Sé que éste postre es una de las grandes aventuras de, probablemente, uno de los mejores reposteros del mundo: Pierre Hermé. De eso se trata, ante la duda, a buscar uno de sus famosos libros: “Chocolate Desserts”, en Internet por supuesto, y en él unos buenos “macarons” de chocolate. “Prueba superada”, he encontrado una receta.

Ingredientes
  • 140 gr. de harina de almendra, cuanto más fina mejor.
  • 250 gr. de azúcar glasé
  • 25 gr. de cacao en polvo
  • 100 gr. de claras de huevo, a temperatura ambiente.

Aclaración: la almendra, si queremos una superficie perfectamente lisa, debe ser harina de almendra, no almendra molida. Yo he empleado almendra molida pues no tenía otra en casa, no resulta tan fina como la harina y quedan unos pequeños granitos en la superficie. Tampoco he intentado molerla, ya que recuerdo haberlo hecho alguna vez y, por la cantidad de humedad que tenía, se formaban grumos.

(1) Mezclamos la almendra, el cacao y el azúcar glasé, tamizamos. Debe quedar fino, sin grumos.

(2) Punto clave 1: levantamos las claras hasta quedar blancas y espumosas con ayuda de un chorrito de limón, no se deben levantar del todo. Subimos la velocidad y las levantamos justo hasta el punto en que están blancas y flexibles, pero si formamos un pico se baja un poco. Si las levantamos demasiado, pasará lo que a mí en las primeras galletas, se romperán como si de un merengue se tratase.

(3) Transferimos las claras a un bol más grande, o una tartera plana, y añadimos los ingredientes secos de forma envolvente, en tres tandas. Parecerán pocas claras, pero a medida que vayamos añadiendo veremos que va admitiendo la mezcla y se queda en nada. No debemos preocuparnos de si las claras se bajan, obviamente lo harán, debe quedar una masa pastosa, casi como la de un bizcocho. Eso sí, siempre de forma envolvente.
En realidad yo he hecho al revés, he echado las claras sobre la mezcla seca, pero siguiendo el mismo proceso.

(4) Con ayuda de una cuchara echamos la mezcla en una manga de boca gruesa, de uno o dos centímetros. He empleado la “pistola” que tengo pero sin utilizar ninguna boquilla. Constituimos la forma de la galleta desde el centro, por gravedad y presión ya se expanden hacia los bordes. Si quedan picos es el momento de retirarlos. Le damos unos golpes a la bandeja para ayudar a bajar la masa. Para forma un buen “pie” lo mejor es emplear algún tipo de papel que no se recaliente demasiado por debajo. La próxima vez probaré con uno de silicona.

(5) Dejamos reposar los “macarons” durante unos 25 minutos.
Bien, como Pierre Hermé es uno de esos grandes reposteros siempre se guardan un as en la manga y, para no arriesgarme, he leído de más fuentes.
Parece ser que el tiempo de reposo hace que la superficie se seque y quede más durita y crujiente. Incluso en alguna receta he leído que se pueden, y suelen, dejar de un día para otro sin hornear.
Mi caso: como tenía que hacer recados con M (¿se puede decir “muebles” a esta hora?), lo he dejado durante unas 3-4 horas. A la vuelta éste era el resultado:

La superficie prácticamente seca. Aunque no lo parezca, todavía estaban sin hornear.
También he leído (¿leo demasiado?, ¿no será mejor adoctrinarse con una única receta?) que un(os) golpe(s) a la bandeja puede ayudar a que se forme el famoso “pie”. No lo creo, pero por si acaso…. ;-)

(6) Horneado. La receta indica que deben hacerse a unos 180º durante unos 10-12 minutos. La temperatura, como sabéis, depende mucho del horno. Como las galletas de frambuesa y chocolate se me habían roto (más que nada por haberme pasado del tiempo) opté por emplear la temperatura de 160º, que también había leído en otra receta.
El resultado. Creo que las he retirado un poco antes de tiempo (era mi única hornada y no quería estropearla), unos 9 min. por lo que se me bajaron algo. La temperatura adecuada para mi horno podría ser en torno a unos 175º, unos 10-11 min. Lo mejor sería probar con unas pocas antes y ver el resultado.

(7) Retiramos rápidamente y dejamos enfriar. En algún otro sitio (¿más?) he leído que incluso podemos levantar el papel con las galletas y poner agua hirviendo y burbujeando debajo (sin mojarlas, por supuesto) para que adquieran humedad y faciliten la creación del “pie”. Me parece demasiada obsesión por la estética.

(8) Podemos rellenarlas con lo que gustemos. Lo típico es crema mantequilla de diferentes sabores. He repetido relleno:

Relleno
  • 100 gr. de chocolate negro, derretido
  • 75 gr. de nata
  • 1 cucharada de mermelada de frambuesa
  • 1/8 cucharilla de esencia de frambuesa (opcional)

Ponemos el chocolate con la nata unos segundos en el microondas y, cuando esté caliente la nata (el chocolate no estará derretido), removemos con una espátula de plástico hasta formar una pasta homogénea. Añadimos la mermelada de frambuesa y la esencia, si la empleamos. Mezclamos. Dejamos enfriar hasta tener la consistencia deseada y rellenamos las galletas con ayuda de una manga o unas cucharillas.

A José B.
Hoy es un día muy triste
No he conocido a nadie con más vida. Hoy nos la ha regalado toda, y ha hecho que vuelva a salir el sol.




(Edito) Se me olvidaba, es probable que Pierre Hermé hubiese puesto una pizca de sal en el chocolate para realzar el sabor... ;-)

martes 15 de mayo de 2007

Brioches de naranja y chocolate

Brioches de naranja y chocolateRecetas encadenadas

Pregunta: Si has hecho pizza y te sobra levadura ¿qué hacer con ella?:
a) Congelarla.
b) Tirarla, ¡como es tan barata!
c) Hacer un sofrito de levadura.
d) Ninguna de las anteriores.


A ver, dudo entre la (a) y la (c). La (b) imposible, por muy barata que sea, mamá siempre dice: “la comida no se tira, que es pecado” (sic). La (c) es claramente falsa. Sigamos con la deducción: a mí congelada no me gusta (del todo), hay que disolverla y nunca obtengo el mismo nivel de levado; claramente la (d), “Ninguna de las anteriores” y hago algo nuevo, por ejemplo, unos brioches de naranja que están…

Unas recetas encadenadas. Primero la mermelada de frambuesa, tres recetas; después de la última receta con frambuesa empleo leche fermentada, dos recetas; después la harina de fuerza, tres recetas; y, por último, la levadura fresca.

Había una vez un niño…

He abierto la carpeta de los recuerdos. Los recuerdos cercanos pero que están a lo lejos, en la distancia. Tengo esa carpeta, llena de dibujos inútiles de un “niño” que en muy poco tiempo ha tenido que madurar a base de golpes. Tengo esa carpeta llena de pequeños mensajes de una mente a la que se le escapaba la imaginación. La tengo y la he abierto. ¿Qué queda de ese “niño”?, nueve años no son muchos para un hombre pero sí lo son para un niño:

Silencio

Silencio,
marco tranquilo de hermosos recuerdos,
paseo de mentes desesperadas,
explosión callada del tiempo.

Pepinho C., 14-4-1998


Perpetuo estilete,
afilado,
de mano indolente,
se clava,
directo a la mente.
Sostiene su brazo
el peso del tiempo,
del tiempo pasado

Pepinho C., 11-3-1998

En medio de tanta ingenuidad he encontrado una rosa y un trocito desesperanción:


Ingredientes
  • 500 gr. de harina de fuerza [250 gr.]
  • 250 ml de leche templada, no demasiado [125 ml]
  • 20 gr. de levadura fresca [10 gr.]
  • 75 gr. de azúcar [38 gr.]
  • Una cucharilla de sal
  • 1 huevo [25 gr.]
  • 75 gr. de mantequilla pomada [38 gr.]. Podéis emplear, como en este caso, un poco de manteca.
  • Ralladura de ½ naranja grande [1/4]. Puede echarse más si gusta.
  • 1 cucharilla de esencia de vainilla [1/2 cucharilla]
  • Un poco de huevo batido para pintar antes de hornear
  • Mantequilla derretida para pintar los panes después de hornear
(1) Tamizar la harina en un bol y formar un volcán. Echar la leche, a una temperatura casi ambiente, la levadura desmenuzada y una cucharilla de azúcar. Remover una o dos veces. Cubrir el bol con un paño de cocina y dejar reposar durante unos 15 minutos. La superficie empezará a formar burbujas.

(2) Agregar el resto de ingredientes: el azúcar restante, el huevo, ralladura de naranja, sal, mantequilla pomada (le he puesto un poco de manteca como sustituto de parte de la mantequilla) y la esencia de vainilla. Amasamos hasta que quede una masa homogénea si resulta muy pegajosa, es probable, añadimos más harina, no demasiada. Para añadir siempre estamos a tiempo, antes debemos esperar a que la harina absorba parte de los líquidos.

(3) Dejamos reposar durante en lugar seco y templado. El mejor sitio es el horno apagado, durante un mínimo de 50 minutos, hasta que doble su tamaño.

(4) Precalentamos el horno a unos 200º C. Pasado el tiempo de fermentación, amasamos un poco sobre una superficie enharinada. Formamos pequeñas bolas, de unos 70 gr. cada una. Podemos rellenarlas de dulce/amargo: chocolate o de salado: chorizo, sobrasada…


(5) Colocamos dentro de moldes para magdalenas y éstos, a su vez, dentro de una bandeja para muffins. Pintamos con un poco de huevo batido e introducimos en el horno ya caliente durante unos 15 minutos o hasta que haya adquirido un tono dorado. Si vemos que empiezan a dorarse muy pronto los cubrimos con papel de aluminio.

(6) Retiramos del horno y pintamos con mantequilla derretida. Tomamos calientes o bien mojados en leche. La leche de buenos!

Brioches de naranja y chocolateBrioches de naranja y chocolate

He congelado algunas bolitas antes de hornear. Para cocinar se descongelan, se dejan fermentar un poco y se hornean sin problemas.

El “niño” que pensaba en M:

Mirada ardiente,
atenta, paciente,
recobra el sentido
imaginando en estío
alas en rayos perdidos.

Pepinho C., 11-3-1998

Están buenísimos. Si no me creéis, creed a un niño...

Brioches de naranja y chocolate

Tartitas de fresa y crema de chocolate blanco


Monday, Monday

Esta tarta ha quedado muy resultona. La palabra “resultona” es ambigua, por lo que diré “muy buena”. Fácil, rica y una manera diferente de hacer una crema pastelera, con chocolate blanco. Sí, con negro ya lo había probado, pero blanco….

Últimamente tengo tal obsesión por la mermelada de frambuesas que no hago más que ver, y buscar, recetas que de alguna manera la empleen.

La palabra más falsa y el desagradable (yo mismo, por poner un ejemplo)

“Resultona”, perdón, no quería decirlo. Es como cuando se dice que alguien es “buena persona”. En ese mismo instante piensas: “no es muy agraciad@”. ¿Buena persona?, ¡venga ya!, ¡ni que lo/la conocieses de toda la vida!

Lo que no me gusta nada, pero nada, es cuando M, después de intercambiar una conversación “profundísima” sobre el tiempo (atmosférico, nada del espacio-tiempo ni teorías sobre la relatividad especial), el calor que hace (o el frío) o temas “existenciales” como el ruido o el tráfico, dice la frase clave: “Es muy maj@!”. ¿Muuuuy maj@?, ¿en qué lo has notado? ¿En que no paraba de mirarte...? pues yo no lo he notado por ningún lado. Tal vez lo sea, en 5 minutos no tengo tanta capacidad analítica sobre la personalidad del ser humano. ¡Majo!, suena tan falso. Admitiría “parece majo”, aunque convendría decir que la palabra “majo” no sé ni lo que significa. A buscar: http://www.rae.es

majo, ja.
(De or. inc.).
1. adj. coloq. Que gusta por su simpatía, belleza u otra cualidad.
2. adj. coloq. Lindo, hermoso, vistoso.
3. adj. coloq. Ataviado, compuesto, lujoso.
4. adj. p. us. Dicho de una persona: Que en su porte, acciones y vestidos afecta un poco de libertad y guapeza, más propia de la gente ordinaria. U. t. c. s.


Ahhhhhh!, ahora ya entiendo, ¿por qué no dijiste de entrada “guap@”, “cachond@”?, ¡acabáramos!. Esa capacidad de análisis de ser humano sí que la poseo, pero incluso me llegan unas décimas de segundo, no necesito entablar ninguna conversación. Una mirada es suficiente. ¿O querría decir la última acepción?: “…propia de la gente ordinaria”.

Un lunes como cualquier otro

7:15 Levantarse. Hacer cama y preparar algo ganar tiempo mediodía. Coche. Trabajo-clases-pasan-de-todo. Vuelta. Parada rápida comprar supermercado-hay-que-comprar-el-pan-de-M. Poner mesa. Desvestirse. Ropa-de-deporte. Correr. Ducha rápida. Acabar-de-preparar-la-comida. Comer mientras tanto. Llega M. Comida M plato. Fregar mientras come. Acabar postre empecé ayer. M siesta. Fregar cacharros postre. M despierta. M dice. “barro”. M “Yo Bea”. P publica blog. Acaba YSB. Visita tienda muebles piso isla. Vuelta 9 noche. Cena. P friega. M recoge mesa. M mira presupuestos. P escribe. 24 hay dormir.

Base de pasta sableé
  • 125 gr. de mantequilla reblandecida, no derretida.
  • 50 gr. de azúcar (fino)
  • 200 gr. de harina normal.
  • 1 yema de huevo grande
  • 2 cucharadas de agua muy fría
  • Opcional: algún aroma, esta vez no le he puesto
(1) Mezclar el azúcar con la harina. Hacer un volcán, echar la yema, la mantequilla en trocitos y las cucharadas de agua. Amasamos rápidamente hasta formar una pasta homogénea.

(2) Formamos una bola, envolvemos en plástico y dejamos reposar en el frigorífico durante un mínimo de media hora.

(3) Estimamos la masa. Si es pegajosa lo podemos hacer entre dos bolsas de congelación. Engrasamos y enharinamos los moldes (pequeños), retirando la harina sobrante, y cubrimos el molde. Pinchamos con un tenedor, cubrimos con papel de aluminio (¿aún se le llama “Albal”?) y ponemos un peso encima, por ejemplo, unos garbanzos. También podríamos dejarlo en la nevera otros 30 min., ya dentro del molde, antes de ponerle el papel de aluminio y los garbanzos.

(4) Horneamos durante 10-15 minutos en horno precalentado a 175º. Retiramos el papel de aluminio y los garbanzos y volvemos a introducir en el horno durante uno 5-10 minutos, hasta que empiece tostarse.

(5) Dejamos enfriar antes de desmoldar la base. Si lo hacemos caliente se rompería.

Crema de chocolate blanco
  • 100 gr. de azúcar [50 gr.]
  • 3 cucharadas rasas de maicena [1,5 cucharadas=15 gr.]
  • 3 huevos grandes [1 huevo]
  • 3 yemas grandes [2 yemas]
  • 480 ml de leche [240 ml]. He sustituido parte de la leche por nata, más sabroso.
  • 100-150 gr. de chocolate blanco troceado [50-75 gr.], dependiendo de cuánto sabor queramos.
  • Una rama de canela y un trozo de monda de limón.
  • Opcional: una nuez de mantequilla.
Montaje
  • Mermelada de fresa o frambuesa. He empleado frambuesa.
  • Fresas fresas, troceadas.
(1) Mezclamos el azúcar con los huevos. Batimos enérgicamente hasta blanquear. Echamos la maicena y seguimos batiendo hasta que quede totalmente mezclado, sin grumos.

(2) Infusionamos la leche/nata al fuego medio con un poco (una rama) de canela y un trocito de piel de limón, sin la parte blanca que le daría acidez. Cuando empiecen a formarse burbujas echamos un tercio de la leche sobre la mezcla de los huevos. Batimos hasta que quede bien mezclado.

(3) Añadimos el resto de la leche y llevamos al fuego a temperatura media, removiendo constantemente para evitar que se pegue. Seguimos el proceso hasta que espese. Cuando haya espesado retiramos del fuego, echamos los trozos de chocolate blanco y una nuez de mantequilla, si le queremos dar un poco de brillo y sabor. Dejamos enfriar unos 15 min.

Montaje de la tarta

(4) Con la base ya fría, pero cuidando de no romper la masa, echamos un poco de mermelada de frambuesa o fresa en el fondo. Como sigo obsesionado con la mermelada de frambuesa, ya podéis imaginar cuál le he echado.

(5) Rellenamos con la crema de chocolate y decoramos con trozos de fresa. Dejamos enfriar en el frigorífico. Lo mejor es cubrir casi toda la superficie de la tarta con fresas, así evitaremos que se forma costra sobre la crema.

“Espudendísima” (¿..ísima?, nunca pensé que llegaría a caer tan bajo ;-))

lunes 14 de mayo de 2007

Pizza de bacon, chorizo, espárragos y atún

El secreto está en la masa

Tengo, perdón, tenía mi receta preferida para la masa de la pizza, a partir de ahora creo que emplearé estas nuevas cantidades. Esta receta lleva un poco más de leche y, definitivamente, he incorporado un poco de azúcar. Lo del azúcar no es la primera vez que lo hago, pero me daba un poco de rubor decirlo hasta que este fin de semana he visto a Jamie Oliver añadirlo a la masa de unos “calzone”.

La pizza, en ciertos ambientes, sigue considerándose una receta menor y poco saludable. Bien equivocados están. Si los ingredientes son de buena calidad, no hay nada más sano y rico. Supongo que será por lo mal valorado que están las “comidas rápidas” que también tiene jerarquías: en el restaurante “Estik”, en Madrid, una hamburguesa de buey de Kobe cuesta… ¡85 euros!. Para que luego le llamen “comida basura”.

El fin de semana

Ni bien ni mal, del todo. Lluvioso a más no poder, el domingo atardeció mejor pero por la mañana llegué a casa empapado. Ha pasado sin pena ni gloria, como si no hubiese aprovechado el tiempo, y así ha sido. Ni lectura, ni trabajo, sólo un poco de cine con M, una de esas películas que “hay que ver”.
Hablando de cine. Hojeando, con “h”, una revista de cine, he descubierto que existe una versión (¡que miedo!) cinematográfica de uno de mis libros preferidos. Lo tengo, justamente, en la estantería que está a mi derecha, justo al lado de esos gorditos que, titulen como se titulen, siempre tienen el mismo: “el rollo del trabajo”.

Siddhartha

Ése es el libro y la (presunta) película. Que decir que los libros los subrayo una y otra vez y, si tengo la (rara) suerte de releerlos, borro el texto que encuentro (avergonzado) y re-subrayo algún pensamiento más actualizado.
El Taj Mahal visto desde el fuerte de Agra:

Taj Mahal desde el fuerte de AgraAbriré un par de hojas al azar, deseo que el resultado no sea demasiado frustrante: (página 141) “…sintió un profundo amor por esas agua huidizas, y en su interior decidió no abandonarlas muy pronto.”. (Pág. 24) “El mundo tenía un gusto amargo. Una tortura era la vida.” (…) “Deseaba morir para sí mismo, no ser más él, hallar paz y tranquilidad en su corazón vacío, permanecer abierto al milagro despersonalizado del pensamiento.”, (Pág. 46) “La vida era sufrimiento y el mundo estaba lleno de dolor; pero era posible liberarse de él” (Pág. 211) “… cuya sonrisa le recordaba todo cuando había amado en su vida, todo cuanto en su vida había él considerado valioso y sagrado.”. Como para animarse, resulta llamativo que un libro tan reconfortante y optimista saque a la luz verdades tan crueles. Supongo que ha valido (vale) la pena.

Khajuraho y María:

Khajuraho y MaríaMaría en India
El secreto está en esta masa

Ingredientes

Masa
  • 240 gr. Harina de fuerza [200 gr]
  • 12 gr. Levadura de panadería [10 gr.]
  • 1 cucharada de aceite de oliva virgen
  • Sal, aproximadamente 1 cucharadita
  • 140 ml de leche [118 ml]
  • 1 cucharilla de azúcar (opcional)
Relleno
  • Tomate triturado
  • 1 cebolla. La prefiero caramelizada.
  • Orégano, podemos emplear otras especias como; mejorana o albahaca.
  • Mozzarella
  • Relleno a gusto. He empleado: aceitunas negras, bacon, chorizo, espárragos trigueros y atún. Pero se puede hacer como más gustéis.
(1) Se disuelve la levadura en la leche a temperatura ambiente.

(2) Mezclamos la harina con la sal y el azúcar (opcional). Formamos un volcán y en el centro echamos la cucharada de aceite y la leche con la levadura. Amasamos hasta formar una masa homogénea y fina. Aunque la masa al principio puede resultar algo pegajosa, al trabajarla la harina va absorbiendo los líquidos y queda perfecta.

(3) Formamos una bola y dejamos reposar una media hora. Pasado ese tiempo, estiramos la masa sobre una superficie enharinada del grosor deseado. Formamos la forma de la pizza. Los bordes los podemos doblar y rellenarlos de queso, esta vez no lo he hecho.

(4) Echamos tomate triturado sobre le fondo, la cebolla caramelizada (ver receta) y un poco de orégano. Cubrimos con un poco de mozzarella y el resto de ingredientes. He puesto en una mitad las carnes (bacon y chorizo) y en la otra los espárragos con el atún.

(cebolla caramelizada)



(5) Horneamos a fuego fuerte, de 200-250º hasta que el queso esté fundido y empiece tostarse.
A mí no me gusta tostada. Me gusta poco hecha y con la masa gruesa, aunque también me gusta, a veces, hacerla fina y tostada para variar.

No hay palabras. Algo tan sencillo y tan bueno.

domingo 13 de mayo de 2007

Pan de pita

Pan de pitaPan de pita...Pita, pita, …

Hace tiempo que hago pan de pita para rellenar: con revueltos, hamburguesas, pisto, carne o lo que se nos ocurra. Yo me lo tomo sólo y, menuda tontería voy a decir, “¡está para comérselo!”. En 3 palabras: im-presio-nante.

Tenía un problema, aunque me basaba en una receta concreta, nunca llegué a tomar las medidas exactas. La receta “original” es una receta de Tyler Florence and JoAnn Cianciulli emitida en "Foot Network", es decir, una especie de "Canal cocina".

El problema es el de siempre, las famosas tazas, cucharas, cucharillas, onzas y lo que se nos ocurra. Hoy he medido y pesado, algo así como para 4 pitas.

He hecho algún cambio con respecto a la receta, aquellos que me han dado buenos resultados. La frase anterior ha sonado un poco pretenciosa pero, por ejemplo, no he mezclado la levadura seca con el agua templada, la diferencia de temperatura (creo) harían que se formasen grumos y no se disolviese correctamente, tal vez funcione pero he preferido no arriesgarme. Sí estaría bien con levadura de panadería sin deshidratar.

Ingredientes
  • 275 gr. de harina de fuerza [1+3/4 taza]
  • 180 ml de agua [3/4 taza].
  • 1 cucharilla de azúcar.
  • ½ sobre de levadura seca, podría emplearse también de panadería pero 140% aprox.
  • Sal, algo más de media cucharilla.
  • 1 cucharilla de aceite de oliva, hace más manejable la masa.

(1) En una taza mezclamos el azúcar con el agua, ligeramente templada, no demasiado para que no “mate” a la levadura. Si optáis por echar la levadura en el agua, debéis dejarla hasta formar espuma en la superficie, unos 15 min.

(2) En un bol grande mezclamos la harina con levadura y la sal. Hacemos un volcán y, en el centro, echamos el aceite y el agua con el azúcar. Amasamos bien hasta que quede una pasta homogénea y no se pegue a las manos. No he necesitado ni un gramo más de harina. El amaso debe hacerse durante bastante tiempo, un mínimo de 5 min.

(3) Formamos una bola y dejamos reposar hasta doblar su tamaño. El mejor sitio para dejar reposar es en horno, apagado por supuesto [*]. Podéis tapar el bowl con un paño. La receta pone que debe dejar duplicar el tamaño durante 1 hora y media. No pasa nada. Hoy he amasado antes de ir a correr y, pasadas más de 2 horas, unas 2 horas y 20 min., he seguido con el proceso.

[*] Me viene a la cabeza, nunca mejor dicho, aquella frase de Mazag… “con la cabeza dentro de la nevera, pero sin cerrar la puerta”. Gloriosa.


(4) Precalentamos el horno a unos 260ºC, retirando la parilla sobre la que hornearemos los panes. Mi horno sólo alcanza 250º, desconozco el motivo, y son suficientes.

(5) Dividimos la masa en bolas con las que haremos las pitas, estirándolas con un rodillo y evitando que tengan ningún tipo de corte. Para la cantidad indicada 4 bolas son suficientes. Ponemos sobre la superficie de trabajo ligeramente enharinada y las cubrimos. Las dejamos reposar unos 15 minutos.
Bien, parece excesivo verdad, pues puede serlo. Llegados a este punto, acostumbro a amasar un poco las bolas y formo las pitas mientras acaba de calentarse el horno, unos 10 min. Si tenéis paciencia podéis hacer caso a la receta pero no he notado la diferencia.

(6) Con el horno ya caliente, ponemos do panes sobre la rejilla y los ponemos en la mitad del horno. La mitad, justo encima de dónde solemos poner los bizcochos ;-). Se hacen muy rápidamente, unos 4 o 5 minutos como mucho.
Se retiran cuando hayan hinchado y todavía no se hayan tostado. Esto es importante, no deben tostarse, éste es un pan blandito, jugoso y hueco por dentro.
En la imagen podemos hacernos una idea de cuánto puede llegar a hinchar.


(7) Una vez retiradas del horno las envolvemos en papel de cocina para conservarlas húmedas. Suelen tomarse rellenas de lo que se quiera, por ejemplo, un sencillo revuelto de espinacas, carne picada, etcétera, etcétera.



Este pan aguanta mucho tiempo e incluso puede congelarse. Una de las mejores formas de recuperar la textura que tiene recién hecho es pasarlo por un chorro de agua y calentarlo en una tostadora. Cortamos y rellenamos, son huecos por dentro.

Sinceramente, es una experiencia muy divertida y que vale la pena. Recién hechos están impresionantes pero, con el tiempo, también lo siguen estando.

Sí, hay cosas que no cambian con el tiempo.

sábado 12 de mayo de 2007

Tarta de leche fermentada

Tarta de leche fermentadaMás yogurt

Sí, ayer abrí la botella de Laban para hacer las tortitas. El Laban me lo tomo frío, sin nada más, y está buenísimo. Pese a todo, he pensado que era una buena oportunidad para hacer una tarta de leche fermentada (yogurt). No me he equivocado, solamente en el azúcar moreno (que especificaba la receta) que le da un tono triste, como decirlo ¿moreno? Me gustan más los tonos claros. Ya se sabe, se come con los ojos, aunque María, después de haberla probado haya dicho: “está buenísima”.

La frambuesa

Por cuarta vez consecutivita he empleado esa estupenda mermelada de frambuesa para acompañar la tarta. Hoy la he acabado… a cucharadas, semillas incluidas. También sería una buena opción un jarabe de fresas o, incluso, un poco de crema de chocolate caliente.

Tarta de leche fermentada¿Tengo tiempo?

No es que tenga tiempo, en realidad es que no quiero hacer lo que realmente tengo que hacer. Me apunto a demasiadas cosas y no puedo con todo. Por el momento me conformo con poner esta receta y, por ahora, hacer un breve comentario.

Ingredientes
  • 145 gr. de azúcar moreno. Tal vez la próxima vez ponga azúcar normal para que tenga un tono más clarito y algo amarillento.
  • 30 gr. de harina
  • Sal, ¼ cucharilla
  • 3 huevos grandes
  • 1 cucharilla de extracto de vainilla
  • Una pizca de nuez moscada (1/8 cucharilla)
  • 14 gr. de mantequilla derretida (opcional)
  • 360 ml. de leche fermentada
Base
Podríamos emplear la versión que más nos guste. He empelado una base de galletas Digestive.
  • 150 gr. de galletas Digestive
  • 90 gr. de mantequilla
  • 10 gr. de azúcar

Base
Es importante, si empleamos un molde desmoldable, que la base cierre bien el molde para evitar que se derrame mientras no se haya cocido. Podemos forrar las paredes también o emplear una masa quebrada.

(1) Trituramos las galletas hasta pulverizarlas. Derretimos la mantequilla en el microondas, unos segundos, y con ayuda de una espátula la mezclamos con las galletas y el azúcar hasta formar una pasta.

(2) Precalentamos el horno a unos 160º y, mientras se calienta, forramos el molde con la pasta de galletas, cerrando bien los posibles “puntos de fuga”. Ponemos introducirlo en la nevera mientras acaba de calentarse el horno.

(3) Introducimos en el horno y dejamos que se cocine durante unos 10 minutos.

Relleno
Mientras acaba de cocerse preparamos el relleno. Es un relleno semilíquido, pero más denso que un flan.

(1) Mezclamos el azúcar, la harina y la sal.

(2) Añadimos los huevos y batimos hasta que queden bien incorporados.

(3) Echamos la vainilla, la nuez moscada y la mantequilla. Por último añadimos la leche fermentada, mezclando hasta formar un líquido homogéneo.

(4) Echamos sobre el molde con la masa ya precocinada e introducimos en horno precalentado a unos 175º durante 30-35 minutos. Dejamos enfriar en el horno.

Una vez haya adquirido la temperatura ambiente la introducimos en la nevera. Podemos hacerlo de un día para otro e introducirla en frigorífico por la mañana.

viernes 11 de mayo de 2007

Tortitas americanas con leche fermentada

Tortitas americanas con leche fermentada¿Cómo te llamas?

Eso pregunto. La mayor parte de los nombres que conozco para este tipo de leche son de origen extranjero: Laban, Lassi, Buttermilk o, incluso, Kefir. Por aquí se le suele llamar “leche fermentada” o “suero de leche”. Realmente creo que no son exactamente el mismo producto, pero todos son variantes de un tipo de yogurt líquido.
Ya lo había empleado en alguna que otra receta, y seguiré haciéndolo, pues he localizado un par de supermercados que lo suministran (p. ej.: Mercadona, marca “Laban”).

La música

No hay mejor música para conducir, sobre todo un viernes, que un poco de barroco. Sí, barroco, el barroco tan denostado en muchas facetas culturales, sobre todo arquitectura. Cuando algo resulta recargado se suele decir despectivamente que es “barroco”.
La música barroca es otra cosa. Nació la música, llena de espiritualidad, no en el concepto religioso (que detesto, en eso soy contrapuesto a M ¿qué es el espíritu?), la espiritualidad como introspección cerebral y reflexiva.

Mientras escribo sigo oyendo esa música que me fascina. Empecé con Acis y Galatea, pensé: “Händell no es tan inocuo como creía”. Siempre me ha parecido perfecto, pero simplemente eso, perfecto. Ese pensamiento duró unos minutos hasta que sonó el coro final de “La Pasión según San Mateo” de J. S. Bach, para mí, junto con aquellos que todos pensamos, el más grande.
Bach. Muchas de sus obras, han sonado tanto, que hasta las han prostituido o “adaptado”, pero me sigue emocionando como el primer día. O más.

Las tortitas americanas

Me vuelven loco. Ya tenía mi receta preferida, pero creo que ésta la supera. No sabría que decir. La última siempre es la mejor, buena señal, supongo.
Las acostumbro a acompañar con crema de chocolate y nata montada, pero he descubierto la mermelada de frambuesa “La vieja fábrica” y…. Llevo 3 días empleándola en 3 recetas distintas.


Ingredientes
  • 175 gr. de harina [87 gr.]
  • 1 cucharilla de bicarbonato sódico [1/2 cucharilla]
  • ½ cucharilla de levadura química [¼ de levadura] (opcional, no necesario)
  • ¼ de cucharilla de sal [una pizca]
  • 25 gr. de azúcar [13 gr.]
  • 360 ml de leche fermentada [180 ml]
  • 2 cucharillas de aceite vegetal [1 cucharilla]
  • 1 huevo grande [1/2 huevo]
  • 1 cucharilla de vainilla
  • Aroma a gusto: agua de azahar, e he echado un chorritín.
(1) Mezclamos los ingredientes secos: harina, bicarbonato, levadura (opc.), sal, azúcar.

(2) En un bol mezclamos los ingredientes líquidos y los echamos sobre la mezcla de la harina. Removemos hasta que quede una pasta homogénea.

(3) Ponemos un una sartén antiadherente al fuego. No es necesario echar ningún tipo de grasa para evitar que se pegue, como mucho rociar con algo de mantequilla la primera vez.

(4) Con ayuda de un cucharón y removiendo de vez en cuando para que no se deposite la harina en el fondo, echamos la masa sobre el centro de la sartén ya caliente. Echamos una cucharada en el centro de la sartén, y ya propia masa se va extendiendo por ella misma, sin necesitad de extenderla. Dejamos un poco, hasta que tenga la dureza suficiente para separarla de la sartén y poder darle la vuelta. Le damos la vuelta rápidamente, para evitar que se derrame la masa que está sin cocinar.

(5) Dejamos que se haga por el otro lado y, una vez cocinada, las apilamos sobre un plato.
Se toman calientes, incluso podemos calentarla de nuevo en el microondas una vez fría. Acompañamos a gusto: chocolate y nata, sirope de arce, mermelada de frambuesa, miel…

Éstas las he tomado con mermelada de frambuesa y un poco de nata.

Deliciosas.
Tortitas americanas con leche fermentada

jueves 10 de mayo de 2007

Galletas de almendra con chocolate y frambuesa

Macarrones

En varios países a este tipo de galletas se les llama “macarrones” (macaroons –inglés–, macarons –francés–, ..) y, por lo que he leído, se debe a que la masa de estas galletas tienen el ¡mismo color! que la masa de los macarrones. Menos mal que no se les ha ocurrido identificarlo con otros productos menos agraciados.

Los “macarrones” suelen llevar claras de huevo a punto de nieve y azúcar, el resto de ingredientes es variable, aunque los de almendra son muy comunes. Los típicos almendrados (ver receta) hechos con claras son un ejemplo de “macarrones”, típicamente italianos, en dónde se denominan: “biscotto amaretto” o, simplemente, “amarettos”.


En París, recientemente, una de las cosas que más me ha sorprendido, gastronómicamente hablando, es la popularidad que tienen este tipo de galletas, representadas con infinidad de colores y rellenos. He visto más “macarons” o “crêpes” que croissants, por ejemplo. Por cierto, los croissants que se hacen aquí no tienen nada que envidiar a los franceses.


La clara

Tenía una clara en la nevera (todavía me gusta llamarle “nevera”). Me había sobrado de hacer la receta de galletas de queso crema y, aunque pueden aguantar muchos días, ya empezaba a darme un poco de pena que pudiese ponerse mala. El eterno dilema: ¿qué hacer con las claras?

Vienes de pasar la tarde al sol, pero leyendo cosas de lo menos edificantes, y, mientras M pasa por el eterno sacrificio de la depilación, me pongo con estas galletas. Una clara no da para mucho, unas 10 galletas, que se convertirán en 5 rellenas.

La depilación

La eterna agonía, el eterno dolor. Sí, es duro, pero cuando llevas haciéndolo tanto tiempo no dolerá tanto como la primera vez (supongo) ;-).
Puedo aseguraros que tener afeitarse cada dos días o a diario, aunque yo lo haga sólo un par de veces por semana, como mucho, tampoco es muy divertido. Prefiero el afeitado, por supuesto,
Aunque a M no creo que le guste que lo diga, se ha hecho la depilación definitiva, pero sólo en aquellos lugares más insoportables (para ella). Las piernas son un tema pendiente.

Llamo a M, no me responde. Se escucha un sonido de fondo en el baño, rrrrrrrrrrrr. Por no pensar mal, de inmediato me percato que es la necesidad de ponerse el bañador. Os puedo asegurar que el vello sólo se ve hasta que aproximo mi cara a menos de un metro de distancia. Si por mí fuera no pasaría por eso.

Y me pregunto, ¿cómo empiezo hablando de galletas y acabo divagando sobre la depilación?

Ingredientes
  • 180 gr. de almendra molida
  • 1,5 tazas de azúcar glasé, unos 160-175 gr.
  • 3 claras de huevo grandes = 100-120 gr.
  • Una pizca de sal
  • 50 gr. de azúcar grano.
  • Colorante rosa (rojo)
Relleno
  • 100 gr. de chocolate negro, derretido
  • 75 gr. de nata
  • 1 cucharada de mermelada de frambuesa
  • 1/8 cucharilla de esencia de frambuesa (opcional)
(1) Mezclamos el azúcar glasé con la almendra y un poco de sal hasta que quede bien mezclado.

(2) Levantamos las claras a punto de nieve con un chorrito de limón y, casi una vez montadas, le vamos incorporando el azúcar grano poco a poco. Deben formarse los famosos picos al levantar las claras. También, casi al final, podemos añadir el colorante rojo, aunque se lo podemos echar en el proceso de mezcla.

(3) Vertemos las claras sobre la mezcla de las almendras y, si no hemos echado el colorante, lo hacemos ahora. Mezclamos con cuidado.

(4) Con ayuda de una manga pastelera de boca ancha o unas cucharillas, formamos galletas y las ponemos sobre una bandeja con papel de hornear. Dejamos reposar unos 30 minutos antes de introducir en horno precalentado.


(5) Horneamos a 180º durante unos 15-20 minutos. Los he puesto 15 min. y ha sido más que suficiente. No deben tomar un tono demasiado dorado, tal vez me haya pasado por un minuto.

(6) Preparamos el relleno.
Ponemos el chocolate con la nata al baño María hasta que se haya derretido. Añadimos la mermelada de frambuesa y la esencia, si la empleamos. Mezclamos. Dejamos enfriar y rellenamos las galletas con ayuda de una manga ancho o unas cucharillas.

Buenísimos!!

“Johnny fue a la ciudad montado en su poni con una pluma en el gorro y le llamó…”

miércoles 9 de mayo de 2007

Pastelitos de chocolate y frambuesa. Brazo de frambuesa

Lifting

Están tan de moda las operaciones estéticas que me da pena, salvo casos de pérdida grave de autoestima, necesidades personales o similares. En el coche, de vuelta del trabajo, he oído un caso (televisivo) que me parece sangrante, no recuerdo ni el nombre del programa. Seguro que M se acuerda del nombre.

Sin embargo, he visto un programa en Cuatro que me parece muy interesante: “Desnudas”. Un intento de demostrar que existen muchas otras formas de sentirse bien con un@ mism@. Cierto es que en el fondo hay algo que no me ha gustado del todo, ese interés excesivo por la imagen. Sí, un cambio de imagen puede ayudar a mejorar la autoestima pero creo que ése es el problema: nosotros somos mucho más que una imagen, más bien, no somos una imagen. Somos, en este orden, lo que pensamos y hacemos, cómo actuamos y qué decimos. La realidad: son hermosas antes y después.

Famosos

Me vienen a la mente una serie de personajes famosos que han sufrido operaciones de este tipo y, en la mayoría de los casos, los resultados parecen grotescos. No diré nombres, pero creo que todos pensamos en los mismos.
Esos labios de du-bi-dú, las balsas neumáticas, la sonrisa (¿etrusca?),… Recuerdo a un famoso que hasta se había puesto bolsas en los ojos para resultar más interesante. Flipo.
De esta agua no beberé.

Autoestima

A este postre no se le ha realizado ningún tipo de tratamiento antiarrugas, sólo un pequeño cambio de “look” para hacerlo (pensé) más atractivo al gusto y a la vista. Sigo pensando que las cosas sencillas resultan más atractivas y que sin esa cobertura estaban igual de buenos. He querido darle un poco de autoestima a un postre que se sentía minusvalorado. Casi lo consigo.

He hecho ¿muchos? brazos, pero éste me ha atraído desde el primer momento por dos cosas: la baja proporción de harina y azúcar por cada huevo, 13gr/huevo; y la frambuesa, que volveré a utilizar con toda seguridad. Hasta ahora no acostumbraba a bajar de unos 20-25 gr. por huevo.

Coctus

Es una “c”, no una “i”!, bi-coctus, dos-coi…, perdón (rubor), “coctus” es “cocido”. ¿En qué estaría pensando!. En origen supongo que el bizcocho se cocería en dos tandas, ya me enteraré.

Se me “va la olla”, tendré que ponerme con las “manos en la masa”. Veis, ahora ya empiezo a divagar y pensar en expresiones relacionadas con la cocina: “ser segundo plato”, “ser picante”, “estar cocido”, “comer en el mismo plato”, “estar pasado” (¿era de rosca?), “pagar los platos rotos”, “estar hecho una sopa”, “estar para mojar”, “el plato fuerte”, “se cuecen habas”, “ser un bollo”, “se acabó el pastel”, “no comerse un rosco”, "no haber roto nunca un plato"… ¿estar en el candelabro?

Ingredientes
  • 7 huevos, yemas y claras separadas
  • 90 gr. de azúcar
  • 90 gr. de harina
  • 1 cucharada de aceite de girasol u otro aceite vegetal.
  • Aroma a gusto: ralladura de limón, vainilla
  • Mermelada o confitura de frambuesa
  • Una pizca de sal!, sí, curiosamente los postres, pese a llevar azúcar, suelen adolecer de sosos.
  • Azúcar glasé
  • 200º unos 8-10 min.
Para el lifting
  • Chocolate negro o cobertura de chocolate.
  • Cobertura de chocolate blanco.
La mermelada de frambuesa suele tener semillas, por lo que antes de extenderla por el brazo (¡por la masa, no por el mío!, podríamos quedar hechos un “Cristo”), hay que pasarla por un colador o tamiz, ayudándonos de una cuchara.

(1) Separamos las yemas de las claras. Levantamos las claras a punto de nieve con ayuda de un chorrito de limón hasta que se formen picos. Le he dado la vuelta al bowl y no se ha caído, por los pelos. Precalentamos el horno a 200ºC.

(2) En otro “bowl” o tartera, batimos enérgicamente las yemas con el azúcar y el aroma hasta que queden blanquecinas. Echamos una cucharada de aceite de girasol y la harina con una pizca (muy poca) de sal,, mezclando bien.

(3) Ahora hay que igualar algo más las densidades antes de proceder a echar las claras sobre la mezcla. Retiramos unas cucharadas, algo así como ¼, de las claras montadas a punto de nieve y echamos sobre el batido. Mezclamos. Ya hemos conseguido igualar las densidades

(4) Echamos el resto de las claras montadas de forma envolvente y con ayuda de una espátula, para evitar que se bajen. Vertemos sobre una bandeja con papel de hornear extendiéndolo con ayuda de una espátula (la misma ;)). Horneamos unos 8-10 minutos, hasta que empiece a tostarse por los bordes.

(5) Retiramos del horno, cortamos los bordes con un cortapastas y formamos el rollo con la masas todavía caliente. Así evitamos que se rompa al enrollarlo en frío. También podríamos emplear un paño húmedo después, tiene el mismo efecto.
Eventualmente, podemos hacer un jarabe con agua, azúcar y un licor, empapándolo antes de rellenarlo.

(6) Colamos la mermelada de frambuesa para retirar las pepitas y extendemos sobre el brazo (vuelvo a decirlo: ¡la masa horneada!, no el nuestro). Enrollamos de forma que quede bien apretado. La mermelada volverá a endurecerse y a tener la textura adecuada. Espolvoreamos con azúcar glasé y, si no queremos lifting, nos lo comemos.

Lifting

(7) Cortamos el brazo en pequeños pasteles para proceder después a la cobertura. Así ya están estupendos. Es un bizcocho muy esponjoso y la frambuesa le da un toque maravilloso.

(8) Fundimos el chocolate durante unos segundos en el microondas, lo retiramos y vemos la consistencia. Volvemos a introducirlo en el microondas, así hasta que parte del chocolate se haya derretido. En ese momento lo retiramos y acabamos de fundirlo en el bol con ayuda de una espátula. También podría fundirse, ¡al baño María! ;-) (obsesión por los “emoticonos”)

(9) Templamos el chocolate, trabajándolo hasta que haya bajado la temperatura y, al introducir el filo de un cuchillo, el chocolate se endurezca inmediatamente. Sobre una rejilla, y con una bandeja o plato cubrimos los pasteles. Dejamos enfriar en lugar frío hasta que se endurezca.

Podríamos emplear también cobertura de chocolate blanco para decorar.

Como dice el anuncio: “para personas (hombres y mujeres) reales”

martes 8 de mayo de 2007

Guisantes con panceta y patatas (guiso de guisantes)

guiso de guisantesValga la redundancia, Mendel!

Existe una famosa receta, aunque yo no la conozca ;-), denominada: “guisantes con jamón”. Pues ésta es muy parecida pero como la ha hecho siempre mi madre: con panceta o, incluso, tocino. A M y a mí nos gusta más, pues el jamón le da un sabor que no acaba de convencernos y enmascara (más) el gusto de unos buenos guisantes caseros. El jamón solo está buenísimo.
Diferencias: estos guisantes se (suelen) tomar con mayor cantidad de caldo del guiso. Está entre un guiso y una sopa, pero podemos cocinarlos a nuestro gusto. A mi padre le gusta tomarlos con tenedor, a mí con cuchara.

guiso de guisantes
La materia prima

Si en general la materia prima es muy importante en la cocina, en este caso lo es más. Unos buenos guisantes convierten este plato sencillo en uno exquisito, sobre todo para aquellos amantes de “lo verde”. El hermano de M no puede ni ver los guisantes.

guiso de guisantes
Si voy a casa de mis padres siempre traigo algo, mejor dicho, siempre me dan algo. Este domingo, día de la madre, entre muchas otras cosas, fue el turno de patatas nuevas y guisantes. ¿Qué podría hacer entonces?

Recuerdo la primera vez que los probó. En su casa los hacían con jamón pero, desde ese día, no ha querido tomar otros, sobre todo si son unos auténticos “guisantes de casa”.
Como los guisantes son tan buenos, ni siquiera hago un “gran” sofrito: un poco de cebolla y azafrán. Podríamos ponerle ajo majado, incluso un poco de tomate o un poco de pimentón dulce, pero no es necesario.

Verde que te quiero verde

Me han cambiado los gustos. De muy pequeño era “carnívoro”, ahora prefiero, en este orden: el postre, las verduras y el pescado. Creo que ha sido una cuestión de materia prima.
El dulce siempre ha podido conmigo. ¿Qué se podría esperar de mí si mi abuela se tomaba el azúcar a cucharadas y, desde siempre, han puesto dos cucharadas soperas de azúcar en el Cola-Cao? Mientras haya dónde quemarlo…

¿La redundancia? “Guiso de guisantes”, le llamamos en casa. Su nombre viene, en castellano, de “guisar”.

Mendel

Mendel ha sido muy útil para este guiso. Ha explicado cómo se transmiten los genes entre guisantes padres e hijos. Sin embargo, nunca ha sabido explicarme porque mis tres hermanos son rubios y de ojos azules, y yo moreno de ojos verdes. Aunque mi madre dice que todos somos hermanos, empiezo a pensar que Mendel no tenía en cuenta al “fontanero”. Menos mal que tengo pelos, que no son cabellera, rubios sino ya empezaría a dudar….

Ingredientes
  • Guisantes frescos y de huerta (chícharos!). No me hago responsable del resultado obtenido con guisantes comprados en supermercados y, con éstos, tampoco.
  • Patatas nuevas
  • Un sobre de azafrán (colorante alimentario)
  • 1 cebolla pequeña o ½ grande
  • 2 lonchas de panceta (tocineta), algo más gruesas que normalmente.
  • Opcional: unas hebras de azafrán.
  • Aceite de oliva virgen
  • Sal
(1) Ponemos a cocer los guisantes en una tartera con agua. Como si de una sopa espesa se tratase. Echamos una loncha de tocineta troceadita y dejamos cocer entre 15-20 minutos, dependiendo de lo tiernos que sean los guisantes. Si soy muy tiernos incluso se dejan cocer menos. El equivalente a media cocción de los guisantes, para que después acaben de cocerse con las patatas.

(2) Cuando los guisantes estén a medio cocer, echamos la patata, mejor nueva, cortada en trozos. Salamos, para que las patatas vayan cogiendo sal e, inmediatamente, procedemos a realizar el sofrito. El sofrito podemos ya tenerlo preparado para echar con las patatas.

(3) En una sartén con un chorro de aceite, sofreímos la cebolla cortada en trozos finos y la panceta restante. Una vez dorada podemos echarle unas hebras (2) de azafrán para darle más sabor. Retiramos del fuego y vertemos sobre la tartera. Echamos el sobre de azafrán.
Probamos y rectificamos la sal si fuese necesario. Dejamos cocer hasta que estén hechos los guisantes y las patatas.

Creo que la riqueza de este plato reside el la calidad de los guisantes y en su sencillez. M ha tenido que repetir varias peces, a pocos, pero varias veces.

Mejor de un día para otro.

lunes 7 de mayo de 2007

Galletas de queso crema, de corazón

All you need is Love

La primavera.

La primavera siempre ha sido mi estación favorita. No es que me gusten las cursilerías, más bien todo lo contrario. Pero sí me gusta la primavera como estación, ¿de qué otro modo podría ser? Es la estación de espera, el cambio, el deseo de que llegue el verano. Más grande es el placer del deseo que su posesión en sí misma.

Motivos muchos, para empezar no tengo alergia al polen. Es buen punto de partida cuando uno ha padecido “casi” todo tipo de enfermedades. La hierba, el olor a hierba recién cortada. Las flores, las silvestres son mis preferidas: las retamas, el tojo, las margaritas silvestres o la ¿flor del grelo?, son fáciles identificar y me miran siempre que paso a su lado. Las amapolas también, pero son tan efímeras que no llegan a casa enteras, y menos si vas corriendo. Es mejor dejarlas en el campo.

El filo que separa lo cursi de lo romántico es muy fino. Neruda o Rimbaud saben escribir poesía con una sensibilidad [*] únicas; Bécquer, para mi gusto, toca la cursilería por exceso. Sí, lo admito, en mi adolescencia (y no tanto), cuando los amores eran platónicos y las decepciones no habían llenado mi vida de desesperanza, llevada sus “Rimas” debajo del brazo. Ahora me ruborizo con sólo pensarlo y sus versos me parecen un poco “pueriles”, por inocentes. Los excesos suenan falsos y nada reales y, por lo tanto, cursis. Demasiadas lecciones me ha dado la vida en tan corto tiempo.

[*] La palabra “romanticismo” podría llevar a confusión de términos inadecuados o inexactos.

Rimbaud

En el invierno viajaremos en un vagón de tren
con asientos azules.
Seremos felices. Habrá un nido de besos
oculto en los rincones.

Cerrarán sus ojos para no ver los gestos
en las últimas sombras,
esos monstruos huidizos, multitudes oscuras
de demonios y lobos.

Y luego en tu mejilla sentirás un rasguño...
un beso muy pequeño como una araña suave
correrá por tu cuello...

Y me dirás: «¡búscala!», reclinando tu cara
y tardaremos mucho en hallar esa araña,
por demás indiscreta.

(O ésta)

El mundo tiene sed de amor: tú la apaciguarás,
¡oh esplendor de la carne! , ¡oh esplendor ideal
¡Oh renuevo de amor, triunfal aurora
en la que doblegando a sus pies los dioses y los héroes,
la blanca Calpigia y el pequeño Eros cubiertos con
nieve de las rosas
las mujeres y las flores su bellos pies cerrados!

Neruda

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Tengo una amante

Estoy casado con ella. Unos días me ama, otros no. Quisiera que fuera siempre.
He tenido tres amores: uno platónico y no correspondido (el infantil), otro casi-correspondido (deseo pensar) que tuve que desistir (14) y otro con el que me he casado. El resto, fantasías que, con el tiempo, ni yo mismo he acabado por entender.


Ingredientes
  • 150 gr. de mantequilla
  • 80 gr. de queso crema
  • 125 gr. de azúcar glasé
  • 1 cucharilla de esencia de vainilla
  • 200 gr. de harina corriente
  • 1 yema de huevo
  • 80 gr. de maicena
  • ½ cucharilla levadura química
  • Colorante rosa (rojo)
  • Opcional: ½ cucharilla de esencia (concentrado) de fresa

(1) Batimos la mantequilla, el azúcar y el queso crema hasta que quede cremoso. Un queso crema cremoso es una novedad.

(2) Añadimos la esencia de vainilla y la yema de huevo. Batimos.

(3) Mezclamos la harina con la maicena y la levadura química (Royal). Echamos sobre el batido hasta formar una pasta homogénea.

(4) Si queremos, separamos alguna masa, le echamos colorante rosa y la esencia de fresa (yo no la he conseguido). He empleado un poco de colorante rojo en poca cantidad (rosa = rojo + blanco). Por cierto, tengo colorantes verde, rojo y amarillo y he perdido la referencia de proporciones para conseguir colores adecuados.

(5) Dejamos enfriar en el frigorífico (lo he llevado al congelador) durante un mínimo de 30 minutos, hasta que tenga la suficiente consistencia para extenderla con facilidad.

(6) Enharinamos la mesa de trabajo o, como he hecho, empleamos dos bolsas de congelación con un poco de harina. Estiramos la masa sobre la superficie y con ayuda de moldes para galletas hacemos… corazones! Podemos jugar con las formas e ideas que se nos ocurran: un corazón rosa con un trozo no rosa, un corazón con un puntito rosa, un galleta doble de 2 corazones,… Podemos emplear clara de huevo para pegar las dos masas.

(7) Ponemos en una bandeja con papel de hornear e introducimos en horno precalentado a unos 150º C durante unos 25 minutos o hasta que hayan adquirido un todo ligeramente marrón. Que queden algo tostaditas, algo.

(8) Dejamos enfriar y guardamos en nuestra caja de galletas preferidas. Como norma general, las galletas con mantequilla, al igual que la masa quebrada, deben guardarse una vez frías para que no se quiebren.

Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.Pablo Neruda.

Galletas de queso crema, de corazón

domingo 6 de mayo de 2007

Cubitos de chocolate y coco

El día D

Mi madre. Mi madre no es como todas las madres, es mejor. Eso pensamos todos. Perdón, conozco un caso que no es así.
Pero es cierto, mi madre es diferente. Unos apuntes.

El médico

Recuerdo que de pequeño era, y sigo siendo, muy enfermizo. Íbamos sin “desagerar” (sic) nada (bueno, tal vez un poco, pero así lo recuerdo) un par de veces por semana al médico y, sobre todo a llevar “indiciones” (sic). En medicina he probado todo tipo de jarabes y pastillas. He probado tantos que me encantan, los echo de menos, ahora todo es más rápido, efectivo, inodoro e insípido.
“El bisolvon”, mi preferido. Creo que es uno de esos sabores de la infancia que quisiera volver a probar, más que el bizcocho casero de mi madre. Sorry (rubor).

Se cansaron de mí tan rápidamente que decidieron cortar por lo sano, eso pensaban: operación de amigdalitis y matamos todos los pájaros de un tiro. Lo consiguieron, mataron las amígdalas, perdón “amídalas” (sic), y a mí. Ahora cualquier brisa me provoca un dolor de garganta.

Aquellas visitas de “la practicante” para poner esas inyecciones también eran únicas. Pero me he quedado con una duda: ¿por qué todas las practicantes eran no demasiado agraciadas?, eso no ayudaba nada. Un poco de algodón con alcohol, un golpecito en la nalga (“¡no hagas fuerza, pepinho!”) y ya estaba. No era para tanto. Recuerdo esa habilidad para esterilizar las jeringuillas reutilizables de cristal en un cazo al fuego de la cocina. Hasta había muchas madres que tenían la destreza, única, de ponerlas ellas mismas.

En algo he tenido suerte. Yo soy de la generación en la que ya no te marcaban de por vida en el brazo, a modo de res, con esa vacuna de no sé que enfermedad peligrosísima.


La higiene

La higiene es de las cosas que más cariño guardo de mi madre. Eso sí que era higiene, no como ahora en se duchan todos los días, les echan colonia y los visten por la mañana con una ropa y por la tarde con otra. Me recuerdan a John Travolta en esa película que vivía en una burbuja.

Los piojos. Mi madre es la persona con más paciencia para eso. Era capaz de verlos sobre mi cabeza con una facilidad que nunca nadie ha reconocido. Esa colonia olía a rayos y truenos, “o-de-tualet”, como la famosa colonia “chispas”. La Nenuco, aún se salvaba.

No diré para qué era bueno el limón ni ese otro jarabe rojo…hay “enfermedades” que han desaparecido, o eso creo.

Tampoco mencionaré “la ropa de los domingos”, lo planchadita que estaba, ni la ducha (que tocaba) de los sábados por la tarde. Me lo callo. Un día por semana era más que suficiente.

Únicamente no le perdono ;-) una cosa: que me hubiese obligado a poner esos jerséis de lana que picaban tanto. “¡Mamá, pica!”. ¡Y aquel pantalón era demasiado!. Picaba por todos lados, era un mínimo de media hora de discusión. Por cierto, es lo único en lo que no he claudicado, sigo sin ponerme nada de lana. Soy como un sensor de lana, hasta un 0,001% podría detectarlo en cualquier prenda. Ésta es una habilidad que debo a la “tozudez” mía y de mi madre, por supuesto.

Mi madre es especial. Éramos la pareja del médico, la que todos los días me hacía la comida sin rechistar, la que me compraba aquellos “Paredes” en el mercadillo de los martes, la que me ponía la mano en la frente para ver si tenía fiebre y la que, todavía, me llama por teléfono para decirme: “Pepinho, come.”

¿Conocéis alguna así? Creo que sí. A ver si puedo verla hoy, por lo menos para darle un beso y las gracias. En lo bueno y en lo malo, soy lo-como soy gracias, en parte, a ella y a mi papá.

Ingredientes
(la mitad puede ser suficiente)
  • 75 gr. de mantequilla [38 gr.]
  • Una pizca de sal
  • 2 cucharillas de miel [1 cucharilla]
  • 100 gr. de azúcar grano [50 gr.]
  • 1 huevo grande [1/2 huevo grande]
  • 175 ml. de leche [88 ml]
  • 250 gr. de harina [125 gr.]
  • 1 cucharilla de levadura en polvo [1/2 cucharilla]
  • 75 gr. de cacao puro en polvo [38 gr.]
Para la cobertura (aproximadamente)
  • 300 gr. de cobertura de chocolate con leche. He empleado chocolate negro, al 75%
  • 200 gr. de coco rallado.
(1) Precalentamos el horno a 175ºC y cubrimos el molde, a ser posible cuadrado/rectangular, con papel de hornear.

(2) Mezclamos la mantequilla, la sal, el azúcar y la miel hasta quedar espumoso. Después añadimos el huevo y seguimos batiendo bien.

(3) Mezclamos el cacao, la harina y la levadura, también podemos echarle “otra” pizca de sal. Sobre el batido vamos echando alternativamente la mezcla de la harina y la leche mezclando bien. Es una masa pegajosa que se adhiere con facilidad. “Viscoso pero sabroso…”

(4) Echamos la masa en el molde y extendemos con ayuda de una espátula. Atención, truco: para este tipo de masas pegajosas lo mejor es ir remojando la espátula o el cuchillo en agua fría, así conseguimos extenderla con facilidad.

(5) Horneamos durante unos 25 min., comprobando si está hecho con un palillo o un palo para brochetas, ya sabéis, si se pega masa todavía no está hecho. El truco de mamá. Dejamos enfriar totalmente.
En este punto ya tendríamos un estupendo bizcocho de chocolate.

(6) Una vez frío cortamos en cubos. Unos 3x3 centímetros es una buena opción.

(7) Empieza la fase divertida, dispuestos a manchar la cocina ;-), o la mesa de cocina: el templado del chocolate y la cobertura de coco.

(7.1) Derretimos el chocolate en el microondas o al baño María. Prefiero en el microondas por su rapidez, limpieza y, sobre todo, no debemos preocuparnos de que le pueda caer una gota de agua en el chocolate. Introducimos unos segundos, removemos con una espátula, volvemos a introducir, volvemos a remover… unas tres veces, hasta que se funda con facilidad. Lo de siempre, lo debe dejarse demasiado tiempo, si lo hacemos podría quemarse.
(7.2) Derretimos totalmente el chocolate que pudiese quedar sólido removiendo con ayuda de la espátula. Templado del chocolate: lo trabajamos hasta que tenga la temperatura adecuada, unos 38 grados. Trucos: introducir un cuchillo en el chocolate y al retirarlo debe endurecerse en unos segundos; también podemos poner un poco de chocolate justo debajo de la parte inferior del labio (por su sensibilidad a la temperatura), debe notarse muy ligeramente templado (la temperatura corporal es de 37,5º). No se os ocurra si se tiene fiebre.
(7.3) Ya templado y con ayuda de unas brochetas o unas pinzas para chocolate, sumergimos los cubitos en el chocolate y los pasamos por coco rallado. Los dejamos enfriar sobre papel de hornear o rejilla y veremos que en poco tiempo el chocolate se endurece.

Cuanto mejor templado esté el chocolate, más crujiente quedará y no será necesario llevarlo a la nevera. Si no queremos pasar por ese proceso, podemos hacerlo igual y llevarlos a la nevera. Dejamos reposar durante una hora antes de almacenarlos en una caja de galletas.
Si los guardamos en el frigorífico tendremos un chocolate, tal vez, más crujiente.

Chipirones encebollados - Chipirones a la plancha con ajo y perejil - Revuelto

Tres en uno


Todo vuelve a funcionar”, decía el anuncio. Desde luego con esta receta por sabrosa y sencilla podremos levantarnos de la mesa con el ánimo renovado, aunque sea sólo por unos minutos.

Por fuera vuelve a salir el sol. Eso se nota, pero pronto todo vuelve a decaer. Cualquier chispa agranda los problemas por pequeños que sean. Parece que, por una tarde, el sol también ha salido desde dentro y, la sinceridad ha facilitado las cosas. Es la mejor forma de liberarse y curarse por unos momentos, de dejar las máscaras a un lado. La luz anima.

Después del “tres en uno” hemos aprovechado para disfrutar un poco de la tarde. El lugar más cercano para olvidarse y escapar es a unos 15 km, la playa fluvial de Tapia. Por suerte, casi nadie se había dado cuenda de que el sol volvía calentar y la tranquilidad fue casi absoluta. La naturaleza y las palabras salen solas.

Los campos de trigo:

El agua:



Y las flores:



Chipirones/calamares encebollados


Ingredientes
  • Aceite de oliva virgen extra, ¼ de taza
  • 1 diente de ajo majado.
  • 1 cebolla cortada en finas, o no tanto, tiras.
  • 1 hoja de laurel.
  • Sal.
  • Chipirones o calamares, cordaditos o enteros, según se guste.
  • 2 cucharadas de vino blanco, un Albariño.
  • 1 poco de perejil picado.

(1) En una sartén echamos el aceite y lo ponemos a fuego no demasiado fuerte. Echamos el ajo majado. Yo suelo hacer así: sobre una tabla de cocina pongo el ajo, un cuchillo grande encima y hago presión con la palma de la mano y ayudándome del cuerpo. El ajo no debe pelarse. Doramos el ajo durante un par de minutos sin que llegue a quemarse.

(2) Añadimos la cebolla cortada en tiras finas, la hoja de laurel y rehogamos hasta que quede blanca, unos 10 minutos. Bajamos el fuego para caramelizar la cebolla, soltando los azúcares que posee. Este proceso es más lento y debemos ir removiendo de vez en cuando. Si empieza a quemarse echamos un poco de agua. Retiramos de la sartén y reservamos conservando el aceite.

(3) En el mismo aceite freímos los chipirones con un poco de sal a fuego fuerte, pero a pocos cantidades, para no baje la temperatura y se frían, no deben cocerse. Repetimos el proceso hasta haber freído todos, aproximadamente medio minuto por cada lado.

(4) Una vez fritos mezclamos todo en la sartén: la cebolla y los calamares. Echamos el vino blanco y dejamos reducir un poco, medio minuto. Vertemos en un plato y espolvoreamos con perejil picado o cebollino.

Se toman calientes.

Los chipirones están estupendos, pero la cebolla… no sé con qué me quedaría.

Chipirones a la plancha


Esta receta es todavía más fácil y muy rica. No tiene complicación y es muy rápida. Me la ha pedido expresamente M para comer hoy.

Ingredientes
  • Aceite de oliva virgen extra
  • 2 ó 3 dientes de ajo.
  • Perejil picado
  • Sal
  • Calamares o chipirones
  • Opcional: un chorrito de limón.
(1) Picamos muy fino el ajo y el perejil. Los echamos en mortero con aceite de oliva virgen y vertemos sobre los calamares limpios, secos y escurridos. Los dejamos reposar en el ajo y perejil durante cierto tiempo para que coja sabor.

(2) Ponemos al fuego medio-alto una plancha con un poco de aceite. Cuando la plancha esté caliente echamos los calamares con el adobo. Ojo, si los calamares tiene agua podrían llegar a saltar algo, hay que tener cuidado.

(3) Cocinamos los calamares, dándole vueltas dos o tres minutos. Servimos en un plato y, si nos gusta, le podemos echar un poco de zumo de limón.

Se toman calientes.


Revuelto (acompañamiento)

Como tenía un poco de huevo en una taza he decidido hacer un revuelto muy sencillo y jugoso para acompañar los chipirones. Cierto es que con unas setas, unos ajetes, ... están estupendos pero se trataba de hacer una pequeña guarnición para acompañar los chipirones. Es un revuelto estupendo, en palabras de M: “como los de los desayunos continentales de los hoteles pero con más sabor.”
Le he espolvoreado un poco de queso parmesano recién rallado.

Ingredientes
  • 2 huevos
  • Nata líquida, unos 60 ml o más. Lo hace cremoso y evita que cuaje. Lo hace esponjoso. También podría emplearse leche. Mejor nata.
  • Mantequilla, 10 gr.
  • Sal y pimienta.
Sencillo ¿verdad?. Pero está estupendo.

(1) En un bol mezclamos los huevos con la crema y un poco de sal y pimienta blanca.

(2) Calentamos en una sartén antiadherente la mantequilla, teniendo cuidado de que no se queme. Echamos la mezcla y dejamos cocinar unos segundos e, inmediatamente, con ayuda de una cuchara de palo, empezamos a dar vueltas al revuelto en torno a la sartén. Tiene lógica ¿no? “revuelto”-“vueltas”.

(3) El huevo tiende a pegarse en el fondo de la sartén, por lo que es necesario dar vueltas hasta que se ahoga por todo y se formen esas características bolas. No debe hacerse demasiado. Podemos, así hago, apagar el fuego antes, se cocina en unos segundos y con el calor residual.

Así se come rápido, sano y rico.

viernes 4 de mayo de 2007

Bizcocho de tres cítricos y queso crema

Bizcocho de tres cítricos y queso cremaStandby

Iba a empezar una historia totalmente diferente. Porque hace un momento estaba en Standby. Alguien ha pulsado el botón de encendido, literalmente encendido.

Lo he visto. Una pequeña lucecita al lago del ombligo, justo a la derecha desde la posición de quien les habla. Era la famosa luz de espera. Soy un electrodoméstico más. La típica luz roja, sí roja, ni verde, ni azul, ni amarilla¡roja!. Por lo menos sé que estoy vivo.

Lo había notado hace ya unos días. Algo apático y con el piloto automático, por fuera inexpresivo, pero por dentro gastando mucha batería. Hace unos momentos alguien ha pulsado el botón de encendido pero para nada bueno…

Bizcocho de tres cítricos y queso crema

La lima

Me había sobrado lima de la tarta rarra, rarra, rarra y seguía teniendo mucho queso. Ya no había postre y era necesario hacer uno de urgencia. Me apetecía algo clásico, un bizcocho, pero diferente.

Ingredientes
  • 180 gr de harina de repostería
  • 1/8 cucharilla de bicarbonato sódico
  • Una pizca de sal.
  • 130 gr. de queso crema.
  • 160 gr. de mantequilla
  • 225 gr de azúcar fino
  • 180 gr. de huevos, ligeramente batidos. Unos 3 grandes.
  • 1 cucharilla de esencia de vainilla.
  • 2 cucharadas de zumo de limón.
  • Ralladura de una naranja.
  • ½ cucharilla de ralladura de limón.
  • ½ cucharilla de ralladura de lima.

(La pregunta: ¿y la levadura?. Lleva bicarbonato como gasificante y cítricos como acidulantes).

(1) Tamizamos la harina con el bicarbonato y reservamos.

(2) Batimos la mantequilla con el queso crema durante un minuto y añadimos gradualmente el azúcar. Continuamos batiendo hasta que quede cremoso y ligero.

(3) Echamos los huevos batidos en forma de hilo hasta acabar. Mezclamos concienzudamente. Si se corta no pasa nada, volverá a recuperarse al añadir la harina ;-).

(4) Añadimos la esencia de vainilla, el zumo de limón y las ralladuras de los tres cítricos.

(5) Echamos la mezcla de harina suavemente y echamos el relleno en un molde, mejor alargado (tipo Cake). No sé el motivo de haberlo hecho en uno circular, tal vez quisiera reestrenar uno que he comprado hace poco.

(6) Horneamos en horno precalentado a 160º durante unos 90 min. o hasta que al introducir un palillo no se adhiera nada y salga limpio.

(7) Retiramos del horno y dejamos en el molde durante 10 min. antes de desmoldar.

Una vez frío podemos espolvorear con azúcar glasé, hacer una glasa en frío con zumo de naranja y azúcar glacé, o tomarlo con un poco de yogurt o helado de vainilla. Para gustos.

Bizcocho de tres cítricos y queso crema
Muy adictivo. No he parado.

“Clic”, standby

jueves 3 de mayo de 2007

Fabada al estilo mi madre

Curarse en salud

Me curo en salud con la coletilla “estilo mi madre”, no porque tenga ningún pero a esta receta, más bien todo lo contrario: me encanta y, sobre todo, a M. La idea es evitar malentendidos con la fabada asturiana, que (supongo) es indiscutible y cualquier variación sobre la receta original entendería que alguien lo considerase como una pequeña ofensa.

En Galicia siempre se ha hecho la fabada pero con otro tipo de alubias que también denominamos “fabas” y, por lo tanto, al plato: “fabada”. Aunque hay de muchos tipos, suelen emplearse unas alubias más pequeñas que las asturianas y de un tono blanquecino.

Con pequeñas variaciones, ésta es la que ha hecho siempre mi madre y nos encanta. M me lo ha repetido varias veces durante la preparación, durante la comida y después de la comida. Eso es algo que se agradece.

Si hago fabada tengo mucho tiempo ganado. La hago la noche anterior, pues las preferimos de un día para otro y así, al día siguiente, no tengo que andar con prisas cocinando antes de que llegue M.

Sí, también sé que no es la mejor época del año para tomarse una fabada pero el tiempo ha dado un vuelco, aunque parece que hoy se ha vuelto a recuperar. Además, si a M le apetece, se hace y ya está.
Ingredientes
  • Costilla de cerdo fresca
  • 1 trozo de panceta gruesa
  • 1 chorizo. Nos gusta no demasiado curado, más bien poco.
  • Habas, puestas de remojo en agua la noche anterior.
  • 1 ó 2 patatas
  • 1 cebolla o media si es grande
  • Pimentón dulce
  • Opcional. Una zanahoria.
  • Opcional. Una morcilla asturiana ;-)
  • Aceite y sal
  • Al sofrito, si gusta, puede echársele un tomate.
(1) Ponemos en remojo las habas en un bol grande la noche anterior. Antes de cocinarlas las escurrimos bien y tiramos esa agua.

(2) Ponemos una tartera al fuego con agua, tanta como consideremos vayamos a necesitar para la fabada. Mientras tanto doramos la costilla en una sartén con aceite de oliva y vamos echando la carne dorada a la tartera que está al fuego. Reservamos la sartén con el aceite para el sofrito posterior.
Empleo una olla rápida, pero sólo durante la cocción de la carne, después prefiero controlar el punto de cocción, la sal y la cantidad de agua necesaria. En este punto también podemos echar un poco de panceta y reservar otro poco para el sofrito.

(3) Una vez hemos dorado toda la costilla dejamos cocinar durante al menos una hora. Yo empleo olla rápida y lo dejo unos 20 min. aproximadamente. Destapamos y añadimos las habas y el chorizo en trocitos.

(4) Pasado un tiempo, un cuarto de hora o más, dependiendo de lo tiernas que sean las habas, echamos las patatas peladas y en trozos. Salamos para que las patatas vayan cogiendo la sal. También le podemos echar zanahoria troceada.

(5) Mientras tanto, preparamos el sofrito en el aceite que hemos reservado. Doramos la cebolla picadita fina y, ya dorada, echamos una cucharilla de pimentón dulce. Damos unas vueltas y retiramos del fuego para que no se queme. También podríamos echar un tomate en el sofrito. Para gustos.
Vertemos el sofrito sobre la tartera y añadimos más pimentón si nos gusta. Rectificamos la sal (también lo haremos la final si fuese necesario).

(6) Dejamos cocer hasta que estén totalmente cocinadas las habas.

La única dificultad del plato radica en las cantidades de agua y en el momento de introducir las patatas. La cantidad de agua es muy fácil de corregir, con un cucharón vamos echando o rectificando la cantidad necesaria. El momento de las patatas es otro cantar pero es mejor que las patatas queden deshechas y las habas en su punto y no al revés.

Al mal tiempo... buena fabada.

Fabada estilo mi madre

miércoles 2 de mayo de 2007

Letras de chocolate

Amor de chocolate¿Pan ruso?

Es curioso, pero la receta de estas letras de chocolate ponía “pan ruso”. Supongo que habrá sido un lapsus o que se podría llamar así en algún que otro país anglosajón. Nunca se sabe.

Me habían sobrado 2 claras de la tarta de manco, limón y coco. En vez de hacer un merengue o algún clásico con las claras, he preferido hacer algo divertido y con esto me he topado. Como el tiempo es malo (parecía malo) y llegué a casa con un poco de estrés, me fui hacer un poco de running antes de comer y después pensé que lo mejor sería hacer un poco de repostería fácil. De esas para pasar el rato pintando y decorando.

Pepinho Chocolate
Tengo que hacer cosas, por lo que seré (intentaré) ser breve. El puente, como la canción de Simon y Garfunkel: “Bridge over….”.


Ingredientes
  • 4 claras de huevo [2 claras]
  • Una pizca de sal
  • 125 gr. de azúcar blanco [63 gr.]
  • 2 cucharilla de azúcar vainillado [1 cucharilla]
  • 2 cucharadas de cacao en polvo [1 cucharada]
  • 1/2 cucharilla de canela en polvo [1/4 cucharilla]
  • 150 gr. de harina [75 gr. de harina]

(1) Levantamos las claras punto de nieve con un chorrito de zumo de limón. A medio montar añadimos parte del azúcar y seguimos añadiendo el resto del azúcar, el azúcar vainillado y la canela.

(2) Tamizamos la harina con el cacao y la sal y, con ayuda de un colador, vertemos, sobre las claras. Mezclamos de forma envolvente para evitar que se bajen.

(3) Precalentamos el horno a 170ºC. Cubrimos una bandeja con papel de hornear y, con ayuda de una manga pastelera o “pistola” escribimos el alfabeto o los símbolos que se quieran. Cuanto más grandes más sabor, cuanto más pequeñas más graciosas ;-).

Letras chocolate antes
(4) Horneamos durante unos 15 minutos. Hasta que estén duritas al retirarlas. Si están blandas después de frías es que las hemos hecho poco.

Una vez frías las guardamos en una caja de galletas hasta su ingestión.

Fácil, rico y divertido.

Aunque Pepinho se escribe con "nh":


when you're weary, feeling small,
when tears are in your eyes, I will dry them all
Im on your side, when times get rough
and friends just cant be found,
like a bridge over troubled water I will lay me down
like a bridge over troubled water I will lay me down
(..)

martes 1 de mayo de 2007

Tarta de mango, “lemongrass” y coco.

Rarro, rarro, rarro

.. y rico, rico, rico, salvo… dos cosas:
(1ª) Por una vez debí haber hecho caso a TODAS las instrucciones de la receta, sobre todo si no soy experto en mangos. La receta dice que los mangos deben ponerse sobre el trozo de la tarta en el momento de comer, y tienen unas razones que yo desconocía. El mango tiene mucha agua, tanta que la suelta una vez abierto. Al cubrir la tarta con mango, como si de una tarta de manzana se tratase, soltó agua que la hizo algo fea. Sólo eso.
(2ª) La tarta, por su origen, emplea “lemongrass”, citronella, hierba de limón, hierba luisa o como se le llame, que se emplea para infusionar la crema y dar un aroma a limón. Como me ha sido imposible conseguirla, sólo como aceite esencial!, he realizado una infusión con limón. Me he pasado un poco con la cantidad de limón, pero ha seguido estando buena.

La mezcla de sabores es muy curiosa e interesante. La base la repetiré para muchas otras tartas, incluso estoy pensando en hacer la misma tarta pero con un relleno de la “Lemon Pie” y cubierta con un merengue o una fruta.

Lo peor es que me ha dado mucha pena pelar el mango. Después pondré una foto y ya veréis el porqué. A punto he estado de ponerle nombre, pero se estaba poniendo tan malito (maduro) que he tenido que sacrificarlo.

Boston

Boston, ha vuelto a hurgar en la herida. Su influencia es en todo negativa, presiona y presiona para obtener “sus” objetivos y, en eso, M es muy influenciable. Me ha dado la razón, pero pronto se ha olvidado de ello.

Ingredientes

Base, una pasta brisée con coco. Estupenda idea
  • 225 gr. de harina [170 gr.]
  • 1 pizca de sal [una pizca]
  • 125 gr. de mantequilla, pomada. [95 gr]
  • 50 gr. de coco rallado. [38 gr.]
  • 1 cucharada de azúcar glasé [3/4 cucharada]
  • Agua fría, un poco para ligar la masa.

Relleno
  • 3 brotes de citronella. Como he dicho, lo he sustituido por monda de limón. OK, pero las cantidades necesarias.
  • 400 gr. de nata al 35% (o más).
  • 4 yemas de huevo.
  • 100 gr. de azúcar moreno.
  • 2 hojas de gelatina. Supongo que lo hace para no emplear maicena ni harina.
  • 2 mangos maduros.
  • 2 cucharadas de azúcar glasé.

(1) Picamos fino el lemongrass (o monda de limón) y mezclamos con la crema en un cazo. Ponemos a hervir. Una vez haya hervido retiramos del fuego y dejamos “infusionar” durante una hora.

(2) Engrasamos un molde para tartas. Ahora preparamos la pasta “brisée” (qué bien suena así verdad, una masa quebrada o brisa y punto). Tamizamos la harina y la ponemos en un bol con mantequilla pomada y la sal. Mezclamos y agregamos el coco rallado, azúcar glasé y suficiente agua para obtener una masa manejable. Un poco. Masamos rápidamente para que no se encoja demasiado en el horno.

(3) Estiramos la masa, yo siempre empleo bolsas de congelación, y cubrimos el molde eliminando los excesos del borde con ayuda de un cuchillo. Pinchamos la superficie para que no crezca. Llevamos al frigorífico un mínimo de 30 minutos.

(4) Precalentamos el horno a unos 190º, revestimos la masa con papel de hornear, ponemos un peso (unos garbanzos, por ejemplo) y horneamos durante unos 15 minutos. Pasado ese tiempo retiramos los garbanzos e introducimos en el horno unos 10 minutos más, hasta que empiece a tomar un tono dorado. Dejamos enfriar para que no se rompa.


(5) Ponemos las hojas de gelatina a hidratar. En una pota, batimos las yemas con el azúcar y colamos la crema sobre el batido de yemas. Mezclamos y cocinamos a fuego lento hasta que espese. Como si hiciésemos una crema pastelera.

(6) Escurrimos y secamos las hojas de gelatina hidratadas en agua fría y echamos sobre la crema todavía caliente, removiendo bien. Rellenamos la tarta y llevamos el frigorífico unas tres horas, mínimo.
En este punto ya tendríamos una tarta estupenda.

(7) A la hora de servir, no como he hecho yo ;-), pelamos los mangos troceaditos y ponemos sobre la porción de tarta. Espolvoreamos con azúcar glasé y caramelizamos.


Aquí podéis ver porque me ha dado un poco de pena pelar el mango:

MangoDifferent is different